Nos oponemos al error con razones y esperamos lo mismo, de quien desee comentar una entrada. El recurso al ataque personal, el infundio y el lenguaje soez, no tienen cabida aquí. Los audios, imágenes y textos contenidos en este blog son gratuitos, por tanto, amable lector, es libre de disponer de ellos. Agradecemos mencionar la fuente, y rogamos orar por el administrador, de este sitio, que es un pobre pecador.

domingo 31 de enero de 2010

Evangelio de domingo




Domingo de Septuagésima
d. - morado 



+ Continuación del Santo Evangelio según San Marcos (XX, 1:16).
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Es semenjante el reino de los cielos a un amo que salió muy de mañana a ajustar obreros para su viña. Convenido con ellos en un denario al día, los envió a su viña. Salió también a la hora de tercia y vio a otros que estaban ociosos en la plaza. Díjoles: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo justo. Y se fueron. De nuevo salió hacia la hora de sexta y de nona e hizo lo mismo, y, saliendo cerca de la hora undécima, encontró a otros que estaban allí, y les dijo: ¿Cómo estáis aquí sin hacer labor en todo el día? Dijéronle ellos: Porque nadie nos ha ajustado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña. Llegada la tarde, dijo el amo de la viña a su administrador: Llama a los obreros y dales su salario, desde los últimos hasta los primeros. Vinieron los de la hora undécima y recibieron un denario. Cuando llegaron los primeros, pensaron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario. Al cogerlo murmuraban contra el amo, diciendo: Estos postreros han trabajado sólo una hora, y los has igualado con los que hemos llevado el peso del día y el calor. Y él respondió a uno de ellos, diciéndole: Amigo, no te hago agravio: ¿no has convenido conmigo un denario? Toma lo tuyo y vete. Yo quiero dar a este postrero lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer lo que quiero de mis bienes? ¿O has de ver con mal ojo porque yo sea bueno? Así, los postreros serán los primeros, y los primeros, postreros. Porque son muchos los llamados, mas pocos los escogidos.

Credo

Santoral Católico 31 de enero

  • San Juan Bosco, Confesor
  • San Francisco Javier Bianchi, Sacerdote
  • Santa Trifenia, Mártir
  • San Metrano o Metras, Mártir
  • Santos Ciro y Juan, Mártires
  • Santa Marcela, Viuda
  • San Germiniano, Obispo
  • San Eusebio, Mártir
  • Beata Paula Gambara-Costa, Matrona



SAN JUAN BOSCO
Confesor


Quien quisiere salvar su vida (obrando contra
mí), la perderá; mas quien perdiere su vida
por amor de mí, la encontrará.
(Mat. 16,25)



Nacido en 1815, San Juan Bosco, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Desde de que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.


MEDITACIÓN
SOBRE LA NECESIDAD
DE MORTIFICARNOS


I. Aquél que odia su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. Estas palabras de Nuestro Señor indican la necesidad que se nos impone de mortificarnos. La ciudad de Babilonia, es decir, de los réprobos, comienza por el amor a sí mismo y termina por el odio a Dios, dice San Agustín. La ciudad de Jerusalén, es decir. de los predestinados, comienza por el odio al cuerpo y termina por el amor a Dios. El amor a Dios crecerá en ti en la misma proporción que el odio a tu cuerpo. Mide con este metro: para conocer en qué medida eres perfecto, considera en qué medida te mortificas.

II. Tu mortificación debe comenzar cortando por lo vivo todos los placeres y deseos que pudieran impedirte cumplir los mandamientos de Dios. Corta todo lo que pueda impedirte cumplir con los deberes que te impone el estado de vida que hayas abrazado. En fin, hay una mortificación que no es como la anterior, obligatoria, sino sólo de consejo; consiste en abstenerse aun de los placeres permitidos. Es la que practican las almas santas; ¿las imitas?

III. La mortificación será para ti cosa fácil, si consideras que ella te impide caer en muchas faltas. Además, eres pecador: debes, pues, hacer penitencia y mortificarte para disminuir, por compensación, lo que debes a la justicia de Dios en el purgatorio. Eres cristiano: ¡concuerda acaso el vivir en el placer y adorar a un Dios crucificado? No temas los rigores de la mortificación; ella posee dulzuras escondidas que sólo pueden gustar los que la abrazan decididamente. Ves la cruz pero no conoces sus consuelos. (San Bernardo).


La imitación de Jesucristo
Orad por la educación de la juventud.


ORACIÓN

Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sir vamos sólo a Vos. Por N. S. J. C. Amén

sábado 30 de enero de 2010

El ateísmo y la negación de Dios




por Jesús Hernández
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
(Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo)

(Santo Tomás de Aquino)


A la Fe se opone, como antítesis, una "no-Fe". Contrariamente a la Fe, la "no-Fe" niega algunas o todas las verdades de todos o algunos de los credos que hay en el mundo.

Se denomina ateísmo a la "falta de dioses", es decir, a un pensamiento que no contempla la existencia de lo divino, dentro del universo en el que existimos, y que limita sus observaciones y conclusiones a la materia y a la energía.

Como contraparte, el teísmo basa su razón de ser, en la existencia real de una o más divinidades, y con ella (s), de elementos reales distintos a la materia y a la energía cuantificables, medibles y aplicables dentro de las diversas ramas de la ciencia. Básicamente, los elementos en la concepción atea son aquellos que se pueden expresar matemáticamente. Para la concepción creyente, existen elementos que escapan de la ciencia humana, y que en muchas ocasiones no pueden ser medidos, delimitados o comprendidos por la Matemática.

El ateísmo y la fe han estado contrapuestas durante muchos siglos, y hasta nuestros días, perdura la controversia entre CREER y NO CREER. La conclusión obvia es que ninguna de ambas posturas ha logrado neutralizar a la otra, ni ha tenido argumentos de peso suficiente, como para quedar como única opción.


Religiones y Ateísmos


Debo aclarar que escribo como creyente, y concretamente, como cristiano. Creo, pues, en una religión específica, con dogmas y preceptos específicos.

No puedo evitar la influencia de mis personales creencias en la redacción de este artículo. Desde niño se me inculcaron doctrina y moral religiosas, y al pasar los años me he confirmado, por voluntad propia, en las creencias que se me inculcaron. Sin embargo, también me gusta ser racional, analizar objetivamente y con la mente fría las pruebas o argumentos que se me ofrezcan, y que no siempre compaginan con lo que yo creo. Es propio del fanatismo creer a ciegas, y lo último que me gustaría ser es fanático.

Sin embargo, existen muchísimas personas que profesan fe en un Dios personal, o impersonal, siguiendo enseñanzas distintas a la cristiana. Haré un breve resumen de las principales religiones que existen en el mundo, para que sirvan de modesta referencia de las distintas formas de Fe:


Cristianismo:
La que cuenta con mayor número de fieles en el mundo, y al mismo tiempo, con una influencia histórica especialmente destacable (cuestiones como el conteo del Calendario convencional a partir del nacimiento de Cristo), y no cabe duda de que la civilización propiamente occidental, de la Europa colonizadora de los siglos XVI y XVII a la América colonizada, es básicamente de raíces cristianas.

El cristianismo mantiene la existencia de un sólo Dios personal, Trino y Uno, Creador de todo lo existente, misericordioso y amigo del hombre. Para el cristianismo, la muerte es consecuencia de la desobediencia de los protoparentes, y esto motivó a Dios a enviar a Su Hijo (la segunda persona de la Trinidad), a nacer como hombre de una madre virgen, crecer, predicar el Evangelio y morir crucificado en un acto de Salvación y Redención, que significa la reconciliación del hombre con Dios, y a partir de esta, su acceso al cielo después de la muerte, si ha tenido Fe y Obras.

Dentro del cristianismo existen varias divisiones: católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes. El libro más sagrado para los cristianos es La Santa Biblia.


Islamismo:
En el año 622 d.C., un hombre escapó de La Meca, en Arabia, a la ciudad de Medina. Huía por verse perseguido por los nobles de La Meca, debido a las ideas religiosas que propagaba.

Su nombre era Mahoma, y es propiamente el fundador del Islam. Esta religión mezcla elementos originales con elementos judeocristianos. El islamismo también cuenta con muchos fieles en todo el mundo, y siglos atrás, musulmanes y cristianos fueron enemigos irreconciliables, que por motivos religiosos y políticos provocaron una serie de conflictos que se remontan al siglo VIII, con la expansión del islamismo a España.

El Islam cree en un sólo Dios, pero unipersonal, a diferencia del Dios trino de los cristianos. Se cree en la vida después de la muerte, ya sea en el Paraíso o en el Infierno. Su libro sagrado es El Corán.


Judaísmo:
Esta religión es reconocida por cristianos y musulmanes como "previa", es decir, como una religión verdadera, elegida por Dios como previa a su completa revelación.

De ahí que son inevitables las similitudes entre judíos, cristianos y musulmanes. Los judíos creen en un Dios unipersonal, se rigen por la Ley de Moisés (reconocida por los cristianos, aunque no en todas sus partes). Se tiene mucho en cuenta la cuestión de la pureza e impureza de ciertos alimentos. En cuestiones de escatología (muerte-resurrección-inmortalidad), no hay una postura bien definida. En tiempos de Cristo, los fariseos creían en la inmortalidad del alma y los saduceos no. Sus libros sagrados son La Torah y El Talmud. La Torah contiene libros que también contiene la Biblia cristiana.


Brahamanismo: Sistema religioso, moral y metafísico hasado en la concepción panteísta de la divinidad, y cuya fuente son los libros sagrados de los indios, escritos en el período de 1500 a 400 A.C.: los cuatro Vedas, los poemas Ramayana y Mahabarata, así como los tratados filosóficos de las distintas escuelas que constituyen un cuerpo de doctrina que ha perdurado a través de la historia para contar todavía con más de 280 millones de fieles.
El brahamanismo mantiene una división de la sociedad (hindú), en castas, los brahmanes, los chatrias, los vaisias y los sudras. Más abajo los parias, socialmente considerados inferior al animal.

No obstante esta división de castas, el brahamanismo acepta un mejoramiento sucesivo del alma, que se efectúa mediante la metempsicosis, y que está determinada por el valor de las buenas obras realizadas. Así, el estado físico de las almas, en la reencarnación, es el resultado de la conducta moral anterior. "Toda palabra, acto de pensamiento o del cuerpo lleva un fruto bueno o malo", dice el Código de Manú.

El Brahmanismo proclama una moral de paz; la protección del niño, la mujer, el enfermo, el débil y el anciano; la obediencia, la castidad, la modestia y la templanza; los deberes de hospitalidad y la prohibición del aborto, el suicidio, el juego, la calumnia, el perjurio, la embriaguez y condena la violencia contra toda forma de vida.


Budismo: Budismo es el nombre dado por los occidentales al sistema religioso fundado en la India alrededor del siglo V a.C., por Sidharta Gautama, llamado el Buda (del sanscrito buddha, "despertado, iluminado"). En el Oriente se lo denomina Buddha-marga (camino de Buda), Buddha-dharma (ley de Buda) o Sad-dharma (ley correcta o perfecta). Tiene por fin la realizacion plena de la naturaleza humana y la creacion de una sociedad perfecta y pacifica.
Dios — En el budismo original no existe la idea de un dios supremo que opera sobre el mundo. La idea de la divinidad, para Buda, era semejante a la de los brahmanes, con la excepcion de no admitir un Dios creador (Ishvara).

El universo — El budismo difiere del hinduismo en cuanto a la concepcion del universo. Las creaciones periódicas de los sistemas cósmicos son regidas por una ley eterna, y el proceso nunca tuvo comienzo y nunca tendra fin.

Samsara — Es el circulo de los renacimientos sucesivos. Con la transmigracion del alma a otros cuerpos habia tambien una retribucion. El samsara para el budismo es infinite; hasta los dioses estan sujetos a esa ley. Solo llegando al Nirvana quedaria el hombre libre del samsara.

El Nirvana es la extincion del ser, una autoextincion en que toda la idea de personalidad individual cesa, deja de existir. No habiendo, por consiguiente, nada que pueda renacer, el alma se extingue en la nada, en la felicidad eterna, en el no ser.

Toda la doctrina budista tiene la mira de llevar al hombre a extinguirse a si mismo. Es el unico medio de escapar a los horrores del samsara. El hombre que consigue llegar a esa etapa, es libre. La felicidad no existe; es la liberacion del dolor. La liberacion del dolor termina en la NADA.


Existen bastantes religiones más en el mundo: shintoísmo, animismo, taoísmo, etc., pero he señalado las que considero como principales. A excepción del budismo, las demás señaladas coinciden en un punto central: Un Dios creó el Universo, y de ese punto central parte la discordancia inevitable con el ateísmo.

El ateísmo coincide asimismo en un punto central: No existe ningún Dios. Sin embargo, por sus causas existen distintos tipos de ateísmo. La clasificación que a continuación expongo no es una clasificación erudita. La hago yo mismo, basado en las "no-Fes" que he tenido ocasión de observar:

Ateísmo irreflexivo: Este ateísmo es propio de personas que no se preguntan siquiera si hay o no un Dios. Actúan con una indiferencia total hacia lo religioso. No se reflexiona, no se piensa, ni en Dios, ni en el universo, ni en la vida y la muerte, se vive sólo en el presente, sin pensar en el pasado y el futuro. No hay ningún deseo de trascendencia, sino simplemente, una indiferencia total.


Ateísmo científico: Un ateísmo reflexivo y analítico. A partir de observaciones científicas, se llega a una situación en la que resulta imposible admitir que exista algo fuera de lo registrado por la Física o la Química.

Existen muchas personas que abandonaron su Fe y llegaron al ateísmo a partir de estudios científicos. No obstante, la Ciencia no es némesis de la Fe, y esto me lleva a comentar algo notable:

He estudiado las posturas de diversas personas de Ciencia, acerca de la Fe y Dios, y muchos de los más grandes científicos de la Humanidad, fueron creyentes, de la categoría de Galileo, Pasteur, Alexis Carrel, Albert Einstein, Johanes Kepler, Isaac Newton, Carlos Linneo, Alejandro Volta, Gregor Mendel, Pascual Jordan, Robert Jastrow.

Para Louis Pasteur, "un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él". Parece que esto se cumple cuando encontramos que muchos de los científicos ateos son más bien divulgadores que investigadores, como Isaac Asimov, Carl Sagan, etc.

El ateísmo científico, por lo tanto, no es regla para todos los científicos, ni mucho menos.
Recuerdo, no obstante, que años atrás, en mi escuela secundaria, se nos enseñó en clase de Biología la teoría de Oparin-Haldane sobre el origen de la vida, y una compañera me comentó que, como resultado de estudiar esa teoría, ella ya no creía en Dios.


Ateísmo político: Un ateísmo que existe por convenir así a ciertas ideas sociológicas y políticas, y que extirpa por completo la idea de religión, para enfocarse en la cuestión del estado y la sociedad.

Así es en el marxismo, y el mismo Marx dijo que "la religión es el opio de los pueblos". A diferencia del ateísmo irreflexivo y el ateísmo científico, este tipo de ateísmo no sabe respetar la Fe, sino que, enfocado a través del comunismo, busca extender la revolución proletaria y eliminar la religión, violando así el derecho a la libre creencia.

En teoría, el marxismo tiene bases filosóficas, el materialismo dialéctico, el cual establece que "a una tesis se opone una antítesis, choque del que resulta una síntesis, que a su vez se convierte en tesis, a la cual se opone una nueva antítesis... y el ciclo continúa".

Ateísmo intelectual: Este ateísmo no busca argumentos científicos, aunque los toma en consideración. Se basa en argumentos lógicos, argumentos retóricos.

Cuestiones, por ejemplo, como ¿Quién creó a Dios?, y análisis que buscan desacreditar a textos religiosos, principalmente la Biblia, pero enfocadas también a otros escritos.

Son famosos los argumentos de Santo Tomás de Aquino sobre la existencia de Dios, y parte del ateísmo intelectual ha buscado refutarlos, aunque no lo ha conseguido plenamente.

Yo mismo he tenido enfrentamientos con ateísmo intelectual; recuerdo un Miércoles de Ceniza, en el que llegué a mi escuela Preparatoria con la cruz en la frente, y un grupo de compañeros empezó a dialogar conmigo, cuestionándome sobre asuntos como la encarnación de Cristo, la vida post mortem, etc.


Dentro de estos tipos de ateísmo, en mi opinión los únicos que ofrecen argumentos interesantes son el ateísmo científico y el ateísmo intelectual, algunos de dichos argumentos se expondrán más adelante.


El Origen del Universo; tema crucial


En discusiones acerca de si Dios existe o no, casi por lo general se toca este punto. Inevitable, porque la mayoría de los creyentes (casi de cualquier religión), sostienen que Dios creó todo lo que existe, empezando, por supuesto, por el universo mismo.

La ciencia, en cambio, no ha sabido responder a esta pregunta, pero se admite que no puede ser que en un tiempo no existiera nada. En su libro Introducción a la Ciencia, Isaac Asimov escribe:

"En 1927, el matemático belga Georges Edouard Lamaitre sugirió que toda la materia procedía, originalmente, de un enorme "huevo cósmico", que, al estallar, dio origen al Universo que conocemos.

¿De dónde procede la materia que formó el "huevo cósmico"? Algunos astrónomos sugieren que el Universo se originó como un gas extraordinariamente tenue, que se fue contrayendo de manera gradual bajo la fuerza de la gravitación, hasta constituir una masa de gran densidad, que, al fin, estalló. En otras palabras: hace una eternidad, inicióse en la forma de un vacío casi absoluto, para llegar, a través de una fase de contracción, a adquirir la forma de "huevo cósmico", estallar, y mediante una fase de expansión, volver hacia una eternidad de vacío casi absoluto. Vivimos en un periodo transitorio -un instante en la eternidad-, de plenitud del Universo."

El Big Bang, es el nombre dado al "gran estallido", y es la teoría más aceptada a nivel científico, acerca del origen del universo. Las cuestiones más espinosas son las más determinantes en el asunto, pues, ¿De dónde salió esa materia? ¿Es eterna o creada? ¿Qué provocó que esa materia densa y compactada, estallara, dando origen a los inmensos cuerpos astrales que hoy conocemos?

El Big Bang, al igual que la Fe, propone un comienzo del universo, hecho por el cual pocos creyentes tienen dificultades para compaginar el Big Bang con la doctrina de la creación. Entre los que se oponen están, por ejemplo, los que interpretan al pie de la letra el libro bíblico del Génesis.

El Big Bang, por lo tanto, puede analizarse tanto atea como creyentemente. Para el creyente, no hay mejor explicación que ésta: Dios creó el universo, y si dispuso hacerlo mediante un "gran estallido", aceptamos Sus designios. Haya sido como haya sido, detrás de todo está Dios.

Pero para el ateo, ¿QUÉ está detrás de todo esto?

Nunca he visto que un ateo científico dé explicaciones o aventure hipótesis; se queda en suspenso, no hay explicaciones y no se sabe qué ocurrió. Cito nuevamente a Asimov, quien en su libro La mente errabunda declara: "Hay muchos aspectos del Universo que aún no pueden ser explicados satisfactoriamente por la ciencia; pero la ignorancia sólo implica ignorancia que algún día puede ser superada. Rendirse a la ignorancia y llamarla "Dios", siempre ha sido prematuro y sigue siéndolo hoy.

El problema, en mi opinión, de este comentario de Asimov, es que los creyentes (o los cristianos al menos), no basan su creencia en Dios sólo en cosas ignoradas por la ciencia. Precisamente, muchos pensadores teístas argumentan sobre cosas que la ciencia conoce perfectamente, como la complejidad del cerebro humano, las leyes físicas que rigen el movimiento de los astros, el mecanismo biológico de la fotosíntesis, etc. y cuestionan la suposición de que el simple azar las produjo.

Por el contrario, ateos de menor calibre científico sí creen que el azar, casualidad, etc., dieron origen a lo que hoy existe. Personalmente, no creo en la existencia del azar. "La casualidad es uno de tantos nombres que se dan a Dios", leí alguna vez. He tenido ocasiones de leer cálculos matemáticos sobre la probabilidad de que una serie de combinaciones de azar, diera origen al complejo mundo que conocemos, y matemáticamente, las probabilidades son NULAS.

Lo que la ciencia sabe es que tuvo un origen. Desde el punto de vista científico, el universo no puede ser eterno, sino que en algún momento comenzó a existir. Al respecto escribe Jorge Loring, en su libro Para salvarte:

En todo caso es imposible que el Universo sea eterno. No quedaría nada de hidrógeno. Es cosa sabida que el hidrógeno se convierte en helio en un proceso continuo e irreversible. Si esto sucediera desde toda la eternidad, ya se habría gastado todo el hidrógeno que todavía se quema en las estrellas, pues la cantidad de hidrógeno del Universo es limitada, y lo que se pierde no se repone

Algo es algo: La Ciencia y la Fe coinciden en que el universo tiene un origen. Determinar QUÉ es ese origen, es algo que la Ciencia no ha explicado, mientras que la Fe sí. Se trata de explicaciones no-científicas, y no comprobadas por medios físicos, pero explicaciones razonables, racionales y lógicas, a nivel científico, y así lo reconocen científicos creyentes.


La demostración de la existencia de Dios



Demostrar que Dios existe es algo que aún no se ha hecho completamente.

Muchas personas creen en Dios debido a experiencias personales, que les demostraron, a ellas, que Dios existe; pero que no pueden ser tomadas como regla general.

Se han hecho numerosos intentos por demostrar la existencia de Dios, ya mencioné anteriormente la argumentación tomista, que expondré más adelante.

¿Es posible demostrar la existencia de Dios? La Iglesia Católica afirma que Dios puede ser conocido por medio de la razón natural. Es decir, la idea de un Dios no es un disparate, como les parece a muchos.

Yo pienso que son posibles demostraciones parciales de la existencia de Dios. Una demostración total y definitiva provocaría que la fe fuera innecesaria, y no creo que Dios quiera eso. La fe es precisamente, confiar en lo que no se ve, y una demostración total no la exigiría como las demostraciones parciales hacen.

De ahí que la Iglesia Católica establezca que para creer en Dios se requieren tanto la razón natural como la fe sobrenatural.

Una vía para la demostración de la existencia de Dios, es la demostración de cosas inferiores a Él, pero cercanas. Demostrar la existencia del alma, del espíritu, de lo sobrenatural, de milagros, etc., se acercan mucho a demostrar la existencia de Dios.

 por Jesús Hernánde
Sobre el alma, podemos decir que su existencia es absolutamente obvia. El cuerpo humano no es sólo un montón de células, sino un sistema ordenado y activo, y lo que es más importante aún, pensante. ¿Qué es lo que anima al cuerpo?

La llamada "teóría mecanicista" sostiene que el hombre no es sino un conjunto de células y moléculas que interactúan por medio de reacciones físicas y químicas, como si de una máquina se tratase. La objeción que opone Rupert Sheldrake a esta teoría, es que no se conoce ningún mecanismo carente de fabricante, lo cual lleva inevitablemente a un Diseñador. Asimismo, es de esperarse que si el hombre no es más que un fenómeno biológico-molecular, el propio hombre sería capaz de crear MÁS HOMBRES, en un laboratorio. Pero semejante cosa es, a todas luces, imposible. La clonación misma no es una creación, ya que no se toman elementos dispersos y se les junta, dando origen a una vida, sino que se parte de organismos ya vivos y con diseños impresos en forma de genes. El alma, es por lo tanto, lo que anima al cuerpo ("alma" viene de "anima"), y se puede definir como tal a un elemento incorpóreo e invisible, o a un singular proceso físico-químico.

¿Y el espíritu? Otra cuestión clave. Si los seres humanos somos simples mecanismos biológico-moleculares, ¿Por que no somos todos iguales? ¿Por qué existen diferentes intereses, gustos, carácteres, inclinaciones, etc.?

Si a cien computadoras se les inserta el mismo sistema operativo, todas funcionarán del mismo modo, pero en el caso de los seres humanos, existen diferencias enormes, que no las tiene ningún grupo de mecanismos iguales.

Aparte de esto, el espíritu provoca deseos, aspiraciones, anhelos, consuelos y satisfacciones emocionales y no físicas. La oración y la reflexión traen paz, calma y tranquilidad, sosiego y devoción. Negar la inmortalidad, por lo tanto, es más fácil que negar la espiritualidad. Que el hombre tiene dos partes: física y espiritual, es algo que no se demuestra, se experimenta y se sabe.


La demostración de la inexistencia de Dios


Es la otra cara de la moneda. Si es posible demostrar la existencia de Dios, ¿Es posible demostrar también la inexistencia de Dios?.

Sostener que la ciencia llegará un día a demostrar que Dios no existe, es una teoría tan categórica como la Fe misma. La ciencia humana es limitada, y eso lo prueban los "dogmas" científicos que existen, tales como la imposibilidad de viajar por el tiempo, la imposibilidad de superar la velocidad de la luz, la imposibilidad de llegar al CERO ABSOLUTO, etc. Además, es mucho más difícil demostrar que ALGO no existe, a que ALGO sí existe.

Si yo digo "Existe una materia invisible, impalpable e indetectable, que provoca cambios en el estado de ánimo", ¿Quién podrá refutarme? ¿Cómo lo haría?

Parece más que lógico, que me correspondería a mí, demostrar mi afirmación, y no afirmar que es cierta en tanto no me demuestren lo contrario.

Por eso mismo, muchos ateos se muestran renuentes a demostrar la inexistencia de Dios, y exigen pruebas a los creyentes de la existencia de Dios. Y personalmente, no puedo más que estar de acuerdo con esta postura; por eso mismo, me parece importante estudiar argumentos teístas, que buscan, precisamente, demostrar que Dios existe, y otro tipo de pruebas, que de ser ciertas, significan que Dios ayuda a los que creen en Él, a demostrar Su existencia.

Otros ateos, en cambio, sí intentan demostrar que Dios no existe, y obviamente, no lo consiguen. Todo queda en argumentos y respuestas, y eso provoca que actualmente existan tanto ateos como creyentes.

Pero... ¿Qué pasaría si la ciencia demostrara que Dios no existe? A pesar de que parece imposible, queda como posibilidad, ¿Y si se muestra que Dios no existe?

Pues, paradójicamente, la demostración de que Dios no existe sería una demostración de que Dios SÍ existe, según palabras de André Frossard:

"Para demostrar que Dios no existe, sería menester que lo que vosotros llamáis "la ciencia", descubriera un primer elemento que no tuviera causa, que existiera por él mismo, y cuya presencia explicara todo lo demás, sin dejar nada afuera, y justamente ese primer elemento es lo que nosotros llamamos Dios.



Argumentos teístas



Existen argumentos, y existen pruebas parciales, a favor de la existencia de Dios. Yo, por ejemplo, sólo tomo en serio los argumentos que se basan en la lógica y en la razón natural, es decir, que representan un pensamiento ordenado.

Para A. Hillaire, existen siete pruebas principales de la existencia de Dios, cita de su libro La Religión Demostrada, que se fundan en: 1.- La existencia del universo, 2.- El movimiento, orden y vida de los seres creados, 3.- La existencia del hombre, dotado de inteligencia y libertad, 4.- La existencia de la ley moral, 5.- El consentimiento universal del género humano, 6.- Los hechos ciertos de la Historia, 7.- La necesidad de un ser humano.

Aquí un resumen de la argumentación de Hillaire:

La existencia del universo: La razón nos dice que no hay un efecto sin causa. Vemos un edificio, un cuadro, una estatua; al punto se nos ocurre la idea de un constructor, de un pintor, de un escultor, que hayan hecho esas obras. Del mismo modo, al contemplar el cielo, la Tierra y todo cuanto existe, pensamos que todo ello debe tener alguna causa; y a esta causa primera del mundo, le llamamos Dios. Luego por la existencia del universo, podemos demostrar la existencia de Dios.

El movimiento, orden y vida de los seres creados: No hay movimiento sin motor, es decir, sin alguna causa que lo produzca. Ahora bien, cuanto existe en el mundo obedece a algún movimiento que tiene que ser producido por algún motor. Y como no es posible que exista realmente una serie infinita de motores, dependiente el uno del otro, preciso es que lleguemos a un primer motor, eterno y necesario, causa primera del movimiento de todos los demás. A ese primer motor le llamamos Dios.

La existencia del hombre, dotado de inteligencia y libertad: Un ser que piensa, reflexiona, raciocina y quiere, no puede provenir sino de una causa inteligente y creadora; síguese que la existencia del hombre demuestra la existencia de Dios.

Podemos decir, por consiguiente: Yo pienso, luego existo, luego existe Dios.

La existencia de la ley moral: Existe, en efecto, una ley moral, absoluta, universal, inmutable que manda hacer el bien, prohibe hacer el mal y domina en la conciencia de todos los hombres. El que obedece esta ley, sienta la satisfacción del deber cumplido; el que la desobedece, es víctima del remordimiento.

Ahora bien, como no hay efecto sin causa, ni ley sin legislador, esa ley moral tiene un autor, el cual es Dios. Luego por la existencia de la ley moral llegamos a deducir la existencia de Dios.

La creencia universal del género humano: Todos los pueblos, cultos o bárbaros, en todas las zonas y en todos los tiempos, han admitido la existencia de un Ser Supremo. Ahora bien, es imposible que todos se hayan equivocado acerca de una verdad tan trascendental y tan contraria a las pasiones, debemos exclamar con la humanidad entera: ¡Creo en Dios!

La creencia de todos los pueblos sólo puede tener su origen en Dios mismo, que se ha dado a conocer, desde el principio, a nuestros primeros padres, o en el espectáculo del universo, que demuestra la existencia de Dios, del mismo modo que un reloj demuestra la existencia de un relojero.

Los hechos ciertos de la Historia: Hay dos maneras de conocer la verdad: descubrirla uno mismo, o recibirla de otro. El hombre SABE o CREE, sabe, cuando alcanza la verdad con las solas facultades de su alma, la inteligencia, la razón, la conciencia, el sentido íntimo, los órganos corporales, cree, cuando se adhiere al testimonio de otros.
Dios se mostró de varios modos, habló a nuestros primeros padres, a los patriarcas, a los profetas... Pero es evidente que para mostrarse y hablar es necesario existir. Las milagrosas obras sensibles que ningún agente creado puede hacer por sí mismo, no son más que las obras de Dios.

La necesidad de un Ser Eterno: Si desde la eternidad no hubiera existido nada, nada existiría tampoco ahora. Los seres no podrían darse a sí mismos la existencia, puesto que no existían. No podían recibirla de la nada, porque la nada es nada y no produce nada. Por consiguiente, era menester que existiera un ser primero, eterno, para dar la existencia a los otros.


Sólo he colocado pequeños extractos de Hillaire. Añado brevemente que me parecen pruebas parciales de que Dios existe, la gran cantidad de MILAGROS que existen dentro de la Fe. Muchas religiones proclaman milagros, pero la religión que más santuarios tiene, que más milagros proclama y comprueba, y que más santos venera, es la religión católica, siendo este uno de varios motivos por el que soy cristiano católico.

Lo curioso es que la Iglesia Católica es sumamente rigurosa en admitir un milagro como verdadero, y se requiere una comprobación científica estricta de un llamado milagro, antes de que la Iglesia lo acepte como tal, ¡Y pese a ello, los milagros en el catolicismo se dan por montones!

Podría argumentarse que los milagros SON FALSOS. Pero resulta difícil admitirlo, tomando en cuenta la seriedad y rigorismo con los que la Iglesia trata todos los llamados milagros. Aquí la ciencia presta su ayuda a la Fe, pues muchos milagros han sido científicamente comprobados. Precisamente así se convirtió el científico ateo Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina de 1912, quien fue testigo de un milagro en el santuario de Lourdes, Francia. Luego los científicos ateos tienen un potente contrapeso en sus colegas creyentes.


Otra línea de argumentos la proporciona la teología de Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás sigue la filosofía, y la parte de la Lógica llamada criteriología, misma que por su fin de buscar la verdad, se aproxima a la teología.

Las cinco pruebas tomistas se fundamentan en la contemplación u observación razonada de cuantos seres integran este mundo, orgánicos e inorgánicos, vegetales y animales, humanos y angélicos.

Se apoya la primera en el hecho del movimiento o pasividad de las criaturas; la segunda en su actividad o causalidad; la tercera en su esencia de carácter contingente, o igualmente dispuesta para ser o no ser; la cuarta en los grados de perfección; la quinta en el orden del Universo.

A continuación se exponen en resumen, las cinco vías tomistas sobre la existencia de Dios, según las comenta Eduardo Hugon en su libro Las 24 tesis tomistas:

Primera Vía: El hecho más innegable de cuantos presenciamos en el mundo es el movimiento. Todas las experiencias de todos los hombres lo confirman. Ahora bien; el primer principio, o motor de todo movimiento particular o general, necesariamente ha de ser un motor inmóvil o ser independiente y, de por sí, autor de todo lo demás, a quien llamamos Dios.

Ninguno de estos seres es de suyo principio adecuado o completo de su movimiento. Todo lo que se mueve es movido por otro. En esta serie de motores subordinados no es posible proceder hasta lo infinito; es preciso llegar a un primer motor inmóvil, principio esencial y primero de todo movimiento, a quien llamamos Dios.

Segunda Vía: El segundo argumento, basado en la innegable causalidad activa de las criaturas, se puede formular así: Todos los espacios del Universo conocido están llenos de causas eficientes, que no pudieron ser causas de sí mismas (nada puede ser causa antes de existir). Tales causas están de tal suerte encadenadas y subordinadas, que la una depende de la otra, o en su propio ser, como el hijo depende del padre, o en su operación, como el martillo depende de la mano.

Toda causa que empieza, o pasa del no ser al ser, es preciso que tenga por primera causa una causa que nunca pudo empezar, que eternamente es el mismo ser esencial. ¿Vamos a sacar la serie de causas del seno de la nada? Por fuerza hemos de llegar a una primera causa independiente, bastante para sí misma e infinitamente capaz de producir todas las causas: hay que llegar a la plenitud de la perfección que llamamos Dios.

Tercera Vía: La tercera prueba que del ser contingente deduce la existencia del ser necesario, también procede de nuestra cotidiana experiencia. Estamos rodeados de objetos contingentes, que pueden ser y no ser, que carecen en sí mismos de razón de ser, que empiezan en generación y acaban en la decadencia y la muerte. ¿Es posible que en los reinos del ser todo sea contingente? De ningún modo; lógicamente hay que llegar al ser necesario, que sea razón y principio de todos los otros, que se baste a sí mismo, que sea fuente de toda perfección y verdadero Dios.

Concretamente, dice Santo Tomás: "Todo lo contingente, igualmente dispuesto para ser y no ser, para existir o no, comienza, y antes de esto hubo un momento en que no existía." Si todo es contingente, hubo un momento en que nada de lo contingente existía. si nada fue en un momento dado, nada será hoy, ni por toda la eternidad. ¿Cómo vamos a explicar entonces la innegable realidad de los seres contingentes? Es, pues, absolutamente preciso llegar a un ser necesario, existentente por sí mismo y causa de todo lo demás.

Cuarta Vía: Este argumento parte de las graduadas perfecciones del ser observadas en las criaturas, para llegar al Ser esencialmente perfecto en todos los órdenes.

Hay aquí esparcidos tan innumerables grados de perfección, debemos llegar al que es soberano ser, soberana vida, soberana inteligencia. Lo que es soberanamente tal en un género, es la causa de todo lo demás del mismo género. Esta causa de todo ser, de toda vida, de toda inteligencia y perfección, necesariamente poseé en sí misma todas las perfecciones, la plenitud del ser; es el acto puro y verdadero Dios.

El sentido del axioma es: Todo aquello que en su más alto concepto excluye toda imperfección, el ser, el subsistir, el vivir, el entender, el amar, etc., si a la vez es soberano, o infinito, o en grado máximo tal perfección, es siempre causa de todo lo inferior que es, vive, entiende, ama, etc.

Quinta Vía: El orden supone al ordenador, el orden supremo al Ordenador soberano, o lo que es igual, una primera Inteligencia y esencial Sabiduría, distinta del mundo y superior a todo lo demás, a quien adoramos con el nombre de Dios.

Veamos en la naturaleza un orden particular, propio de cada ser que tiende a su propio fin, y un orden universal resultante del conjunto, equivalente a la armonía de todas las cosas enderezadas a un supremo fin común. Cada uno de estos órdenes evidencia la necesidad de un supremo ordenador, todopoderoso y perfectísimo.

Ved como las cinco pruebas tomistas nos conducen al primer Motor, al primer Agente, al primero y soberano Ser, al primero y supremo Ordenador y Gobernador, fuente de toda existencia, Bien de todo bien, cuya visión ha de ser un día nuestra suprema felicidad.


Contraargumentos ateos


También vale la pena comentarlos, porque abundan, aunque desde mi punto de vista creyente resultan menos sólidos que los argumentos teístas.

Por ejemplo, revisaré una frase de Stephen Roberts dialogando con un cristiano:

"Te digo que ambos somos ateos. Yo simplemente creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas por qué descartas a todos los otros posibles dioses, entenderás por qué yo descarto al tuyo."

La frase parece muy lógica, muy razonable. Sin embargo, va en contra de las matemáticas más elementales.

Por ejemplo, analicemos la ecuación 10=5x.
Matemáticamente, el único valor para x, que satisface la ecuación, es 2. Existe una serie infinita de números reales, que podrían insertarse (erróneamente), en la ecuación. Rechazar todos esos posibles valores para x, no nos hacen rechazar el único valor verdadero, que es 2.

Las cinco vías de Santo Tomás, también han sido analizadas por estudiosos ateos. Yo no publicaré aquí uno de esos análisis, pero daré una referencia, para que el lector pueda leer: Comentario a las "refutaciones" de las cinco vías de Santo Tomás de Aquino"

Por otro lado, he leído pocos contraargumentos ateos SERIOS. Los que expondré a continuación no son argumentos, propiamente dichos, sino cuestionamientos simplistas y plagados de peticiones de principio, léase lo siguiente: (tomado de http://perso.wanadoo.es/estudioateo/etica/friamente.htm

La existencia de Dios es totalmente absurda.

Lejos de pretender pensar profundamente sobre Dios, vamos a concentrarnos en nuestra intuición, en analizar los hechos fría y rápidamente. Lo primero que comprobamos es que ese ser (Dios) no le encontramos por ninguna parte. No sale en los periódicos, ni en la televisión, ni le conocemos personalmente, ni nadie ha oído hablar directamente de él. Jamás nos ha ayudado en ningún momento de nuestra vida, ni se nos ha aparecido para ayudarnos cuando teníamos algún problema... siempre hemos tenido que "sacarnos las castañas del fuego" nosotros mismos.

El mismo autor declara que no quiere pensar profundamente en Dios. Pues en asuntos de esta importancia, no es aceptable pretender ser superficial. Por eso mismo no considero argumento lo que esta persona dice.

Y además, el autor GENERALIZA, afirmando que "no conocemos a Dios, no le hemos visto, nunca nos ha ayudado". ¿De veras? ¿A qué personas en específico se refiere el autor, y de ser así, que dicen estas personas al respecto?

De la misma web, aunque no sé si del mismo autor, transcribo:

Algo que no se ha observado jamás, por principio no existe.
¡Esto sí que me sorprende! ¿Ha observado esta persona la mente humana?
¿Ha observado el amor de un combatiente por su patria?
¿Ha observado la tristeza, el dolor físico, la fuerza de voluntad?

No merece más comentarios...

Más adelante, encontramos expresiones poco académicas, como:

¿Qué es eso de "espíritu"? El Universo sólo está hecho de materia y energía. Si Dios no es materia ni energía, ¿qué coño es?
Cuestionamientos, no argumentos.

¿Y con qué palabras concluye esta persona su ensayo?, con las siguientes:
¿Dónde se encuentra, pues, nuestro Dios? Ha muerto bajo el puñal de la Ciencia.

Esto es una falacia, una falacia perfectamente desechable. Si la Ciencia tuviera semejante efecto CONTRA Dios, ¿Existirían científicos creyentes?

Y hablo de grandes personalidades en el ámbito científico, no hablo de cientificos de segunda mano. Ya cité arriba a algunos, pero repito algunos nombres: Albert Einstein, Alexis Carrel, Pascual Jordan, Louis Pasteur, Isaac Newton, Max Planck, etc.

Debería esta persona preguntar a estos grandes hombres, si ellos blandieron ese puñal que "mató a Dios".

Fuente: Lux Domini


Santoral Católico 30 de enero

  • Santa Martina, Virgen y Mártir
  • Santa Aldegunda, Virgen
  • Santa Batilde, Viuda
  • San Barsimeo, Obispo de Edesa
  • Santa Jacinta de Mariscotti, Virgen
  • San Lesmes, Abad y Confesor
  • Beato Sebastián Valfré, Sacerdote



SANTA MARTINA
Virgen y Mártir


Nadie puede servir a dos señores.
(Mateo 6, 24)



Santa Martina, virgen romana, quedó huérfana a una edad todavía tierna, y distribuyó entre los pobres los cuantiosos bienes que le habían dejado sus padres. Por rehusarse a sacrificar a los ídolos fue sometida a horribles torturas y, después, condenada a ser arrojada a las fieras. Respetada por éstas y habiendo, en seguida, pasado sana y salva por las llamas en las que fuera arrojada, fue, finalmente, decapitada. En el momento de su muerte, un terrible temblor sacudió la ciudad de Roma, y muchos idólatras se convirtieron a la fe cristiana.


MEDITACIÓN
ES PRECISO SER
TOTALMENTE DE DIOS

I. Acaba Martina de perder a sus padres, y ya se desembaraza de sus riquezas para darse a Dios sin reserva. El medio que debemos emplear para ser totalmente del Señor, es el desapego del mundo. Si tu posición no te permite dar tus bienes a los pobres como hizo Martina, desapega tu corazón, por lo me nos, de las riquezas y de las vanidades mundanas. No se puede servir a dos señores a la vez, no se puede ser al mismo tiempo de Dios y del mundo. Elige, de estos dos partidos, el que te es más ventajoso. ¿Necesítase pensar mucho cuando se trata de darse a Vos, oh Dios mío?

II. Piensa en las recompensas que acuerda el mundo a los que le sirven. Salomón fue colmado de todos los bienes de la tierra, y, sin embargo, declara que todo es vanidad. Pregúntate a ti mismo. ¿No es verdad, acaso, que estás ya disgustado de los bienes del mundo apenas tienes su posesión; que nunca ha estado contento tu espíritu, y que siempre algo le ha faltado a tu felicidad? Mundo falaz, ¿por qué nos prometes tantas cosas que no puedes dar? (San Agustín).

III. Si quieres realmente confesar la verdad, convendrás conmigo en que nunca has sido más dichoso ni has estado más contento que después de haber cumplido algún acto de virtud. Si tan liberalmente Jesucristo te recompensa en este mundo, ¿qué no te reservará para el otro? Si los placeres que el demonio te ofrece están mezclados con tanta amargura, ¡cuáles no serán los tormentos que te prepara! Entrégate a Dios, y verás que no hay placer comparable al que se gusta en el servicio de este bondadosísimo Señor. ¿Qué placer más grande que el disgusto del mismo placer?
 

El amor de Dios
Orad por la conversión de los idólatras.

ORACIÓN

Oh Dios, que, entre otros milagros de vuestro poder, habéis hecho obtener la victoria del martirio a una tierna niña, haced que celebrando el nacimiento al cielo de la bienaventurada Martina, virgen y mártir, nos aprovechemos de sus ejemplos para llegar hasta Vos. Por N. S. J. C. Amén.

viernes 29 de enero de 2010

Instituto del Buen Pastor: Ordenaciones diaconales en Saint Eloi

S.E. Monseñor Aillet, Obispo titular de Bayonne en Francia, dió las ordenes previas al sacerdocio a seminaristas del IBP





El sábado 23 de enero, en la histórica iglesia Saint-Eloi, sede del Instituto del Buan Pastor en Burdeos, S.E. Monseñor Marc Aillet, obispo titular de Bayonne, bajo la alta autoridad del Cardenal Ricard, arzobispo de Burdeos, dió las ordenes previas al sacerdocio a cuatro seminaristas, entre los cuales nuestro conocido y apreciado seminarista Rafael Escolaro quien recibió la orden del sub-diaconado.

Durante su estadía en Santiago, en la residencia del Superior de Distrito de América Latina, el “abbé” Escolaro, completó la formación filosófica y teológica que habia recibido en su seminario brasileño, se inició en el estado clerical por medio de la tonsura, recibiendo también las cuatro ordenes menores: portero, lector, exorcista y acolito. Ahora continúa su preparación para las ordenes del diaconado y del sacerdocio en nuestro seminario de Courtalain en Francia.

En la ceremonia realizada por Monseñor Aillet, el Padre Rafael Navas Ortiz actuó como archi-diacono, llamando nominalmente a los ordinantes y presantandoselos al Obispo.


Algunas imagenes de la feliz ocasión:


























Primera fila de izquierda a derecha: Abbé Rafael Escolaro, al centro izquierda Abbé Roch Perrel Rector del Seminario San Vicente de Paul - Courtalain -, al centro S.E. Mons Marc Aillet obispo de Bayonne, al centro derecha el Abbé Rafael Navas Superior del Distrito Latino América.


Santoral Católico 29 de enero

  • San Francisco de Sales, Obispo, Confesor y Doctor
  • San Sabiniano, Mártir
  • San Sulpicio Severo, Obispo de Bourges


SAN FRANCISCO DE SALES
Obispo, Confesor y Doctor 



Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallaréis el reposo para vuestras almas.
(Mat. 11,29)


Este santo ha sido la gloria de su siglo, el modelo de los hombres apostólicos y de los obispos, el doctor universal de la piedad y del amor de Dios. Su cuerpo en Annecy y su corazón en Lyon han obrado infinidad de milagros devolviendo la salud a los cuerpos; pero su espíritu, siempre vivo en sus libros, obra maravillas mucho más sorprendentes convirtiendo a los pecadores. Tan llena está su vida de nobles acciones, que es difícil resumirla; tan conocida de todos, por otra parte, que no es necesario referirla. Murió en Lyón en 1622.


 
I. El corazón de San Francisco de Sales ardía con el fuego del amor divino. Este amor le hizo emprender todo lo que juzgó apto para contribuir a la gloria de Dios y a la salvación del prójimo. Sus predicaciones, sus pláticas, sus libros, son pruebas de esta verdad. ¡Ah! si amases a Dios como él, te burlarías de las riquezas, de los placeres, de los honores, y no dejarías perder las ocasiones de incitar a los demás a amar al Señor. ¡Oh Dios que sois tan amable! ¿por qué sois tan poco amado? ¡Oh fuego que siempre ardéis, fuego que nunca os extinguís, abrasad mi corazón!

II. El corazón del Santo sólo tenía dulzura y ternura para el prójimo; después de su muerte no se le encontró hiel en el cuerpo. Consolaba a los enfermos, daba limosna a los pobres, instruía a los ignorantes, y con su afabilidad trataba de que se le allegasen los pecadores, a fin de conducirlos enseguida al redil de Jesucristo.

III. Ese corazón, en fin, que era todo amor para Dios y toda dulzura para el prójimo, trataba a su cuerpo como a enemigo; para domar sus pasiones no retrocedía ante mortificación alguna, ante sacrificio alguno. Examina la causa de tus penas, Y verás que provienen de las pasiones que no supiste domeñar. Aquél que ha vencido a sus pasiones adquirió una paz duradera.


La dulzura
Rogad por la orden de la Visitación.


ORACIÓN
Dios, que habéis querido que el bienaventurado Francisco de Sales, vuestro confesor Y pontífice, fue se todo para todos para salvar a las almas, difundid en nosotros la dulzura de vuestra caridad, y haced que, dirigidos por sus consejos y asistidos por sus méritos, lleguemos al gozo eterno. Por N. S. J. C. Amén

jueves 28 de enero de 2010

Homilía: Cómo rezar









J


John Henry Cardenal Newman


Señor, enséñanos a orar,
como Juan lo enseñó a sus discípulos”.
Lc. XI:1




Estas palabras expresan los sentimientos naturales de un alma despierta que percibe la gran necesidad que tiene de que Dios lo ayude, y sin embargo encuentra que no sabe cuáles son sus necesidades en particular, o cómo serán cubiertas. Los discípulos de Juan el Bautista y los discípulos de Cristo, les pidieron a sus respectivos maestros instrucciones sobre cómo rezar. Había sido en vano que a unos se les había predicado la necesidad de arrepentimiento, y la fe a los otros; en vano que se les desplegaran ante sus ojos las mercedes de Dios y sus juicios, y se les indicara cuáles eran sus obligaciones; parecía que contaban con cuánto necesitaban para redactar sus propias oraciones, y sin embargo no podían; sus corazones rebalsaban, pero permanecían mudos; la única petición que se les ocurría era la de que se les enseñara a rezar; sabían la Verdad, pero no podían hacer uso de ella. Tan diferentes cosas son, por una parte, el estar instruido en las cosas de la religión, y por otra, haber dominado su práctica de tal manera que se convierta en una cosa totalmente connatural.

Su necesidad, la de los discípulos, ha sido la necesidad de los cristianos desde siempre. Todos nosotros, durante la infancia, y la mayoría de los hombres luego, requieren de direcciones para saber cómo rezar; y de allí el uso de las fórmulas de oración, que siempre se obtuvieron en la Iglesia. Juan les enseñó a sus discípulos; Cristo les dio a los Apóstoles la oración que resulta distinguida con el nombre de la oración del Señor; y después que hubiese ascendido a lo alto, el Espíritu Santo nos ha dispensado excelentes fórmulas de devoción por boca de aquellos benditos santos que de tiempo en tiempo ha suscitado para el bien de la Iglesia. En las palabras de San Pablo: “No sabemos rezar como conviene” (Rom. VIII:26) pero “el Espíritu ayuda a nuestra flaqueza”; y eso no sólo guiando nuestros pensamientos, sino también dirigiendo nuestras palabras.

Este es, digo yo, el origen de los formularios de la oración, de los cuales pretendo hablar hoy; y eso en mérito a dos verdades innegables, primero, que todos los hombres tienen las mismas necesidades espirituales, y en segundo lugar, que no saben cómo expresarlas.

Ahora, resulta que en estos últimos tiempos se les ha dado a unos autoerigidos sabihondos por cuestionar el recurso a los formularios de oración, y han creído mejor rezar con sus propios pensamientos, al azar, usando palabras que les vienen a la cabeza mientras están rezando. Puede que no esté del todo mal, entonces, si contamos con alguna razón que otra para justificar el uso de estos formularios que hemos adoptado porque nos fueron legados. No que ésta no fuera razón más que suficiente para usarlos—que los hemos recibido y que, en palabras de San Pablo: “si alguno quiere disputar, sepa que nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco las Iglesias de Dios” (I Cor. XI:16), y que en todo tiempo los mejores cristianos siempre los usaron; pues se trata de una razón sobreabundantemente elocuente; y por otra parte tampoco presumiría de encontrar otras razones a la altura de ésta que persuadiera a quiénes averiguan sobre este particular—probablemente no podría, pues es de saber que si alguien llega a negar deliberadamente la necesidad que tenemos de estos formularios, significa que ha recorrido un largo camino de extravagancias y probablemente encontrará nuestras razones tan difíciles de aceptar como la práctica misma que estamos defendiendo. De tal manera que sólo nos queda decir a su respecto, al modo de San Pablo, “si un hombre cualquiera es un ignorante, dejadlo en la ignorancia”—la cosa no tiene remedio (I Cor. XIV:38).  Pero a lo mejor puede resultarles útil que les muestre a ustedes cuán razonable es esta práctica para que se valgan de ella; pues cuando sabemos por qué hacemos alguna cosa, lo más probable es que, coeteris paribus, lo haremos más fácilmente que cuando obedecemos a ciegas.

Ahora bien, supongo que nadie tiene reparo alguno respecto del recurso a formularios de oración en el culto público; pues el sentido común nos dirá que cuando muchos rezan juntos como un solo hombre, si sus pensamientos han de ir juntos, tienen que ponerse de acuerdo de antemano sobre cuál será el tema de sus oraciones y todavía más que eso—tienen que acordar cuáles serán las palabras de sus oraciones, si por ventura sus devociones han de ser ciertas, compuestas, fáciles, regulares y en comunión. En el caso pues del culto público la necesidad de formularios resulta evidente; pero a primera vista no parece tan obvio cuando se trata de oraciones privadas en las que también necesitamos recurrir a formularios escritos, en lugar de rezar espontáneamente o “extempore” (como se dice). De modo que procedo a mostrar el uso que tienen.


1.- Tengamos presente el precepto del sabio: “No abras inconsideradamente tu boca, ni sea ligero tu corazón en proferir palabras delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú en la tierra; por eso sean pocas tus palabras” (Eclesiastés V:2). Las oraciones improvisadas corren el peligro de volverse irreverentes. Antes de ponernos a rezar, consideremos durante unos pocos instantes ante Quién estamos compareciendo—ante Dios. ¡Cuán gran necesidad tenemos de pensamientos humildes, sobrios y discretos! Como corresponde a las creaturas que somos, sostenidos minuto a minuto por su bondad, como corresponde a pecadores perdidos que somos, que ni siquiera tenemos derecho incluso a hablar, sino que debemos anonadarnos silenciosamente ante la presencia de Aquel que es santo—y más todavía, como siervos agradecidos a Quién nos rescató de la ruina al precio de su propia sangre; sentados dócilmente a Sus pies como María para aprender a hacer Su voluntad, y como la penitente que en la fiesta de Simón el leproso lo adora en silencio, rindiéndole tributo sin llamar la atención, lavándole los pies (como si dijéramos) con sus lágrimas, y ungiéndolo con aquel precioso ungüento, como que había pecado mucho y necesitaba de un gran perdón. Por tanto, para evitar la irreverencia de muchas palabras inapropiadas y la aparición de torpes pensamientos semi-religiosos, resulta necesario rezar con un libro o de memoria, y no improvisar al azar.

Podría objetarse que esta razón para recurrir a los formularios prueba demasiado; parecería que estoy argumentando que nunca estaría bien rezar sin ellos, lo que sería un caso de rigorismo que coartaría la libertad del cristiano. Pero contesto diciendo que la reverencia en nuestras oraciones se verá suficientemente garantizada si en las oportunidades fijadas recurrimos a las fórmulas. Pues de ese modo, el tono y el carácter de aquellas fórmulas impregnarán nuestras devociones de toda la jornada; y es más: las peticiones y súplicas contenidas en aquellas mismas fórmulas reaparecerán en nuestro espíritu. Y nuestras almas se verán mucho más influenciadas por su poder en el momento mismo en que las recitamos; de tal manera que hallaremos que formarán parte de aquellas nuestras súplicas adicionales de naturaleza privada que no admiten ser puestas por escrito con naturalidad y entera sobriedad.

2.- En siguiente lugar, las fórmulas de oración resultan necesarias para protegernos contra la irreverencia de los pensamientos erráticos. Si rezamos prescindiendo de un formulario de palabras (leído o de memoria, lo mismo da) nuestras mentes se alejarán del tema; se nos cruzarán otras ideas y nos pondremos a pensar sobre otras cosas; perderemos de vista a Aquel a quién queríamos dirigirnos. Este errático vagabundeo de la mente en buena medida se evita, Dios mediante, con el recurso a los formularios de oración. Por tanto, una de las razones principales de su conveniencia está en que fijan la atención.

3.- Además, son útiles para impedir la irreverencia de pensamiento entusiastas.   Y aquí hay caso para hablar mucho; pues ocurre que los formularios de oración resultan censurados justamente por razón de su misma excelencia. Se los acusa de entorpecer la corriente de piedad, el flujo de las devociones, cuando en realidad, aquello corriente es en sí misma falluta y debe ser puesta en su lugar. Y aquellos (como es dable esperar) que más empeño ponen en oponerse a las fórmulas, son precisamente quiénes más las necesitan, como que andan más faltos de tiento que los demás. A veces formulan sus objeciones del siguiente modo, y a lo mejor vale la pena considerarlo. Dicen que “si un hombre es devoto, bien pronto encontrará palabras; no necesita fórmulas fijas. Y si carece de devoción, de nada le servirán.” Ahora bien, que los piadosos encontrarán palabras para expresarse con toda facilidad, es cierto o no, según cómo se entienda qué cosa es la devoción. Es verdad que en ciertas circunstancias de subida emoción, pena o júbilo, remordimiento o temor, nuestros sentimientos religiosos tienden a superar y dejar atrás las palabras de las fórmulas, no importa cuáles sean éstas. En casos como estos, no sólo no hay necesidad alguna de formularios de oración, sino que a lo mejor resultaría imposible redactar fórmulas apropiadas para cristianos agitados con semejantes sentimientos. Pues cada uno siente a su propia manera—tal vez no haya dos hombres que sientan del mismo modo—y no podríamos poner por escrito cómo los hombres debiesen rezar en tales circunstancias, del mismo modo que tampoco podríamos sentar reglas indicando cómo deberían llorar o estar contentos. Cuantos mejores sean, rezarán de mejor manera en tales tiempos de prueba; pero no se los puede mejorar; hay que dejarlos solos. Y aunque han existido buenas personas que se pusieron a redactar oraciones para gente especialmente atribulada, indudablemente se lo ha hecho a modo de bocetos o auxiliares o admoniciones con el propósito de tranquilizar un ánimo perturbado, más que como oración propiamente dicha y de los que no se pretende que sean usados literalmente como fórmulas para rezar. Como regla general los formularios de oración no deberían redactarse con lenguaje fuerte y apasionado, sino que debería hacerse recurriendo a fórmulas pacíficas, compuestas y cortas. En este sentido, la oración de Nuestro Señor es nuestro modelo. ¡Cuán pocas son sus peticiones! ¡Cuán sobriamente expresadas! ¡Con qué reverencia! Y al mismo tiempo, ¡cuán profundas son y cuánto no abarcan! De manera que estoy muy dispuesto a conceder que existen circunstancias en las que el corazón supera cualquier palabra escrita; como el carcelero aquel que gritaba “¿Qué haré para salvarme?”. Por el contrario, aquí me inclino a sostener que las fórmulas de oración no deberían intentar imitar los impetuosos gemidos que a veces surgen de los corazones de gente religiosa a la que le toca vivir en un mundo de tumultuosos cambios, no sea que con eso los estuviésemos alentando.

Y con todo, ni por asomo hemos resuelto este asunto. Aun cuando hay tiempos en que los gemidos de un corazón agradecido o herido irrumpen desbordando cualquier fórmula establecida, sin embargo eso no es lo usual: estar muy afectado, excitado o entusiasmado no constituye el marco habitual del alma, normalmente eso pasa de vez en cuando. Más todavía: no debería ser el estado habitual del alma; y si alentamos dentro nuestro estos afectos, este incesante torbellino y alternancia de sentimientos, y creemos que esto, y sólo esto, constituye verdadera devoción, de hecho estamos haciéndonos daño y (en un cierto sentido) incluso estoy dispuesto a decir que con eso contristamos al pacífico Espíritu de Dios que querría efectuar su obra divina en nuestros corazones tranquila y silenciosamente. Aquí también, pues, encontramos una utilidad especial para rezar con fórmulas—cuando estamos perturbados, para calmar las emociones, para pacificarnos, para recordarnos qué somos y dónde estamos, para conducirnos hacia un temperamento más sereno y más puro, y hacia aquel profundo y pacífico amor de Dios y de los hombres que constituye el cumplimiento de la ley y la perfección de la naturaleza humana.

Por otra parte, y respecto de la utilidad de las fórmulas, si no estamos ansiosos, si nos encontramos con el ánimo algo tibio—también vale lo dicho previamente, siempre que lo entendamos bien. Pues hay grados de solicitud. Recordemos que el poder de la oración, siendo como es un hábito, ha de ser adquirido, como cualquier otro hábito, con la práctica. Para a la larga llegar a rezar bien, tenemos que empezar rezando mal, y eso no tiene remedio. ¿No está clarísimo? ¿A quién, en el caso de cualquier otro trabajo, le sería dable esperar hacerlo perfectamente antes de empezar siquiera? La idea es absurda. Y sin embargo, aquellos que objetan el uso de formularios y a quiénes acabamos de mencionar, caen en este extraño desvarío. En verdad, si nos fuera dado rezar y alabar a Dios como los ángeles, a lo mejor podríamos prescindir de estas fórmulas; pero los formularios están ahí para que aquellos que rezan pobremente aprendan a rezar mejor. Constituyen auxilios para sostener nuestra devoción y nos enseñan qué pedir y cómo pedirlo, como San Juan y Nuestro Señor les enseñaron a sus discípulos; e indudablemente incluso los mejores de entre nosotros reza deficientemente y necesita de su ayuda. Con todo, éstos a los que me he referido piensan que la oración no es más que la irrupción de ardientes sentimientos, no la acción procedente de un hábito, sino una emoción, y, por tanto, por supuesto que para los tales la noción misma de aprender a rezar les parece absurda. Pero semejante indulgencia con las emociones en verdad está fundada sobre un error, como ya he dicho.

4.- Más todavía. Los formularios son útiles para ayudar la memoria, para tener presentes de una, entera y jerárquicamente, cuáles son las cosas por las que tenemos que rezar. No se sigue que sea más fácil rezar cuando el corazón está lleno de pensamientos de Dios y el alma se halla conciente de la realidad de lo invisible. Por el contrario, cuanto más profunda sea la percepción que tengamos de la Majestad de Dios y de nuestras innumerables necesidades, más difícil nos resultará poner en palabras nuestros pensamientos. El publicano sólo podía decir “Dios mío, ten piedad de mí que soy un pobre pecador”; esto alcanzaba para su aceptación; pero la rendición de un tributo tan exiguo estaba lejos del ejercicio del don de la oración, el privilegio y la prerrogativa de un hijo de Dios redimido y exaltado. Quién ha sido iluminado por Cristo con su gracia es heredero de todas las cosas. Tiene un particular interés en la muchedumbre de los asuntos humanos. Tiene una ilimitada esfera de deberes para cumplir dentro suyo y fuera. Le esperan cosas gloriosas. Más adelante los santos juzgarán al mundo y por tanto, ¿acaso no se ocuparán aquí abajo de conocer en qué anda? ¿Acaso no son en cierto sentido consejeros y servidores en la confianza de su Señor, intercesores ante el trono de la gracia, agentes secretos mediante los cuales y para quiénes Él dispensa su elevada Providencia a la vez que conduce a las naciones a su perdición? Y lo que los concierne, ¿el perdón y la resignación (bendiciones extremas como lo son) constituyen acaso el límite de sus deseos? Fuera así y se contentarían con la oración del publicano. ¿Pero por ventura no se los ha llamado a la perfección, a usar del espíritu que los habita para dilatar y purificar sus corazones y agrandar la naturaleza del hombre hasta que llegue a la plenitud de sus potencias según la imagen del Hijo de Dios? Y para la contemplación de todo esto a una, ¿quién podrá? ¿Qué alma hay que no se sienta abrumado por el espectáculo de su inmenso privilegio de tal modo que no se lanzará a buscar las palabras de oración e intercesión que fueron cuidadosamente compuestas de acuerdo al número y el tipo de las diferentes y numerosas peticiones que ha de hacer? De manera que el que reza sin plan alguno, de hecho está perdiendo buena parte de los privilegios que recibió en el bautismo.

5.- Y más aun, el recurso a los formularios como ayuda-memoria resulta más evidentemente necesario cuando tomamos en cuenta la cantidad de compromisos con que el mundo nos abruma. La solicitud y los negocios de la vida nos oprimen con una fuerza que no podemos obviar. ¿Confiaremos los asuntos del otro mundo a las veleidosas ocurrencias de nuestras propias almas que en un momento aparecen para desaparecer luego, y que bien pueden no estar disponibles cuando llega el momento de recurrir a ellas—como si fueran visiones irreales, sin sustancia y sin permanencia? Este mundo constituye la eficaz Fórmula, el eficiente Formulario de Satán, es el instrumento del que se vale para atraernos con sus diversas trampas; e indudablemente nos engañará con eso a menos que nosotros nos opongamos, que nosotros también le opongamos los formularios llenos de cometidos espirituales que dirigen nuestra oración y labor. ¿Cuán poco es el tiempo que la mayoría de los hombres pueden dedicar a la oración? Antes de que lleguen a concentrarse y ponerse en la presencia de Dios, y ya se les termina el tiempo asignado, aun si tienen el poder de dar de mano con los pensamientos de este mundo que los tenía ocupados justo antes de empezar a rezar. Pues bien, las fórmulas de oración hacen esto por ellos. Mantienen ocupado el terreno de modo que Satán no pueda invadir los tiempos de la oración. Constituyen un memorial permanente al que podemos recurrir como un templo de Dios, encontrando allí todas las cosas ordenadas para la alabanza ni bien nos precipitamos sobre esos formularios, por poco que sea el tiempo que tengamos asignado para las oraciones de la mañana y de la noche.

6.- Y la utilidad de estos formularios de oración se convierten en una cosa grandiosa, más allá de lo que podemos estimar, para una gran multitud de hombres que, después de andar bien por un tiempo, recaen en pecado. Si incluso los cristianos concienzudos necesitan que se les recuerde constantemente la existencia del otro mundo, ¡cuán necesario no será para aquellos que tratan de olvidarlo! Por grande que sea el temor que nos inspira esto, no podrá negarse que por mucho la gran mayoría de los hombres que llegan a la edad adulta, por un tiempo (por lo menos) desertan del Dios que los redimió; y entonces si en sus años mozos no aprendieron las fórmulas o los salmos con que rendirle culto, ¿qué impedirá que borren enteramente de sus mentes el pensamiento mismo de la religión? Pero aquí resulta que los formularios de la Iglesia siempre han sido muy útiles para sus hijos, tanto para restringir su carrera de pecado como para proveerles de palabras prontas ni bien se arrepienten. Palabras y frases oídas al voleo en alguna de sus ceremonias se adhieren a sus memorias, surgiendo en los momentos de la tentación o de la tribulación, para restringirlos o llamarlos al orden y recuperarlos. Y así pasa que en las compañías menos religiosas se dice que a los ojos del observador imparcial aparece una distinción entre quienes cuando jóvenes han contado con la oportunidad de rezar con las fórmulas del culto público y aquellos otros que no han contado con esa feliz oportunidad de ver reforzadas de esta manera sus impresiones religiosas: de tal manera que en medio de sus más inconsiderados gozos y más atrevidas vidas licenciosas, una especie de secreta reverencia ha acompañado a los extraviados impidiendo que caigan en aquella impiedad y profanaciones que perpetran aquellos otros que han tratado de esconder de sus propios ojos la culpa y el peligro de sus andanzas.

Y nuevamente, cuando se arrepienten (si fueran a resultar favorecidos con gracia tan alta), qué amigos no parecen sino hallar en medio de su pesar en estas palabras que aprendieron cuando niños—una voz consoladora, ayudándolos a decir lo que de otro modo no sabrían decir, guiando y componiendo sus almas hacia la fe que deberían buscar pero que no hallan en sí mismos, y por tanto, (por así decir), intercediendo por ellos con el poder del Espíritu Santo, mientras sus naturalezas no pueden sino gemir con las penas de sus trabajos. A los pecadores como ellos, responsables de deliberadas tropelías y con las perspectivas del castigo, iluminados por unos pocos y débiles rayos de esperanza, ¿qué los protegerá de una febril inquietud y todas las extravagancias del temor? ¿Qué los calmará induciéndolos a una firme y resignada espera de su Juez? Y los pálidos esfuerzos por obedecerle, por pocos que sean, como sucede con los penitentes… No cuentan sino con estas palabras, enterradas en sus mentes que ahora resucitan nuevamente como si encontraran otra vez la vida de su niñez incorrupta. No hace falta demasiada experiencia al pie de las camas de los agonizantes para verificar la verdad de lo que digo. Bendito, en verdad, bendito es el poder de estos formularios que de esta manera logran arrojar al pecador por un rato fuera de sí mismo trayéndole a la memoria escenas de su juventud, los buenos amigos que lo abandonaron hace tanto tiempo, sus ejemplos y sus enseñanzas, sus piadosos servicios, y su pacífico fin. Y si bien todo esto ocurre en medio de grandes perturbaciones y dura poco tiempo, con todo, si se empeña en estos formularios, bien puede que el ejercicio se convierta en contemplación habitual de hechos y personas que ahora viven en Dios, aunque removidos de este mundo—si actúa consonantemente con esta contemplación, verá que los recitados se convertirán en un motivo continuo para esperar el otro mundo, serán un permanente persuasivo que lo rescatarán de las tinieblas levantándolo a la humilde esperanza de que en el futuro será aceptado por su Salvador y Juez.

7.- Tal es la fuerza de estos formularios cuyas asociaciones deshacen la maldad de años pasados, recordándonos la inocencia de la infancia. Ni tampoco terminan acá los beneficios a los que podemos acceder con estas oraciones, como que no sólo los pecadores arrepentidos pueden aprovecharse de ellas. Recordemos durante cuántos siglos estos formularios han sido la referencia de todas las oraciones de la Iglesia de Cristo, el estándar de su piedad, y adquiriremos nuevas razones para apreciarlas además de nuevos consuelos al recurrir a ellos. En esta materia, sé que diferentes personas sentirán diferentemente de conformidad con sus distintas formas de pensar; y sin embargo seguramente hay algunos pocos de entre nosotros que, si lo pensáramos un poco, sentiría que constituye un privilegio recurrir a estas fórmulas, como lo hacemos (por ejemplo con la oración del Señor) cuando repetimos las mismísimas peticiones que hiciera Cristo. Lo hicieron los Apóstoles; todos los santos en todos los tiempos, también. Cuando repetimos estas oraciones nos da la sensación de que nos juntamos con esa compañía. ¿A quién no le ocurre que le parece que se acerca a un hombre célebre de la historia, con sólo ver su casa, o sus muebles, o su letra, o los libros que leía? Así, en todas las épocas, la oración del Señor nos acerca a Cristo y a sus discípulos. No resulta admirable entonces que en el pasado las buenas gentes tenían a este formulario por cosa tan sagrada, de modo que les parecía imposible repetirla demasiadas veces, como si su sola repetición les granjeaba una gracia especial. Y por cierto, tampoco nosotros podemos repetirla demasiadas veces; en sí misma contiene una especie de garantía de que Cristo nos está oyendo; nunca la diremos bastantes veces, de tal modo que nuestros pensamientos se fijen en nuestras almas y que usamos nuestras mentes además de nuestros labios, cada vez que la decimos. Y esto que es verdad respecto de la oración de Nuestro Señor, es, en su medida, también cierto respecto de aquellas oraciones que la Iglesia nos enseña a rezar. También es verdad respecto de los salmos y de los credos; formularios todos que se han convertido en cosa sagrada por virtud del recuerdo que despiertan de todos aquellos santos que las rezaron y con quiénes esperamos un día encontrarnos en el cielo.

Dejo una cautela al concluir mis ideas sobre el particular. Estén advertidos, no sea que vuestra religión se convierta en una religión de mero sentimiento, y no de práctica. Hay quiénes hablan de una manera harto imaginativa de los santos antiguos y de la Iglesia Apostólica primitiva sin que el fervor o refinamiento de sus devociones se refleje en su conducta. A más de uno le gusta ser religioso con elegante lenguaje; le gustan las historias religiosas y los himnos y sin embargo no por eso es mejor cristiano. Las obras de cada día—esas son la prueba de nuestras gloriosas contemplaciones; y quien cumple con una sola de las obra de la obediencia por amor a Cristo —tenga o no visiones o fantásticas sensaciones—ése es el cristiano mejor que regresa a su casa justificado, antes que el más elocuente de los predicadores y el más atento de los oyentes de la gloria del Evangelio cuya conducta no está a la altura de las cosas que saben.

Fuente: Et  voilà!

Santoral Católico 28 de enero

  • San Pedro Nolasco, Confesor
  • San Julián, Obispo de Cuenca
  • San Pedro Tomás, Patriarca de Constantinopla
  • San Paulino, Patriarca de Aquileya
  • Santos Leucio, Tirsio y Calinico, Mártires
  • San Juan de Reomé, Abad
  • San Amadeo, Obispo de Lausana
  • Beato Antonio de Amándola, Monje
  • Beata María de Pisa, Viuda
  • Beato Julián Maunoir, Jesuita
  • Bienaventurado Carlomagno, Emperador


SAN PEDRO NOLASCO
Confesor



Nadie tiene amor mayor que el que da su vida
por sus amigos.
(Juan, 15, 13)



San Pedro Nolasco fue toda su vida un modelo de caridad. Consagró su fortuna entera al rescate de los cristianos que caían en manos de los infieles. La Santísima Virgen se le apareció, y le ordenó fundara una orden cuya principal finalidad sería la de ejercer la caridad para con los pobres cautivos. Emprendió el santo la obra, y a la nueva orden llamó la de la Merced. Murió el día de Navidad del año 1256.


MEDITACIÓN
SOBRE SOBRE LA VIDA
DE SAN PEDRO NOLASCO


I. El primer efecto de la caridad de nuestro santo fue consagrar todos los bienes al alivio de los desventurados; por ahí debes comenzar a imitarlo. ¿Qué has hecho hasta ahora para aliviar a tu prójimo en sus necesidades? ¿Qué puedes hacer? Por lo me nos ruega a Dios por él, si no puedes hacer más. Sufre con paciencia las imperfecciones de los demás.

II. El segundo efecto de su caridad fue obligar se, con voto, a sacrificar su libertad, si era necesario, para el rescate de los cautivos. ¿Cómo comprometerías tu libertad por el prójimo, tú, que le rehúsas una moneda? Sin embargo, por ti ha pagado Jesús, y quiere que le pagues lo que le debes, en la persona del prójimo. Visita a los encarcelados, consuela a los afligidos, y cuídate de no afligir a nadie con tus palabras o tu mal humor. Esa persona a quien menosprecias, es más cara a Jesús que el mundo entero.

III. El propósito principal de este ilustre fundador fue arrancar de la perdición eterna las almas de los cristianos a quienes el tedio de una prolongada cautividad invita a renegar de la fe; así quería, al mismo tiempo, salvar el cuerpo y el alma de esos des venturados. La mejor caridad que puedes hacer a tu prójimo es contribuir a la salvación de su alma; no pierdas ocasión alguna de hacerlo, todas son preciosas.


La caridad para con el prójimo
Orad por los pobres cautivos.

ORACIÓN

Oh Dios, que enseñasteis a San Pedro Nolasco a imitar vuestra caridad, inspirándole fundara en vuestra Iglesia una nueva familia para el rescate de los cautivos, concedednos por su intercesión que, libres de la servidumbre del pecado, gocemos en el cielo de libertad perpetua. Por N. S. J. C. Amén.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...