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miércoles 31 de agosto de 2011

Cine: Santa Rosa de LIma




Título original: Rosa de Lima

Año: 1961

Duración: 98 minutos

Compañía: Unión Cooperativa Cinematográfica

País: España

Género: Biografía, Drama

Director: Jose María Elorrieta

Guión: Juan Antonio Verdugo, Manuel Sebares



Novena a San Pío X - DIA SEXTO


En las Oraciones para cada día de la Novena se glosan los principales documentos 
publicados durante el glorioso Pontificado de San Pío X.
Los hechos milagrosos que se relatan, constan probados en el expediente de
canonización y son recogidos por sus más eminentes biógrafos.




ORACIÓN PREPARATORIA
PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA

Eterno Dios, que por tu inagotable Providencia das a tu Iglesia en cada momento el Pastor más conveniente a sus supremos intereses, por la memoria del que fue Padre celosísimo y eficaz para la propagación de nuestra Fe y para el bien de toda la humanidad, San Pío X, te rogamos nos induzcas cada día más a tener fidelidad absoluta a las enseñanzas del Pontificado y, siguiendo la consigna del ilustre Santo, sea norma de nuestra vida instaurarlo todo en Cristo, para lograr así la paz del mundo y asegurar nuestra perseverancia final.

Te pedimos de un modo especial, ¡oh Dios misericordioso!, imprimas en nuestros corazones un profundo amor y devoción al Santísimo Sacramento del Altar, para que siendo fieles devotos de quien mereció ser designado como el Papa de la Eucaristía, no pase día sin que acompañemos a Jesús en la soledad de su Sagrario, para merecer recibirlo con la mayor frecuencia posible durante nuestra vida y especialmente, en la hora de nuestra muerte. Te suplicamos, además, nos alcances el favor que pedimos en esta Novena si ha de ser para tu mayor honra y gloria.

Interponemos como intercesores a nuestras súplicas, a tan Santo Pontífice, a todos nuestros Patrones y Abogados y de un modo especial, a la Virgen Santísima, cuya protección, por medio del Santo Rosario, quiso San Pío X fuera la que asegurara la salvación del mundo.


En honor del Santísimo Sacramento, del que tan ejemplar devoto fue San Pío X, rezaremos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, rogando por las intenciones del Sumo Pontífice y por las necesidades de la Iglesia, con el propósito de ganar las indulgencias concedidas.

ORACIÓN - DIA SEXTO


Glorioso San Pío X, que hiciste norma de tu Pontificado restaurarlo todo en Cristo, intercede para que siguiendo tus enseñanzas y ejemplos, adaptemos nuestra vida a la estricta observancia de los Mandamientos, para que siendo fieles sumisos de la Iglesia, seamos dignos de llamarnos hijos de Dios.

Te rogamos de un modo especial, logres que Dios imprima en nuestros corazones todo el ardor de caridad que abrasaba el tuyo, para que por los frutos de esta excelsa virtud, seamos humildes en nuestras relaciones con los pobres, justos con los que de nosotros dependen, respetuosos con nuestros superiores e imitadores en toda nuestra vida pecadora de las excelsas virtudes en que brilló la tuya. Amén.


San Pío X profetiza

La visión profética que tuvo de todos los acontecimientos, le hacía exclamar frecuentemente:
– Veo una gran guerra. Las cosas van mal –repetía con insistencia al Cardenal Secretario de Estado, que se maravillaba de la seguridad con que hablaba el Pontífice y creía se refería a la guerra de los Balcanes–. No hablo de esta guerra –decía el Padre Santo en 1914, cuando la expedición italiana a Libia–. Todo esto es nada comparado con la gran guerra que vendrá.
Y si el Cardenal le observaba que no se vislumbraba guerra alguna, el Santo viejecito replicaba:
– Eminencia, no pasaremos de 1914.


LOA 
(para todos los días)


En la recepción de la Sagrada Comunión halló siempre el combustible que mantuvo ígneo el fuego de la caridad en su corazón, haciendo se despojara de todo, para entregarse a sus prójimos en una suprema superación de humildad y renunciamiento.



V. Ruega por nosotros, San Pío X.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. 



ORACIÓN FINAL

¡Oh Dios!, que infundiste en el corazón de San Pío X un profundo sentimiento de caridad y amor a nuestros semejantes, haz que a imitación suya aprendamos a ejercerla, no solamente con nuestras limosnas sino con nuestra total entrega a los necesitados, para que seamos dignos de gozar de la compañía del Santo Pontífice en tu Divina Presencia en la gloría, por los siglos de los siglos. Amén.



Santoral Católico 31 de Agosto


  • San Ramón Nonato, Confesor
  • Santo Dominguito del Val, Monaguillo y Mártir
  • San Paulino, Obispo de Tréveris
  • San Aidano, Obispo de Lindsfarne
  • Beato Agustín Cennini, Mártir
  • Beatos Lorenzo Merucci y Compañeros, Mártires
  • Beato Juvenal Ancina, Obispo de Saluzzo 






Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. 
R. Deo Gratias.




SAN RAMÓN NONATO
Confesor


n. 1204 en Portell (Cataluña), España;
† 31 de agosto de 1240 en Cardona, España

Patrono de los recién nacidos; obstetras; parteras; partos; niños; 
embarazadas; personas falsamente acusados. Protector contra la fiebre.



Os habéis hecho partícipes de los que sufrían
afrenta y tribulación; os compadecisteis
de los que estaban entre cadenas.
(Hebreos, 10, 33-34)



San Ramón pidió a la Santísima Virgen que le hiciese conocer el camino que debía seguir para llegar al cielo; María le ordenó entrar en la Orden recientemente fundada de la Redención de los cautivos (de la Merced). Enviado a Berbería, rescató a gran número de cautivos, y cuando se le agotaron los recursos, se dio a sí mismo en prenda para la libertad de muchos otros. Vuelto a España, fue nombrado cardenal por Gregario IX. Murió en el año 1240, yendo a Roma, donde el Papa lo llamara para utilizarlo en el gobierno de la Iglesia.




MEDITACIÓN
SOBRE LA OBLIGACIÓN
DE SOCORRER A LAS ALMAS
DEL PURGATORIO



I. Todos podemos trabajar en la liberación de las almas del purgatorio, que están en una cautividad más cruel que la de los cristianos llevados como esclavos. Puedes tú socorrerlas orando a Dios por ellas, encargando se celebren misas, dando limosnas, practicando alguna mortificación, o sufriendo pacientemente las penas y aflicciones de esta vida con miras a satisfacer por ellas a la justicia de Dios. Puedes prestarles este servicio; ellas no pueden ha cer ya nada por su liberación. Considera los suplicios que padecen.


II. La justicia te obliga a socorrer a tus padres. que te dejaron tantos bienes; la amistad exige que alivies a tus amigos en su abandono cruel; el agradecimiento te impone la obligación de orar por tus bienhechores; y la caridad. que exige que ames a tu prójimo como a ti mismo, te impone el deber de aliviar a esas almas, como quisieras que se te aliviasen si estuvieras en su lugar. Escucha las quejas que te dirigen.


III. Si ayudas con tus buenas obras a estas santas almas. Dios hará de modo que contigo se haga otro tanto después de tu muerte. Con todo no te fíes en este auxilio; haz provisión de buenas obras antes de partir de este mundo; lleva tu rescate con tigo y pronto estarás libre; haz penitencia en esta vida. ¡Ah! mucho más dulce es lavar los pecados con las lágrimas de la penitencia. que expiarlos en las llamas del purgatorio.




La caridad
Orad por los prisioneros.




ORACIÓN


Señor, que habéis dado al bienaventurado Ramón, vuestro confesor, un celo admirable por la redención de los fieles cautivos de los bárbaros, concedednos por su intercesión que, libres de las cadenas de nuestros pecados, cumplamos con perfecta libertad de espíritu todo lo que os sea más agradable. Por J. C. N. S. Amén.

martes 30 de agosto de 2011

Sermón sobre los Mártires Cristeros





12 de Mayo de 1921
Catedral de Morelia, Michoacán


Sr. Cgo. Lic. Don Luis María Martínez




“Solamente la Iglesia con su decisión infalible puede otorgar a un hombre el dictado glorioso de mártir. Pero sin prevenir ese juicio supremo, nosotros podemos afirmar que la muerte de nuestros hermanos sacrificados el 12 del mes de mayo que acaba de pasar, fue heroica, fue gloriosa, fue una gracia insigne de Dios para ellos y para nosotros.
Mas la gracia de Dios no es algo aislado, sino algo que forma parte de una maravillosa cadena; no es una estrella perdida en el caos, sino un astro que entra en el concierto armonioso del universo; no es una flor que languidece en la soledad, sino que abre su cáliz para mezclar su aroma con todos los perfumes de una primavera; no es un relámpago que se pierde en la oscuridad de la noche, sino una espléndida mañana que brotó de una aurora y tendrá su mediodía.
Dios eligió a sus víctimas; Dios preparó a sus mártires. Si nos fuera dado sorprender los misterios de las almas, si pudiéramos escrutar la íntima, la sacratísima acción de Dios en los corazones, hubiéramos descubierto en la frente delas víctimas la señal de predilección y hubiéramos seguido en el secreto de su vida interior el hilo celestial que preparaba su fin glorioso. A través del tiempo atrevámonos, hermanos míos, a sondear el misterio, que siempre será dulce para el corazón evocar el recuerdo de los hermanos muertos. Miradlos.
Es el primero un anciano que consagró su vida a las nobles tareas del magisterio católico”.Julián Vargas-. ” Su virtud característica fue la firmeza inquebrantable de sus convicciones. Guardo incólume en su grande corazón la fe de Cristo sin flexibilidad ni timidez, y cuando pasó por nuestra Patria la racha revolucionaria doblegando los espíritus,como barre el huracán los flexibles tallos en los áureos trigales, él permaneció erguido, digno, sin que lo inclinaran hacia la tierra ni el peso de sus años ni la carga de su pobreza. Fue un hombre, fue un cristiano. Merecía ser mártir. En pos de él va un obrero, un representante de esa clase dignísima a la que en vano pretenden corromper los modernos agitadores porque tiene echadas hondas raíces en la tierra fecundada   en la Iglesia; -Joaquín Cornejo- “de alma de niño y corazón de fuego. Paréceme estarlo viendo, como tantas lo vi desde esta cátedra santa, reflejando en sus ojos las santas emociones de su corazón, vibrando al impulso de todos sus nobles sentimientos. Su pasión fue la Eucaristía: acercábase a menudo al banquete de los fuertes, y ¡Cuántas veces después del ímprobo trabajo, ya muy tarde, a la mitad del día, buscaba afanoso en este mismo lugar al sacerdote que pusiera en sus labios la Hostia Santa! Tuvo el anhelo, casi diría la obsesión del martirio, y pienso que con santa tenacidad arrancó al Señor esa gracia suprema. Vosotros obreros que me escucháis, compañeros suyos que recibisteis sus confidencias y fuisteis testigos de su virtud sencilla, decidme si exagero las nobles prendas de nuestro hermano muerto”.
“También cayó gloriosamente  bajo la guadaña de la muerte, en la flor de su edad, un miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana” -Rómulo González Figueroa- “Haré cumplidamente su elogio si digo que poseía el espíritu, todo el espíritu  de la benemérita institución: pureza de alma, entusiasmo juvenil, actividad de Apóstol; era lo que debe de ser un joven cristiano: una primavera, con sus floras, con sus perfumes, con sus esperanzas.
-Yo os felicito jóvenes, porque habéis tenido un mártir y plegue al cielo que, templados vuestros espíritus por su fuerte ejemplo, troquéis mañana el noble entusiasmo de la juventud por el esfuerzo varonil que salve a la Patria.-No olvidaré, mis hermanos, al sencillo, al oculto, al humildísimo cristiano” -Felipe López- “que tantas veces vimos por las calles de esta ciudad con la maroma al hombro. Era muy bueno. No os referiré rasgo alguno de su vida,porque recibió el precioso don de ocultarse siempre. Si pueden las cosas pequeñas compararse a las grandes, el humilde aguador me hace pensar en el prodigioso obrero de Nazaret cuya vida interior fue vulgar a los ojos de los hombres, cuya vida interior fue admirable a los ojos de Dios. -Y después … vienen los héroes ocultos de quienes desconocemos hasta el nombre: la doncella, que a pesar de ruda persecución tenía el valor de ostentar sobre su pecho la cinta azul y la dulce imagen de María Inmaculada. Esta Madre tiernísima  le dio sin duda a la fragilidad de su sexo el valor del heroísmo. -Y tantos otros cristianos heroicos que nosotros desconocemos, pero que Dios conoce.
Mañana, en el día de la eterna justicia, nosotros los conoceremos y estrecharemos su mano fortísima y escucharemos sus íntimas confidencias en el seno de Dios. Dios eligió sus víctimas; Dios preparó sus mártires y nosotros los preparamos también. Sí, nosotros, ¿por qué no decirlo? Cada muerte gloriosa fue sin duda el fruto de una vida cristiana; pero todas ellas son nuestra obra, son el fruto de nuestros esfuerzos de todos por la causa de Dios.
Cuando hace más de un lustro vimos horrorizados en nuestra Patria la abominación de la desolación, dejamos los católicos el ocioso lecho donde yacíamos, sacudimos el indigno sopor y con los ojos fijos en la Virgen de Guadalupe y estrechando fraternalmente nuestras manos nos decidimos a obrar, a obrar como lo demanda nuestra fe que no ha muerto, a obrar como lo exigen las vigorozas tradiciones de nuestra raza. Comenzamos a unirnos, comenzamos a obrar; si queréis sin orden, sin método, como se agita el ejército entregado al sueño de vivac a quien sorprende el enemigo; por todas partes surgen combatientes, requieren las armas abandonadas en el suelo y entre el confuso rumor de gritos y de órdenes se aprestan al combate.
Así surgieron, como indicio ciertísimo de que aún quedaba fe y fortaleza en la Nación Mexicana, primero la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, y después la Asociación Nacional de Padres de Familia y los Centros de Obreros y las Damas Católicas, y hasta las jóvenes quisieron tomar parte en el glorioso combate bajo la égida celestial de Santa Juana de Arco. 
Muchos pensaron que aquello nada era: ¡torpes! No acertaron a adivinar la copiosa mies futura en aquellas débiles agujas que verdegueaban en los húmedos terrones. La vida es así; se elabora lentamente, en el silencio. La organización católica comienza a producir sus frutos: frutos de valor, de sangre de bendición. Nuestros mártires son obra de Dios, pero ¡son también obra nuestra! ¡Bendito sean! Esa aurora celestial produjo una mañana radiosa; para describirla es preciso buscar una forma de bronce en aquel libro del Antiguo Testamento que es como la epopeya de la fortaleza y la libertad; es preciso repetir la frase heroica que uno de los esforzados Macabeos arrojó, como un latigazo, sobre el rostro del tirano: “Quid quaeris et quid vis dicere a nobis? parati sumus mori, magis quam patrias Dei leges praevaricari (II Mac. VII-2). ¿Qué buscas? ¿Qué nos pides?, estamos dispuestos a morir más bien que quebrantar las leyes de Dios que recibimos de nuestros padres”. ¡Que actitud tan gallarda, tan digna la del mártir cristiano! Es el tipo del hombre fuerte, porque ha vencido la suprema fuerza, que es la muerte; es el tipo de hombre libre, porque ha roto la última cadena de la esclavitud, que es el temor de morir. Cuando Cristo dijo a los suyos: “No temáis a los que matan el cuerpo” pronunció la última palabra de la libertad. El postrer baluarte  del tirano en su lucha contra la libertad es la bayoneta homicida; cuando se acaba el miedo a las bayonetas el miedo a las bayonetas, el tirano se desconcierta  y la libertad canta su triunfo.
Solamente el cristiano posee el secreto de la verdadera libertad, porque solamente él puede gloriarse  de vencer a la muerte.
La actitud del mártir cristiano no es la fría y salvaje del estoico; es más humana; es más divina: el cristiano muere con el amor en el corazón, con las lágrimas en los ojos  y en sus labios un grito sublime : el grito del entusiasmo, del amor, de la esperanza. ¿No escuchasteis, hermanos míos, ese grito heroico en la tarde inmortal del 12 de mayo? En medio de los rugidos de rabia de los verdugos, de los ayes de dolor de las víctimas, del ruido de la fusilería, del sorbo rumor de la multitud azorada, ¿No oísteis brotar de los labios moribundos de un anciano ese grito vigoroso, libérrimo, triunfante. ¡VIVA CRISTO REY!, ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!? Tu escuchaste Señora, el grito de fe y de amor de nuestro hermano heroico, Tú lo guardas en los íntimos repliegues de tu corazón tiernísimo. ¡Madre!, por ese grito, perdónanos. ¡Madre! por ese grito, sálvanos.
Tú lo escuchaste también, Patria Mexicana, antaño gloriosa y hoy sacudida por terribles convulsiones, y ese grito llevó a tu corazón lacerado el regocijo y la esperanza; no todos tus hijos se han afeminado, no todos se han hundido en el cieno; todavía hay hombres, todavía hay héroes; que sea ese grito la aurora de tu libertad y el presagio de tu salvación. Porque nuestros hermanos murieron por Dios y por la Patria, como lo expresaron muy bien los organizadores de este funeral.
Más hondamente que las balas homicidas penetró la imagen bendita de María de Guadalupe, y por ella, por su gloria, por defender su honor ultrajado, fueron al sacrificio. Esa imagen bendita prodigiosamente pintada por las rosas del Tepeyac, humedecida con las lágrimas de tantas generaciones, ungida con el amor de todos los mexicanos, encarna para nosotros la Religión y la Patria. ¿Me atreveré a decirlo? Mejor que nuestra gloriosa Bandera, la que conserva en sus pliegues nuestras glorias, la que simboliza nuestros anhelos, mejor que esa bendita Bandera, la Virgen de Guadalupe expresa las profundidades de nuestra alma nacional. ¿Lo dudáis? Cuando en el mes que acaba de pasar, obedeciendo tenebrosa consigna, los socialistas quisieron sustituir en nuestros templos la santa Bandera de la Patria por el exótico pabellón rojo y negro, emblema de odio y de sangre; en muchas ciudades de la República hubo sin duda viriles protestas y actitudes dignas; pero todo esto fue nada ante la inmensa conmoción que provocó en la Patria Mexicana el atentado contra la Virgen de Guadalupe; de todas partes se levantó un clamor de protesta, un grito de indignación resonó en la República entera; el socialismo se suicidó pretendiendo destruir la religión; y supo el mundo que para México hay algo que vale más que su Bandera, la Virgen de Guadalupe; que tocarla es tocar el alma nacional y que morir por ella es morir por Dios y por la Patria. ¡Dichosos nuestros hermanos que lograron enlazar y en un sólo heroísmo los dos más grandes amores de su alma! ¡Benditos ellos que en un solo holocausto ofrecieron su sangre al Dios del cielo y a la Patria de la tierra! ¡Pudiéramos nosotros imitar su ejemplo!
Para el católico mis queridos hermanos, no es algo raro y extraordinario el heroísmo, porque la Iglesia Católica es la única que posee la Eucaristía, que es la semilla  del martirio. Ambiente de heroísmo respiramos al nacer bajo las bóvedas sagradas de las catacumbas; salpicada de sangre de mártires está nuestra Historia; y nunca faltará entre nosotros el martirio como nunca faltará la Eucaristía.
La Iglesia vive de dos principios, de dos sangres: de la sangre de Cristo que se vierte místicamente en el altar, y de la sangre de los mártires que se derrama de manera cruenta sobre la tierra. Ni la Misa ni el martirio faltarán jamás en la Iglesia. Estas dos sangres, hermanos míos, o más bien esa sangre, porque la sangre de los mártires forma con la de Cristo una sola sangre; esa sangre única es nuestra esperanza, es dulce, nuestra indestructible esperanza. Yo he tenido la audacia de haber esperado siempre la salvación de nuestra Patria; aún en aquellos momentos trágicos en que todo parecía hundirse en horrible catástrofe, yo esperé contra toda esperanza. Me parecía imposible que la Virgen de Guadalupe nos abandonara; no olvidé jamás que hay unos ojos dulcísimos que sin cesar nos miran, un corazón maternal que no cesa de amarnos, y cuando el espantoso cataclismo, vi hundirse el pasado, volví los ojos al Tepeyac para ver si se hundía también la sagrada colina; y al contemplar erguida, firme, serena la celestial imagen, miré tranquilo el porvenir, no vacilaría ahora; y si vacilara, buscaría en la inolvidable calzada de Guadalupe las huellas sagradas de la sangre cristiana, evocaría el recuerdo de la tarde gloriosa, escucharía en lo íntimo del alma aquel grito de vida en los labios del que iba a morir” -Julián Vargas-, “y estoy cierto de que la evocación me devolvería la fortaleza y la esperanza, y que yo gritaría también con todo el entusiasmo de mi alma: ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE! La sangre de la esperanza.
Creyeron nuestros enemigos que iban a ahogar en sangre nuestros derechos y nuestro valor: ¡ciegos! No sabían que el tónico mejor para el espíritu es la sangre y que la que ellos hicieron derramar fructificaría en la República entera. ¿No veis mis amados hermanos, que en todas partes surgen compactos,organizados, valerosos, grupos de católicos resueltos a defender sus derechos y a morir si es preciso por su Religión? ¿Qué ha pasado? ¿Qué aura divina de fortaleza y libertad sopla sobre la Patria Mexicana? ¡Nada! Es que ha resonado por donde quiera el grito del moribundo, es que la sangre de nuestros hermanos muertos, por todas partes ha fructificado. La sangre es la esperanza. Su voz elocuentísima, que lleva el valor a los corazones humanos, sube a los cielos como una plegaria ardorosa y triunfante y arranca la misericordia al corazón de Dios. ¡Señor!, si nuestras oraciones no han sido suficientes para hacerte olvidar nuestros pecados; ¡Señor!, si nuestras lágrimas no han podido borrar nuestras culpas y nuestros gritos de arrepentimiento no han ofuscado las blasfemias de nuestros enemigos:  que la sangre de las víctimas unida a la sangre de tu Hijo traiga a México el perdón y la paz.
Hermanos: la mañana espléndida de la sangre nos hace esperar el ardiente mediodía de la salvación y de la felicidad. Por eso la muerte de nuestros hermanos nos parece amable y nimbada con la aureola de la gloria; por eso nos sentimos tentados a sustituir los negros crespones por los atavíos jubilosos y a trocar las notas tristísimas del Dies irae por los acentos regocijados del Te Deum glorioso.
Más, mientras la Iglesia no pronuncie su fallo inapelable, nosotros tenemos el deber de rogar por las almas de nuestros hermanos, por si todavía necesitan ser purificadas por la oración y por el sacrificio”.

Novena a San Pío X - DIA QUINTO


En las Oraciones para cada día de la Novena se glosan los principales documentos 
publicados durante el glorioso Pontificado de San Pío X.
Los hechos milagrosos que se relatan, constan probados en el expediente de
canonización y son recogidos por sus más eminentes biógrafos.



ORACIÓN PREPARATORIA
PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA

Eterno Dios, que por tu inagotable Providencia das a tu Iglesia en cada momento el Pastor más conveniente a sus supremos intereses, por la memoria del que fue Padre celosísimo y eficaz para la propagación de nuestra Fe y para el bien de toda la humanidad, San Pío X, te rogamos nos induzcas cada día más a tener fidelidad absoluta a las enseñanzas del Pontificado y, siguiendo la consigna del ilustre Santo, sea norma de nuestra vida instaurarlo todo en Cristo, para lograr así la paz del mundo y asegurar nuestra perseverancia final.

Te pedimos de un modo especial, ¡oh Dios misericordioso!, imprimas en nuestros corazones un profundo amor y devoción al Santísimo Sacramento del Altar, para que siendo fieles devotos de quien mereció ser designado como el Papa de la Eucaristía, no pase día sin que acompañemos a Jesús en la soledad de su Sagrario, para merecer recibirlo con la mayor frecuencia posible durante nuestra vida y especialmente, en la hora de nuestra muerte. Te suplicamos, además, nos alcances el favor que pedimos en esta Novena si ha de ser para tu mayor honra y gloria.

Interponemos como intercesores a nuestras súplicas, a tan Santo Pontífice, a todos nuestros Patrones y Abogados y de un modo especial, a la Virgen Santísima, cuya protección, por medio del Santo Rosario, quiso San Pío X fuera la que asegurara la salvación del mundo.


En honor del Santísimo Sacramento, del que tan ejemplar devoto fue San Pío X, rezaremos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, rogando por las intenciones del Sumo Pontífice y por las necesidades de la Iglesia, con el propósito de ganar las indulgencias concedidas.


ORACIÓN - DIA QUINTO

Glorioso San Pío X, que manteniendo las genuinas tradiciones de la Iglesia, supiste modernizar en cuanto era preciso su consuetudinario derecho, infunde por tu intercesión a todos un profundo respeto y sumisión a todas sus disposiciones e intercede, para que en todo momento, la interpretación de sus preceptos sea la más conveniente a los intereses de la Cristiandad, a la pureza de costumbres y a la perseverancia de todos los fieles.

Alcanza del Todopoderoso que los inmejorables principios del derecho canónico influyan en las legislaciones de todos los Estados, para que en todos ellos rijan las normas de estricta justicia y caridad que inspiraron siempre sus instituciones y que establecieron en el mundo el respeto que merece el hombre por ser hecho a imagen y semejanza de Dios. Amén.

San Pío X cura a una religiosa, enferma desde hacía quince años

La superiora de un colegio de la India inglesa, padecía una grave enfermedad de estómago, para cuya curación habían fracasado todos los remedios. Las niñas, el día de su Primera Comunión, en enero de 1914, se dirigieron al Santo Padre pidiendo la curación de su amada religiosa.
La enferma iba empeorando por falta de nutrición. Cayó pronto en un estado de postración tan extrema, que en la noche del 7 de febrero siguiente, ante el temor de que muriese, le fue administrada la Extremaunción.
Al día siguiente llegaba para las Hermanas de Belgaum el siguiente telegrama:
«Roma 7 de febrero de 1914. – Padre Santo concede con gusto bendición Apostólica solicitada – Cardenal Merry de Val».
Le mostraron el telegrama a la enferma. En aquel momento estaba sola. Las hermanas se hallaban en el refectorio. Lo leyó y llena de fe intentó levantarse; se vistió y se sentó en una silla.
Cuando las hermanas la vieron levantada no querían creer lo que veían sus ojos. Les dijo que quería comer y quedaron asombradas. Unas querían que comiese, otras se oponían diciendo que era mejor esperar unos días. La enferma cortó toda vacilación. Quería comer enseguida. Entre las dudas de unas y la fe de otras comió sopa, pan y carne. Desde aquel día volvió a ocupar su lugar en el refectorio. Llena de vigor y de vida, volvió a su trabajo.


LOA 
(para todos los días)


En la recepción de la Sagrada Comunión halló siempre el combustible que mantuvo ígneo el fuego de la caridad en su corazón, haciendo se despojara de todo, para entregarse a sus prójimos en una suprema superación de humildad y renunciamiento.



V. Ruega por nosotros, San Pío X.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. 



ORACIÓN FINAL

¡Oh Dios!, que infundiste en el corazón de San Pío X un profundo sentimiento de caridad y amor a nuestros semejantes, haz que a imitación suya aprendamos a ejercerla, no solamente con nuestras limosnas sino con nuestra total entrega a los necesitados, para que seamos dignos de gozar de la compañía del Santo Pontífice en tu Divina Presencia en la gloría, por los siglos de los siglos. Amén.



Santoral Católico 30 de agosto


  • Santa Rosa de Lima, Virgen
  • Santos Félix y Adaucto, Mártires
  • San Pamaquio, Senador Romano
  • San Fantino, Ermitaño 

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.




SANTA ROSA
DE LIMA
PATRONA PRINCIPAL DE
IBEROAMÉRICA

n. 1586 en Lima, Perú;
† 24 de agosto de 1617 en Lima, Perú

Patrona Principal de Iberoamérica; Lima, Perú; Filipinas; bordadores;
floristas; jardineros; personas ridiculizadas por su piedad. 
Protectora contra la vanidad.
Una virgen se ocupa de las cosas del Señor,
a fin de ser santa de cuerpo y alma.
(1 Corintios, 7, 34)



Rosa de Santa María, (1586-1617) llamada así por la virginal hermosura de su rostro, pues su nombre de pila era Isabel, fue la primera flor de santidad que produjo la América española. Nació en Lima, Perú, de padres de origen español y modestos de condición. Desde su más tierna edad, Rosa experimentaba una atracción cada día más desbordante hacia la santidad, la virginidad, la devoción, el amor al retiro, un extraordinario espíritu de penitencia. Sus padres deseaban un ventajoso matrimonio dada la belleza de su hija, pues verdaderamente era deslumbrante. Con ese fin, le hacían frecuentar fiestas y banquetes para llamar la atención de los jóvenes más ricos de la ciudad. Rosa obedecía pero sabía sacar provecho de estas fiestas. Debajo de su diadema de rosas colocaba un casquete con pinchos, en forma de corona de espinas. Y bajo sus vistosos vestidos colocaba cilicios y otros instrumentos para macerar su cuerpo. En 1616, a los 24 años, vistió el hábito negro y blanco de la Tercera Orden de Sto. Domingo. Desde entonces todavía progresó más a pasos agigantados por el camino de la perfección. Aseveró su confesor que, "Jamás, ni de día ni de noche, perdía la presencia de Dios en su corazón y que su alma nunca fue mancillada por el pecado venial". El Señor le concedió la gracia de repetir en sí misma los atroces dolores de la Pasión de Cristo. En medio del dolor gritaba: "Aumentadme el dolor, Pero, dios mío, dadme paciencia". Murió el 24 de agosto de 1617 a la edad de 31 años, admirada en toda Lima y querida ya en todo Perú. El Papa Clemente X la canonizó en 1671, siendo la primera santa americana que llegó a los altares. En la Argentina ha sido establecido este día "como Fiesta nacional de Acción de gracias a la divina Providencia, por los beneficios conferidos a la Nación".



MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SANTA ROSA



I. Trata al menos de encontrar todos los días un momento libre para dedicarte, en la soledad, a la meditación y a la oración. Ama a tus padres por Dios, y los servicios que les hagas, figúrate que los haces al mismo Jesús. Así pensarás en El sin cesar.


II. San Agustín, hablando de Cristo y de la Iglesia, su Esposa inmortal, dice que son dos en una sola y misma pasión. Así debe ser en cuanto a la unión del alma con Jesucristo. Para agradar al Esposo, es menester hacerse semejante a Él; por eso Santa Rosa practica las penitencias más rigurosas, y lleva en la cabeza un aro de hierro con agudas puntas en su parte interior, semejante a la corona de espinas. Para gozar de los castos abrazos del Esposo, se debe despreciar la propia carne. (San Jerónimo)


III. Sacrificar la carne y sus concupiscencias, es poco todavía. Mira a Santa Rosa. Ya la pruebe la enfermedad, ya Dios le retire sus consolaciones, a todo se resigna. Lo único que pide a su Esposo, es que aumente su amor en proporción a los sufrimientos que padece. ¡En cambio nosotros nos impacientamos ante la menor contrariedad, nos abatimos ante la menor prueba! Avergoncémonos de nuestra cobardía y adoptemos la resolución de sufrir, por lo menos con paciencia, los males que no podemos evitar. Estáis prometidos a Cristo, le habéis consagrado vuestra voluntad. (Tertuliano)



El desprecio de los placeres
Orad por las vírgenes consagradas a Dios.




ORACIÓN


Oh Dios poderoso, dispensador de todos los bienes, que habéis provisto a la bienaventurada Rosa con el rocío de la gracia celestial, y que la habéis hecho brillar en América con el fulgor de la virginidad y de la paciencia, concedednos la gracia a nosotros servidores vuestros, de correr tras el olor de sus perfumes, y merecer así llegar a ser un día el buen olor de vuestro Hijo, que, con Vos y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

lunes 29 de agosto de 2011

Así ocurrió la Reforma XVI









El relato fiel y preciso sobre el gran levantamiento de la herejía protestante, presentado con maestría por historiador inglés, Hilaire Belloc.



Capitulo 18

Los Paises Bajos







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Novena a San Pío X - DIA CUARTO

En las Oraciones para cada día de la Novena se glosan los principales documentos 
publicados durante el glorioso Pontificado de San Pío X.
Los hechos milagrosos que se relatan, constan probados en el expediente de
canonización y son recogidos por sus más eminentes biógrafos.


ORACIÓN PREPARATORIA
PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA

Eterno Dios, que por tu inagotable Providencia das a tu Iglesia en cada momento el Pastor más conveniente a sus supremos intereses, por la memoria del que fue Padre celosísimo y eficaz para la propagación de nuestra Fe y para el bien de toda la humanidad, San Pío X, te rogamos nos induzcas cada día más a tener fidelidad absoluta a las enseñanzas del Pontificado y, siguiendo la consigna del ilustre Santo, sea norma de nuestra vida instaurarlo todo en Cristo, para lograr así la paz del mundo y asegurar nuestra perseverancia final.

Te pedimos de un modo especial, ¡oh Dios misericordioso!, imprimas en nuestros corazones un profundo amor y devoción al Santísimo Sacramento del Altar, para que siendo fieles devotos de quien mereció ser designado como el Papa de la Eucaristía, no pase día sin que acompañemos a Jesús en la soledad de su Sagrario, para merecer recibirlo con la mayor frecuencia posible durante nuestra vida y especialmente, en la hora de nuestra muerte. Te suplicamos, además, nos alcances el favor que pedimos en esta Novena si ha de ser para tu mayor honra y gloria.

Interponemos como intercesores a nuestras súplicas, a tan Santo Pontífice, a todos nuestros Patrones y Abogados y de un modo especial, a la Virgen Santísima, cuya protección, por medio del Santo Rosario, quiso San Pío X fuera la que asegurara la salvación del mundo.


En honor del Santísimo Sacramento, del que tan ejemplar devoto fue San Pío X, rezaremos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, rogando por las intenciones del Sumo Pontífice y por las necesidades de la Iglesia, con el propósito de ganar las indulgencias concedidas.


ORACIÓN - DIA CUARTO

Glorioso San Pío X, que en tus constantes desvelos por la organización y eficacia de la acción social católica, cuidaste de dar a esta obra toda la importancia que merece, fijando normas concretas y eficaces para que nunca perdiera su primitivo espíritu, asegura con tu intercesión la continuidad de su actuación y la fidelidad inmutable a los principios que motivaron su creación, apartándola de cualquier desviación y evitando pueda mover a ninguno de sus actuantes el menor interés material, y sí sólo los supremos que inspiraron su fundación.

Ruega para que toda la actuación de las organizaciones de Acción Católica sean eficaces por la pureza de intención de sus militantes y por su inhibición de toda finalidad que no sea el bien de los humildes y la santificación del mundo. Amén.

San Pío X cura a una enferma de lepra

En el año 1914, un obispo del Brasil tenía a su madre enferma de lepra, y habiendo oído hablar de la fama de santidad de Pío X, se trasladó a Roma, para implorar del Siervo de Dios la curación de su madre.
Presentándose al Santo Pontífice, le rogó le alcanzase la gracia de su curación. El Papa le exhortó a encomendarse a la Virgen Santísima y a otros Santos.
El Obispo insistió y le dijo: “Por lo menos, Beatísimo Padre, dígnese repetir las palabras de Cristo: «Volo mundare» («Quiero; sé limpio»)”.
El Papa repitió: “Volo mundare”. Cuando el Obispo regresó a su patria encontró a su madre completamente curada de la lepra.




LOA 
(para todos los días)


En la recepción de la Sagrada Comunión halló siempre el combustible que mantuvo ígneo el fuego de la caridad en su corazón, haciendo se despojara de todo, para entregarse a sus prójimos en una suprema superación de humildad y renunciamiento.



V. Ruega por nosotros, San Pío X.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. 



ORACIÓN FINAL

¡Oh Dios!, que infundiste en el corazón de San Pío X un profundo sentimiento de caridad y amor a nuestros semejantes, haz que a imitación suya aprendamos a ejercerla, no solamente con nuestras limosnas sino con nuestra total entrega a los necesitados, para que seamos dignos de gozar de la compañía del Santo Pontífice en tu Divina Presencia en la gloría, por los siglos de los siglos. Amén.




Santoral Católico 29 de agosto


  • Degollación de San Juan Bautista
  • Santa Sabina, Mártir
  • San Mederico, Abad 


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.





LA DEGOLLACIÓN DE 
SAN JUAN BAUTISTA



Herodes, enviando un alabardero, ordenó traer
la cabeza de Juan en una bandeja.
(Marcos, 6, 27).



San Juan Bautista había dejado el desierto para amonestar a Herodes que no le era lícito tener como esposa a Herodías, la mujer de su hermano. Irritado el tirano de su audacia, lo hizo arrojar en una prisión. Un día, mientras daba un festín, la hija de Herodías danzó en presencia de los convidados con tanta gracia, que Herodes le prometió concederle todo lo que le pidiese. Pidió ella la cabeza de Juan Bautista. Un soldado, enviado a la prisión, cortó la cabeza al Precursor y la trajo en una bandeja, como si fuese el último plato de este fúnebre festín.


MEDITACIÓN
SOBRE SAN JUAN, MÁRTIR
DE LA CASTIDAD, DE LA CARIDAD y DE LA VERDAD


I. San Juan vivió y murió de la castidad. Para conservar esta virtud angelical, dejó, a edad tierna, la casa de su padre, y se retiró al desierto, donde sujetó su cuerpo mediante continuas austeridades. Si comprendieses tú la belleza de esta virtud, la amarías e imitarías a San Juan. Pero, para conservar la castidad hay que huir del mundo, amar la soledad, practicar la mortificación. Si no puedes morir mártir de la castidad como San Juan, vive como él en inviolable castidad. Algo más grande es vivir en la castidad que morir por ella. (Tertuliano).

II. San Juan fue también mártir de la caridad. El celo que tenía por la salvación de las almas le hizo dejar la soledad, puesta la mira en convertir a Herodes. ¡Cuán feliz serías tú si pudieses, como el santo precursor, derramar tu sangre por la salvación del prójimo! Si no puedes imitarle, reza al menos por los pecadores, exhórtalos a penitencia, haz abundantes limosnas para obtener su conversión.

III. San Juan fue también mártir de la verdad: reprochó intrépidamente a Herodes sus escandalosos desórdenes, y prefirió morir antes que traicionar la verdad. Aunque tuvieses que perder la vida nunca debes disfrazar tus sentimientos, ni tolerar el vicio por cobarde complacencia cuando tu deber sea corregirlo. Los hombres aman la verdad cuando ella los halaga, pero sienten aversión por ella cuando les reprende sus defectos. (San Agustín).


La castidad
Orad por las vírgenes.


ORACIÓN

Haced, os lo suplicamos, Señor, que la piadosa solemnidad del bienaventurado Juan Bautista, vuestro precursor y mártir, nos obtenga gracias eficaces de salvación. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis en unidad con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

domingo 28 de agosto de 2011

Evangelio del Domingo


Domingo 11.° después de Pentecostés
D.- Verde


 



+ Continuación del Santo Evangelio según San Marcos (XVII, 31-37)
En aquel tiempo: Al volver Jesús del territorio de Tiro, vino, por Sidón, hacia el mar de Galilea atravesando el territorio de Decápolis. Le trajeron un sordo y tartamudo, rogándole que pusiese sus manos sobre él. Mas Él, tomándolo aparte, separado de la turba, puso sus dedos en los oídos de él; escupió y tocóle la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, dió un gemido y le dijo: "Effathá", es decir, "Ábrete". Y al punto sus oídos se abrieron, y la ligadura de su lengua se desató, y hablaba correctamente. Mas les mandó no decir nada a nadie; pero cuanto más lo prohibía más lo proclamaban. Y en el colmo de la admiración decían; "Todo lo hizo bien; hace oir a los sordos, y hablar a los mudos."




Credo





Sermón



R.P. Juan Carlos Ceriani





Más que la curación del sordomudo del Evangelio de hoy, nos asombran las ceremonias con que el Señor procedió a obrar tal milagro.
A otros desgraciados sanó Jesús con su palabra llena de autoridad.
Con éste, en cambio, emplea un ceremonial complicadísimo: le aparta de la gente, le mete los dedos en las orejas, alza los ojos al cielo, lanza un suspiro y pronuncia aquella palabra misteriosa, Efeta, que quiere decir:¡Abríos!
Algún secreto debió encerrarse en este ceremonial, puesto que Jesús no necesitaba de ritos externos para curar al sordomudo.
Pidamos luz celestial para llegar a conocerlo.
No apartemos nuestros ojos del cuadro atractivo del Salvador pronunciando sobre el sordomudo su Efeta
Sin lugar a dudas, existe un fundamento racional de las ceremonias y ritos externos empleados.
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Un sordomudo es presentado a Jesús, para que se digne imponerle las manos. El Señor, en cambio, usa en su curación de un rito no acostumbrado en casos análogos. ¿Por qué?
Fue una atención delicadísima del Señor al modo de ser humano, a nuestra naturaleza: espiritual y sensible a la vez.
No somos puros espíritus. Tenemos un cuerpo con su sensibilidad. De ahí que el rito externo adquiera tal ascendiente sobre el hombre. Cada cosa exige su forma protocolaria especial, fuera de la cual nos deja fríos.
Podemos añadir a esto que Jesús se hallaba en la Decápolis, rodeado de multitud de paganos. Convenía, pues, que el milagro revistiese formalidades externas, para que con mayor intensidad impresionase a aquellos corazones todavía yermos de espiritualidad y extraños a las realidades divinas.
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De aquí debemos aprender nosotros a apreciar en su justo valor las ceremonias del culto. Enciérrase en ellas un tesoro inagotable de espiritualidad y de doctrina, que sólo llegaremos a percibir si nos dedicamos a explotarlo.
Estudiemos el significado de las ceremonias y ritos litúrgicos; y en las funciones litúrgicas pongamos toda nuestra alma en ellas, a fin de que operen en los efectos que están llamadas a producir.
Las ceremonias del culto sin alma mueven a hilaridad; las ceremonias con alma y vida elevan el espíritu.
No olvidemos que nos movemos entre realidades inaccesibles a la bajeza humana; y que misterios tan sublimes exigen su etiqueta protocolaria.
No rebajemos las cosas divinas con nuestras formas menos dignas.
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Existe, además, un sentido místico del milagro. La primitiva Iglesia leyó en la curación del sordomudo algo más que un milagro de interés puramente individual.
Si el Señor quiso llamar la atención de las multitudes, es porque revelaba la acción misteriosa que venía a realizar en el mundo por medio de su obra redentora.
El sordomudo figuraba la humanidad pecadora. Por el pecado había quedado ésta sorda a la voz del Espíritu. Veía, sí, la naturaleza, pero no reconocía en ella el dedo de Dios.
Nada le hablaba; ni el murmullo de los parlanchines arroyuelos, ni el fuerte chasquido de las cascadas, ni el espantoso rugido de la tempestad, ni el susurro del suave vientecillo, ni el canto melodioso de las aves, ni la hermosura, en fin, de la Naturaleza entera.
Y si no llegaba a percibir estas voces, ¿cómo había de transformarlas y modularlas en su corazón, para dar a Dios la gloria que tenía obligado tributarle en nombre de las criaturas?
¿Cómo había de entonar el himno de la creación que él mismo desconocía?
Sí; la humanidad estaba sorda y muda para percibir el sentido de la Creación y dar su respuesta al mismo; pero lo estaba mucho más para oír la voz del Espíritu y para desatar su lengua y comunicarse con la región del más allá.
A curarla de una y otra sordomudez vino el Señor a la tierra. Desde el árbol de la Cruz pronunció un solemneEfeta sobre la humanidad entera, y al momento se desataron las ligaduras de su esclavitud, y quedó libre para oír la voz de Dios y para responder a ella con voces de alabanza.
La gracia de la Redención que el Señor ganó para la humanidad entera, aplícase a cada una de las almas por medio del Bautismo.
De ahí que en la administración de este Sacramento use la Iglesia de un rito parecido al que Jesús practicó con el sordomudo.
El sacerdote, oh cristiano, díjote en aquel solemne momento con autoridad divina, mientras tocaba con su saliva los oídos: Efeta, esto es, ¡abríos!
Y aquello no fue una mera ceremonia; fue símbolo eficaz del gran milagro que se obraba dentro ti. Significaba lo que operaba, y operó lo significado.
El Espíritu Santo fue entonces derramado en tu alma. Él es el oído que percibe la voz divina, la lengua que habla a Dios Padre con gemidos inenarrables.
Desde aquel instante cesó en ti la sordomudez; ya podías escuchar los acentos inefables del Cielo y responder a ellos con cánticos de alabanza. Regocíjate; pues, y alaba al Señor por favor tan inmerecido…
¡Oh, qué responsabilidad la nuestra! Porque si el Señor nos ha curado de nuestra sordomudez, ha sido para que pudiésemos percibir el gran poema de la Creación y supiésemos dirigirlo convenientemente espiritualizado al Creador.
Y ¿cómo hemos procedido hasta el presente? ¿Hemos sabido usar de nuestros oídos y de nuestra lengua, o ha resultado en vano el milagro obrado el día de nuestro bautismo?
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Considerando más en detalle las ceremonias del Bautismo, podemos preguntarnos, con Santo Tomás, si es adecuado el rito utilizado por la Iglesia en la administración de este Sacramento.
El Santo Doctor comienza por decir que la Iglesia está gobernada por el Espíritu Santo, que nada hace sin que tenga explicación. Y concluye con este luminoso pensamiento: Las cosas que pertenecen a la solemnidad del Sacramento, aunque no sean indispensables, no son superfluas, porque contribuyen a la perfección del mismo.
Y lo explica de este modo: En el Sacramento del Bautismo algunos ritos son indispensables, y otros sirven para dar cierta solemnidad al Sacramento.
En el Sacramento es indispensable la forma que designa la causa principal del Sacramento; y el ministro, que es causa instrumental; y el uso de la materia, o sea, la ablución con agua, que designa el efecto principal del Sacramento.
Todo lo demás que la Iglesia ha establecido en el rito del Bautismo pertenece, más bien, a una cierta solemnidad del Sacramento.
Estas ceremonias se añaden al Sacramento por tres razones.
Primera, para excitar la devoción de los fieles y la reverencia hacia el Sacramento. Porque si la ablución se hiciese sin solemnidad alguna, fácilmente algunos pensarían que se trata de una ablución ordinaria.
Segunda, para instrucción de los fieles. Porque a los sencillos, que carecen de cultura, hay que instruirles a base de signos sensibles. Y porque acerca del Bautismo es conveniente conocer, además del efecto principal del Sacramento, algunas otras cosas, por eso fueron éstas representadas por signos sensibles.
Tercera, para impedir con oraciones, bendiciones y cosas semejantes que el poder del demonio obstaculice el efecto del Sacramento.
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Para nuestra edificación, no sólo el Evangelio, sino también la Epístola de hoy nos presta adecuados símbolos del misterio que se realiza en el Santo Bautismo, así como la importancia del don recibido. Dice San Pablo:
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué… Si no, ¡habríais creído en vano!
El fruto de la predicación apostólica es la gracia de la fe recibida por el santo Bautismo; la cual debemos conservar tal como la hemos recibido, si queremos salvarnos.
Tan importante es la fe recibida en el Bautismo, que el mismo San Pablo amonestó con duras palabras a sus discípulos de Galacia:
Me maravillo de que tan pronto os paséis del que os llamó por la gracia de Cristo, a otro Evangelio. Y no es que haya otro Evangelio, sino que hay quienes os perturban y pretenden cambiar el Evangelio de Cristo. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os predique un evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: si alguno os predica un evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatema.
Hoy en día, en que hay tantos y tantos que perturban y pretenden cambiar el Evangelio de Cristo,
y en que otros quieren dialogar con los perturbadores…, es fundamental prestar atención es la amonestación del Apóstol.
Les demuestra a los gálatas su error, esgrimiendo la autoridad de la doctrina evangélica.
Primero les muestra su ligereza en cuanto al fácil abandono de la doctrina evangélica; y subraya la culpa, tanto de los seductores como de los seducidos.
En cuanto a los seducidos, les inculpa su ligereza de ánimo: Me maravillo de que en tan breve tiempo, os paséis…
Además, les afea su culpa porque abandonaron el bien, es decir el don de su fe…, y se han convertido a otro evangelio, esto es, el de la antigua ley.
Respecto de los seductores, ellos perturban, o sea manchan la pureza de la verdad de la fe; porque si después de haberse recibido el Nuevo Testamento se regresa al Antiguo, parece afirmarse que el Nuevo no es perfecto.
Y verdaderamente perturban, porque pretenden cambiar el Evangelio de Cristo, esto es, la verdad de la doctrina evangélica cambiarla en figura de la ley, lo cual es absurdo y la máxima perturbación.
Después de la puntualización de la culpa en que han incurrido, les muestra ser grande la autoridad de su sentencia por el hecho de que tiene fuerza, no sólo respecto de los súbditos pervertidores y seductores, sino también respecto de los iguales, como son los otros Apóstoles, y aun respecto de los superiores, como son los Ángeles, si fuesen reos de semejante crimen, a saber, de la conversión del Evangelio a la antigua ley.
Es sabido que la doctrina que es dada por un hombre puede ser cambiada y revocada por otro hombre que conozca mejor, así como un filósofo reprueba lo dicho por otro.
También puede ser cambiada por el Ángel, que más agudamente ve la verdad.
Incluso la doctrina que es traída por un Ángel podría ser cambiada por otro Ángel superior, o por Dios.
Pero, la doctrina que sea traída por Dios no puede ser anulada, ni por hombre alguno, ni por Ángeles.
Por lo cual, dice San Pablo, si ocurriere que un hombre o un Ángel diga lo contrario de lo enseñado por Dios, su dicho no es contra la doctrina, para que por eso sea ésta anulada y rechazada, sino que más bien la doctrina es contra él.
Por ese motivo, ese mismo que lo dice debe ser excluido y rechazado de la comunión de la doctrina.
Y por eso dice el Apóstol que la dignidad de la doctrina evangélica es tan grande que, si un hombre o un Ángel anunciare algo distinto de anunciado por ella, es anatema, o sea, debe ser arrojado y rechazado.
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Para confirmar la fuerza de la sentencia paulina, conviene resolver las objeciones que acerca de esto se presentan.
De las cuales, una es ésta: como el igual no tiene superioridad sobre el igual, y con mayor razón no la tiene sobre el superior, parece que el Apóstol no podía excomulgar a los Apóstoles que eran iguales a él, y mucho menos a los Ángeles, que le eran superiores. Por lo tanto, no hay anatema por esto.
Pero a esto débese decir que el Apóstol expresó esta sentencia no por propia autoridad, sino por la autoridad de la doctrina evangélica, cuyo ministro era, de cuya doctrina tenía la autoridad, de modo que cualquiera que contra ella hablara fuera excluido y rechazado: la palabra que yo he predicado ésa será la que le juzgue en el último día.
Otra objeción es que nadie debería enseñar ni predicar sino lo que está escrito en las Epístolas y en el Evangelio.
Pero esto es falso, porque en I Tes 3, 10 se dice: para completar las instrucciones que faltan a vuestra fe, etc.
Es decir, que ninguna otra cosa se debe anunciar fuera de lo que se contiene en los Evangelios, en las Epístolas y en la Sagrada Escritura explícita o implícitamente.
La Sagrada Escritura y el Evangelio anuncian que se debe creer en Cristo explícitamente. De aquí que cualquier cosa que se contenga en ellos implícitamente, que se relacione con la doctrina y con la fe de Cristo, se puede anunciar y enseñar.
Por eso Santo Tomás explica las palabras del Apocalipsis y del Deuteronomio: Si alguno quitare o añadiere a ellas cualquiera cosa, a saber, del todo ajeno, Dios descargará sobre él las plagas escritas en este libro (Ap 22, 18-19). No añadáis nada, contrario o ajeno, ni quitéis, etc. (Deut 4, 2).
Y esto es lo que se contiene en la Tradición o la Revelación Oral, transmitida de siglo en siglo.
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Adoremos a Nuestro Señor, que todo lo ha hecho bien: Él ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos.
Mas, recordemos por eso el Evangelio que se nos ha predicado, la Sagrada Escritura, la Santa Tradición y la enseñanza del Magisterio infalible de la Iglesia: lo que hemos recibido en el Santo Bautismo, y en lo cual permanecemos firmes; depósito sagrado por el cual también somos salvados, si lo guardamos tal como nos ha sido predicado… Si no, ¡habríamos creído en vano!

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