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domingo 31 de julio de 2011

Evangelio del domingo


Domingo 7° después de Pentecostés
D. - Verde



+ Continuación del Santo Evangelio según San Mateo (VII, 15:21).
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Los conoceréis por sus frutos. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Asímismo todo árbol da frutos sanos y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede llevar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos. Todo árbol que no produce buen fruto, es cortado y echado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice "Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial. 
Credo


Comentario de Mons. Dr. Johann Straubinger

Jesús como buen pastor, nos previene aquí bondadosamente contra los lobos robadores, cuya peligrosidad estriba principalmente en que no se presentan como antireligiosos, sino al contrario "con piel de oveja", es decir, " con apariencia de piedad" y disfrazados de servidores de Cristo. Para ello nos habilita a fin de reconocerlos, pues sin ello no podríamos aprovechar de su advertencia.

Entendamos bien lo que significa hacer su voluntad. Si buscamos, por ejemplo, que la sociedad ande bien, y no para que se cumpla la voluntad de Dios, no podemos decir que nuestra actitud es cristiana. Ese descuido de la fe sobrenatural nos muestra que hay una manera atea de cumplir los mandamientos sin rendir a Dios el homenaje de reconocimiento y obediencia, que es lo que él exige. ¡Cuántas veces los hombres que el mundo llama honrados, suelen cumplir uno u otro precepto moral por puras razones humanas sin darse cuenta de que el primero y mayor de los mandamientos es amar a Dios con todo nuestro ser!



Sermón


R.P. Juan Carlos Ceriani


Nuestro Señor Jesucristo nos revela en el Evangelio de hoy la necesidad de las buenas obras bajo el símbolo del árbol que debe dar buenos frutos.

Cada uno de nosotros es un árbol plantado por la mano de Dios en el campo de la Iglesia, como en una tierra de bendición, cultivada con esmero, regada con abundancia.

Si este solícito cultivo, y este rocío del cielo tan fecundante no nos hacen producir buenas obras, caeremos bajo el anatema pronunciado por el Apóstol San Pablo: La tierra que recibe la lluvia del cielo y no da buenos frutos es reprobada y está próxima a ser maldecida…

Anatema que no es sino la reproducción de la palabra del Evangelio de este Domingo: Todo árbol que no da buenos frutos será cortado y arrojado al fuego.

Y la razón de esta sentencia es que el que descuida las buenas obras no ama a Dios. El amor es una pasión activa, que lleva el corazón hacia el objeto amado y le hace obrar por él.

Si nada hago por Dios, es prueba de que no le amo; si hago poco, es prueba de que es escaso mi amor.

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Pero, además, las buenas obras, para que nos salven, han de ser totalmente buenas; pues, si son defectuosas por un solo punto, sea en razón del tiempo o del lugar en que se hacen, sea en razón de la manera como se las hace, sea, en fin, en razón de la intención con que se hacen, esto es bastante para quitarles su precio o disminuir su mérito.

Dios ama el orden y lo quiere en todo; detesta todo lo que del orden se aparta.

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Asimismo, es preciso que nuestras obras sean conformes a la voluntad de Dios; pues dice Jesucristo, en el Evangelio de este día, que sólo entrará en el Reino de los Cielos quien haya hecho la voluntad de su Padre celestial.

Así, todo lo que sea opuesto a los deberes de nuestro estado, todo lo que se inspire en el capricho o en miras humanas, no puede contarse entre las buenas obras.

No hay obras verdaderamente buenas sino aquellas que Dios manda, aconseja o nos pone en la ocasión de hacer.

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Por este motivo, en el Evangelio de hoy previene el Señor a sus discípulos acerca del peligro de los falsos profetas, de los fariseos de santidad fingida.

Dirigida a nosotros la presente lección, nos dice que vivamos alerta, para que no se desarrolle en nuestras almas una santidad falsa, de pura forma, como era la de los fariseos.

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Volvamos los ojos al Divino Maestro, y apliquémonos su doctrina.

En primer lugar, nos enseña que las obras califican al cristiano. No todo el que dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los Cielos.

La vida de oración tiene por fruto y complemento un porte digno, una conducta intachable. La santidad no consiste en muchos rezos, ni en elevadas doctrinas, sino en realidades prácticas.

Obras, obras, decía Santa Teresa… Ellas son el fruto de la vida interior, y por el fruto se conoce el árbol. No basta con ser devotos; es menester ser afables, justos, caritativos; es menester cumplir la ley. Tengámoslo bien presente.

Tras las obras inquirirá la mirada escrutadora del Justo Juez el día de la cuenta. Procuremos, pues, llenar bien nuestra partida ahora que estamos a tiempo. Que nuestra piedad no sea una piedad huera.

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El divino Maestro nos advierte también sobre el lobo con piel de oveja. El manto de la virtud encubre a veces las más repugnantes cosas.

Hay almas que se dicen espirituales, y pasan por tales a los ojos propios y ajenos. Llevan con regularidad matemática un plan de vida espiritual.

Pero en realidad están llenas de sí. Contentas con la etiqueta de santidad que ostentan, se creen con derecho a despreciar como no espirituales a sus prójimos.

Consultan a su confesor, pero no para oír su consejo, sino para que apruebe el propio. Pídenle permiso para ejercitarse en penitencias, pero han de ser las que ellas escojan por su capricho.

Buscan, en fin, su propia satisfacción, y no satisfacer a Dios.

¡Qué desengaño sufrirán cuando salga a relucir su verdadero valor! ¡Cuánto tiempo perdido!

Para no ser nosotros de los engañados, procuremos someter a un severo examen nuestras «formas de santidad».

El peligro es grande, ya que el amor propio tiende a cegarnos.

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Pero el Señor nos da una piedra de toque, en la que podremos probar la autenticidad de nuestra piedad: Por sus frutos —dice— los conoceréis. ¿Por ventura se cogen uvas de los espinos, o higos de los zarzales? Así, todo árbol bueno da buenos frutos, y el árbol malo da malos frutos.

¿Cómo son nuestros frutos? Examina, cristiano, y si hallas que tus obras no corresponden al estado de santidad que profesas, no temas tomar en tus manos la podadora y cortar sin piedad; no rehúyas la dolorosa operación; no dejes de someter el árbol de tu alma a una poda aguda. Teme más que llegue el amo del jardín de la Iglesia, y al verte sin fruto, mande cortarte y echarte al fuego.

Porque no para hacer sombra ha sido plantado este árbol, sino para dar fruto. Ni creas que el Dueño celestial se dará por satisfecho con tus hermosas y espirituales palabras; porque no todo, aquél que dice Señor, Señor, entrará por eso en el Reino de los Cielos.

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San Pablo, escribiendo a los Romanos, nos proporciona la regla de conducta que debemos observar. La Epístola de la Misa nos la presenta:

Hablo como suelen hablar los hombres, a causa de la flaqueza de vuestra carne. Porque así como para iniquidad entregasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, así ahora entregad vuestros miembros como siervos a la justicia para la santificación. En efecto, cuando erais esclavos del pecado, independizados estabais en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto lograbais entonces de aquellas cosas de que ahora os avergonzáis puesto que su fin es la muerte? Mas ahora, libertados del pecado, y hechos siervos para Dios, tenéis vuestro fruto en la santificación, y como fin vida eterna. Porque el estipendio del pecado es la muerte. Mas la gracia de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Mas ahora, libertados del pecado, y hechos siervos para Dios, tenéis vuestro fruto en la santificación… Este pensamiento de San Pablo es el eco de la sentencia de Nuestro Señor: El que hace la voluntad de mi Padre, ése entrará en el Reino de los Cielos…

He aquí los buenos frutos que pide el Señor del árbol del alma. Un Dios providentísimo rige los destinos humanos. Es dueño del universo; le debemos, pues, obediencia. Es padre amantísimo; le debemos, por tanto, nuestro amor. ¿Por qué, pues, no nos sometemos gustosos a su gobierno? ¿Por qué no nos vaciamos de nosotros mismos, para adorar la voluntad divina?

Tengamos entendido, que mientras no quede constituida la Voluntad divina en norma de nuestras acciones, no tendremos paz interior, ni habremos comenzado a entender lo que es la perfección.

Adoremos esa Voluntad Sagrada, y ofrezcámonos a su servicio.

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Nuestro ser de criaturas nos impone la sujeción a la Voluntad divina. La criatura es esclava de su autor; el hombre es, pues, esclavo de Dios.

Dios nos ha llamado a la existencia; luego su voluntad es nuestra ley. Nada más justo y racional. Ni tenemos derecho a quejarnos, ni a sentir vejación alguna. Convenzámonos de esta verdad, y obremos en consecuencia.

La voluntad de Dios se muestra en todos los incidentes de la vida; en los prósperos y en los adversos. Luego nada debe alterar nuestra igualdad de ánimo; en todo momento hemos de adorar la Providencia. Lo contrario no es cristiano.

¿Vivo de estas convicciones? ¿Veo en todos los acontecimientos de la vida la mano de Dios que me conduce a través de este destierro?

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La santidad consiste en nuestra conformidad con la Divina Voluntad.

«Heme aquí que vengo a cumplir tu voluntad». Esta fue la disposición con que el Señor comenzó su carrera mortal, y esa debe ser a la vez la oración primera del cristiano.

La oración primera y cotidiana. Porque la actitud de Cristo en su primer momento fue la actitud de toda su vida. Bien pudo Él decir: «Hago siempre lo que es del beneplácito del Padre. Mi comida e hacer la voluntad del que Me ha enviado».

El cristiano no debe separarse de esta norma. Si en todo ha de ser reflejo fiel de Cristo, mucho más en este punto capitalísimo.

Nosotros, los que nos preciamos de seguir de cerca a Cristo, estamos doblemente obligados a imitar esta su virtud. Repitamos a menudo aquella súplica que nos enseñó el propio Señor: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Preocupémonos tan sólo de identificarnos, más y más con la Voluntad divina.

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No es éste negocio fácil. Contra tan santo deber se levanta nuestro orgullo, se levantan las bajas pasiones. Luchemos por vencerlas. Rara lucha, en la que tomamos posiciones contra nosotros mismos…

Pero es para pelear por Cristo; y bien vale la pena de ir contra el propio yo, cuando se trata de dar la victoria a Cristo.

Si queremos identificar nuestra voluntad con la del Señor, tratemos siempre de mortificar todos sus movimientos, de tronchar todos sus caprichos. Llevemos un santo cuidado de vaciarnos totalmente del propio yo. Hecho el vacío de nosotros mismos, vendremos a ser colmados del espíritu de Dios.

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Agradezcamos, pues, a Nuestro Señor Jesucristo, que nos revela en el Evangelio de este día una de las verdades más importantes para nuestra, salvación, a saber: que no podemos salvarnos sino a condición de santificar con buenas obras nuestro tránsito, por este mundo.

Y ahora, recogiendo los pocos buenos frutos que presenta el árbol de nuestra alma, depositémoslos sobre el Ara del Altar, y con ellos a nosotros mismos como devota oblación, repitiendo con todo fervor lo que la Santa Liturgia nos enseña a pedir:

Oh Dios, cuya providencia no se engaña jamás en sus disposiciones; humildemente Te suplicamos, que apartes de nosotros todo lo nocivo, y nos concedas todo lo saludable (Oración Colecta de hoy).

 ¡Oh Señor! Como recibías el holocausto de los carneros y toros, los sacrificios de millares de gordos corderos, así sea hoy agradable nuestro sacrificio en tu presencia; puesto que jamás quedan confundidos aquéllos que en Ti confían (Ofertorio).

Oh Dios, que substituíste las diversas víctimas legales con un solo y perfecto sacrificio; recibe la oblación que de nuestra voluntad rendida a la Tuya Te ofrecemos tus devotos siervos; santifícala con la bendición con que santificaste los dones de Abel; a fin de que lo que cada uno ofreció en honor de tu Majestad, aproveche para nuestra salvación (Secreta).

Tu gracia medicinal, Señor, nos libre piadosamente de nuestras maldades, y nos conduzca por el camino de la justicia (Postcomunión).




Fuente: Radio Cristiandad

Santoral Católico 31 de julio


  • San Ignacio de Loyola, Confesor
  • San Neot, Monje
  • San Germán de Auxerre, Obispo
  • Santa Elena de Skövde 

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.


SAN IGNACIO DE LOYOLA
Confesor

n. 1491 en Loyola, España;
† 31 de julio de 1556 en Roma, Italia

Patrono de los jesuitas y de la Compañía de Jesús;
retiros espirituales; soldados.
Haced todo a gloria de Dios.(1 Cor., 10, 31)


La lectura de la vida de los santos inspir6 a San Ignacio el amor a la santidad. Renunció a la gloria de las armas para alistarse bajo el estandarte de Cristo, y para trabajar por la gloria de Dios y la salvaci6n de las almas. Se retiró a la, gruta de Manresa, en la que llevó una vida muy austera. Fue allí donde compuso su admirable libro de los Ejercicios espirituales. Comenzó a estudiar la lengua latina a la edad de 33 años, y durante su permanencia en la Universidad de París, atrajo a varios compañeros con los que echó las bases de la Compañía de Jesús. Murió el año 1556.

MEDITACIÓN 
SOBRE LA VIDA DE SAN IGNACIO

I. San Ignacio, en la soledad de Manresa, había trazado el plano del edificio espiritual que debía edificar durante toda su vida. Su libro de los Ejercicios espirituales es un resumen de lo que debe hacerse y de lo que él mismo hizo para llegar a la perfección. Comenzó por llorar sus pecados y expiarlos mediante ruda penitencia. Es el primer paso: lavar nuestros pecados con lágrimas. Así procedieron todos los santos; ¿los imitamos nosotros? Aunque no hubiésemos cometido sino un solo pecado mortal, seria suficiente para llorar hasta la muerte.

II. El segundo paso hacia la perfecci6n, dice San Ignacio, es la imitaci6n de Jesús que obra y sufre para la gloria de Dios y la salvaci6n de los hombres. San Ignacio ha seguido paso a paso a este Modelo de los predestinados: después de su conversión llev6 primero una vida escondida como Él; después se consagró por entero a la salvaci6n del prójimo, sufriendo a causa de esto injurias, calumnias y prisión. ¿Cómo imitamos nosotros la vida oculta de Jesús, sus trabajos y sus sufrimientos? Sigamos la divisa de San Ignacio: Todo para la mayor gloria de Dios.

III. El tercer paso hacia la perfecci6n, que tan alto elevó la santidad de San Ignacio, es la unión perfecta con Dios. Para llegar a ella, hay que desasirse del temor de todo lo que no sea Dios, y darse enteramente a Él. Tenemos amor para las cosas de este mundo, y no lo tenemos para Dios. ¡Todo amamos, todo buscamos, sólo Dios nada vale ante nuestros ojos! (Salviano).

El celo por la gloria de Dios
Orad por las órdenes religiosas.


ORACIÓN

Oh Dios, que, para la mayor gloria de vuestro Nombre, habéis dado por el bienaventurado Ignacio un nuevo socorro a vuestra Iglesia militante, haced, que después de haber combatido en la tierra, siguiendo su ejemplo y bajo su protecci6n, merezcamos ser coronados con él en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.

sábado 30 de julio de 2011

El Pensamiento de Benedicto IV






por  Monseñor Richard Williamson
Comentarios Eleison 211 
(30-VII-2011): 

En la cuarta y última parte de este repaso general del tracto de Mons. Tissier, Fe Puesta en Peligro por la Razón, el obispo pronuncia un juicio sobre el sistema de re-interpretación de la Fe Católica, ideado por el Papa Benedicto XVI para hacerla más accesible al hombre moderno. Los defensores del Papa podrían acusar al obispo de presentar solamente un lado del pensamiento del Papa, pero ese lado existe y el obispo hace bien al presentarlo abiertamente y al mostrar su coherencia como un sistema del error, porque a medida que más verdad se mezcla con este, mejor disfrazado estará y mayor el daño que puede hacer para la salvación de las almas.

En el Capítulo IX de su tracto, Mon. Tissier muestra como el Papa cambia aquello en lo que los Católicos creen y el porqué. Los verdaderos Católicos creen en los Artículos de la Fe como han sido definidos por la Iglesia y los aceptan debido a la autoridad objetiva de Dios quien los ha revelado. Pero para Benedicto esta parece una religión demasiado abstracta, de definiciones frías. Así es que en vez de eso dirá, "La Fe es un encuentro con Jesús, una persona, la presencia de Dios, la presencia del amor." Ahora, la creencia cambiada de esta manera puede parecer más acogedora y personal, pero también se arriesga a ser el fruto vago de la experiencia personal, basada en sentimientos subjetivos, poco fiables. Pero ¿quién en realidad quiere un puente inseguro hacia el Cielo, únicamente porque se siente bien?

En el Capítulo X Monseñor continúa para demostrar como todo el sistema de creencias que emerge de este cambio es inseguro, debido a que la receta de Benedicto para un Catolicismo sentido es el purificar los dogmas de su pasado sin importancia y enriquecerlos con un entendimiento obtenido de la manera en que se piensa en elpresente. Ahora bien, el principal formador de la conciencia actual es el filósofo Kant, seguido por Benedicto, quien sostiene que Dios no puede ser probado, sino únicamente postulado o fabricado según las necesidades subjetivas de los hombres, que toman el lugar de las realidades objetivas. Pero en un mundo como ese, ¿cuántas personas van a postular a Dios ? No nos asombra el que en 1996 el Cardenal Ratzinger vislumbrara un obscuro futuro para la Iglesia.

En su Epílogo, Monseñor Tissier concluye que Benedicto puede tener una necesidad personal imperativa de encontrar una síntesis entre la modernidad y el Catolicismo para reconciliar su corazón Católico y su pensamiento moderno, pero esta síntesis es imposible. Por ejemplo, el Papa quiere creer que los Derechos del Hombre, idolatrados en todas las democracias actuales, son únicamente la actualización del Cristianismo, pero realmente son su muerte. Implícita en su lógica de estosestá una declaración de independencia de Dios, con un desafío de todos límites puestos por la naturaleza humana que viene de Dios. Estos Derechos son de hecho una bomba atómica en la guerra del hombre moderno contra Dios, una piedra angular en el edificio del Nuevo Orden Mundial.

Así es que el Papa, comenta Monseñor, no debe tener esperanzas de poder mantener al mundo gracias a esa "purificación y regeneración mutua" de la religión y de la razón, hecha parasu "enriquecimiento mutuo". Cuando se trata de religión, la razón secularizada tiene poco o nada de valor por ofrecer, y todos los intentos de teólogos Católicos de entenderse con ella se colapsarán como una casa de cartas, justo como el Nuevo Orden Mundial al que esos teólogos esperan poder servir. Y Monseñor le otorga a San Pablo la última palabra - "Pues nadie puede poner otro fundamento  que el que ya ha sido puesto, el cual es Jesucristo" (I Cor.III, 11).

El tracto completo de Monseñor Tissier estava disponible en francés, pero estaría agotado. Traducciones al inglés y al italiano pueden accesarse a través del Internet.  


                                                                                            Kyrie eleison.

Santoral Católico 30 de julio


  • Santos Abdón y Senén, Mártires
  • Beato Manés de Guzmán, Confesor
  • Santa Julita, Viuda y Mártir
  • Beato Arcángel de Calatafimi
  • Beato Juan Soreth
  • Beato Pedro de Mogliano
  • Beato Simón de Lipnicza
  • Beato Tomás Abel 

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
 R. Deo Gratias.


SANTOS ABDÓN SENÉN
Mártires 

n. en Persia; † martirizados hacia el año 250 en Roma



Todo lo tengo por pérdida en cotejo del
sublime conocimiento de mi Señor Jesucristo,
por quien he sacrificado todo.
(Filipenses, 3, 8)


Abdón y Senén, nobles persas, fueron acusados ante el emperador Decio de haber socorrido a los mártires, y de haber enterrado sus santos restos. Se los apremió a que renegaran de Cristo, se les recordó la nobleza de su cuna, pero respondieron que su ma yor título de nobleza era ser servidores de Dios. Fue ron desgarrados a latigazos, les echaron encima a dos leones y cuatro osos, pero estas bestias feroces se echaron a sus pies. Finalmente, el emperador los hizo decapitar, en Roma, hacia el año 250.

MEDITACIÓN
BUENO ES SERVIR A DIOS y NO AL MUNDO

I. Muy pocas cosas pide Dios a sus servidores, y esas cosas son honrosas, útiles y agradables. Es honroso servir a Dios, aun en el mundo, porque los servidores de Dios son respetados desde que son conocidos. Es útil servirle: Dios no tiene necesidad de nosotros, nosotros no podemos pasarnos sin Él. Este servicio es agradable, porque la práctica de la virtud es conforme con la razón, y Dios colma de consuelos celestiales 8 quienes le sirven. Experimenta la ver dad de lo que te digo: sirve a Dios fielmente, y pronto confesarás que el placer de servir a un Señor tan bondadoso excede al trabajo de guardar sus mandamientos. 

II. Los adoradores del mundo, por el contrario, sufren intolerable servidumbre. ¿Acaso no es una vergüenza ser esclavo del demonio y de las propias pasiones? Los hombres voluptuosos desprecian, en el fondo de su corazón, a sus compañeros de libertinaje. La felicidad no puede reinar en un corazón des garrado por los remordimientos de la conciencia y agitado por las tempestades de las pasiones. Un poco de oro, una falsa estima, que habrá de abandonarse muy pronto, he ahí las vanas recompensas con que premia el mundo a sus secuaces; y, con todo, hay que sufrir más para contentar al mundo que para contentar a Dios. (San Agustín).

III. ¿De dónde proviene que el mundo tenga más seguidores y Jesucristo tan pocos servidores? De que se dejan las enseñanzas de Jesucristo para no pensar sino en las máximas del mundo. ¡Quiérese gozar de los bienes presentes y se desprecian los de la vida futura! Se sigue la costumbre y el empuje de las pasiones, y no la doctrina infalible de Jesucristo. Llamóse Jesucristo Verdad y no costumbre. (Tertuliano).

El amor de Dios
Orad por Persia

ORACIÓN

Oh Dios, que para elevar a la cumbre de la gloria a los bienaventurados Abd6n y Senén, enriquecisteis su corazón con la abundancia de vuestra gracia, con ceded a vuestros servidores el perd6n de sus pecados, y que la intercesión de vuestros santos mártires nos libre de toda adversidad. Por J. C. N. S. Amén.

viernes 29 de julio de 2011

Juana Tabor 666 VII




Capítulos Octavo segunda parte y noveno
La Fuga de los últimos novicios segunda parte - Rebeldía y Erotismo




Descargue el audio aqui



Santoral Católico 29 de julio


  • Santa Marta, Virgen
  • San Félix II, Papa
  • Santos Simplicio, Faustino y Beatriz, Mártires
  • San Lupo de Troyes, Obispo
  • San Olaf de Noruega, Mártir
  • Beato Urbano II, Papa
  • San Guillermo Pinchon 

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
 R. Deo Gratias.


SANTA MARTA
Virgen

 † hacia el año 80

Patrona de las amas de casa; mayordomos; empleados domésticos;
mucamas; criados; sirvientes; cocineros; dietistas; hosteleros;
lavanderas; mujeres solteras; viajeros.


Marta, Marta, te afanas y turbas por muchas cosas;
sin embargo una sola es necesaria.
(Lucas, 10, 4-42)


Santa Marta, hermana de María Magdalena, tuvo la dicha de recibir a menudo en su casa a Jesucristo. Después de la Ascensión, los judíos la dejaron, con su hermano Lázaro y Santa Magdalena, en una barca sin remos ni timón en el mar; pero Dios les hizo de piloto y los hizo arribar a Provenza. Santa Marta construyó un convento en el que varias jóvenes, movidas por su ejemplo, consagraron a Dios su virginidad.

MEDITACIÓN 
SOBRE LA ÚNICA COSA NECESARIA

I. Trabajas sin descanso en hacerte rico y sabio; sin embargo, no es éste el negocio importante; puedes ganar el cielo sin ser rico, sabio o estimado de los hombres. Deja esas ocupaciones, si ellas te impiden trabajar en tu salvación; da de mano las cosas del mundo para dedicarte a la sola cosa verdaderamente necesaria. Ojalá pudieses decir como Tertuliano: Me separé de la muchedumbre, no me ocupo ya sino de una sola cosa, no tengo ya sino un solo cuidado, ¡desembarazarme de todo cuidado!

II. La salvaci6n es absolutamente necesaria para el bien de tu alma como para el de tu cuerpo. Hay que asegurar esta alma que es inmortal; hay que mortificar el cuerpo durante esta vida, para hacerle feliz durante la eternidad. Estos bienes, estos honores, estos placeres, que tú buscas con tanta avidez pasarán velozmente; pero lo que hayas hecho para tu salvaci6n durará eternamente. Examina seriamente tu conciencia a este respecto, y encontrarás motivo para humillarte y confundirte.

III. Habrás perdido todo si no trabajas seria. mente en el negocio de tu salvaci6n durante tu vida; después de la muerte ya no hay manera. No tendrás sino una vida, un cuerpo y un alma; el hombre muere solamente una vez, y para el lado en que cae el árbol, allí queda eternamente. ¿Cómo has trabajado hasta ahora en tu salvación? ¡Ah! ¡te has Ocupado de bagatelas, y has descuidado el único negocio de importancia! No hacemos caso de las cosas necesarias, no pensamos sino en Cosas vanas y superfluas. (San Juan Crisóstomo).

La caridad
Orad por el clero. 

ORACIÓN

Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, a fin de que la fiesta de Santa Marta, vuestra virgen, al mismo tiempo que regocija nuestra alma la enriquezca con una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

jueves 28 de julio de 2011

¿Hubo reforma litúrgica antes de Paulo VI?


RITUS ROMANUS ET RITUS MODERNUS
por Mons. Klaus Gamber
Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona
En el articulo "Cuatrocientos años de Misa Tridentina", publicado en diversas revistas religiosas, el profesor Rennings se aplico a presentar el nuevo misal, o sea el Ritus Modernus, como derivación natural y legitima de la liturgia romana. Según dicho profesor, no habría existido una Misa San Pío V sino únicamente por ciento treinta y cuatro años, es decir, de 1570 a 1704, año en el cual apareció bajo las modificaciones deseadas por el Romano Pontífice de entonces. Continuando con tal modo de proceder, Paulo VI, según Rennings, habría a su vez reformado el Missale romanum para permitir a los fieles entrever algo más de la inconcebible grandeza del don que en la Eucaristía el Señor ha hecho a su Iglesia.
En su articulo, Rennings se hace fuerte sobre un punto débil de los tradicionalistas: la expresión Misa Tridentina o Missa sancti Pii V. Propiamente hablando una Misa Tridentina o de San Pío V no existió nunca, ya que, siguiendo las instancias del Concilio de Trento, no fue formado un Novus Ordo Missae, dado que el Missale sancti Pii V no es más que el Misal de la Curia Romana, que se fue formando en Roma muchos siglos antes, y difundido especialmente por los franciscanos en numerosas regiones de Occidente. Las modificaciones efectuadas por San Pío V son tan pequeñas, que son perceptibles tan sólo por el ojo de los especialistas.
Ahora, uno de los expedientes al cual recurre Rennings, consiste en confundir el Ordo Missae con el Proprium de las misas de los diferentes días y de las diferentes fiestas. Los Papas, hasta Paulo VI, no modificaron el Ordo Missae, aun introduciendo nuevos propios para nuevas fiestas. Lo que no destruye la llamada Misa Tridentina más de lo que los agregados al Código Civil destruyen al mismo.
Por lo tanto, dejando aparte la expresión impropia de Misa Tridentina, hablamos más bien de un Ritus Romanus. El rito romano remonta en sus partes más importantes por lo menos al siglo V, y más precisamente al Papa San Dámaso (366-384). El Canon Missae aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio I (590-604), había alcanzado con San Gelasio I (492-496) la forma que ha conservado hasta ayer. La única cosa sobre la cual los Romanos Pontífices no cesaron de insistir desde el siglo V en adelante, fue la importancia para todos de adoptar el Canon Missae Romanae, dado que dicho canon se remonta nada menos que al mismo Apóstol Pedro.
Más por lo que concierne a las otras partes del Ordo, como para el Proprium de las varias Misas, respetaron el uso de la Iglesias locales.
Hasta San Gregorio Magno (590-604) no existió un misal oficial con el Proprium de las varias Misas del año. El Liber Sacramentorum fue redactado por encargo de San Gregorio al principio de su pontificado, para servicio y uso de las Stationes que tenían lugar en Roma, o sea para la liturgia pontifical. San Gregorio no había tenido ninguna intención de imponer el Proprium de dicho misal a todas las Iglesias de Occidente. Si posteriormente dicho misal se convirtió en el armazón mismo del Missale Romanum de San Pío V, se debió a una serie de factores de los cuales no podemos tratar ahora.
Es interesante notar que cuando se interrogó a San Bonifacio (672-754) que se encontraba en Roma, con respecto a algún detalle litúrgico, como el uso de las señales de cruz a efectuarse durante el canon, éste no se refirió sobre el sacramentaris de San Gregorio, sino sobre aquel que estaba en uso entre los Anglosajones, cuyo canon estaba en todo conforme a aquel de la Iglesia de Roma...
En el Medioevo, las diócesis y las iglesias que no habían adoptado espontáneamente el Misal en uso en Roma, usaban uno propio y por esto ningún Papa manifestó sorpresa o disgusto...
Mas cuando la defensa contra el protestantismo hizo necesario un Concilio, el Concilio de Trento encargo al Papa de publicar un misal corregido y uniforme para todos. Ahora, pues, con la mejor voluntad del mundo, yo no llego a encontrar en tal deliberación del Concilio el ecumenismo que ve Rennings.
¿Qué hizo San Pío V? Como ya hemos dicho, tomó el misal en uso en Roma y en tantos otros lugares, y lo retocó, tomó, especialmente reduciendo el número de las fiestas de los Santos que contenía. ¿Lo hizo tal vez obligatorio para toda la Iglesia? ¡ En absoluto! Respetó hasta las tradiciones locales que pudieran jactarse, por lo menos, de doscientos años de edad. Así propiamente: era suficiente que el misal estuviera en uso, por lo menos, desde doscientos años, para que pudiera quedar en uso a la par y en lugar de aquel publicado por San Pío V. El hecho de que el Missale Romanum se haya difundido tan rápidamente y espontáneamente adoptado también en diócesis que tenían el propio más que bicentenario, se debe a otras causas; no por cierto a presión ejercida sobre ellas por Roma. Roma no ejerció sobre ellas ninguna presión, y esto en una época en la cual, a diferencia de cuanto sucede hoy, no se hablaba de pluralismo, ni de tolerancia.
El primer Papa que osó innovar el Misal tradicional fue Pío XII, cuando modifico la liturgia de la Semana Santa. Séanos permitido observar, al respecto, que nada impedía de restablecer la Misa del Sábado Santo en el curso de la noche de Pascua, aunque sin modificar el rito.
Juan XXIII lo siguió por este camino, retocando las rúbricas. Mas ni el uno ni el otro, osaron innovar sobre el Ordo Misae, que quedó invariable. Pero la puerta había sido abierta, y la cruzaron aquellos que querían una sustitución radical de la liturgia tradicional y la obtuvieron. Nosotros, que habíamos asistido con espanto a esta resolución, contemplamos ahora a nuestros pies las ruinas, no tanto de la Misa Tridentina, más bien de la antigua y tradicional Missa Romana, que había ido perfeccionándose a través del curso de los siglos hasta alcanzar su madurez. No era perfecta al punto de no ser ulteriormente perfectible, pero para adaptarla al hombre de hoy no había necesidad de sustituirla: bastaban algunos pequeñísimos retoques, quedando a salvo e inmutable todo el resto.
Viceversa, se la quiso suprimir y sustituir con una liturgia nueva, preparada con precipitación y, diremos, artificialmente: con el Ritus Modernus. ¡Oh, cómo se ve aparecer en modo siempre más claro y alarmante el oculto fondo teológico de esta reforma ! Sí era fácil obtener una más activa participación de los fieles en los santos misterios, según las disposiciones conciliares, sin necesidad de transformar el rito tradicional. Pero la meta de los reformadores no era obtener la mencionada mayor participación activa de los fieles, sino fabricar un rito que interpretara su nueva teología, aquella misma que está en la base de los nuevos catecismos escolares. Ya se ven ahora las consecuencias desastrosas que no se revelarán plenamente sino en el giro de cincuenta años.
Para llegar a sus fines, los progresistas han sabido explotar muy hábilmente la obediencia a las prescripciones romanas de los sacerdotes y de los fieles más dóciles... La fidelidad y el respeto debido al Padre de la Cristiandad, no llegan hasta exigir una aceptación despojada del debido sentido crítico de todas las novedades introducidas en nombre del Papa.
¡La fidelidad a la Fe, ante todo! Ahora, la Fe, me parece que se encuentra en peligro con la nueva liturgia, aunque no me atrevo a declarar inválida la Misa celebrada según el Ritus Modernus.
¿Es posible que veamos a la Curia Romana y a ciertos Obispos -aquellos mismos que nos quieren obligar, con sus amenazas, a adoptar el Ritus Modernus-, descuidar su propio deber especifico de defensores de la Fe, permitiendo a ciertos profesores de teología a socavar los dogmas más fundamentales de nuestra Fe y a los discípulos de los mismos propagar dichas opiniones heréticas en periódicos, libros y catecismos?
El Ritus Romanus permanece como la última escollera en medio de la tempestad. Los innovadores lo saben muy bien. De aquí parte su odio furioso contra el Ritus Romanus, que combaten bajo el pretexto de combatir una nunca existida Misa Tridentina. Conservar el Ritus Romanus no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte.
Mons. KLAUS GAMBER
Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona

Santoral Católico 28 de julio


  • Santos Nazario y Celso, Mártires
  • San Víctor I, Papa y Mártir
  • San Inocencio I, Papa y Confesor
  • Santa Catalina Thomas y Gallard, Virgen
  • San Sansón de Dol, Obispo
  • San Bovido
  • Beato Antonio de la Chiesa, Mártir  



Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
 R. Deo Gratias.


SAN INOCENCIO
Papa y Confesor

n. en Albano, Italia;
† 12 de marzo del año 417 en Roma, Italia


Yo tengo contra ti que decaíste de tu primera caridad.
(Apocalipsis 2, 4)


San Inocencio estaba en Ravena cuando Alarico, rey de los godos, saqueó la ciudad de Roma.  Después de la partida de los bárbaros, volvió a Roma a consolar a su afligido pueblo. La paciencia que inspiró a los cristianos en esas tristes circunstancias impresionó vivamente a los paganos y convirtió a gran número de ellos. Condenó los errores de los pelagianos y excomulgó al emperador Arcadio y a la emperatriz Eudocia, por haber desterrado a San Juan Crisóstomo. Murió en el año 417, después de 15 años de pontificado.

MEDITACIÓN 
SOBRE LA INOCENCIA

I. Hay que ser inocente para entrar en el cielo; nada sucio penetra en él. Si perdiste la inocencia bautismal, será menester no sólo recurrir al sacramento " de la penitencia, sino también expiar con lágrimas, oraciones y buenas obras, la pena debida por tus pe- cados mortales, aunque estén perdonados; si aquí abajo no pagas esa deuda, forzoso será que la pagues en las llamas del Purgatorio. Elige. Solamente hay dos caminos para llegar al cielo: la inocencia y la penitencia. El primer grado de la felicidad es no pecar; el segundo, reconocer las faltas. (San Cipriano).

II. Vela por la pureza de tus manos, de tu corazón, de tu lengua, es decir, de tus acciones, de tus pensamientos y de tus palabras. Tus palabras son el intérprete de tus pensamientos; serán puras si tus pensamientos son puros, porque de la abundancia del corazón habla la boca. La bondad como la malicia de nuestras acciones viene de nuestra voluntad: de ella proceden la vida y la muerte. Cuida, pues, con todo esmero, la pureza de tu corazón.

III. Si injustamente se te acusa de alguna maldad, regocíjate al verte tratado como lo fue Jesucristo. Consuélate con el testimonio de tu conciencia y con el pensamiento de que Dios conoce tu inocencia. Quéjate a Jesús crucificado, como un amigo a su amigo, de la injuria que se te hace. Dile: Señor, soy inocente de la maldad que se me imputa, pero he cometido muchas otras que merecen mayor castigo. Menos sufrimos de la que en realidad merecemos. (Salviano).

La santidad
Orad por la Jerarquía

ORACIÓN

Señor, que la generosa confesión de vuestros santos Nazario, Celso, Víctor e Inocencio reanime nuestro valor y nos obtenga el socorro que reclama nuestra flaqueza. Por J. C. N. S. Amén.


miércoles 27 de julio de 2011

Santa Misa Tridentina Rezada









Misa Rezada Subtitulada, según el rito previo a la reforma litúrgica de Pablo VI, hecha especialmente para el aprendizaje de nuestra participación como fieles. Indica, además de los textos, cuando estar de pie, sentado o arrodillado. Cabe señalar que los textos en amarillo son los que los fieles deben responder al celebrante.

Por otra parte, será de gran utilidad para la enseñanza de la labor de Acólito. ¡Invitamos a seglares y sacerdotes a hacer uso de este material y a difundirlo!

Puede descargar Misal para seguir la Santa Misa, aquí.

Y esperamos sirva de consuelo a tantos y tantos que no tienen la Misa de siempre a su alcance.

Sea para la gloria de Dios y bien de las almas.




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