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martes 30 de noviembre de 2010

Pensamiento de Vázquez de Mella







José María Valiente
"Centenario de Vázquez de Mella"
Revista de Estudio Políticos nº 120,
noviembre/diciembre de 1961




I. No Basta la Crítica Negativa


El ambiente político de la época en que aparece Vázquez de Mella era de un pesimismo axfisiante, a pesar de que el Régimen parecía perfectamente consolidado, y sus enemigos habían quedado fuera de combate. A pesar de ello, el Régimen vivía en una atmósfera de pesimismo. La llamada Generación del 98 fue la voz del eco del pesimismo nacional.

Baroja decía que lo único que unía a los hombres de su generación era la repulsa a la política de la Restauración.

Silvela dice que España ya no tiene pulso. Cánovas sostiene:

«El cuerpo electoral no existe en España, porque su voluntad está siempre al lado de los partidos gobernantes, y no se ha dado todavía el caso de que uno solo haya sido derrotado en una elección.»



Sagasta afirma de las últimas Cortes conservadoras que estaban «deshonradas antes de nacidas».

Don Segismundo Moret se hace eco del concepto de nación moribunda de Lord Salisbury, y dice, que somos una nación postrada.

Don Alvaro de Figueroa, después Conde de Romanones, dice en i892:

«Los partidos nacidos de la Revolución Francesa, que son los núestros, son artificiales, no responden a la composición de la sociedad. No tienen consonancia con la realidad de la vida.»

Años después, había de decir Ortega y Gasset que la Restauración había sido un panorama de fantasmas.

Fantasmas, falsedad. El cuerpo electoral, ausente. La intelectualidad, contraria y despreciadora. Al Jefe del Estado. Unamuno le menospreciaba en un articulo sarcástico de 1906.

Y entonces era el Régimen perfectamente constitucional.

Contra todo este pesimismo reacciona Vázquez de Mella, y dice:

«No basta la política negativa; ningún sistema se destruye si no se le aplica el sistema contrario.»
 
El sistema contrario consiste en aventar los fantasmas de la falsedad liberal y recobrar el sentido social, realista y popular de la cosa pública.

Vázquez de Mella expone casi toda su doctrina en reuniones populares o en contacto con toda clase de públicos. No hacía esto ningún hombre público de su época.

Vázquez de Mella no se limita a la crítica negativa, que era destructora no sólo por parte de la intelectualidad de entonces, sino también por parte de los mismos hombres del Régimen. Vázquez de Mella trata de construir, y a esto se debe la indudable autoridad moral, y la vigencia que le reconocen las generaciones actuales, sedientas de autenticidad.


II. Planteamiento Realista y Social


Hacia i892, Vázquez de Mella advierte:

«Se extiende un movimiento social que nace del impulso de todo . . un pueblo, y esa ola social indica que este Régimen, estos partido, estas oligarquías de hoy tienen que transformarse.»

 Es un secreto a voces que algunos estamentos dirigentes de nuestro país temen afrontar el aire libre del movimiento social de que habla Vázquez de Mella, y siguen viviendo la atmósfera de salón de los fantasmas. Esta atmósfera enrarecida les hace volver constantemente a su actitud negativista —que parece congénita en ellos— del no es eso. Después de más de un siglo y medio, la nación aún no sabe qué es eso. Se han ensayado todas las formas posibles del liberalismo, quizá con anterioridad a todos los pueblos de Europa, y a cada nuevo ensayo, los propios hombres liberales han dicho constantemente que no es eso. Han perdido ya tantas ocasiones como tuvieron para concretar sus puntos de vista, si hubieran procedido con más realismo y menos apriorismo, que la nación ya no puede saber a qué atenerse. 

Pero lo que sí sabe la conciencia pública es que los viejos fantasmas no resisten la cruda luz de hoy. y de que nos hallamos ante esta previsión de Vázquez de Mella:

«Los grandes contendientes de mañana serán el sociedalismo católico y el socialismo ateo de la revolución.»

Expondré la teoría del sociedalismo, piedra fundamental de la doctrina de Vázquez de Mella, y lo que da a esta doctrina tanto vigor científico y tanto sentido realista, popular, y fiel al ser nacional. En suma: tanta fuerza constructiva. 

Pero antes me detendré dos minutos para hacer alguna referencia al fenómeno anglosajón, que a pesar de ser tan realista, ha exacerbado, paradójicamente, el apriorismo de nuestros liberales, y aún de muchos pensadores del Continente, que a la vista del fenómeno británico cayeron en un mimetismo atropellado y estéril.


III. El Fenómeno Anglosajón


A muchos seduce el ejemplo anglosajón y creen que puede improvisarse su transplante. Olvidan que aquello es un producto de viejas tradiciones. 

Lo primero que habría que concretar es si entre nosotros son posibles los dos únicos partidos, que en realidad son partido único para todo lo que es constitucional, y apenas discuten entre sí una parte sumamente discreta de lo que no es constitucional.

Los grupos políticos españoles que están en el exilio, forman actualmente casi veinte partidos. No hablaremos de los que no están en el exilio, pero también es un secreto a voces que no han resuelto todavía este punto, que parece ser la pieza maestra de la estabilidad anglosajona. 

En teoría, no sería difícil resolverlo. Dice Vázquez de Mella que los defensores de la democracia parlamentaria, que conocen sus vicios e imperfecciones, tratan de curarlos con teorías electorales y combinaciones mecánicas del Poder.

Bastaría una ley electoral. Pero ha resultado utópico, aun con la misma ley de 1907. En realidad, supondría resolver el problema violentamente, imponiendo dos únicos partidos y prohibiendo los otros, y en especial, los contrarios al Régimen, que son inconcebibles en la práctica constitucional anglosajona.


El sistema anglosajón no tiene nada que ver con el llamado sistema de partidos del Continente. Es una democracia dirigida por una aristocracia. Es en definitiva una aristocracia, respetuosa con las tradiciones, y con su pueblo, al que pide el común consenso, por un procedimiento que allí está dando ahora resultados, pero que no es fórmula única, ni de exportación. Ni en Gran Bretaña se puede considerar como fórmula definitiva, sino in trid, como ya decía el Príncipe Alberto. Después de todo, este sistema británico, tal como funciona actualmente, viene a empezar en el reinado de Guillermo III, cuando los ministros fueron llamados a tomar parte en el Parlamento. El llamado Gobierno de Gabinete hizo de los partidos parlamentarios organismos del Estado. Pero el problema Parliament without Parties sigue planteado en el país, pues a pesar del complejo sistema de frenos y contrafrenos que suponen las tradiciones británicas, también allí produce graves inquietudes.

En un país de vieja cultura política, que ha tenido tanto sentido de la libertad y de la necesidad de la aportación de la democracia, como es el nuestro, según reconocen los propios historiadores británicos, parece que debería ser muestra de cultura la fidelidad a sus tradiciones jurídicas. Pero no fue así, y la culpa no ha sido del pueblo. Vázquez de Mella tiene el sentido popular de esas tradiciones, porque no pierde nunca de vista la idea fundamental de que las constituciones son para los pueblos y no los pueblos para las constituciones.

Es curioso, y significativo, el fenómeno de lo mucho que se estudian en nuestro país todas las teorías jurídicas que constantemente se producen en el mundo, y lo poco que se estudia el fenómeno anglosajón. Otro tanto ocurre, mis o menos, en los demás países de Europa que no han tenido durante siglo y medio, ni tienen hoy mayor estabilidad política que España. Pero entre nosotros es más extraño, porque nuestras tradiciones tienen mucha más libertad y democracia, y son muy anteriores a la Revolución Francesa. Dice Pérez de Ayala que a nuestra última intelectualidad le faltó cultura en la Religión y en el Derecho.

Los que admiran la estabilidad anglosajona debieran aprender la profunda lección que consiste en la fidelidad a las tradiciones de un país civilizado. Por el camino de la Tradición es por donde se progresa. Vázquez de Mella, dice:

«La Tradición es el progreso hereditario, y el progreso si no es hereditario no es progreso social.»

Por el camino de la democracia teórica, llegó Hitler al poder, en el país de la Kultur. Por este camino se ha hecho la revolución en todos los pueblos cultos de Europa. Y Cánovas previo que por este camino se llegaba al comunismo.

Por el camino de la democracia, dirigida por un estamento tradicional, los países anglosajones prestan su adhesión a las fórmulas presentadas por sus dirigentes. En estos pises, la elección es fácil y simple. Se proponen, en realidad, dos fórmulas de interpretación de las mismas bases políticas y consuetudinarias. Se traslada a la vida pública el proceso judicial, para obtener la visión bifocal de los asuntos, sobre unas bases que son un procedimiento aceptado por todos. O si se quiere, el pueblo presta su adhesión, como en un contrato de adhesión, y valga el símil al menos aproximadamente.

Pero los estamentos dirigentes anglosajones tienen autoridad moral para ello, porque se mantienen en contacto con su pueblo, son fieles a sus tradiciones y no se acomplejaron indoctamente, ni ante la Declaración de los Derechos del Hombre, ni ante Carlos Marx, que se mandó enterrar en Highgate, mirando a Londres, de donde lo esperaba todo. Tampoco Vázquez de Mella se acomplejó ante la prueba marxista. Recordemos sus palabras:

«Nosotros no tememos a las masas socialistas, porque en medio de sus rrores hay en ellas justas aspiraciones que nuestras doctrinas pueden satisfacer.»

En resolución: por abandono del sentido evolutivo de nuestras tradiciones jurídicas y de la doctrina científica y la experiencia que la inspira, el fenómeno anglosajón se ha convertido para nuestros liberales en un nuevo mimetismo y en un apriorismo más.


IV. Teoría Sociedalista de Vásquez de Mella


Vázquez de Mella reacciona contra el pesimismo, el derrotismo y el negativismo del mundo oficial de su época, y lo hace de manera constructiva y esperanzada. Es hombre de profunda cultura, de ideas madres, no desorientado por las ideas subalternas, según su expresión. No reniega ni se avergüenza de su pueblo, porque siente viva su brillante historia, y no le deprimen las épocas oscuras, por las que han pasado todos los pueblos, y no sólo el nuestro.

No le deprime el mundo oficial de su época, porque sabe que el pueblo está fuera de ese mundo, y él cree en su pueblo, y en la cultura política y jurídica de sus tradiciones.

El mundo liberal vivía el colmo del pesimismo cuando parecía haber llegado al colmo de su estabilidad y perfección. 

La habilidad de Cánovas se había convertido en contraproducente. Era demasiada habilidad. Dice Vázquez de Mella que la Constitución del 76 fue mezcla híbrida de Carta Otorgada y de Constitución. Las suspensiones de garantías constitucionales, empezaban a ser frecuentes y llevaban camino de ser abrumadoras. La cesión de Filipinas se hizo sin el voto de las Cortes, contra, el art. 55, recuerda Vázquez de Mella. El cuerpo electoral estaba ausente, según las propias palabras de Cánovas que he copiado anteriormente. Vázquez de Mella sabía que aquella calma aparente no es estabilidad política, sino una tregua en la guerra civil encendida por la agresión liberal, y siempre vivaentre los bandos liberales. La verdadera guerra civil de nuestro siglo XIX es entre liberales. Los Pronunciamientos militares fueron de liberales contra
liberales, y las grandes crisis políticas, antes y después de la Revolución de septiembre, se produjeron entre liberales. El pesimismo de fin de siglo estaba justificado dentro del mundo oficial, pero no lo merecía el pueblo, la sociedad, y Vázquez Mella se libera de aquélla atmósfera de pesimismo oficial, sale en busca de la sociedad, y abre las alas de su talento al aire libre de la España real. Y aquí es donde ven a Vázquez Mella las generaciones actuales.

Vázquez de Mella busca la estabilidad política sobre la constitución social, y la constitución interna. A ellas debe ajustarse la constitución política, porque el Estado es para la Nación, y no la Nación para el Estado. Las constituciones liberales han sido fórmulas "a priori".

Vázquez de Mella formula su teoría sociedalista para explicar nuestra constitución social:

«La sociedad es una serie jerárquica de personas colectivas empezando por la familia y sus complementos el Municipio, la Provincia o Comarca, la Región, y sus prolongaciones el Gremio, la Escuela y la Universidad, con las personas individuales que las forman, agrupadas estas últimas en las clases que las asocian según los intereses y funciones sociales permanentes.»

Existe una soberanía social porque «hay que reconocer diferentes personas colectivas en la sociedad, que tienen existencia y vida propia, que no depende de la concesión del Estado».

Y añade:

«La soberanía social tiene sus órganos en todas las sociedades que se derivan de la familia o la completan.»

Vázquez de Mella considera a la familia como cimiento y base de la sociedad. Y de la familia nace una doble jerarquía de sociedades. A unas llama complementarias, como el Municipio, la Comarca o la Región; y a otras derivativas, como la Escuela, la Universidad y las corporaciones.

La soberanía social constituye la verdadera limitación eficaz de la soberanía política-,

«La soberanía social limitará a la soberanía poltíica, que sólo existe como una necesidad colectiva de orden y de dirección para todo lo que es común, pero nada mis que para lo que es común y de conjunto.»

Este principio de la soberanía social, como limitadora de la soberanía política, es fundamental en la doctrina de Vázquez de Mella.


V. Clases


Vázquez de Mella no tiene de las clases el concepto odioso del liberalismo: no son pura diferencia de bolsa. El liberalismo disolvió o anuló políticamente todas las personas colectivas y dejó sueltos a los individuos.

Disolvió las propiedades colectivas para aumentar las propiedades indididuales, como luego veremos. Entre este montón informe de individuos no había más diferencias que las del dinero. La más odiosa y abismal de las diferencias. El concepto de clases ricas y pobres es el que ha llegado hasta nosotros y el que provocó las reagrupaciones ferozmente agresivas de
1848 Vázquez de Mella no tiene este concepto de las clases.


He aquí su concepto:

«¿Qué son, al fin, las clases más que categorías de personas individuales o colectivas unificadas por un interés social común?»

Estos intereses sociales son:

a) «El interés intelectual representado por las Academias, por las Universidades, por las Corporaciones docentes y científicas;
b) »El interés religioso y moral representado por el clero, pues la religión supone un culto, y un culto supone un sacerdote;
c) »El interés material, representado por la Agricultura, la Industria, por el Comercio, por los obreros;
d) »El interés aristocrático, fundado en un alto sentido, social, en el cual no me refiero sólo a la aristocracia de sangre, que representa grandes nombres enlazados a empresas nacionales y que existen en toda sociedad que no se improvisa, sino aquel otro concepto de aristocracia social que expone Le Play, considerando como tal a toda superioridad de prestigio reconocido que tenga por títulos el heroísmo, la virtud el talento y hasta la riqueza benéfica que cuando es generosa y se ha formado por el trabajo es también título encumbrado de verdadera nobleza en toda sociedad que no esté divorciada del espíritu cristiano. Ese espíritu aristocrático, esa aristocracia social que representa todas las superioridades expresa uno de tosgrandes intereses colectivos;
e) »El interés de la defensa, representado por el Ejército y la Marina.»

A estos fines sociales llama Vázquez de Mella fines permanentes.

«Las clases sociales son categorías de actividades sociales que sirven los fines permanentes.»

Y precisa más el concepto:

«Las personas individuales y sociales que tienen un mismo fin. y objeto forman categorías. Estas categorías son las clases. La teoría de las clases surge lógicamente de la teoría de las necesidades sociales.»

Añade una observación fecunda que quita rigidez al concepto, pero que mantiene lo permanente. Lo permanente es que estas clases, categorías de individuos o de personas colectivas que sirven fines sociales permanentes, deben ser representadas en las Cortes para que éstas sean el espejo de la sociedad. Este principio de representación es permanente, pero la constitución de lasclases es variable según las épocas:

«Las clases pueden variar y no ser las mismas; pero el principio de su representación es el mismo.»

Como las clases pueden variar y hasta no ser las mismas, es preciso estudiar cuidadosamente las circunstancias de cada época para tener siempre al día este fecundo pensamiento de Vázquez de Mella, de la variabilidad de las clases, según las circunstancias de la sociedad, sobre lo permanente que es el principio de representación de las mismas.


VI. La Creciente Necesidad de la Técnica en la Vida Pública


El sentido realista de Vázquez de Mella atiende a estas necesidades apremiantes de hoy, y para ello le sirve una correcta aplicación de su concepto de las clases:

«La complejidad de las relaciones sociales, singularmente las económicas, hace que cada día haya que especializar más las profesiones y que la representación tienda a ser técnica, y no hay manera de que sea técnica más que siendo por clases, y no por partidos, porque no se va a graduar de doctores a todos los subditos de un reino.»


VII. Soberanía Política


De la soberanía social se deducen dos exigencias:

«Una es la de las clases que distribuyen las funciones sociales; Y otra es la necesidad de orden y dirección.»

Por la necesidad de este alto poder directivo existe el Estado, o sea la soberanía política propiamente dicha, como un poder, como una unidad que corona toda esa variedad social.

La soberanía política satisface dos momentos del orden:

a) El momento estático, que es el de proteger y amparar;
b) El momento dinámico, que es el de dirección.

Este es un concepto del orden social y protector del individuo y de las entidades que necesitan protección en la lucha de la vida; y que se distingue totalmente del orden material del liberalismo, que es el de las llamadas personas de orden, en medio de la ley elementalmente biológica y darwiniana del laissez jaireAaissez passer, que es la ley de los fuertes.

Para la realización de estos dos momentos del orden, el Estado tiene dos deberes: el de protección y el de cooperación.

De lo anterior se deduce también que el orden es algo activo y no produce el Estado gendarme puramente negativo. El Estado gendarme es contrario al progreso:

«De la ecuación y conformidad entre soberanía social y esa soberanía política nace el orden, el progreso, que no es más que el orden marchando.»

El absolutismo es la ilimttación jurídica del poder.

«Y consiste en la invasión de la soberanía política dentro de la soberanía social.»

El equilibrio sosegado de la balanza de la Justicia, que da a cada uno lo suyo, se produce también en esta doctrina:

«En un estado de verdadero equilibrio... a las exigencias de la soberanía social corresponden los deberes de la soberanía política.»


VIII. Las Perturbaciones del Estado del llamado Derecho Nuevo


Cuando se rompe la armonía entre las dos soberanías, «O cuando no cumplen sus deberes la soberanía política invade la soberanía social, o la soberanía social invade la soberanía política, entonces nacen las enfermedades y las gTandes perturbaciones del Estado.»

Las antiguas instituciones tenían la soberanía social, diferente de la soberanía política. Hay que volver a esa distinción fundamental de las dos soberanías porque «la soberanía exclusivamente política ha producido el centralismo y el colectivismo actual».

El liberalismo destruyó las personas colectivas que forman la soberanía social, «y entonces, identificándose las dos soberanías», nacen los grandes socialismos políticos, precursores de los económicos, por la absorción de todo» «sos órganos en uno sólo. La confusión de la soberanía social y política es la característica de las sociedades modernas».

Parece indudable la afirmación de Vázquez de Mella: «Cuando la soberanía política invade la soberanía social, entonces nace el absolutismo.» Ei absolutismo moderno protege a los fuertes o a los que tienen alguna superioridad, porque son los que vencen en la vida, aunque no siempre tengan razón. El absolutismo moderno no tiene mala prensa porque también la prensa moderna es de los fuertes. Pero este absolutismo había de provocar el absolutismo de los débiles que después de unidos son más fuertes que los fuertes o, por lo menos, crean el clima de lucha de clases (de clases según el concepto liberal) que están desgarrando las entrañas de la sociedad moderna. 


IX. La Cuestión de los Límites del Poder


De este concepto de las dos soberanías, social y política, de la soberanía dual, se desprende lógicamente la siguiente afirmación de Vázquez de Mella:

«Entre estas dos soberanías habría que situar la cuestión de los límites del poder, y no entre las partes de una de ellas, como lo; hizo el constitucionalismo.»

Dice Vázquez de Mella que el liberalismo «tiene razón al decir que el poder tiende al abuso, y es necesario que de alguna manera se le contrarreste». Todo en la vida tiende al abuso: el poder, la riqueza y aun el mismo talento. El bien común exige que se limite correctamente el poder para evitar sus abusos en todo lo posible. Pero «como el liberalismo no alcanzó la profunda y necesaria distinción entre la soberanía social y política, unificó la soberanía».

«Creyó que no había más que una sola, la política.»

Pero esto hubiera sido una consagración descarada del absolutismo. Recurrió a la habilidad de enmascarar este absolutismo y dividió el poder político dentro de sí mismo, con lo cual no consiguió ninguna limitación eficaz, pues en todas partes uno de los poderes, el llamado legislativo, y aun dentro de éste, el de la llamada Cámara baja, se salió de su función representativa y aun legislativa y se alzó con todo el poder político. Acabó por poderlo todo menos convertir a un hombre en una mujer, ni... reducir a justos límites el absolutismo del derecho de propiedad. En definitiva, este último absolutismo ha sido la espoleta sociológica que ha hecho saltar el mundo moderno.

En la práctica y en sus últimas consecuencias sociológicas (aparte de sus graves consecuencias espirituales), el liberalismo, más que una interpretación de la libertad, vino a ser una interpretación desaforada del derecho de propiedad individual. Y como el que paga manda, el siglo XIX ha sido el Siglo de Oro de los que tenían con qué pagar, hasta que la avaricia rompió el saco de la riqueza y del poder, para mal de todos.

Situar los límites del poder dentro del poder mismo (principio inicial de Montesquieu) no podría resistir la prueba de la experiencia. En seguida se vio que era anticientífico. El liberalismo, dice Vázquez de Mella, 

«Buscó hacia adentro el límite que debiera buscar fuera.»


El único límite práctico de la soberanía política está en la soberanía social.

Las avalanchas multitudinarias de los individuos aislados, sueltos como tierra de erosión, convertida en nubes de polvo, son puramente destructoras y negativas: «Nosotros queremos cercar el Estado de corporaciones y de clases organizfldas», dice Vázquez de Mella, y añade:
«Frente a la soberanía política señalamos la verdadera autonomía social que la limita, erizada por decirlo así de libertades y derechos... y que amurallan la soberanía del Estado central para que no se desborde y se mantenga dentro de su órbita, contenido por una serie escalonada de baluartes que marcan en derredor de ella un círculo sagrado que no puede traspasar el poder soberano sin convertirse en tiránico.»


X. Cortes


La estabilidad política estriba, muy principalmente, en la representación de la sociedad. El verdadero régimen representativo no es el régimen parlamentario.

La diferencia está en esto, según Vázquez de Mella :

«La unificación de la soberanía es la causa y el cimiento del régimen parlamentario. La distinción de las dos soberanías es el verdadero régimen representativo. Las Cortes son la expresión de la soberanía social que limitan, ayudan y auxilian a la soberanía política  y la contienen en sus desbordamientos. Pero no son un fragmento de la soberanía política porque entonces quedaría ésta ilimitada.»

Para Vázquez de Mella la representación se basa sobre cuatro principios:

a) Representación de las personas colectivas que constituyen la jerarquía de la soberanía social, y representación de las clases, entendidas como servicio de intereses sociales;
b) Incompatibilidad entre el cargo de diputado y toda merced y empleo;
c) Mandato imperativo;
d) Dos atribuciones de las Cortes: ningún impuesto nuevo y ninguna modificación en ninguna ley fundamental puede hacerse sin el consentimiento expreso de las Cortes.

No parece admisible la objeción que se hace contra el mandato imperativo. No es cierto que con ello se resuelve antes de discutir. Por el contrario, el mandato imperativo no siempre lo dan los electores. Cuando lo dan es precisamente porque se ha discutido previamente el asunto, y no es humano pensar que les impida discutir con los diputados representantes de otros intereses sociales. El cumplimiento de las leyes debe hacerse, y puede hacerse, de manera razonable. Si en algún momento los puntos de vista de los diputados que llevan mandato imperativo son irreductibles, tendrá que intervenir el poder político para la resolución definitiva. En el Parlamento liberal las minorías estaban constantemente con puntos de vista irreducibles.

El mandato imperativo no es forzoso, sino que ¡o dan los electores, según Vázquez de Mella, cuando quieren darlo, y pueden no darlo siempre.

Cuando se da es porque se ha producido un seno movimiento de opinión.

El mandato imperativo es el mejor sistema para conocer la opinión pública.

Con el mandato imperativo no se forman en las Cortes las mayoríüs oficíales que votan con el Gobierno, sino las mayónos populares que votan según la voluntad de los representados.

En unas Cortes representativas es también principio fundamental la incompatibilidad del cargo de diputado con la representación de poderosas sociedades industriales que perciban subvenciones del presupuesto.

Según Vázquez de Mella, las Cortes tienen dos oficios: ayudar a gobernar y limitar y contener a la autoridad soberana para que no se salga de su órbita propia.

Consecuencias de estos dos oficios son :

a) La exposición de las necesidades del pueblo y la petición de sus remedios por disposiciones particulares o por leyes;
b) Lo que antes hemos dicho sobre imposición de tributos y mudanzas
en las leyes fundamentales.

Estas Cortes representativas viven en un ambiente de auténtica juridicidad.

En cambio, las Cortes parlamentarias estaban manejadas por:

«Los partidos políticos, acostumbrados a expedir patentes de legalidad, y no se han cuidado de establecer en ninguna ley la suya. Parece inverosímil, pero es la verdad que ninguna ley los reconoce,»

Efectivamente, ninguna Constitución liberal reconoce la existencia de partidos que actúan en las Cortes como órganos y depositarios del poder.

El sentido común 

De gran sentido común, Vázquez de Mella, por su gran sentido moral dice:

»Con unas Cortes representativas pueden surgir hombres experimentados, y un hombre experimentado con voluntad recta y buen sentido, el sentido común, que se forman con el tacto y la previsión, sustituyen con ventaja a políticos de altura intelectual, pero que juzgan y dirigen a pnori los pueblos.»

En fin, con estas Cortes y con este sistema dice Vázquez de Mella que no, pueden sufrir menoscabo «Ni nuestra fe, ni nuestra libertad, ni nuestra hacienda.»

Y en cuanto a los partidos, en lo que tienen de real y que corresponde a la naturaleza, existirán siempre:

«Los partidos circunstanciales, agrupaciones momentáneas para resolver intereses momentáneos. Los partidos circunstanciales pueden constituirse constantemente sobre la base permanente que es la representación de las clases sociales, o de los intereses sociales permanentes.»


XI. La Región, Concepto Federativo


La sistemática foral de la doctrina tradicional española es el cauce por dondé se desarrolla la auténtica democracia. Podríamos decir que nuestra sistemática foral es nuestro verdadero Derecho constitucional.

Esta sistemática está hoy más vigente en el espíritu público que lo estaba en el siglo pasado. Hoy responde a un modernísimo espíritu federativo más eficaz que la simple descentralización administrativa, aunque también esta última sea necesaria. Aun en países tan federativos como Suiza se está afrontando el problema de descargar de funciones y de atribuciones al Estado excesivamente poderoso de nuestros días.

Dice Vázquez de Mella que 

las libertades regionales son la base de la unidad  española y de la unidad Estado. Sin los principios históricos y tradicional les que suponen las libertades regionales no puede haber unidad española ni unidad del Estado.»


Ciertamente, las regiones responden a los antiguos Reinos que se fueron uniendo libremente, y heroicamente, en el yunque común de la Reconquista para forjar nuestra gran unidad nacional. Nuestra unidad nacional no puede mirar con recelo a los que la formaron tan libremente y tan heroicamente.
 
Nuestro concepto de la unidad nacional no es el uniformista y rígido de la Revolución francesa. («En este momento' —dijo una vez Napoleón—; .los franceses están entrando en clase de segundo de latín.»)


Repugna a los españoles la excesiva concentración burocrática que, no sólo entorpece el desarrollo de los asuntos y aumenta los gastos, sino que hiere, innecesariamente, derechos entrañables de las regiones y de los pueblos. Y por otra parte disuelve peligrosamente el sentido de responsabilidad. 


Nuestro concepto de la unidad nacional es muy elevado, muy espiritual, como luego veremos. Nuestra unidad nacional es muy espontánea y muy eficaz. No ha fallado nunca, ni aun en los graves momentos en que el Estado fue infiel a la Nación.

Dice Vázquez de Mella que



«el espíritu regional no es contrario al nacional, porque este último no es más que la síntesis del espíritu regional.»


Esta unidad nacional responde a lo que Vázquez de Mella llama nuestra constitución interna. Para Vázquez de Mella la constitución social es la propia de toda sociedad cristiana. En cambio, la constitución interna está hecha de las características específicas de cada sociedad. Y en el caso de la sociedad española, la unidad nacional se ha forjado como decimos y forma parte de nuestra constitución interna, producida de modo naturalísimo:


«Nuestra nación es un río formado por afluentes que son las regiones.»


Esta manera de entender nuestra unidad nacional responde a un coacepto federativo, hoy vigente en el mundo y que siempre lo estuvo en los países anglosajones, tan preciados de sentido político.


 

XII. La Sociedad Económica Liberal. 
Planteamiento de la llamada Cuestión Social



 

Ya hemos adelantado anteriormente que la reacción marxista fue provocada por los excesos del individualismo económico-liberal.


El individualismo ha engendrado al socialismo —dice Vázquez de Mella. 

La causa del socialismo actual en todas sus formas, y de la cuestión social, tal como se halla planteada, es el individualismo.


Quizá la piedra de toque ha sido el envilecido concepto del trabajo que han tenido el liberalismo económico y el marxismo. En cambio, veamos el concepto del trabajo según Vázquez de Mella:


«La definición del trabajo dada por liberales y socialistas es falsa. El trabajo es ejercicio de la actividad humana, pero no se refiere sólo a la transformación y a la combinación de los objetos (trabajo mecánico). Hay otro trabajo, que es el de protección (que no podemos desarrollar aquí), y otro trabajo que es de perfección. Los tres son solidarios y forman con sus categorías la esencia de las clases.»


Véase por dónde todas las clases sociales pertenecen al mundo del trabajo y cómo las clases sociales, dentro de esa doctrina de Vázquez de Mella, podrían definirse como Ordenes del Trabajo.

Vázquez de Mella añade:



«Creen que el trabajo de protección y de perfección es improductivo y que sólo es productivo el trabajo material, mecánico y muscular. Es la idea capital .que ha engendrado la economía individualista y, después, la socialista.»


Anteriormente, la sociedad, dice Vázquez de Mella, estaba cubierta por una espesa red de corporaciones que protegían a los hombres. El Estado liberal disolvió todo aquello «con la intervención más grande en nombre de la no intervención».


El individuo quedó a merced del Estado y del estatismo socialista. El liberalismo se inició, y se defendió durante mucho tiempo, con prohibiciones de todo derecho de asociación. Las miraba con enorme recelo. Sobre todo miraba con recelo a las propiedades colectivas y acabó por disolverlas todas. Llegó a declarar incapaces a las Universidades para administrar sus bienes. No es fácil encontrar mayor prueba de incultura.


«El capitalismo actual, el régimen en que vivimos, no responde a un ideal de justicia y de caridad. No es ya la expresión del orden que defendemos nosotros.» «El desequilibrio de las formas de propiedad y de las riquezas es una de las causas de los grandes trastornos sociales.»

Y termina con la observación siguiente:



«No hay proporción entre la propiedad individual y la corporativa. »



Esta falta de proporción se debe a la desamortización, que, según Vázquez de Mella, no repartió los bienes entre los miembros de las corporaciones ni entre los más necesitados. Pasaron a manos de los ricos. He. aquí sus palabras:


La desamortización, ¿fue en favor de los individuos que formaban las corporaciones? No; en favor de la minoría que tenía la riqueza, o la falta de aprensión necesaria para adquirirla. Fue una desamortización de la propiedad colectiva en favor de una minoría que tenía la propiedad individual, y el Estado se quedó con las cargas que pesaban sobre la propiedad colectiva.»

Al Estado le quedaron unas cargas que tenía que satisfacer la inmensa mayoría que no adquirió los bienes desamortizados, y entregó a esa minoría los beneficios... ¿Qué extraño es que el colectivismo haya venido después, armado con los mismos principios y diga: «Si el Estado liberal tuvo derecho a cambiar la forma de la propiedad colectiva en individual, en perjuicio de los más y en favor de los menos, yo también tengo derecho a cambiar la forma de la propiedad en colectiva, en perjuicio de los menos y en favor de los más»? Las dos serán barbaries que ataquen al derecho de propiedad, pero la segunda es más lógica.
»Las corporaciones protectoras se extendían entre el individuo y el Estado; hoy clases enteras sufren en las galerías de las fábricas las torturas de la afrentosa servidumbre... en el mercado donde los más fuertes comercian con los más débiles trocando en una mercancía lo que antes era persona rescatada con la sangre de un Dios.»


He subrayado la palabra persona para recogerla después cuando hable del individuo abstracto, endiosado por la filosofía liberal, pero convertido en esclavo por la economía liberal. El liberalismo económico dice Vázquez de Mella que


«Creó el desesperado pauperismo. Muchedumbres obreras dicen a sus libertadores que les devuelvan la antigua reglamentación, porque la libertad liberal les ahoga con la argolla de la miseria.»


La desamortización disolvió las propiedades colectiva y comunal. La desamortización fue un latrocinio principalmente contra el pueblo.


Puede hacerse una última observación económica y de graves consecuencias sociológicas. Hoy se ve que gran parte de nuestro territorio no es agronómico, sino forestal. Y que la propiedad forestal es más indicada para estar en manos comunales. Las roturaciones que hicieron los nuevos ricos de la desamortización fueron suicidas y han sido la causa de la erosión de nuestro territorio y, en muchas partes, de la desolación de nuestro paisaje.



 

XII1. El Filosofismo de la Revolución


El liberalismo económico tuvo su preparación artillera en el filosofismo del siglo XViii. Lo primero había de ser disolver el concepto de persona concreta y de persona colectiva, para crear el individuo abstracto. A base del individuo abstracto, que aparece en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 pudo montarse el sistema de sufragio universal inorgánico, tan carente de base científica, que sólo ha podido sostenerse a fuerza de falsificaciones, o de frenos sociológicos en los países que se mantuvieron más fieles a la antigua organización estamental, la cual, con todos los deterioros causados por el paso del tiempo, era una protección del hombre contra los posibles desafueros del poder y de los fuertes.

Las llamadas teorías personalistas de hoy, son hostiles a este viejo individualismo.



Con el individuo abstracto de la Revolución, la revolución era cosa fácil. El Estado se alzó omnipotente entre una muchedumbre de individuos, prácticamente irreales, que eran, según Vázquez de Mella:


«El todo potestativo de Alberto Magno... una pura potencialidad, lo que se llama en Lógica un universal reflejo.»

No cabe duda que era más fácil gobernar universales reflejos que hombres de verdad, con libertades concretas.


El Estado liberal, que se alzó con todo, hasta con la cultura, es el primer paso del moderno Estado totalitario, producto del Renacimiento. Los Estados de la Antigüedad clásica eran todos totalitarios. A lo largo de la Historia Universal, casi siempre ha sido todo del César. La distinción entre Dios y el César no la ha entendido más que.el Cristianismo.


Este falso planteamiento político, a base de individuo abstracto y de libertad abstracta, ha entrado ya en su crisis definitiva. Vázquez de Mella dice:


«Un nuevo orden social y económico... es lo que ahora se levanta. La Revolución liberal política desaparece, y va a comenzar la social. Su triunfo (de esta última), será más efímero que el primero, pero no lo será la enseñanza que la sociedad deducirá de la catástrofe, porque el día en que se plantee la última consecuencia social de la revolución será el primer día de la verdadera restauración cristiana de la sociedad.»

Quiero recordar aquí los textos de Vázquez de Mella copiados, antes sobre el capitalismo actual, y el desequilibrio de las formas de propiedad y de las riqueifis. 


El liberalismo, dice Vázquez de Mella, niega el origen y fin divino del Derecho, y crea el positivismo, que había de desembocar en el materialismo de hoy. El materialismo oriental, que conmueve al mundo de hoy, es consecuencia del positivismo occidental. Este último se está defendiendo, hasta ahora, con la fuerza y el dinero. Pero algún día tendrá que pasar de la defensiva a una ofensiva espiritual y creadora.


La catástrofe del positivismo se previo por la inmensa mayoría de los pensadores. El patriarca del positivismo creyó que en ese terreno se haría la paz entre los hombres, los cuales no la habían alcanzado en el mundo de la Religión, ni del espíritu. La Religión fue arrumbada en las sombras de los templos y los monasterios, y la técnica traería la paz al mundo. Hoy estamos en la cumbre de la técnica, todos los días nos despertamos con la zozobra de la catástrofe que va a desencadenar la pura técnica.

Nos acercamos a la catástrofe, si un milagro de espiritualidad no logra evitarlo.

Vázquez de Mella recuerda estas palabras de Heine:



«Cuando oigáis un estampido, como no se haya oído otro en la Historia, sabed que ha llegado una revolución ante la cual será un idilio la Revolución Francesa.»


Cánovas había previsto también la catástrofe, y en un discurso en que contestaba a Vázquez de Mella, se refiere a las fuerzas sociales que siguen al gran orador, y dice de ellas que serán:


«La única fuerza que pueda conservar el orden social el día en que se desencadene la revolución.»


 
XIV. Relación de la Iglesia y el Estado


Vázquez de Mella la concreta en esta frase: Subordinación sin absorción, y la desarrolla con estas palabras:


«Sólo la Iglesia Católica separó las dos potestades, haciéndolas residir en sujetos diferentes... concertándolas según la jerarquía de sus fines, para que el inferior siguiese sometido al superior en todo lo que su cumplimiento exigía, pero no en lo demás, perqué no lo exige todo; que, si así fuera, sobraba el Estado y no habría relación entre él y la Iglesia, pues no quedaría más que un sólo término.»

El planteo no puede ser más limpio y más respetuoso para ambas potestades.



«La potestad absoluta, directa y total sobre el Estado no la ha sostenido nunca la Iglesia.»

Y en el orden práctico establece la siguiente regla:
 

«¿Cuál es el ideal de las relaciones prácticas de la Iglesia y el Estado? Aquél a que tendían afanosamente las sociedades cristianas: la unión moral y la separación económica. En cambio, el liberalismo estableció la separación moral y la dependencia administrativa y económica.»

Vázquez de Mella dice que el Estado es, principalmente, una unidad jurídica, y la Nación ante todo, una unidad moral y espiritual y defiende que la unión espiritual de nuestro pueblo es
 

«... la unidad religiosa... sin exageraciones jansenistas ni las vacías declaraciones de las escuelas doctrinarias.»


No puede concebirse una unidad nacional, más espiritual, que la unidad religiosa. No es más respetable una unidad constitucional ni una unidad económica o comercial, ni una unidad imperialista o colonialista. La unidad religiosa es el noble vínculo espiritual de nuestra patria. Lo ha sido en su historia constitutiva que es una pura Cruzada, desde la Reconquista, a la que Vázquez de Mella llama la Cruzada del Occidente. En esta Cruzada occidental, con fatiga de siglos, prestamos un servicio inestimable a esto que hoy se llama la civilización de occidente.





XV. La Restauración



Otra base de nuestra unidad nacional es la Monarquía. La Monarquía federativa, que presta una unidad superior a los antiguos Reinos, sin absorberlos en un rígido uniformismo. Sólo la Monarquía tradicional puede mantener esta unidad espiritual, que aparentemente es tan tenue, pero que es fuertemente entrañable y humana. La Monarquía más templada y jurídica de la Cristiandad, la más inserta en una fuerte trama de derechos y fueros, a la que nunca hirió, al menos gravemente, la divinización pagana del Renacimiento.

Para ésta reinstauración, Vázquez de Mella prevé un período de fuerte concentración de poder, y no teme sino que desee que incluso se encarne en una Dictadura, y no en la Dictadura de un Abogado, dice terminantemente, sino de un militar, porque el día de la gran catástrofe el poder habrá de refugiarse en las tiendas de campaña. Vázquez de Mella no es un teorizante liberal, sino que tiene el sentido evolutivo y creador de la tradición y prevé que la liquidación del liberalismo y la reinstauración de nuestro régimen tradicional exigirá un proceso en que La autoridad una, intangible y enérgica, obrando rápidamente conteste a la dictadura anónima y sangrienta con otra dictadura de orden que pueda imponerse y pueda restablecer la normalidad social, y sólo después de restablecida podrá la sociedad marchar por los cauces naturales que por un momento se han suspendido no en beneficio de la arbitrariedad sino en beneficio del Derecho y del interés público.»


Los cantos de Vázquez de Mella, a la Historia de nuestra vieja Monarquía, al servicio de nuestra elevada unidad espiritual, son textos tan conocidos y populares que no hace falta recordarlos aquí.


Los textos de Vázquez de Mella que hemos recordado se nos muestran con la elegante sencillez del no aprendido canto. Son pura claridad y estilo directo. La verdadera oratoria es el verbo de las multitudes, popular sin prosaísmo, porque lo popular no es lo vulgar.


Nuestro orador sigue siendo claro, radiante y con soberana y sencilla elegancia, cuando se yergue sobre el pesimismo liberal que le rodeaba, del que he hablado al comienzo de este artículo, y busca en la brillante historia de su pueblo la.realización de su equilibrada constitución social, nacional y política: 
 
«Poesía, poesía, yo quiero sumergirme en el espíritu nacional de
mi Patria.»

Los grandes movimientos políticos se han hecho por medio de la restauración del espíritu nacional,'evocado por los poetas a quienes Dios ha concevidolas últimas palabras que mueven definitivamente a los pueblos.



Santoral Católico 30 de noviembre

  • San Andrés, Apóstol
  • Santos Sapor e Isaac, Obispos y Mártires
  • Beato Andrés de Antioquía
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


SAN ANDRÉS
Apóstol


 n. en Betsaida; † crucificado en Grecia

Patrono de pescadores; pescaderías; Grecia; mujeres solteras; mujeres
 que desean ser madre; vocalistas.
Protector contra la gota y dolores de garganta.



Líbreme Dios de gloriarme, sino en la cruz
de Nuestro Señor Jesucristo.
(Gálatas, 6,14)


San Andrés, pescador de Betsaida en Galilea, hermano de Simón Pedro y, primero, discípulo de San Bautista, fue, después de la Ascensión, a predicar el Evangelio en Tracia, en Escitia y, después, en Orecia. Fue apresado bajo Nerón, azotado varias veces y por fin, condenado a morir crucificado. Regaló sus vestiduras al verdugo y, en cuanto vio la cruz, la abrazó exclamando: "¡Oh buena cruz, cuánto tiempo hace que te deseo!" Desde lo alto de ella predicó durante dos días el Evangelio a la multitud que presenciaba su suplicio.


MEDITACIÓN
SOBRE LA CRUZ
DE SAN ANDRÉS


I. San Andrés había deseado durante mucho tiempo la cruz, y había preparado su espíritu para recibirla. Imita esta santa previsión y prepárate para padecer valerosamente las más duras pruebas. Pide a Dios que te castigue según su beneplácito. Si te escucha, la cruz te será dulce; si no te escucha, no por eso quedarán sin recompensa tus buenos deseos. Di con San Andrés: Oh buena Cruz, oh Cruz por tanto tiempo deseada, sepárame de los hombres para devolverme a mi Maestro, a fin de que Aquél que me ha redimido por la cruz, me rectba por la cruz.

II. San Andrés se alegró a la vista de su cruz porque debía morir como su divino Maestro. Cuando veas tú que se te aproximan la cruz y los sufrimientos, que este pensamiento te fortifique. Jesús ha padecido todos estos tormentos y mucho más crueles aun, para endulzarme su amargura. En lugar de imitar a este santo Apóstol, ¿no tiemblas tú, acaso, a la vista de las cruces y de las aflicciones?

III. Considera que no es San Andrés quien lleva la cruz, sino la cruz la que lleva a San Andrés. Si llevas tú la cruz como él, ella te llevará, no te incomodará, te ayudará a evitar los peligros del mundo. Si no llevas tu cruz con alegría y buena voluntad, será preciso que la arrastres gimiendo. Nadie está exento de cruz en este mundo; siente menos su pesadez quien la lleva alegremente por amor a Dios. La cruz es un navío; nadie puede atravesar el mar del mundo si no es llevado por la cruz de Jesucristo. (San Agustín).


El amor a la Cruz
Orad por la conversión de Inglaterra.


ORACIÓN

Oíd nuestras humildes plegarias y concedednos, Señor, que el Apóstol San Andrés, que instruyó y gobernó a vuestra Iglesia, interceda continuamente por nosotros ante el trono de vuestra divina Majestad. Por J. C. N. S. Amén.

lunes 29 de noviembre de 2010

Ora Pro Nobis!


Monseñor Marcel Lefebvre
29 de noviembre de 1905 - 25 de marzo de 1991

Presencia de Satanás en el Mundo Moderno IX




Capitulo 11
Un hechizo en pleno siglo XX. 





Descargue el audio aquí

Santoral Católico 29 de noviembre

  • Santos Saturnino anciano y Sisinio Diácono, Mártires
  • San Saturnino Obispo de Toulouse, Martir
  • Beato Federico de Ratisbona, Religioso
  • Beato Cutberto de Mayne, Mártir
  • Beatos Dionisio y Redento, Mártires
  • Beato Francisco Antonio Fasani, Sacerdote 
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


SAN SATURNINO
Mártir



† martirizado hacia el año 309 en la vía Salariana, Roma

Los hijos de este siglo son más sagaces,
en sus negocios, que los hijos de la luz.

(Lucas, 16, 8).


San Saturnino fue detenido y arrojado en una prisión durante la persecución de Maximiano. Después de haber sufrido mucho en su mazmorra, fue sacado de ella para ser extendido en el potro; pero como las torturas ordinarias no podían doblegarlo a sacrificar a los dioses, le machucaron el cuerpo a bastonazos y le quemaron los costados con antorchas ardientes. Por fin fue decapitado junto con el diácono Sisino, y sus cuerpos fueron enterrados a dos millas de Roma, en la vía Salariana, el año 309.


MEDITACIÓN
SOBRE LA VERDADERA PRUDENCIA DEL CRISTIANO


I. La verdadera prudencia del cristiano consiste en regular la vida según las máximas del Evangelio; hay que mirar las cosas de este mundo con los ojos de la fe. El hombre político, el médico, el orador si- guen las reglas de su respectivo arte: iSólo el cris- tiano quiere hacer profesión de cristianIsmo sin ob- servar sus preceptos! Se declara discípulo del Evangelio no obstante vivir una vida contraria al Evangeio. Leen el Evangelio y se entregan a la impureza; se dicen discípulos de una ley santa y llevan una vida criminal. (Salviano).

II. ¿De qué proviene que no obremos según las máximas del Cielo? Es que no meditamos lo suficiente. ¿Podríamos acaso amar las riquezas y los placeres, si pensásemos seriamente en la muerte que está próxima, en el juicio que le sigue, en la eternidad de dicha o de infelicidad que será nuestra herencia?

III. Sería menester meditar cada día una verdad del Evangelio y elegir una de ellas en particular con la que entretuviésemos nuestra alma, que fuera como nuestro lema y nuestro grito de guerra en nuestra lucha contra el demonio. Los santos tuvieron su divisa particular, San Francisco: Mi Dios y mi todo; Santa Teresa: O padecer o morir; San Ignacio de Loyola: A la mayor gloria de Dios; el cardenal de Bérulle: Nada mortal para un corazón inmortal. Siguiendo el ejemplo de estos grandes hombres, elige en la Escritura o en los Padres una palabra y no la pierdas de vista. ¿De qué sirve al hombre ganar todo el universo, si llega a perder su alma?


El deseo de la sabiduría
Orad por los prisioneros.


ORACIÓN

Oh Dios, que nos concedéis la alegría de celebrar el nacimiento al cielo del bienaventurado Saturnino, vuestro mártir, concedednos la gracia de ser asistidos por sus méritos. Por J. C. N. S. Amén.

domingo 28 de noviembre de 2010

Evangelio del domingo

Domingo Primero de Adviento
D.- morado



+ Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (XXI, 25:33).
En aquél tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra consternación de las gentes, por la confusión que causará el ruido del mar y de sus olas. Moriránse los hombres por le temor y recelo de las cosas que sobrevendrán a todo el universo, porque las virtudes de los cielos se tambalearán. Y entonces verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen, pues, a cumplirse estas cosas, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. y les dijo este simil: Ved la higuera y todos los árboles: cuando véais que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo, que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla: El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán.


Credo


Sermón


R.P. Juan Carlos Ceriani


¡Cosa notable y asombrosa! La Iglesia comienza y termina el año con el Evangelio de los “signos de los tiempos”… Lo toma de San Lucas para este Primer Domingo de Adviento y de San Mateo para el Domingo 24º después de Pentecostés.

Podemos preguntarnos, ¿por qué la Iglesia nos hace leer y meditar hoy, al comienzo del Año Litúrgico, el Evangelio de la Segunda Venida del Salvador?

Ante todo, debemos notar con San Bernardo que hay tres Advientos o Venidas de Nuestro Señor. Dice el Santo Doctor:

“Conocemos tres venidas del Señor.

Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no.

En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y vivió entre los hombres, cuando −como él mismo dice− lo vieron y lo odiaron.

En la última, contemplarán todos la salvación que Dios nos envía y mirarán a quien traspasaron.

La venida intermedia es oculta, sólo la ven los elegidos, en sí mismos, y gracias a ella reciben la salvación.

En la primera, el Señor vino revestido de la debilidad de la carne; en esta venida intermedia viene espiritualmente, manifestando la fuerza de su gracia; en la última vendrá en el esplendor de su gloria.

Esta venida intermedia es como un camino que conduce de la primera a la última.

En la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, se manifestará como nuestra vida; en esta venida intermedia, es nuestro descanso y nuestro consuelo.”



Ahora bien, el recuerdo de la Segunda Venida, al mismo tiempo que nos inspira un saludable temor, nos aparta del pecado y nos prepara para celebrar dignamente la Primera Venida.

Del mismo modo, la devota celebración de la Navidad nos dispone a la vigilancia y a la oración, condiciones indispensables para estar preparados para la Parusía.

Finalmente, estas dos actitudes atraen la gracia y al Autor de la gracia a nuestra alma.



El santo tiempo que hoy principia está destinado, según la mente de la Iglesia, a hacernos meditar en los tres grandes Advenimientos del Salvador a la tierra:

    *
      el primero, en la humildad del pesebre, para salvarnos;
    *
      el segundo, en el esplendor de su gloria, en el último día, para juzgarnos;
    *
      el tercero, en el secreto de los corazones por su gracia, para santificarnos.

Agradezcamos al Espíritu Santo, que inspiró a la Iglesia la institución del Adviento, para prepararnos a la gran fiesta de Navidad, cuya vigilia, dice San Carlos Borromeo, es el tiempo de Adviento; vigilia, nota este santo cardenal, que no debe parecer demasiado larga al que aprecie la excelencia de, la fiesta a la cual nos prepara.

Con este fin la Iglesia clama al cielo: ¡Oh Dios! enviad vuestra gracia todopoderosa para que disponga nuestros corazones; y a nosotros nos dice en la Epístola de este día: Salid de vuestro letargo; despertad, hijos de los hombres; preparad vuestro corazones, porque se acerca el nacimiento del Salvador.



Consideremos brevemente cada una de estas Venidas del Señor para sacar algún fruto.

Primer Adviento:

Debemos meditar de un modo especial durante el Adviento en el misterio de un Dios Encarnado.

Profunda sabiduría de la Iglesia es no introducirnos de improviso en la gruta de Belén, sino mostrarla, en cierto modo con el dedo, un mes antes, para decirnos: Preparaos a presentaros delante del divino Niño.

Reflexionemos seriamente en este gran misterio, que, después de haber permanecido oculto nueve meses en el seno purísimo de María Santísima, va a ofrecerse a la adoración del mundo en el gran día de Navidad.

Preparemos nuestros corazones para recibir al Salvador, con una meditación más profunda, una fe más viva en sus grandezas, un respeto mayor a su majestad humillada, un amor más agradecido por su caridad y mansedumbre correspondientes a su incomparable benignidad, un espíritu de mortificación y de recogimiento que no desdiga de la austeridad de la gruta ni de las santas ocupaciones del divino Niño.

Si no preparamos nuestros corazones con una seria meditación sobre el misterio del Verbo Encarnado, perderemos las gracias inherentes a tan grande solemnidad.

Evitemos semejante desdicha, comenzando desde hoy a meditar en este misterio y entrando en una vida nueva.



Segundo Adviento:

Debe meditarse de una manera especial durante el Adviento en la Segunda Venida del Salvador, para juzgarnos.

Estimando la Iglesia que este pensamiento es eminentemente útil para hacernos entrar en los sentimientos de fervor propios del santo tiempo de Adviento, llama especialmente nuestra atención con la idea del Juicio Final, que nos presenta hoy.

La Segunda Venida de Nuestro Señor debería llenarnos de alegría. Los Santos la deseaban, porque la consideraban consoladora y gloriosa para ellos.

¡Qué pena si el pensamiento de la Parusía nos desanima y entristece!

Desde la Ascensión del Señor a los Cielos, el deseo de los Santos es su retorno glorioso.

Ellos desean su Segundo Advenimiento porque:

    *
      se trata la liberación de la Iglesia, que triunfará sobre todos sus enemigos;
    *
      será el día de la recompensa y de la gloria perfecta;
    *
      será el reinado eterno con Cristo.

Deber nuestro es inspirarnos en sus intenciones; concebir una viva fe de este gran día, tan consolador para los buenos, que recibirán en él la recompensa de sus virtudes; tan terrible para los pecadores, que también en él recibirán el castigo de sus vicios.

Y, sin embargo, ¿por qué tan pocos lo desean? San Agustín responde: “es porque hay pocos que realmente aman a Jesucristo y que se hallan en estado de comparecer ante Él. ¿Cuántos entre los cristianos no tienen para con Jesús sino indiferencia?

El corazón de la mayoría de los cristianos está apesadumbrado por el amor desordenado de las criaturas, atados a las cosas de este mundo. De allí el poco deseo de las cosas celestiales.

¡Cuántos se hacen ilusiones o mienten cuando dicen Adveniat regnum tuum!… ¿No tienen, más bien miedo?”



El Catecismo del Concilio de Trento nos exhorta de este modo: “así como aquel día del Señor en que tomó carne humana, fue muy deseado de todos los justos de la ley antigua desde el principio del mundo, porque en aquel misterio tenían puesta toda la esperanza de su libertad, así también después de la muerte del Hijo de Dios y su Ascensión al cielo, deseemos nosotros con vehementísimo anhelo el otro día del Señor “esperando el premio eterno, y la gloriosa venida del gran Dios”.“



Resuene, pues, durante este tiempo en el fondo de nuestros corazones la voz de la trompeta que nos llamará a juicio, para hacernos temblar ante la sola apariencia del mal, y también para animarnos a la práctica del bien.



Tercer Adviento:

Debemos meditar de un modo especial durante el Adviento en la venida del Salvador a nuestros corazones por su gracia.

Esta venida es el medio por el cual se comunican al alma las gracias del misterio de la Natividad.

Cierto que Jesucristo, en esta gran fiesta, no nace corporalmente como en Belén; pero nace espiritualmente por su gracia en las almas bien preparadas; vive en ellas por su espíritu, por los sentimientos que les inspira, por su humildad, su dulzura, su caridad, y por todas las virtudes que nos comunica.

Este nacimiento y esta vida de la gracia en nosotros, los obtendremos:

1º. por medio de fervientes oraciones, inspiradas por el sentimiento de la necesidad que de ellos tenemos;

2º. a fuerza de vigilancia, para escuchar la voz de la gracia, que no pretende más que hallarnos;

3º. a fuerza de generosidad en obedecerla y de abandono sencillo y amoroso a su dirección.



Además de estas consideraciones, es muy útil considerar los tres medios de santificar el tiempo de Adviento, a saber:

1º. el espíritu de penitencia y de renovación;

2º. los santos deseos del nacimiento del Salvador en nosotros;

3º. una devoción especial al misterio de la Encarnación.



1º. El espíritu de penitencia y de renovación

El tiempo de Adviento es una serie de días y semanas destinados a prepararnos para la gran fiesta de Navidad, por medio de una vida mejor y más perfecta.

Sería, pues, en cierto modo profanarlo vivir durante él como en el tiempo ordinario.

Antiguamente la Iglesia santificaba el Adviento con la abstinencia, el ayuno y oraciones más prolongadas.

Si no alcanza a tanto nuestro fervor, debemos por lo menos santificarlo, concentrándonos seriamente en nosotros mismos, haciendo aplicaciones de nuestra meditación al empleo de nuestro tiempo, a nuestras lecturas y conversaciones, a nuestra voluntad y a nuestro amor propio.

Debemos examinar todas estas cosas en presencia de la gruta de Belén, tomando por juez al divino Niño.

Este serio examen hará nacer en nosotros sentimientos de penitencia por lo pasado, serias resoluciones para lo porvenir y una firme voluntad de entrar en una vida nueva.

No hay que diferirlo. Nos encontramos en un tiempo santo. Preciso es poner manos a la obra con todo el corazón y comenzar desde hoy mismo, fijándonos en algunos defectos particulares de que debemos corregirnos desde hoy hasta el día de Natividad.



2º. Los santos deseos del nacimiento del Salvador en nosotros

Tanto como los patriarcas deseaban la venida del Mesías, así debemos nosotros desear su nacimiento en nuestros corazones por su gracia.

¿De qué nos serviría la venida del Mesías a la tierra si no naciese y viviese en nosotros; es decir, si no viniese a animarnos con su espíritu, a inspirarnos con su gracia y a penetrarnos de sus sentimientos?

Jesucristo no viene al alma sino cuando ella lo desee y en la proporción que lo desee. Quien no le desea, no le aprecia, y se hace indigno de recibirle.

Debemos, pues, durante estos días, ser almas de deseos; suspirar, como en otro tiempo suspiraron los Patriarcas por la venida del Mesías, y como los Santos de la nueva ley por la venida de Jesucristo a sus corazones, repitiendo a menudo con ellos: ¡Oh cielos! derramad sobre nosotros vuestro rocío: envíennos las nubes al Justo por excelencia, al príncipe de toda justicia, ábrase la tierra de nuestro corazón y produzca al Salvador. Ven, Señor Jesús. Ven…

Estos santos deseos deben ser a la vez ardientes y generosos: ardientes, para corresponder a la excelencia del don que pedimos; generosos, para sacrificar todo lo que desagrade al Huésped divino, que llamamos a nosotros.



3º. Una devoción especial al misterio de la Encarnación

En todo tiempo esta devoción debe ser eminentemente grata al alma cristiana; pero, habiendo instituido la Iglesia el Adviento precisamente para hacernos honrar y meditar este misterio, nuestro deber es ocuparnos ahora, muy especialmente, en él; estudiar el amor infinito que ha unido la sublime naturaleza de Dios a la pobre naturaleza del hombre; agradecer, amar y bendecir este gran misterio; y, para reparar lo pasado, vivir durante el Adviento, únicamente en el amor e imitación del Verbo encarnado, que ha querido hacerse modelo de la vida cristiana.

¡Bienaventurado quien comprende estas verdades y, durante todo este santo tiempo, se empeña en ponerlas en práctica, es decir, en amar e imitar al Verbo encarnado!

En esto consiste todo el cristianismo.

Jesucristo no ha venido del Cielo a la tierra sino para encender en todos los corazones el fuego sagrado del divino amor.

Nada ha hecho que no sea para mostrarnos, con su ejemplo, la línea de conducta que hemos de seguir durante nuestra peregrinación por la tierra.

Démosle gracias por este insigne beneficio y prometámosle aprovecharnos de él.



Después de estas consideraciones, formemos los siguientes propósitos:

1° de entrar en una vida de recogimiento y oración, propia del tiempo de Adviento.

2° de emplear un cuidado especial en la perfección de cada una de nuestras acciones ordinarias: lo que constituirá la mejor manera de santificar tiempo tan santo.

3º de pensar a menudo y con amor en el misterio de la Encarnación, sobre todo tres veces al día al rezar el Angelus.


Santoral Católico 28 de noviembre

  • San Esteban el Joven, Mártir
  • Santa Catalina Labouré, Virgen
  • Santiago de la Marca, Confesor
  • San Sóstenes, Discípulo de San Pablo
  • San Simeón Metafraste
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.

SAN ESTEBAN
EL JOVEN

Mártir


n. en el año 714 en Constantinopla;
† martirizado en el año 764 en Constantinopla

Patrono de coleccionistas de monedas; numismáticos; fundidores.

Las zorras tienen madrigueras,y las aves del cielo
nidos, mas el Hijo del hombre no tiene dónde
reclinar su cabeza.
(Mateo, 8, 20)


San Esteban el joven fue, antes de nacer, ofrecido al Señor por sus padres. Él mismo se consagró al servicio de Dios abrazando la vida religiosa lo más pronto que pudo. Pidió una habitación sin techo, a fin de estar expuesto a todas las inclemencias de la intemperie. Constantino Coprónimo le prohibió que honrara las imágenes de los santos, pero le respondió el santo que estaba dispuesto a morir antes que cumplir su prohibición. Esta generosa respuesta le mereció la corona del martirio, en el año 764.


MEDITACIÓN
SOBRE CÓMO HAY QUE SUFRIR
LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO


I. Hay que sufrir con paciencia y sin murmuración lo que no puede evitarse; soporta, pues, con resignación el frío, el calor y todas las molestias de las estaciones. Estas incomodidades te son comunes con todos los hombres; sopórtalas, pero de manera que no sea común; recíbelas en expiación de los pecados que has cometido; esto disminuirá proporcionalmente lo que debes sufrir en el purgatorio, y embelecerá tu corona en el cielo. ¿Tú, que has merecido el infierno con tus crímenes, te atreves a quejarte del frío del invierno y de los calores del verano? Cesará de quejarse quien comprenda que merece los sufrimientos que lo afligen. (San Cipriano).

II. Tú soportas estas incomodidades sin murmurar, cuando hay algún provecho que obtener, algún honor que esperar. ¿Acaso el mercader, el soldado, el agricultor, no menosprecian las borrascas, las tempestades y el rigor de las estaciones cuando se trata de sus intereses? ¿Por ventura tantos hombres virtuosos como hay que sufren por amor de Jesucristo, no tienen un cuerpo como el tuyo? Acostúmbrate, corno ellos, al sufrimiento.

III. Jesucristo se expuso a todos estos tormentos por amor nuestro; míralo en el pesebre, en Egipto, en sus viajes, en la cruz; por todas partes se expuso a los rigores de las estaciones. Su cuerpo, que estaba unido a la divinidad, hubiera podido, milagrosamente, hacerse impasible, pero Jesús no lo quiso, ¡Y tú quisieras cambiar el orden de las estaciones y las leyes de la naturaleza para no tener nada que te aflija! ¡El Hijo de Dios ha sufrido para hacer de nosotros hijos de Dios, y el hijo del hombre nada quiere sufrir para continuar siendo hijo de Dios! (San Cipriano).


La paciencia
Orad por los pobres.


ORACIÓN

Haced, os conjuramos, oh Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado mártir Esteban, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.
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