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jueves 31 de marzo de 2011

Acerca de la Profanación de una capilla en la Universidad Complutense de Madrid





por José Miguel Gambra
profesor titular de la Facultad de Filosofía de la UCM

Las capillas de la UCM

El sacrílego asalto perpetrado contra la capilla de Somosaguas (leer la noticia aquí) ha dado lugar a una circunspecta e insulsa condena por parte del Rectorado de la Universidad Complutense. Quizás con la pretensión de exculparse ante la Comunidad de Madrid, que ha solicitado la dimisión del Rector Berzosa, ese rectorado ha añadido que “no hay antecedentes de hechos similares a los ocurridos el pasado jueves". Estas palabras pueden dar la impresión de que las autoridades académicas de la UCM se han visto tan sorprendidas por el repugnante hecho como lo hubieran sido por una catástrofe natural.

Nada más falso. Desde hace mucho tiempo, la religión católica en general, y las capillas en particular, sufren un hostigamiento constante, sobre todo por parte de unas cuantas asociaciones supuestamente estudiantiles, que sufraga la Universidad. Sus ataques han sido tolerados, sin apenas reacción, por las autoridades académicas. Enormes carteles amenazantes o pequeños pasquines vejatorios permanecen, día tras día, en las paredes de las facultades y sólo son eliminados, tras largas deliberaciones y consultas, cuando algún profesor protesta por una blasfemia demasiado sangrante. Yo mismo me he visto en esas y he mandado a la Inspección de Servicios de la Universidad quejas por alguno de esos ataques, en los cuales incluso se habían producido forcejeos físicos, sin que esa entidad ni siquiera acusara recibo de las mismas.

Baste un ejemplo para hacerse una idea del ambiente: el mismo día, casi al mismo tiempo que se celebraba la misa “de reparación” en la capilla de Somosaguas (en la cual -dicho sea de paso- se concedía un perdón a los asaltantes no solicitado por los mismos), las asociaciones UHP y Luna Nueva entraban en la capilla de la Facultad de Historia, empapelaban el crucifijo y colocaban un inmenso cartel injuriante que tapaba toda la entrada. Ese mismo día -ignoro el orden de los acontecimientos- un grupo de personas debió quitar algún otro cartel contra las capillas y se produjo un altercado con los miembros de las citadas organizaciones que trataron de impedirlo. Sólo entonces, el Decanato, que hasta el momento no había movido ficha, firmó en una especie de bando donde se prometían expedientar a quienes ejercieran una violencia verbal o física, ajena al libre intercambio de ideas propio de la universidad. Podría pensarse que con ello se pretendía mantener el respeto hacia los católicos. Nada de tal: una serie de carteles ofensivos, donde se decía “capilla fuera”, “si no la cierran la cerramos”, “católicos fanáticos”, y otras lindezas de elevado nivel intelectual, siguieron ahí un día tras otro. Poco tiempo después, las asociaciones de marras convocaron una cacerolada contra la capilla, ante la cual el decanato permaneció impasible, como si se tratara de un acto estrictamente académico.

Que se sepa, las amenazas contenidas en el bando del Decanato no se han aplicado a ningún miembro de las sociedades estudiantiles de extrema izquierda, a pesar de que han estampado su firma en los carteles y en las convocatorias de tan vergonzosas algaradas. Y lo mismo cabe decir respecto del Rectorado, que no parece haber abierto expediente disciplinario alguno a los autores de lo de Somosaguas y les cede sus mejores locales en San Bernardo para que prosigan su campaña.

 "Un ejemplo de laicismo positivo"



Inmensa es, pues, la responsabilidad de las autoridades académicas en el irrespirable ambiente que todo esto ha creado en la UCM. Desde luego, por omisión, pero probablemente por algo más. No se ha de olvidar que las asociaciones más virulentas en estos ataques a la verdadera religión residen en la Facultad de Políticas, feudo originario del actual Rector Berzosa; que él mismo es adalid del laicismo extremo,  y que los actos de hostilidad han crecido exponencialmente desde que “rige” la universidad.

Entretanto, los jerarcas eclesiásticos andan desasosegados y no saben a quién acudir. Escudados en su turbio discurso sobre la libertad religiosa y sus esotéricas disquisiciones sobre la laicidad positiva, de la “Transición” a esta parte, han desautorizado sistemáticamente a todo grupo político que haya querido llamarse católico. Naturalmente, ahora resulta que no reciben sino apoyos individuales y esporádicos. A poco sentido común que les quede, deberían “repensar su actitud”, porque -no se olvide- las elecciones a Rector de la UCM vienen siendo una especie de barómetro para las generales, y es bien posible que este preludio, de la más rancia tradición anticlerical, se reproduzca, a lo grande, en breve plazo. Pero a lo mejor no lo hacen, porque quizás no se trate de una actitud, sino de una doctrina. De una doctrina que nada tiene que ver con la multisecular enseñanza del a Iglesia.

En todo caso, estos acontecimientos en que respetables instituciones permiten impunemente que se conculquen acuerdos formales y vigentes con otras instituciones todavía más respetables, no hacen sino poner de manifiesto que, a la postre, este sistema sólo se rige por la fuerza.



Fuente: Religión en Libetad

Santoral Católico 31 de marzo

  • Santa Balbina, Virgen
  • San Guido de Pomposa, abad
  • San Benjamín, Mártir
  • San Acacio, Obispo
  • Beata Juana de Toulouse, Virgen
  • Beato Buenaventura de Forli, Fraile Servita 
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


SANTA BALBINA
Virgen

† hacia el año 130

Patrona de quienes sufren de escrófula.
 
 


Vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre
los justos; y los arrojarán en el horno del juego. Allí
será el llanto y el crujir de dientes.
(Mateo, 13, 49-50)


Dios, para castigar al tribuno Quirino por la prisión que había hecho sufrir al Papa Alejandro, permitió que su hija Balbina, que era de notable belleza, se viese cubierta de llagas y horriblemente desfigurada. Quirino acudió al santo pontífice, quien sanó a Balbina con sólo tocarla con sus cadenas. El tribuno, convertido por el milagro, murió mártir con el mismo Alejandro, pasado algún tiempo. Balbina consagró su belleza a Dios que se la devolviera, y mostró con su conducta que el cristianismo puede conciliar dos cosas aparentemente difíciles de unir, una rara hermosura y una gran pureza.

 
MEDITACIÓN
SOBRE LA MEZCLA DE BUENOS y MALOS

 
I. En este mundo, los buenos están mezclados con los malos. Así lo ha permitido Dios para que los malos puedan aprovechar los ejemplos de los buenos, y para que los justos tengan ocasión de ejercitar su celo y su paciencia soportando a los pecadores y trabajando en su conversión. No imites a los malos, pero tampoco los desprecies: acaso lleguen a ser más grandes que tú en el paraíso; acaso tú cometas faltas más graves que ellos, puesto que no existe pecado que no puedas cometer, si Dios te abandona a tu propia flaqueza.
 
II. En esta vida el bien está mezclado con el mal, y el mal con el bien. No existe hombre tan desgraciado que de tanto en tanto no tenga consuelos, ya de parte de Dios, ya de los hombres; como tampoco hombre tan dichoso que no tenga alguna pena. Por lo tanto, no esperemos felicidad completa en este mundo. Nuestra única felicidad consiste en conformarnos con la voluntad de Dios. Es el secreto para vivir felices. Los santos lo han sido en medio de la pobreza, de las lágrimas y de las enfermedades, por que sabían que tal era el beneplácito de Dios. Son pobres y aman la pobreza, lloran y aman sus lágrimas, son débiles y se regocijan en su debilidad. (San Salviano).
 
III. En el día del juicio, los malos serán separa dos de entre los buenos, éstos serán colocados a la derecha y destinados para la gloria; aquellos, pos puestos a la izquierda y condenados al infierno. Se verán entonces los crímenes de los réprobos y las virtudes de los santos. Hipócrita, ¿qué dirás, qué harás tú? ¡Todo lo bueno estará en el cielo, todo lo malo en el infierno, y así quedará por toda la eternidad! Piensa en esto y sé precavido mientras tengas tiempo todavía. Pluguiese a Dios que fuesen sabios e inteligentes, así pensarían en sus postrimerías. (Deuteronomio).

 
El pensamiento del juicio
Orad por la conversión de los pecadores .

 
ORACIÓN
 
Escuchadnos, Señor Salvador nuestro, a fin de que la tiesta de Santa Balbina, virgen, al mismo tiempo que regocije nuestra alma desarrolle en ella los sentimientos de una tierna devoción. Por. J. C. N. S. Amén.

miércoles 30 de marzo de 2011

Cine: El Heróico Batallón de San Patricio




Ficha Técnica

Título original: One Man's Hero

Año: 1999

Duración: 121 minutos

Compañía: Arco Films S.L., Filmax, Hool/Macdonald Productions

País: España, Estados Unidos, México

Género: Historia, drama

Guión: Milton S. Gelman

Director: Lance Hool


Santoral Católico 30 de marzo

  • San Juan Clímaco, Confesor
  • San Regulo, Obispo de Senlis
  • San Zosimo, Obispo de Siracusa
  • El Beato Dodo, Anacoreta
  • Beato Amadeo, Duque de Saboya 
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


SAN JUAN CLÍMACO
Abad


n. hacia el año 569 en Siria;
† hacia el año 649 en el Monte Sinaí


El mundo pasa con su concupiscencia.
Mas el que hace la voluntad de Dios
permanece eternamente.

(1 Juan, 2,17)

San Juan Clímaco subió al cielo por la escala que nos presenta, pues todo lo que enseña en su hermoso libro titulado Escala Espiritual, él mismo lo practicó. Dejó el mundo y se hizo monje a la edad de 16 años. Su vida desde entonces fue una mortificación continua. Empleaba su tiempo en llorar sus pecados, en conversar con Dios, o bien en componer libros destinados a instruir y edificar al prójimo. Fue nombrado abad del Monte Sinaí, y murió a la edad de 80 años apenas transcurrida la primera mitad del siglo VII.


I. El primer grado de la perfección es el des precio del mundo y de todo aquello que ama el mundo: honores, placeres y riquezas. Vanos son los honores del mundo; criminales sus placeres; peligrosas sus riquezas. ¡Qué difícil es llegar a este grado! ¡Cuánta virtud se necesita para pisotear lo que adoran los hombres! Pero, lo que es difícil no es imposible. sobre todo si consideran que el mundo pasa con su concupiscencia, y que es preferible abandonarlo a él antes que ser por él abandonados.
 
II. El segundo grado es la abnegaci6n de uno mismo. Has de renunciar a tus placeres, a tus más, caras inclinaciones, a tu propia voluntad, has de triunfar de ti mismo en todo. Fácil es decirlo, pero difícil hacerlo. Es necesario, sin embargo, porque nada harías abandonando el mundo, si no renuncias a ti mismo. Es pues menester que, en adelante, sea mi propio enemigo, que me declare la guerra, que luche contra todas las inclinaciones de la naturaleza corrompida.

III. El tercer grado es la conformidad con la voluntad de Dios en todo y en cualquier parte. Si llegaste ya a este estado, di que has encontrado un paraíso en este mundo; serás feliz y habrás encontrado todas las virtudes. Dios mío, enseñadme a hacer vuestra santa voluntad. Si Vos no me enseñáis este secreto, haré yo mi propia voluntad y Vos me abandonaréis; no seréis mi Dios mientras sea yo mi señor. (San Agustín).


El deseo de la perfección
Orad por los que tienen vocación religiosa.


ORACIÓN
 
Haced, Señor, os suplicamos, que la intercesión de San Juan Clímaco, abad, nos torne agradables a Vuestra Majestad, a fin de que obtengamos por sus ruegos lo que no podemos esperar de nuestrosmé ritos. Por J. C. N. S. Amén.

martes 29 de marzo de 2011

Magisterio Pontificio: Verdadero Ecumenismo




CARTA ENCÍCLICA

ADIUTRICEM POPULI 


DEL SUMO PONTÍFICE
LEON 

POR LA DIVINA PROVIDENCIA

PAPA XIII

SOBRE LA DEVOCIÓN DEL ROSARIO MARIANO 
A FAVOR DE LOS DISIDENTES

A LOS VENERABLES HERMANOS
PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS
Y DEMÁS ORDINARIOS LOCALES
EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA



Venerables Hermanos: Salud y Bendición apostólica 

I. Pruebas del florecimiento de la devoción a María. 
Justo es celebrar con magnificencia cada día mayor y rogar con una confianza más decidida a la Santísima Virgen, Madre de Dios, auxilio constante y clementísimo del pueblo cristiano. Pues, la variedad y abundancia de mercedes que ella, con generosidad siempre más amplia para el bien común, prodiga por todo el mundo aumenta los motivos que tenemos de confiar en ella y ensalzarla; y los católicos responden, naturalmente, a tanta generosidad con la expresión de su más rendido afecto, pues, si jamás en otro tiempo, ciertamente en estos tiempos tan arduos para la Religión, es dable contemplar en todas las capas sociales manifestaciones vivas y encendidas de amor y culto a la santísima Virgen. 
Un testimonio claro de ello lo constituyen las asociaciones que bajo su patrocinio se restablecieron y se multiplicaron por doquiera; los hermosos templos que se dedicaron a su augusto nombre; las peregrinaciones que con concurrencia piadosísima se realizaron a sus más venerados santuarios; los congresos que se convocaron para dedicarse al estudio del incremento de su gloria, y tantas otras manifestaciones parecidas que eran en sí excelentes y prometían un porvenir aun más feliz.

Florecimiento especial de la devoción del Rosario.

Es un hecho singular y para nosotros un recuerdo gratísimo cómo, entre las múltiples formas de la devoción mariana, se vigorizaba siempre más, en el aprecio y en la práctica este modo tan eximio de orar, lo cual, dijimos, era gratísimo para Nos, porque si consagramos una no pequeña parte de Nuestras preocupaciones a promover el establecimiento del rezo del Rosario vimos claramente que la Reina celestial invocada con estas fervorosas plegarias nos ayudó con benignidad en Nuestras labores; y confiamos en que Nos asistirá para consolar Nuestras tristezas y para aliviar Nuestras preocupaciones que el día de mañana ha de traer.

II. Poder del Rosario para la reconciliación de los disidentes con la Iglesia

Abrigamos sobre todo la esperanza de que la virtud del Rosario nos ayude con abundantes auxilios a extender lo reino de Jesucristo.

Hemos dicho ya más de una vez que la obra que en las actuales circunstancias deseamos impulsar con mayor empeño es la reconciliación de las naciones disidentes con la Iglesia; al mismo tiempo, hemos declarado que el éxito de la empresa debe buscarse ante todo en las oraciones y súplicas dirigidas a Dios. No hace mucho manifestamos lo mismo también, cuando con motivo de las solemnidades de la fiesta de Pentecostés recomendamos para idéntico efecto especiales preces en honor del Espíritu Santo; recomendación que en todas partes fue obedecida con gran fervor.

III. Perseverancia en esa oración por la reconciliación de los disidentes.

Pero atendiendo a que el problema es muy arduo y la constancia engendra toda virtud, conviene recordar la exhortación del Apóstol que dice: "Perseverad en la oración" [1]; y esto tanto más, cuanto que los felices comienzos de la empresa parecen invitarnos con suavidad a continuar incansables en esta oración. En el próximo mes de Octubre, pues, no habrá nada tan útil a este propósito ni nada tan grato a Nuestro corazón como la instancia con que por todo el mes imploréis vosotros, Venerables Hermanos, y vuestro pueblo, en unión con Nos, a la Virgen y piadosísima Madre, mediante el rezo del Rosario y las oraciones prescritas de costumbre. Eximias son, pues, las causas que nos impulsan a encomendar a su protección Nuestras empresas y deseos, movidos por una confianza firmísima.

IV. María nuestra madre.

El misterio de la excelsa caridad que Cristo tuvo para con nosotros se revela luminosamente por el hecho de haber querido, al morir, entregar su Madre a Juan para que fuese su madre, por virtud de aquel memorable testamento: He ahí tu hijo [2]. Según la interpretación constante de la Iglesia, Jesucristo quiso designar en la persona de Juan a todo el género humano; y más especialmente a los que se adhiriesen a Él por la fe. Y en este sentido pudo decir San Anselmo de Canterbury: ¿Qué puede concebirse más digno sino que Vos, oh Virgen Santísima, sois Madre de aquellos que tienen a Jesucristo por padre por hermano? [3].

Ella aceptó, pues, el ministerio de este singular y laborioso oficio y lo desempeñó con magnanimidad, auspiciándose su iniciación en el Cenáculo. Ella ayudó admirablemente a los cristianos primitivos por la santidad de su ejemplo, la autoridad de su consejo, la dulzura de su consuelo y la eficacia de sus santas plegarias. Y en efecto, mostróse, pues, madre de la Iglesia y maestra y Reina de los apóstoles a quienes comunicó parte de las divinas sentencias que conservaba en su corazón [4].

V. María, medianera universal.

Al ser elevada a la cumbre de su gloria, al lado de su divino Hijo, es casi imposible decir cuánto añadiera a la amplitud y eficacia de intercesión, lo cual convenía a la dignidad y claridad de sus méritos. Pues, desde allí, por disposición divina, Ella comenzó a velar por la Iglesia y a asistirnos a nosotros y a protegernos como madre; de tal modo que después. de haber sido cooperadora en la administración del misterio de la redención humana, ha venido a ser igualmente la dispensadora de la gracia que por todos los tiempos fluye de aquel misterio, concediéndosele para ello un poder casi ilimitado. Por este motivo las almas cristianas, llevadas por cierto impulso natural, se sienten con razón arrastradas hacia María, para depositar en Ella confiadamente sus pensamientos y obras, sus angustias y alegrías y para encomendarle, como hijos, a su cuidado y bondad a sí mismos y todo lo suyo.

Por este motivo también se elevan con toda razón magníficas alabanzas en todas las naciones y en todos los ritos las que se acrecientan con el aplauso de los siglos: entre otras alabanzas, las de: Nuestra Señora misma, medianera nuestra [5], la misma reparadora del mundo [6], la misma medianera de los dones de Dios [7].

VI. A Dios por María.

Y por cuanto la fe es el fundamento y el principio de los dones divinos que elevan al hombre sobre el orden natural al celestial, para obtener esta fe y desenvolverla saludablemente, se celebra con razón cierta acción secreta de aquella que nos dio al Autor de la fe [8] y que por su fe fue saludada bienaventurada [9]. Nadie hay, oh Virgen santísima, que se imbuya del conocimiento de Dios sino por Vos; nadie hay que se salve sino por Vos; nadie, que consiga misericordia sino por Vos [10]. Ni parece tener menos razón aquel que afirma que, principalmente por su dirección y su auxilio, la sabiduría y la doctrina del Evangelio han llegado, haciendo tan rápidos progresos, a todas las naciones, pese a las inmensas dificultades e impedimentos que se oponían, estableciendo por doquiera un nuevo orden de justicia y paz. Este mismo pensamiento inspiraba también el ánimo y la oración de San Cirilo de Alejandría cuando se dirigía de este modo a la Virgen: Por Vos predicaron los Apóstoles la salvación a las naciones,; por Vos se celebra y se adora la Cruz bendita en todo el orbe; por Vos se ahuyentan los demonios; por Vos el hombre mismo es llamado al cielo; por Vos toda creatura, envuelta en el error de la idolatría, llegó al conocimiento de la verdad; por Vos alcanzaron los fieles el santo bautismo, y se fundaron iglesias entre todos los pueblos [11].

VII. María baluarte de la verdadera fe.

Y, como lo proclamara el mismo santo doctor [12] fue María quien estableció y fortaleció muy especialmente el cetro de la fe verdadera; y por su ininterrumpido desvelo fue que la fe católica se mantuviera firme y prosperara intacta y fecunda. Muchos documentos de esta clase existen y son asaz conocidos, declarados a veces de un modo maravilloso.

En los tiempos y lugares en que, ante todo, había que deplorar el que la Fe o languideciera por la incuria o fuera atacada por la peste de los errores, se demostró presente y eficaz la benignidad de la poderosa Virgen auxiliadora. Bajo su impulso y en su virtud se levantaron hombres eminentes en santidad y espíritu apostólico aniquilando las audacias de los impíos y devolviendo los Corazones a la piedad de la vida cristiana e inflamándolos en ella.

Uno de ellos, representante de muchos, es Santo Domingo de Guzmán quien se empeñó con todo éxito en este doble apostolado, poniendo su confianza en el auxilio del Rosario mariano. Nadie ignora cuánta parte cupo a la misma Madre de Dios en los grandes méritos que se granjearon los Padres y Doctores de la Iglesia que tan egregios esfuerzos hicieron para defender e ilustrar la verdad católica.

En efecto, ellos mismos, con ánimo agradecido, confiesan que de Ella que es la Sede de la divina Sabiduría, descendió sobre ellos, al escribir, la abundancia de los más eximios pensamientos y que, por consiguiente, la malicia de los errores fue vencida por Ella y no por ellos.

Por último, los príncipes y Pontífices romanos, custodios y defensores de la Fe -unos para mover las guerras santas y otros para promulgar solemnes decretos- invocaron el nombre de la Madre de Dios, y siempre experimentaron su gran poder y benignidad.

Por esta razón, la Iglesia y los Padres glorifican a María con no menor verdad que magnificencia, diciendo: .Salve, lengua siempre elocuente de los Apóstoles, sólido fundamento de la Fe, baluarte inconmovible de la Iglesia [13]. Salve, que por Vos hemos sido inscritos en el número de los ciudadanos de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica [14]. Salve, manantial de divina abundancia del que fluyen los ríos de la celestial sabiduría, las aguas puras y límpidas de la ortodoxia que rechazan lejos las turbas de los errores [15]. Regocijaos, porque Vos sola habéis destruido en el mundo todas las herejías [16].

VIII. Confianza en nuestra Madre.

Esta parte principalísima que cabe a la Madre de Dios en el desarrollo de los combates y en los triunfos de la Fe católica pone gloriosamente de manifiesto los designios divinos respecto a ella y debe inspirar a todos los buenos una firme esperanza de que se verán colmados los deseos comunes.

¡Hay que confiar en María!!, ¡hay e implorar a María! ¿Qué no podrá hacer con su poder para apresurar el éxito a fin de que la profesión de la misma fe una las mentes de todas las naciones cristianas y el lazo de la perfecta caridad, ese nuevo y ansiado ornamento de la Religión, hermane las voluntades? ¡No querrá Ella conseguir que los pueblos todos por cuya estrechísima unión rogara fervorosamente su Hijo único y que por el mismo bautismo llamara a la misma herencia de la salud [17] por la cual había pagado un precio infinito, laboren unánimes en su luz admirable! [18] ¿No querrá Ella emplear los tesoros de bondad y providencia, tanto para consolar a la Iglesia, Esposa de Cristo, en sus largos sufrimientos por causa de ellos como para llevar a la perfección, en medio de la familia cristiana, el don de la unidad que es el insigne fruto de su maternidad?

IX. María es el vínculo de unión.

Que la feliz realización de esa empresa no ha de demorarse mucho parece confirmarse por la creencia y la confianza que alienta en los corazones de los piadosos de que María ha de ser el lazo bendito por cuya fuerza sólida y suave, todos cuantos amen en el mundo a Cristo, formarán un solo pueblo de hermanos que obedezcan a su Vicario en la tierra, el Romano Pontífice, como a su común Padre.

Llegados a este punto, Nuestro pensamiento remonta los anales de la Iglesia hasta los nobilísimos ejemplos de la edad primitiva y se detiene con un placer indecible en el recuerdo del gran Concilio de Efeso. Una firmísima unidad de fe y una misma comunión de culto que en aquellos tiempos vinculaba el Oriente con el Occidente parecieron reinar allí con singular firmeza y resplandecer con gloria, pues, cuando os Padres establecieron legítimamente el dogma de la Maternidad de la Santísima Virgen, la noticia de este hecho, partiendo de esta piadosísima ciudad que exultaba de gozo, llegó a llenar de la misma celebérrima alegría a todo el orbe cristiano.

X. Rogar por la unidad de la fe.

Cuantos motivos, pues, apoyen y aumenten la confianza en la Virgen poderosa y benignísima de ser escuchados, tantas razones estimularán el celo, que recomendamos a los católicos, de implorar a María. Consideren ellos cuán excelente y útil y ciertamente, cuán acepto y grato para la misma Virgen será esto, pues, poseyendo ya la unidad de la fe, declaran de este modo que aprecian muchísimo la fuerza de este beneficio y desean conservarlo más fielmente. Ni pueden demostrar de ninguna otra manera más preclara su amor fraterno a los disidentes que rogando fervorosamente por ellos para que recobren aquel bien de la unidad, que es el mayor de todos.

Pues, esta caridad cristiana de la fraternidad que reinaba en toda la historia de la Iglesia solía hallar su fuerza en la Madre de Dios como que es la favorecedora más eximia de la paz y de la unidad. San Germán de Constantinopla la invocaba en estos términos: Acordaos de los cristianos que son vuestros servidores; recomendad las oraciones de todos; ayudad la esperanza de todos; consolidad la fe y unid todas las Iglesias [19]. Tal es también la invocación de los griegos: Oh Virgen purísima, que podéis acercaros a vuestro Hijo sin temor de ser desechada; rogadle, pues, oh Virgen Santísima, a fin de que conceda la paz al mundo; que infunda un mismo sentir a todas las Iglesias; y todos os glorificaremos [20].

XI. El culto mariano en el Oriente y sus imágenes traídas del Oriente son prendas de unión. 
Otra razón propia y especial por qué la Santísima Virgen acceda con mayor benignidad a las plegarias en favor de las Iglesias disidentes se añade aquí a la anterior; son los egregios méritos que respecto de la devoción mariana tienen, especialmente las Iglesias orientales. Es a ellas que se debe en gran parte la propagación y el fomento de su veneración; en su seno surgieron varones memorables que afirmaban y defendían la dignidad de María, importantísimos por el poder de su elocuencia y sus escritos, panegiristas ilustres por su ardor y la suavidad de sus palabras, emperatrices gratísimas a los ojos de Dios que siguieron el ejemplo de la purísima Virgen, imitaron su munificencia y erigieron templos y basílicas para practicar el culto al Rey. 
Será licito agregar aquí un asunto no ajeno al tema y que redunda en gloria de la Santísima Madre de Dios. No hay quien ignore que gran número de las augustas imágenes de María fueron traídas, en diversas épocas, del Oriente al Occidente, especialmente a Italia y a esta Urbe. Nuestros padres no sólo las recibieron con suma piedad y las veneraron magníficamente sino que, con igual devoción, sus nietos las procuran honrar como sacratísimas. En este hecho el ánimo se goza reconociendo cierta señal y gracia de nuestra benignísima Madre; pues, Nos parece que estas imágenes se conservan entre nosotros como testigos de aquellos tiempos en que la familia de los cristianos vivía estrechamente unida por doquiera, y como prendas bien caras de la común herencia. El mirarlas (como si la Virgen misma exhortara a ello) invita los corazones a que recuerden piadosamente a aquellos a quienes la Iglesia llama con sumo amor a que tornen a la prístina concordia y a la alegría de su abrazo. 
XII. El Rosario provechosa oración de unión. 
De este modo, Dios mismo ofreció en María una protección eficacísima para la unidad cristiana. Aunque no la merecerá un solo modo de oración, sin embargo creemos que el santísimo Rosario fue instituido para conseguirla en forma óptima y ubérrima. En otras ocasiones ya hemos indicado que no era la ventaja menor de este piadoso ejercicio que el cristiano posea en él un medio pronto y fácil para nutrir su fe y defenderse de la ignorancia y del peligro del error, como lo ponen de manifiesto los mismos orígenes del Rosario. Patente está la relación estrecha que guarda con María todo lo que en él se ejercita y se fomenta sea mediante las preces que se repiten, sea, sobre todo, mediante los misterios que se meditan. Pues, cuando ante Ella rezamos con devoción el Rosario volvemos a vivir, conmemorando, la obra admirable de la redención, de tal modo que contemplamos como hechos presentes que se desenvuelven ante nuestros ojos los acontecimientos cuyo desarrollo y efecto la vinieron a constituir al mismo tiempo en Madre de Dios y nuestra. 
La grandeza de esta doble dignidad y los frutos de este doble ministerio aparecen con vivos fulgores cuando piadosamente meditamos cómo María se asocia a su Hijo en los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. De allí resulta que el alma se inflame en amor agradecido para con Ella, y, desdeñando todo lo caduco, se empeñe, con firme voluntad, en mostrarse digna de tal Madre y de sus beneficios. Y como esa frecuente y fiel recordación no puede menos de agradar muy íntimamente a esa Madre, por mucho la mejor de todas, y de moverla a misericordia para con los hombres, por eso, Nos hemos dicho, que el rezo del Rosario será el ejercicio más oportuno con qué encomendarle la causa de los hermanos separados; porque esto incumbe propiamente a su misión de Madre, por cuanto los que son de Cristo no han sido concebidos por María ni lo han podido ser si no en una misma fe y un mismo amor; pues, por ventura ¿Cristo está dividido? [21], y todos debemos vivir la vida de Cristo a fin de que en el mismo cuerpo fructifiquemos para Dios [22]. 
XIII. María obtendrá la unidad si rezamos el Rosario. 
Es necesario que la misma Madre que recibió de Dios el poder de engendrar continuamente nuevos hijos engendre nuevamente para Cristo, por así decirlo, a todos aquellos que por funestas circunstancias fueron separados de esta unidad. Es también lo que Ella, sin duda, desea vivamente conseguir. Si le donamos las coronas de esta oración agradabilísima, Ella implorará la abundancia de los auxilios del Espíritu vivificador. ¡Ojalá los buenos no rehúsen secundar los propósitos de aquella Madre misericordiosa, y, atendiendo su propia salvación, escuchen la dulcísima invitación de María: ¡Hijitos míos, de nuevo sufro por vosotros dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros! [23]. 
XIV. El rezo del Rosario en el Oriente. 
Ponderado así la gran virtud del Rosario mariano, algunos de Nuestros predecesores dedicaron especiales esfuerzos a su propagación entre las naciones orientales. En especial, Eugenio IV en la Constitución Advesperascente, dada en el año 1439, luego Inocencio XII y Clemente XI, cuya autoridad concedió, para este efecto, grandes privilegios a la Orden de Predicadores. Los frutos no se hicieron esperar, gracias al celo de los ministros de esa misma Orden; numerosos y esclarecidos documentos lo atestiguan aunque el largo tiempo transcurrido desde entonces y las circunstancias adversas hayan detenido después los progresos de esta obra. 
En nuestra época, el fervoroso culto de esta misma devoción del Rosario , que Nos, desde el principio, hemos ensalzado, ha encontrado eco en el alma muchas personas de aquellas regiones. En cuanto esto, pues, responda a Nuestros esfuerzos iniciales, esperemos que sea muy provechoso para dar cumplimiento a Nuestros deseos. 
XV. El Templo de Nuestra Señora del Rosario en Patras. 
Con esta esperanza se une un hecho muy gozoso que interesa tanto al Oriente como al Occidente, y es muy conforme a Nuestros designios. Hablamos, Venerables Hermanos, del proyecto cuya iniciativa nació en el Congreso Eucarístico de Jerusalén, o sea el de erigir un Templo en honor de la Reina del Santísimo Rosario, y esto en Patras en Acaya, no lejos del sitio donde en los tiempos antiguos, bajo sus augurios, resplandeció el nombre cristiano. Según nos ha manifestado, para Nuestro gozo, la Comisión que con Nuestra aprobación, fue constituida para impulsar esta obra y preocuparse de ella, ya muchos de vosotros, acatando Nuestros ruegos, habéis organizado Colectas especiales al efecto, con toda diligencia, y aun prometisteis continuarlas en forma igual hasta la terminación de la empresa. Con ello, ya han afluido bastantes recursos, de modo que la construcción podrá iniciarse con aquélla amplitud que a tal obra conviene; y Nos hemos dado poder para que, próximamente, se coloque con auspiciosas y solemnes ceremonias la primera piedra del templo. Elevaráse este santuario, en nombre del pueblo cristiano, como un monumento de perenne gracia a la Virgen Auxiliadora y Madre celestial, la cual se invocará allí asiduamente en ambos ritos, el latino y el griego, a fin de que Ella se digne colmar los antiguos beneficios aun con nuevos más eficaces. 
XVI. Los beneficios del mes del santo Rosario. 
Y ahora, Venerables Hermanos, vuelve Nuestra exhortación al punto de donde partió. Es, que todos, pastores y rebaños, se acojan, sobre todo durante el mes que se avecina, bajo el manto protector de la Santísima Virgen. Que en público y en privado, con alabanzas, plegarias y ofrecimientos, se unan todos para invocarla y suplicarla como a Madre de Dios y Madre nuestra, clamando: Mostrad que sois nuestra Madre [24]. Que su maternal clemencia conserve a su universal familia al abrigo de todos los peligros; que la haga gozar de prosperidad verdadera fundada en la santa unidad. Mire con benevolencia a los católicos de todos los pueblos, y, uniéndolos más estrechamente cada día con los lazos de la caridad, los vuelva prontos y constantes para sostener la gloria de la Religión, en la que van incluidos asimismo los mayores beneficios para el Estado. 
XVII. Plegaria a María por los disidentes. 
Dígnese Ella mirar asimismo con especialísima benevolencia a los pueblos disidentes, naciones grandes e ilustres en que laten tantos corazones generosos, conscientes de sus deberes cristianos; dígnese suscitar en ellos anhelos saludables y nobles propósitos, y después de haberlos suscitado favorezca su realización. 
En cuanto a los disidentes orientales quiera Ella recordar la devoción acendrada que le profesan y las gestas sublimes que sus antepasados realizaron por la gloria de su nombre. En cuanto a los occidentales baste rememorar el utilísimo patrocinio con que Ella reconoció y recompensó la eximia devoción que todas las clases sociales le manifestaran en el transcurso de muchos siglos. 
Logre ser oída la voz suplicante del Oriente y del Occidente y de todas las naciones católicas dondequiera habiten; logre ser oída la Nuestra que desde lo más profundo del alma clama: Mostrad que sois Nuestra Madre. 
Bendición Apostólica. 
Entre tanto, y como testimonio de Nuestra benevolencia os impartimos con amor la bendición Apostólica a vosotros, a vuestro clero y al pueblo confiado a vuestro cuidado. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 5 de Septiembre de 1895, año decimoctavo de Nuestro Pontificado. 

León XIII 




NOTAS

[1] Col. 4, 2.
[2] Juan 19, 26.
[3] San Anselmo, Or. 47, antes 46.
[4] Lc. 2. 19; 2, 51.
[5] "Dominam nostram", "mediatricem nostram", San Bernardo serm. 2 in adv. Domini n. 5.
[6] Ipsam "reparatricem totius orbis", S. Tharasius or. in praesent. Deip.
[7] Ipsam "donorum Dei conciliatricem". in offic. graec. VII dec., Theotokion, post oden IX.
[8] Hbr. 12, 2.
[9] Lc. 1, 52.
[10] S. Germán de Constantinopla or. 2 in dormit. B.M.V.
[11] San Cirilo Alej. Hom. contra Nestorium.
[12] San Cirilo Alej. Hom. contra Nest
[13] Del Himno griego "Akátistos".
[14] San Juan Damasceno. or. in annuntiat. Dei Genitr. n. 9.
[15] San Germán de Constantinopla or. iu Deip praesentat. n. 14.
[16] En el Oficio B.M.V.
[17] Hebr. 1, 14.
[18] 1 Pelr. 2, 9.
[19] San Germán In Hist, a dormit, Deiparae.
[20] Men. 5 de Mayo Theodokion post od. IX de S. Irene V. M
[21] 1 Coro 1, 13
[22] Rom. 7, 4.
[23] Gal. 4. 19.
[24] Del himno lit. Ave Maris Stella.

Santoral Católico 29 de marzo

  • San Armogasto, Mártir
  • Santos Jonás y Baraquicio, Mártires
  • Santos Marco y Cirilo, Mártires
  • San Bertoldo, Monje
  • San Ludolfo, Obispo de Ratzeburgo
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


SAN ARMOGASTO

Mártir

† hacia el año 455, cerca de Cartago, África

Patrono de víctimas de tortura. Protector contra la escasez.


Si no velares, vendré a ti como un ladrón,
y no sabrás a qué hora vendré a ti.
(Apocalipsis 3, 3)



¡Qué hermoso espectáculo ver a San Armogasto abandonar todas sus dignidades en la corte para permanecer fiel a Jesucristo! Viéndolo Genserico, rey de los vándalos, inquebrantable en su fe, le hizo anudar la cabeza y los pies con gruesas cuerdas; mas el santo miró al cielo y rompiéronse sus ataduras. Se lo suspendió de un pie; empero, nada quebrantó su resolución. Finalmente, condenado a guardar los rebaños del rey por el resto de su vida, obedeció con placer, pues sabía que la soledad es favorable a los coloquios entre el alma y Dios. Predijo su muerte próxima, indicó el lugar donde quería se lo enterrase, y fue al cielo a recibir la recompensa de sus trabajos, hacia el año 455.



MEDITACIÓN
SOBRE LA PREPARACIÓN A LA MUERTE


I. Toda nuestra vida debe ser una preparación para la muerte, pues nuestra muerte, de todos nuestros negocios, es el más importante; ¿qué digo?, los demás nada son comparados con éste. ¿Cómo te preparas tú? ¿Vives como un hombre que en breve ha de morir? ¿Acaso miras la muerte como algo muy alejado de ti ? En adelante mi principal afán será pensar en este gran viaje a la eternidad, no sea que me sorprenda la muerte. La muerte, que sorprende a los que no están preparados, debe encontrarnos siempre prestos (San Euquerio).


II. Morirás, no lo ignoras. Morirás sólo una vez, y de esta muerte única dependerá una eternidad de dicha o de desventura. No se trata aquí de una pérdida sin importancia, sino de la pérdida del mayor de todos los bienes y, no debes olvidarlo, de una pérdida irreparable. ¡Oh muerte, cuán temible eres! ¿Se puede pensar en ti sin despreciar al mundo y sin darse a Dios?


III. Una vida santa es la mejor de todas las preparaciones para la muerte. No te duermas con un pecado mortal en la conciencia. Por la mañana, al levantarte, piensa: Acaso no alcance a vivir hasta la noche; y por la noche, al acostarte: Acaso no me levante ya, y estas sábanas sean mi sudario. De vez en cuando pregúntate si estás preparado para morir. Nada hay que los hombres vean con más frecuencia que la muerte y nada que olviden con mayor facilidad (San Euquerio).


El pensamiento de la muerte.
Orad por las almas del purgatorio.



ORACIÓN


Haced, os suplicamos, Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado Armogasto, vuestro mártir, cuyo dichoso nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S.

lunes 28 de marzo de 2011

Presencia de Satanás en el Mundo Moderno XXV




Capitulo 27

Padre Amorth. Los efectos del exorcismo




Descargue el audio aquí

Fuente: Radio Convicción

Santoral Católico 28 de marzo

  • San Guntrano, Rey y Confesor
  • San Juan de Capistrano, Confesor
  • San Tutilo, Monje 
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

SAN GUNTRANO
Rey y Confesor

† 28 de marzo de 593

Cada uno de nosotros procure dar gusto a su prójimo
en lo que es bueno y pueda edificarle.
(Romanos 15, 2)


San Guntrano, rey de Borgoña, era nieto de Santa Clotilde, reina de Francia. Cumplió con todos los deberes de un rey. Amaba tiernamente a sus súbditos y perdonaba generosamente a sus enemigos. Pocos monarcas hubo tan populares como él. Durante una peste, se ofreció como víctima al Señor para que se librara el pueblo. Después de haber fundado o dotado a muchas iglesias y monasterios, murió el 28 de marzo del año 593, a los 68 años de edad.


MEDITACIÓN
SOBRE LAS BUENAS OBRAS



I. Haz tantas obras buenas cuantas puedas mientras vivas; lo demás carece de valor después de la muerte. No dejes pasar ni un solo día sin que lo señales con alguna acción buena. La vida presente es breve, la futura es eterna. Hay que expiar los pecados cometidos: redímelos haciendo limosna a los pobres. ¿Por qué respetas la efigie del príncipe esculpida en el mármol o acuñada en el oro, y desprecias la imagen de Dios en la persona del pobre? (San Agustín).

II. Que sean buenas tus acciones delante de Dios y no sólo delante de los hombres; para ello realízalas para agradar a Dios y tal como quiere Él que las hagas. Cuídate de que no estén viciadas por la vanidad y el amor propio; si así no lo hicieres, no tendrás otra recompensa que la que el mundo te dé. ¡Qué!, mi corazón es tan pequeño, mi vida tan corta, ¿y querré yo partirlos entre Dios y el mundo?

III. También tienes la obligación de hacer el bien delante de los hombres; les debes el buen ejemplo. Sin vacilar declárate a favor de Dios, y nadie se atreverá, en tu presencia, a realizar un acto que le ofenda. No te avergüences cuando llegue la ocasión de salir en defensa del Evangelio, y el momento de comportarte como verdadero cristiano; acaso rían a costa tuya: regocíjate entonces. ¿El mundo no aprueba tus actos? Señal es que tienes el espíritu de Jesucristo. El cristiano es amado por Dios cuando es maltratado por el mundo (San Ignacio).



La limosna.
Orad por los que os gobiernan.



ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la fiesta del bienaventurado Guntrano, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos la que vivió en la tierra. Por J. C. N. S.

domingo 27 de marzo de 2011

Evangelio del domingo

Domingo 3° de Cuaresma
d.- morado


+ Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (XI, 14:28) 
En aquel tiempo: Estaba Jesús, expulsando a un demonio mudo, y así que salió el demonio, habló el mudo. Las muchedumbres se admiraron, pero algunos de ellos dijeron: Por el poder de Belcebú, príncipe de los demonios, expulsa éste los demonios;" otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo su pensamiento, les dijo: Todo reino dividido contra si mismo será devastado, y caerá casa sobre casa. Sí, pues, Satanás se halla dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Puesto que decís que por poder de Beelzebul expulso yo los demonios. Si yo expulso a los demonios por Belcebú, vuestros hijos, ¿por quién los expulsarán? Por esto ellos mismos eran vuestros jueces. Pero, si expulso a los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un fuerte bien armado guarda su palacio, seguros están sus bienes;" pero si llega uno más fuerte que él, le vencerá, le quitará las armas en que confiaba y repartirá sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que conmigo no recoge, desparrama. Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, recorre los lugares áridos buscando reposo, y, no hallándolo, se dice: “Volveré a la casa de donde salí”;" y viniendo la encuentra barrida y aderezada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él y, entrando, habitan allí, y vienen a ser las postrimerías de aquel hombre peores que los principios. Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre, y dijo: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste. Pero El dijo: Más bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan.  

Credo


Sermón

R.P. Juan Carlos Ceriani


De este pasaje evangélico deseo destacar hoy la parábola del Fuerte armado y hacer una aplicación a la situación actual de la sociedad.

En esta parábola Jesucristo hizo algo más que una simple refutación “ad hominem” de la acusación de los fariseos; dijo que el diablo en la tierra es el Fuerte Armado y que defendía su casa; es decir que el Reino del Diablo estaba fuertemente fortificado en el mundo.

Sin exageraciones, Jesucristo apellidó al diablo el Fuerte, el Príncipe de este Mundo, el Poder o el Monarca de las Tinieblas; y ese poder lo sintió en sí mismo… Pero Él vino para vencerlo y desarmarlo.

Los Santos Padres exponen el misterio de la Redención del hombre de este modo: Por el pecado, el demonio adquirió poder mortífero sobre la raza de Adán; y lo perdió porque hizo dar muerte injustamente a un hombre sin pecado. La Pasión de Cristo fue una batalla en la que el más fuerte, hecho a prima faz más débil, saqueó la casa del Fuerte.

Este hombre fuerte y bien armado es, pues, el demonio, que ejercía desde el pecado de Adán una autoridad casi absoluta sobre los hombres.

Sus armas, son todas sus astucias y las de los espíritus diabólicos, con todas las especies de pecado.

Su casa, su palacio, es el mundo, la tierra entera, donde dominaba como amo incontestado hasta la llegada del Salvador; por eso, como ya hemos visto hace quince días, se creyó con derecho a ofrecérselo, al precio de un acto de adoración: Todo esto es mío y te lo daré, si postrado me adorares.

Satanás había usurpado realmente el imperio del mundo.

No solamente había reducido a los hombres a la esclavitud del pecado, desnudándolos así de sus derechos y de sus esperanzas legítimas, sino que, además, tenía de mil de maneras hundida la sociedad en la degradación y todas las crueldades que acompañan la descomposición, suministrándole la oscuridad intelectual, la corrupción de las costumbres, las miserias sociales.

En lugar de la verdad había erigido el error en principio y había hecho rendirse a sí mismo un culto, manchado por torpezas y abominaciones sin nombre.

El más fuerte que vino es el Mesías prometido, es Jesucristo, bajado del Cielo para vencerlo y retirarle sus armas y repartir sus despojos; es decir, volver en contra suya todo aquello que mantenía en la esclavitud y de lo cual se servía como de instrumento para sembrar por todas partes el mal y el desorden.

Por lo tanto, lejos de actuar como Ministro de Satanás, Nuestro Señor es, al contrario, su adversario, mucho más fuerte que él, que vino para destruir su poder y arrebatarle su presa.

Esta parábola tiene una aplicación directa a los judíos; Nuestro Señor argumenta en forma de alegoría y contesta la acusación de sus enemigos, probándoles que son ellos quienes están poseídos por el demonio.

En efecto, por la Ley, los judíos fueron liberados de la tiranía del demonio; y éste, expulsado de la nación elegida, se había refugiado en los gentiles.

Pero más tarde, por su obstinación, su endurecimiento, su malicia y por la práctica de las supersticiones paganas, abrieron nuevamente la puerta al demonio y se sometieron a su poder.

Finalmente, por el crimen terrible del deicidio, del cual se hicieron pronto culpables crucificando a su verdadero Mesías, se convirtieron en los enemigos más encarnizados de Dios.

Desde el deicidio, el estado de este pueblo es peor que al principio.

San Jerónimo, comentando esta parábola dice: El espíritu impuro, expulsado de en medio de los Judíos, cuando recibieron la Ley, se fue a los gentiles, que eran como extensos desiertos donde no descendía el vivificante rocío de la gracia. Pero cuando los gentiles se convirtieron, Satanás no encontrando allí más descanso, volvió de nuevo, con todos los defectos de los paganos, al pueblo judío abandonado de Dios. Y el estado de este pueblo se volvió peor que antes de recibir la Ley. Su último crimen lo puso enteramente a disposición de Satanás.

Pero… ¡atención!… Esta parábola es también la lamentable historia de la Cristiandad

El espíritu impuro salió de la sociedad pagana cuando, por el santo bautismo, la Iglesia le hizo renunciar a Satanás, a sus pompas, a sus obras y a sus cultos idolátricos, y así se convirtió en hija de Dios: “Sal de ella, espíritu inmundo; y da lugar al Santo Espíritu Paráclito”…

La sociedad pagana, por medio de un humilde acto de renuncia a Satanás, quemó todo aquello que hasta ese momento había adorado; y, por un fervoroso acto de fe, adoró todo lo que hasta allí había perseguido y combatido.

Nuestro Señor, guerrero mucho más fuerte que Satanás, destruyó su poderío y le arrebato su presa.

Así lo hizo este divino y todopoderoso Liberador, tanto en el orden de la religión (culto y teología), como en el orden de la verdad (filosofía y ciencias), del bien común (política), de la belleza (bellas artes, artes liberales y artesanías), e incluso en el orden del bien simplemente útil (economía y trabajos serviles).

Esta sociedad, así consagrada a Dios, vivía en paz, en la paz de Cristo en el Reino de Cristo. Pero el demonio, furioso y celoso, no soportó que sus dominios le hubiesen sido usurpados y no descansó hasta intentar reconquistarlos, con la autorización divina y en cumplimiento de altísimos planes de la Providencia que escapan a nuestra comprensión.

Aprovechando la negligencia y la tibieza donde se dejan ir demasiado a menudo los hombres y las sociedades, tomó siete espíritus más perversos que él, y por medio de todos estos ministros tornó a ser Príncipe de su presa, entrando en plena posesión de esta pobre sociedad moderna, cuyo estado es, a ciencia cierta y a simple vista, peor que antes de su conversión y cristianización.

Así como las recaídas en las enfermedades son mucho más peligrosas para el cuerpo, del mismo modo, las recaídas en el pecado tienen consecuencias espantosas y desastrosas en el espíritu: cuanto más se aleja una sociedad de Dios, después de haberlo conocido y servido, más se consolida su inclinación al mal, menos gracias recibe y mayores y nuevos obstáculos encuentra para practicar la virtud.

Leamos, en la Segunda Epístola de San Pedro, capítulo dos, el triste cuadro que hace este Apóstol de las almas ingratas que, teniendo la felicidad de conocer a Jesús, lo abandonan a continuación para tornar al pecado, y apliquemos esa enseñanza a lo sucedido con la sociedad, otrora cristiana:

Porque si los que se desligaron de las contaminaciones del mundo desde que conocieron al Señor y Salvador Jesucristo se dejan de nuevo enredar en ellas y son vencidos, su postrer estado ha venido a ser peor que el primero. Mejor les fuera no haber conocido el camino de la justicia que renegar, después de conocer el santo mandato que les fue transmitido. En ellos se ha cumplido lo que expresa con verdad el dicho: “El perro vuelve a lo que vomitó” y “la puerca lavada va a revolcarse en el fango”.

Lamentable estado de la sociedad moderna, peor que el primero. Se manifiesta en ella la verdad de ese antiguo Proverbio: regresó al vómito del paganismo y al fango de la idolatría…

¿Cómo se las ingenió, pues, el demonio? Tomó “siete espíritus más perversos que él” y los fue introduciendo en la sociedad hasta llevarla al estado actual:

1º) Humanismo y Renacimiento.
2º) Protestantismo.
3º) Masonería.
4º) Revolución Francesa.
5º) Liberalismo y Capitalismo.
6º) Socialismo y Comunismo.
7º) Modernismo y Vaticano II.

En efecto, en la consideración desapasionada de la historia, la Edad Media aparece como un apogeo, sin omitir, sin embargo, las miserias y los errores propios de esta época.
Pero, a partir de 1303 comenzó el proceso de una larga decadencia:

1º) las fuerzas satánicas se desatan con el Nominalismo y el Humanismo pagano, que reaparece;
2º) el Protestantismo y sus guerras impías;
3º) la Masonería y las filosofías de las Luces;
4º) la Revolución Francesa;
5º) las conquistas inexorables del Laicismo; el Liberalismo que conduce al Capitalismo;
6º) el espíritu revolucionario universal; el Socialismo y el Comunismo;
7º) el Modernismo, hasta que los hombres de la Iglesia prestaron su apoyo al Nuevo Orden Mundial por su democracia religiosa, coronada por Vaticano II y el ilegítimo connubio de la Iglesia Conciliar con la Revolución…

La particularidad de lo que se conviene llamar el “período moderno” es, pues, una lenta descomposición metódica y progresiva del tejido sobrenatural y natural.

Este diagnóstico parece tremendo… El cuadro puede parecer apocalíptico. Pues bien, el término es exacto. No es una jeremiada suplementaria para compadecerse de las desdichas del tiempo presente.

Somos hombres de Fe; conocemos nuestro Evangelio y nuestro Nuevo Testamento; y en ellos “el misterio de iniquidad” se anuncia con toda claridad. Con la pacífica lucidez de los “hijos de la Luz” somos capaces de discernir la marca del enemigo antiguo del género humano y la lucha perpetua de la Sinagoga contra la Iglesia.

Sin embargo, la historia la escribe la Misericordia divina; y en la Sagrada Escritura y en los escritos de los Santos no existe un hilo conductor más claro. Pero, ¡atención!, no existe un fatalismo de la historia, sino un “sentido cristiano de la historia”; lo mismo debemos afirmar cuando se considera lo que ha sido profetizado sobre los últimos tiempos.

A la luz de la Revelación, comprendamos nuestro lugar y nuestra vocación en el mundo posmoderno. Ante todo, no podemos abandonar un combate que debe llevarse a cabo. En este combate gigantesco, debemos tornar nuestros ojos hacia el Evangelio. ¿No es acaso éste el combate anunciado hasta el final de los tiempos, y especialmente durante el fin de los tiempos?

Conforme a las profecías, esta situación debe durar hasta que se revele “el hombre de iniquidad”.

Podemos inventar día a día recetas para intentar reparar lo irreparable… Pero, no serán más que recetas… Debemos ir a la fuente de toda verdad, que no puede, en su amor, haber abandonado a los hijos de los últimos tiempos sin los medios adecuados.

Nuestras luchas son diferentes, porque la apostasía termina por revestir un encanto; las doctrinas y las modas modernas saben presentarse bajo la luz de la razón honesta; la novedad es mucho más temible…, la apostasía conciliar nos acecha…

Es normal que soñemos con un mejor mundo, un regreso a la Cristiandad, una restauración de la Iglesia… Pero Dios, en su Providencia, nos puso en una época concreta, en un momento preciso de la historia de la humanidad y de la Iglesia. Es Dios quien escribe la Historia; con un itinerario cuyo secreto sólo Él conoce y por el cual lleva a cabo su inmenso plan de Amor para completar el número de los elegidos.

Si el Evangelio nos pide trabajar por un mundo cuyas instituciones sean justas, es sobre todo para agradar a Dios, por caridad para con nuestros hermanos y con la esperanza de la eternidad en el Señor; no es con la esperanza en una especie de Parusía terrestre; quiero decir con la esperanza de crear técnicas y promover instituciones que serían una aproximación de “los nuevos cielos y la nueva tierra”.
 
La Esperanza cristiana se refiere a un orden de cosas radicalmente nuevo con relación a los progresos materiales y con relación a la ciudad del César. El Evangelio se opone a la secularización de la Esperanza, como se opone a la identificación de la Iglesia con César.
 
La glorificación del último día no vendrá a coronar un orden económico, técnico y social especialmente exitoso. Vendrá a manifestar, para la eternidad, lo que ya se contenía en nuestra incorporación a Jesucristo por la Fe.
 
El Evangelio no tiene nada que ver con el gusto romántico del desastre…, pero tampoco con el gusto burgués de la comodidad moderada… El Evangelio pide la pura fidelidad a Dios, incluso en el orden temporal.

Ahora bien, la pura fidelidad a Dios es inseparable de la pobreza y de la Cruz; esta pura fidelidad es, al mismo tiempo, inherente a la paz y la bienaventuranza.
 
De todos modos, sea lo que sea de las exigencias y de la tensión propias de la regencia de Cristo sobre nuestras ciudades terrestres, sólo hay lugar para una de las dos siguientes alternativas:

1ª) o rechazar la Realeza de Cristo, pero para caer bajo la tiranía de Príncipe este mundo y su tensión atroz.
2ª) o aceptar la Realeza de Cristo, y de un mismo golpe aceptar su tensión liberadora.
Los que sueñan con una tercera solución, es decir, sea con una tiranía de Satanás que sería suave y reposada, sea con una Realeza de Cristo que sería feliz y reconfortante, los tales sueñan y se ilusionan.

Los ensayos de descanso indoloro de una sociedad en la apostasía, o los ensayos de descanso indoloro de una sociedad en la Fe, no son sostenibles mucho tiempo; son barridos inevitablemente por el huracán de las revoluciones o por el soplo saludable de las reformas.

Así lo exige nuestra naturaleza espiritual, y, más aún, el odio devastador de Satanás o el Amor purificador de nuestro Salvador.

Nuestras ciudades carnales se ven obligadas a elegir entre la tiranía de Satanás, con sus inevitables atrocidades, o los derechos de Jesucristo, con su Santa Cruz, que salva lo más humano de nuestra naturaleza.

Esta es la razón por la que, por exigente que sea, la Realeza de Jesucristo se transforma en beneficio maravilloso sobre nuestras pobres ciudades.

La tensión y el sufrimiento, sean en el orden político, sean en el orden personal, son inevitables.

El diablo, que quiere hacer creer lo contrario, sabe muy bien que es falso.

Es falso porque nuestra malicia o nuestra ilusión de falso mesianismo (que durarán tanto como la humanidad) generan inevitablemente el sufrimiento.

Es falso porque debemos contar con la malicia del demonio, que pretende sin descanso perturbar al hombre y atormentarlo.

Es falso porque el orden político justo no puede prescindir del heroísmo de muchas de personas.

Entonces, a nivel social como a nivel personal, la elección que se presenta no es entre la tensión y el aburguesamiento, sino entre un orden justo, que supone el consentimiento a la Cruz, y un orden falso o una ausencia de orden, una anarquía, que, sí generan, más o menos rápidamente, un sufrimiento envenenado.

La verdadera elección se presenta, pues, entre la Cruz aliviada de Jesucristo o el sufrimiento envenenado del demonio.

Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron…

Si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios…

El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama…

Elijamos, por lo tanto:

la Realeza de Cristo y su tensión liberadora.
los derechos de Jesucristo, con su Santa Cruz.
el consentimiento a la Cruz, la tensión y el sufrimiento.



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