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sábado 31 de octubre de 2009

Santoral Católico 31 de octubre

  • San Quintín, Mártir
  • Santa Margarita de Hungría, Virgen
  • San Wolfgango o Volfgango, Obispo de Ratisbona
  • San Foilán, Abad
  • Beato Tomás de Florencia, Fraile



SAN QUINTÍN
Mártir

Vosotros afectáis ser justos ante los hombres,
pero Dios conoce vuestros corazones;
porque la que es grande ante el mundo
es abominación ante Dios.
(Lucas, 16, 15).

San Quintín, hijo del senador Zenón de Roma, fue aprehendido por el prefecto Rictio Varo mientras predicaba el Evangelio en Picardía. Después de haber sido azotado, fue cargado de cadenas y echado en una prisión; mas, un ángel lo sanó de sus heridas, lo libró de sus cadenas y le abrió las puertas de la cárcel. Predicó en medio de la calle y convirtió a seiscientas personas. El tirano lo hizo atormentar de diversas maneras y, viéndolo invencible lo hizo decapitar, en el año 287, después de cuatro años de maravilloso apostolado.

MEDITACIÓN
SOBRE LA HIPOCRESÍA

I. La mayor parte de los hombres se esfuerzan más por parecer cristianos y virtuosos que por serlo en realidad. Se salvan las apariencias, se quiere contentar a los hombres, pero uno no se toma mucho trabajo por contentar a Dios y la propia conciencia. Se ordena el exterior y el alma está en desorden. ¡Desventurados! Dios nos ve tales cuales somos y no tales cuales queremos aparecer. Dios es quien nos juzgará y no los hombres; no podemos engañarlo, nos engafiamos a nosotros mismos.
II. ¿Qué pretendes con esa devoción de apariencia? ¿De qué te servirá la estima de los hombres, si Dios te desprecia? Gratuitamente te condenas, tienes toda la pena que los santos encontraron en el servicio de Dios, no tienes sus consuelos en esta vida y no tendrás su recompensa en la otra. ¿Qué haréis, vosotros hipócritas, el día del juicio, cuando Dios dé a conocer vuestros crímenes a todos los hombres y a todos los ángeles?
III. A nadie juzgues por las apariencias, el rostro engaña a menudo. Tal parece orgulloso y es muy humilde. A Dios sólo pertenece el penetrar los secretos del corazón humano; interpreta las acciones de los demás como desearías que se interpretaran las tuyas. Examina tus propios defectos y mira si no eres del número de aquellos de que habla San Cipriano, que condenan en lo exterior aquello que hacen en lo interior, acusadores en público y pecadores en secreto.

La huida de la hipocresía
Orad por la conversión de los hipócritas.

ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado Quintín, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

viernes 30 de octubre de 2009

Las Herejías del Camino Neocatecumenal

Un audio que, siguiendo una extensa investigación del Padre Enrico Zoffoli, nos alerta acerca de las herejías del "camino", hoy ensalzado por los modernistas. Conozca lo que se esconde detrás de este grupo y Kiko Arguello.





PARTE I












PARTE II












Escucha este y otros trabajos en Radio Cristiandad

Santoral Católico 30 de octubre

  • San Marcelo, Mártir
  • San Alonso Rodríguez, Presbítero
  • Santos Victorico, Claudio y Lupercio, Mártires
  • San Serapión, Obispo de Antioquía
  • San Asterio, Obispo de Amasea
  • Beata Bienvenida Boiani, Virgen*
  • Beata Dorotea Swarz, Viuda*
  • San Germán, Obispo de Capua
  • Beato Juan Slade, Mártir
  • Beato Ángel de Acri, Predicador


SAN MARCELO
Mártir
Es preciso pasar por medio de muchas tribulaciones
para entrar en el reino de Dios.
(Hechos, 14,21).

San Marcelo, centurión del ejército romano, como sus compañeros celebraban mediante sacrificios paganos el aniversario del emperador, exclamó arrojando sus insignias militares: "Yo sirvo a Jesucristo, el Rey eterno. Si es necesario, para ser soldado, sacrificar a los dioses y a los emperadores, me niego a servir". Fue condenado a muerte y decapitado, el 30 de octubre del año 298, en Tánger.

MEDITACIÓN
ES PRECISO TRABAJAR
PARA GANAR EL CIELO

I. No nos lisonjeemos de ganar el cielo sin que ello nos cueste mucho trabajo. El reino de los cielos sufre violencia, únicamente los animosos pueden conquistarlo. Esta vida no es lugar de descanso, es campo de batalla. Jesucristo nos ha señalado el camino del cielo con las huellas de su sangre; los santos lo han regado con sus sudores, sus lágrimas y su propia sangre. ¡Qué cobardes que somos! ¿Quisiéramos tener sin trabajo lo que tanto ha costado a nuestros antepasados en la fe?
II. Todo lo que hacemos, todo lo que sufrimos es poco, si lo comparamos con lo que Dios pide, Con lo que vale el cielo y con lo que Jesucristo ha hecho para abrirnos su puerta. Sufro yo un momento para librarme de una eternidad de dolores, para gozar una gloria infinita y eterna. Vuestros sufrimientos duran sólo un momento, la gloria que esperáis es eterna. (San Pedro Damián).
III. El mundo exige de sus partidarios servicios mucho más penosos de los que pide Jesucristo a sus servidores. Mira lo que hace un soldado para alcanzar gloria, un comerciante para enriquecerse, un cortesano para agradar a su príncipe. ¿Qué no haces tú mismo para contentar tu vanidad o tus placeres? ¿Cuándo, pues, trabajarás tanto por Dios cuanto trabajaste para el mundo? ¿Cuándo harás por tu alma tanto cuanto hiciste por tu cuerpo?

El cuidado de la salvación
Orad por los que están en pecado mortal.

ORACIÓN
Haced, os lo rogamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión de vuestro mártir San Marcelo, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

jueves 29 de octubre de 2009

Lutero el Monje Maldito VIII



Octava entrega.
Una lúcida exposición acerca del perverso pensamiento protestante, sus errores y su historia. Las similitudes entre la mal llamada "Reforma" y el Concilio Vaticano II y sus frutos son, hoy en día, dramáticamente evidentes.

Marcelino


Parte undécima



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Descargue el ciclo en Radio Cristiandad

Santoral Católico 29 de octubre

  • San Narciso, Obispo y Confesor
  • Santa Ida, Viuda
  • Santa Hermelinda o Ermelinda, Virgen
  • San Teuderio, Abad
  • San Abraham de Rostov, Abad
  • Los Mártires de Douai
  • Beato Gabriel Taurin Dufresse



SAN NARCISO
Obispo y Confesor



Las perfecciones invisibles de Dios, aun su eterno
poder y su divinidad, se han hecho visibles después
de la creación del mundo, por el conocimiento que de
ellas nos dan sus creaturas; y así, los impíos no tienen excusa.
(Romanos, 1,20).



San Narciso, obispo de Jerusalén a los 80 años de edad, hacia el año 180 de nuestra era, estuvo dotado de paciencia y dulzura admirables. Tres malos cristianos propalaron contra él una horrible calumnia, diciendo que, si su acusación fuese falsa, consentían, uno en ser quemado, el otro en ser atormentado de vergonzosa enfermedad y, el tercero, en perder la vista. Retiróse el santo al desierto sin querer defenderse. Pero Dios castigó a dos de los acusadores según sus votos, y el tercero, reconociendo su falta, tantas lágrimas derramó que perdió la vista. San Narciso volvió a su sede. Contaba entonces 110 años y vivió algunos más.


MEDITACIÓN
ES MENESTER ADMIRAR
A DIOS EN LAS CREATURAS


I. Se reconoce la sabiduría de Dios en el admirable orden que reina en el universo. La diversidad de las creaturas, el cambio regular de las estaciones, las maravillas que la tierra, el mar y el cielo despliegan ante nuestras miradas; todo ello publica a voces la sabiduría de Dios. ¿Sólo mi voz faltará en este admirable concierto de alabanzas que todas las creaturas elevan hacia Él? Ellas han sido creadas para utilidad mía, pero también para enseñarme mis deberes para con el Señor. El universo creado para mi servicio me instruye con su ejemplo. (San Euquerio).

II La bondad de Dios se manifiesta en las creaturas, pues el Señor no se ha contentado con darnos lo que nos era absolutamente necesario, sino que ha añadido todo lo que puede tornarnos grata la vida. Procedamos igual a su respecto, demos a Dios generosamente, no sólo lo que Él exige de nosotros, sino también todo lo que podamos darle: nos lo devolverá centuplicado aun desde esta vida. Nada se pierde con Él, nunca se deja vencer en generosidad.

III. El poder de Dios brilla maravillosamente en el imperio que ejerce sobre las creaturas. Todas obedecen sus órdenes, obran contra las leyes comunes de la naturaleza cuando Él se lo manda, y nada resiste a su divina voluntad. Alma mía, ¿hasta cuándo resistiremos a Dios? Amemos a las creaturas, pero no ofendamos al Creador; usemos de los bienes de este mundo, pero no abusemos de ellos, si queremos gozar de los del cielo. Aprended a amar en las creaturas al Creador; pero no os apeguéis de tal modo a ellas que perdáis a Aquél que os ha creado. (San Agustín).


El amor a Dios
Orad por la conversión de los incrédulos.


ORACIÓN
Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Narciso, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén

miércoles 28 de octubre de 2009

Catecismo Tradicionalista



Catecismo Tradicionalista.
Juan María Romá. Barcelona. 1934.
Impreso bajo el Reinado de
S.M.C. don Alfonso Carlos, Duque de san Jaime



DIOS


1. ¿Cuál es la divisa de la Comunión Tradicionalista?


Dios, Patria y Rey. La escribieron nuestros padres, que constituían la España católica y monárquica.


2. ¿Por qué decís que fue escrita por nuestros padres?


Porque la heredamos de nuestros mayores como rico patrimonio, como Ley fundamental del Reino, como lema glorioso de nuestras banderas, como grito de guerra contra nuestros enemigos.


3. ¿Tiene la sociedad, como el individuo, el deber de dar culto a Dios?



Lo tiene. La sociedad humana fue constituida por Dios, autor de la naturaleza, y de Él emana, como de principio y fuente, toda la copia y perennidad de los bienes en que la sociedad abunda.


4. ¿Qué religión ha de profesar el Estado?


Siendo necesario al Estado profesar una religión, como afirman los grandes Doctores, ha de ser la Católica, Apostólica y Romana, por ser la única verdadera.


5. ¿Puede un tradicionalista ser liberal?


No puede serlo, porque el liberalismo arranca del protestantismo y desciende en línea recta de los réprobos principios de Lutero, siendo uno de los principios a que obedece la negación de Dios en la gobernación de las cosas del mundo. Sin ser liberal se puede, y aún se debe, amar la verdadera libertad, que es hija de Dios.


6. ¿Cómo calificaba Pío IX al liberalismo católico?

De “peste, la más perniciosa, error insidioso y solapado, verdadera calamidad social, pacto entre la justicia y la iniquidad, pérfido enemigo, etc., etc.”.


7. ¿Qué nos impone el deber de ser católicos?


El de profesar abierta y constantemente la doctrina católica y propagarla cada uno según su saber y sus fuerzas, como también el de ser hijos sumisos del Papa y demás autoridades de la Santa Iglesia.

8. ¿Deben los tradicionalistas la Unidad Católica?


Sí. Es nuestro mayor timbre de gloria; y aún políticamente hablando, es el medio más eficaz para que haya unidad y unión en toda España. No por otro motivo, sino por este solo, es tan combatida, y le profesan tanto odio los sectarios y los incrédulos. Esto no obstante, sabemos muy bien que el creer ha de ser obra del entendimiento y de la voluntad por medio de la gracia divina, y que nada debe ser tan voluntario como la religión, la cual, por lo mismo de ser forzada, sería nula. No entienden así la libertad... los liberales, que nos querían hacer laicos a la fuerza.

PATRIA 9. ¿Qué quiere decir “Patria”?

La Patria es cosa natural. Es la herencia de nuestros padres, el tesoro de nuestros hijos, la tierra donde hemos nacido, el hogar que ha sido testigo de nuestras alegrías y de nuestros dolores, es la lengua que hemos aprendido y con la cual nos expresamos fácilmente...

10. ¿Es un deber de conciencia defenderla?


Por ley de naturaleza estamos obligados a amarla y defenderla, de tal manera, que todo buen ciudadano ha de estar pronto a arrostrar la misma muerte por su Patria.


11. ¿Qué relaciones deben de mediar entre la Iglesia y el Estado?


La Iglesia no puede ser sospechosa a los gobernantes ni a los pueblos. A los gobernantes les amonesta a seguir la justicia y a no desviarse jamás del deber, y al mismo tiempo refuerza su autoridad. Las cosas que se refieren al orden civil, la Iglesia no se las disputa, sino que reconoce que pertenecen a su autoridad y a su supremo imperio; en aquellas otras, cuyo juicio, por diverso aspecto, pertenecen a la potestad sagrada y civil, quiere la Iglesia que exista entre ambas potestades concordia.

12. ¿Qué cosas pertenecen a la Iglesia, y qué a la potestad civil?


Todo cuanto, de cualquier modo que sea, tenga razón de sagrado, y todo lo que pertenece a la salvación de las almas y al culto de Dios, todo ello cae bajo el dominio y arbitrio de la Iglesia; pero las demás que el régimen civil y político, como tal, abraza y comprende, justo es que le estén sujetas, puesto que Jesucristo mandó expresamente que se dé al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.


13. Los pecados de la sociedad ¿son castigados en esta vida o en la otra?


La justicia de Dios tiene reservados, para los individuos, premios para las buenas obras, como castigos para los pecados. Mas los pueblos y naciones que no pueden perdurar más allá de la vida, menester es que en la tierra lleven el merecido de sus obras. Podrá ser que, por justos juicios de Dios, pues no hay pueblo alguno que no tenga algo de laudable, a algún pueblo prevaricador le salgan bien sus empresas; pero es ley firmemente establecida que para que la suerte de un pueblo sea próspera, importa el que por el pueblo se rinda culto a la virtud y en particular a la justicia, madre de todas las otras. “La justicia levanta a la nación, más el pecado hace miserables a los pueblos”.

14. ¿Qué humano remedio hay para la regeneración de España?


Por lo que estamos viendo y palpando, no hay otro remedio que la Monarquía Tradicional. Debemos creer que España esté destinada si no a morir, a sepultarse en el caos. Cuestión de tiempo y de acción continua nuestra. Los verdaderos tradicionalistas no necesitamos de esperanzas ni ilusiones lisonjeras para seguir constantes en la empresa comenzada hace 100 años; pues los grandes caracteres y los corazones hidalgos, antes que el aliciente del triunfo atienden al cumplimiento del deber. SI no queremos ser indignos de nuestros padres, ya sabemos cual ha de ser nuestra conducta.


REY

15. ¿Qué y cómo se entiende por Rey, tercer lema de la bandera carlista?


Rey por la Gracia de Dios. Porque por lo que hace a la autoridad la Iglesia enseña con razón que viene de Dios, mientras que el liberalismo afirma que de la soberanía nacional emana todo poder, negando por consiguiente que la autoridad es de origen divino.


16. Y haciendo dimanar de Dios la autoridad, ¿no parece menoscabar la supremacía del que la ejerce, sea Rey o su equivalente?


No es así; antes bien, dando a la autoridad ese origen divino, se refuerza el poder civil y su ejercicio y se le da una mayor dignidad y un mayor respeto de los ciudadanos.

17. ¿De qué defecto adolece la tan sobada “soberanía popular”?


Del que al negar a la autoridad todo origen divino, se abre la puerta a toda corrupción. Armada la multitud con la creencia de su propia y única soberanía, se precipita fácilmente a promover turbulencias y sediciones; y quitados los frenos del deber y de la conciencia, solo queda la fuerza, que raras veces puede contener los apetitos de las muchedumbres, formadas siempre de los menos cultos y los menos aptos.

18. ¿Y qué es esto del sistema de mayorías?


No es más que una triste comedia liberal; siendo, por otra parte, un disfrazado derecho de la fuerza, una… dictadura de los más.


19. ¿Y qué me dice del sufragio universal?


Que, generalmente, es una farsa, una mentira. Y si fuese una verdad, constituiría el monopolio de la ignorancia, o el monopolio de la riqueza.


20. ¿Qué es la Ley?

La Ley no es otra cosa que “el dictamen de la recta razón promulgada por la potestad legítima para el bien común”.

21. ¿Somos libres para obedecer o no las leyes?


Justa y obligatoria es la observancia de las leyes, no por la fuerza o amenaza, sino por la persuasión de que se cumplen como un deber. Esto es lo cristiano y lo lógico… Pero si están en abierta oposición con el derecho divino, con el derecho natural y contra la conciencia del buen ciudadano, entonces la resistencia a esas leyes es un deber.


22. ¿Debe el Rey sujetarse a las leyes como cualquier ciudadano?


Claro que sí. Los Reyes de Aragón no tomaban nombre de Rey hasta después de haber jurado en Cortes la observancia de las leyes del Reino. Carlos II, disponiendo en su testamento que Felipe V fuera reconocido por Rey legítimo, añadía: “… Y se le dé luego sin dilación la posesión… precediendo el juramento que debe hacer de observar las leyes, Fueros y costumbres de dichos mis Reinos y Señoríos”. Y así hicieron los Reyes de nuestra Dinastía en las guerras carlistas.


FUEROS


23. ¿Son los Fueros parte integrante de nuestro programa?


Son parte esencial de nuestro sistema político. El regionalismo ha sido defendido siempre por nuestra Comunión desde que vino a la vida. La restauración de los antiguos Fueros y libertades, atemperándolos a las necesidades de los modernos tiempos, ha sido firme voluntad de nuestros Reyes y los carlistas.


24. ¿No limitan los Fueros el poder del Rey?


No ha sido jamás el Tradicionalismo defensor del poder absoluto, es decir, favorable a una monarquía cesarista. El poder del Rey, primeramente, está limitado por sus deberes para con Dios, y por sus deberes para con sus súbditos. En segundo lugar, tiene una limitación general que abraza mil casos particulares, pues antes que Rey es padre de los pueblos que Dios le ha confiado, y como Rey y como padre debe querer todo el bien posible a su pueblo, y alejar de él en lo posible todo mal.

25. El regionalismo ¿no engendra, como dicen los separatistas el separatismo?


De ninguna manera, como no sea en los que tengan albergado en su corazón el fermento del antiespañolismo. Somos nosotros los tradicionalistas, fervorosos amigos de la unidad de la Patria española, pero asimismo decididos defensores de todas aquellas libertades municipales y regionales que la revolución ha ido destruyendo en todas partes. Nuestra monarquía sería llamada federal, si esa palabra no fuese algunas veces desnaturalizada. Digamos, pues, que es representativa por oposición a la parlamentaria, de la que abominamos por el mal que ha hecho a España.


26. Los Fueros ¿son favorables o no a la libertad?


La ínclita Castilla fue libre, las heroicas Navarra y Vascongadas y el nobilísimo Reino de Aragón fueron los pueblos más libres del mundo con las grandes prerrogativas de que gozaron. Lo mismo lo serían una vez restaurados sus Fueros y sus libertades.

Juan María Romá. Barcelona. 1934

Fuente: Núcleo de Lealtad

Santoral Católico 28 de octubre

  • San Simón y San Judas Tadeo, Apóstoles
  • San Faraón, Obispo
  • Santos Anastasia y Cirilo, Mártires
  • San Fidel de Como, Mártir
  • San Salvio, Ermitaño
  • Beatos Pedro Sanz y Compañeros, Mártires
  • Beato Francisco Serrano, Mártir
  • Beato Juan Alcover, Mártir
  • Beato Joaquín Royo, Mártir
  • Beato Francisco Díaz, Mártir



SAN SIMÓN y SAN JUDAS
Apóstoles


Como vosotros no sois del mundo, sino
que os entresaqué yo del mundo,
por eso el mundo os aborrece.
(Juan, 15, 19).

San Simón, de Caná en Galilea, y San Judas Tadeo, hijos de María de Cleofás y primos de Jesús, fueron a predicar el Evangelio, uno a Egipto, el otro a Mesopotamia. Después de treinta años de trabajos apostólicos, fueron llamados a Persia, en donde convirtieron a gran número de paganos. Las imágenes del sol y de la luna se quebraron cuando ellos lo ordenaron, y los demonios salieron de sus templos y emprendieron la fuga bajo la forma de negros etíopes. Los paganos, excitados por dos magos, se arrojaron sobre los santos apóstoles y los masacraron. Los instigadores del crimen perecieron fulminados por un rayo.

MEDITACIÓN
SOBRE SAN SIMÓN
y SAN JUDAS TADEO

I. Dios llama a su servicio a los que Él ama; los separa del mundo, como hizo con estos dos apóstoles, hijos de María de Cleofás, prima de la Santísima Virgen. Jesús amaba particularmente a estos dos hermanos, gracias, sin duda, a la intercesión de Maria en su favor. Dios sólo es quien nos llama a su servicio, mas, ¡cuántas almas deben su vocaci6n a la Santísima Virgen! Renunciemos al mundo, y seremos más grandes que sus honores y que toda su gloria. (San Cipriano).
II. El mundo persiguió a estos dos apóstoles y les dio muerte, porque disipaban sus tinieblas con la luz del Evangelio. Hombres apostólicos: la persecución será siempre vuestra parte. Vosotros aborrecéis al mundo, no os asombréis de que él os pague con la misma moneda. Regocijaos, porque cuanto más disgustéis a los hombres, más agradaréis al Señor. El mundo ama sólo a los que se le parecen.
III. Las amenazas, las calumnias, los tormentos y la muerte no fueron suficientes para detener el celo de los dos ilustres hermanos. El mundo se esforzará por hacer fracasar todo lo que emprendáis por amor a Dios; pero no os dejéis abatir: avanzad, Dios os hará triunfar contra todos los obstáculos. No busquemos agradar a los hombres, alegrémonos más bien de disgustar a aquellos a quienes Dios mismo ha disgustado. (San Paulino).

El desprecio del mundo
Orad por la conversión de la India.

ORACIÓN
Oh Dios, que os servisteis de los bienaventurados apóstoles Simón y Judas Tadeo para conducirnos al conocimiento de vuestro santo Nombre, haced que celebremos su gloria eterna avanzando en la virtud, y que avancemos en la virtud celebrando su gloria. Por J. C. N. S. Amén.

martes 27 de octubre de 2009

Fátima: Misericordia y Justicia VIII



Sin duda, el acontecimiento más grande del siglo XX, un último llamado del Cielo a los hombres. Existen muchas aristas de grave importancia y consecuencias palpables que nos muestran la desgracia de la desobediencia. Todo lo anterior, nos advierte de un futuro peligroso, no sólo en el plano temporal, sino que por sobre todo, debido a que está en juego la salvación de millones y millones de almas.

Recurriremos a diversas fuentes y obras, que a nuestro entender, nos aportan los elementos para la cabal comprensión del Llamado de Fátima, formando con ello una central de documentación, que en paralelo al programa radial dedicado al tema, sirva de fuente de consulta y esclarecimiento.



Episodio décimo segundo

¿Se ha producido la conversión de Rusia?

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Fuente: Radio Convicción

Santoral Católico 27 de octubre

  • San Frumencio, Obispo y Confesor
  • San Abban, Abad
  • San Odrano, Abad
  • Beato Contardo Ferrini, Laico



SAN FRUMENCIO
Obispo y Confesor 
Nosotros como más fuertes, debemos soportar
las flaquezas de los menos firmes y no dejarnos
llevar de complacencia por nosotros mismos.
(Romanos, 15, I).


San Frumencio visitó Persia hacia el año 330 con un filósofo de Tiro, tío suyo, y fue apresado en el mar al volverse a Etiopia. Impresionados por su juventud y belleza, los bárbaros lo presentaron a su rey, que tomó a su cargo su educación y lo hizo su secretario. Después de la muerte del rey, la reina le confió la regencia. Aprovechóse de ello para favorecer la religión y abandonó después este elevado puesto para ir a pedir un obispo a San Atanasio en Alejandría. Este santo lo consagró a él mismo y lo envió de vuelta. Sus discursos y sus milagros obraron un gran número de conversiones, y Etiopía permaneció católica durante cuatro siglos.

MEDITACIÓN
SOBRE TRES GRADOS
DE AMOR AL PRÓJIMO

I. Debemos amar a nuestros parientes y amigos, es un deber que nos impone la naturaleza; pero Dios quiere que en esto sigamos su voluntad más bien que nuestra inclinación. Ámalos, porque Dios lo quiere y como Dios lo quiere. Demuéstrales este amor trabajando todo lo que puedas en su salvación y soportando pacientemente sus defectos; la amistad y la caridad cristiana te obligan a ello.
II. Poca cosa es amar a los parientes y amigos: esta ley la observan hasta los paganos mismos; tú debes amar a las personas con las que no te vinculan ni parentesco ni amistad. Son verdaderamente hermanos nuestros, aquellos que han reconocido como Padre suyo a Dios. (Tertuliano).
III. Hagamos más, amemos a nuestros enemigos. El cristiano es capaz de un acto tal de caridad. ¡Cuán difícil es este amor para aquél que no consulta sino la naturaleza; pero cuán fácil para aquél que considera a Jesús expirando en la cruz por sus enemigos! Al hablar de San Esteban, dice San Gregorio: Ofrece a Dios algo más grande que la muerte, la moderación del alma y el amor a los enemigos.

La caridad
Orad por vuestros parientes y amigos.

ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Frumencio, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el amor de la salvaci6n. Por J. C. N. S. Amén.

lunes 26 de octubre de 2009

De Produndis



Salmo 130



De lo profundo te invoco, ¡oh Yahvé!

Oye, Señor, mi voz; estén atentos tus oídos a la voz 'de mi súplica."

Si guardas, Yahvé, los delitos, ¿quién, ¡oh Señor! podrá subsistir?

Pero eres indulgente para que seas temido.

Yo espero en Yahvé, mi alma espera en su palabra.

(Ansia) mi alma al Señor más que los centinelas por la aurora.

Más que los centinelas por la aurora espera Israel a Yahvé,

porque con Yahvé está la piedad y en El está abundante redención.

El, pues, redimirá a Israel de todas sus iniquidades.

Santoral Católico 26 de octubre

  • San Evaristo, Papa y Mártir
  • San Bernardo Calvó, Obispo
  • Santos Luciano y Marciano, Mártires
  • San Rústico, Obispo de Narvona
  • Beata Bona de Armagnac, Virgen
  • Beato Damián de Finario, Dominico
  • Beato Buenaventura de Potenza, Frail


SAN EVARISTO
Papa y Mártir
Cuando hubiereis hecho todo lo que
se os ha mandado, decid:
Siervos inútiles somos;
lo que hemos debido hacer, eso hicimos.
(Lucas. 17. 10).

San Evaristo, cuarto sucesor de San Pedro, gobernó la Iglesia durante cerca de ocho años. Se refiere que era hijo de un judío de Belén. Murió hacia el año 107 y recibió sepultura en el Vaticano. junto a San Pedro.

MEDITACIÓN
EL CRISTIANO DE NADA
DEBE ENVANECERSE

I. No te gloríes ni de las riquezas ni de los honores, porque ellos no te hacen más virtuoso y con mucha frecuencia contribuyen a hacerte más malo. No te enorgullezcas de tus cualidades naturales, de tu nobleza, de tu belleza, de tu inteligencia. ¿Qué tienes tú que no hayas recibido de Dios y sin mérito alguno de tu parte? La muerte te arrebatará todos esos bienes; no mirará Dios sino las buenas obras que hayas practicado, y el buen uso que hayas hecho de los talentos que Él te ha deparado.
II. Ninguna razón tienes para estar orgulloso de tu ciencia. ¿Qué sabrías tú si Dios no te hubiese dado la inteligencia? Mucho aprendiste con tus trabajos y vigilias; sabe sin embargo que ignoras infinitamente más de lo que sabes, y humíllate: ¡el menor de los demonios es más sabio que tú! La más hermosa de todas las ciencias es el conocimiento de tu nada. La humildad es la fuente y el principio de la filosofía más sublime. (San Crisóstomo).
III. Guárdate de enorgullecerte de las gracias que hayas recibido, o de las virtudes que hayas adquirido. El que se gloría de su virtud no es virtuoso, pues la humildad es el fundamento de todas las virtudes. Imita pues a los santos, no para atraerte alabanzas, sino para cumplir tu deber. En fin, conoce tu bajeza, tu malicia y tus pecados, y serás humilde. Toda la humildad consiste en conocerse a sí mismo. (San Agustín).

La humildad
Orad por el
Colegio.

ORACIÓN
Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño y guardadlo con protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Soberano pontífice Evaristo, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. por J. C. N. S. Amén.

domingo 25 de octubre de 2009

La Realeza de Cristo



« Ergo Rex es tu? Tu dixisti…

Sed Regnum meum non est de hoc mundo »

(Ioan. 18 : 33-36)



El año 1925, accediendo a una solicitud firmada por más de ochocientos obispos, el Papa Pío XI instituyó para toda la Iglesia la festividad de Cristo Rey, fijada en el último domingo del mes de octubre.

Esta nueva invocación de Cristo, nueva y sin embargo tan antigua como la Iglesia, tuvo muy pronto sus mártires, en la persecución que la masonería y el judaísmo desataron en Méjico, con la ayuda de un imperialismo extranjero: sacerdotes, soldados, jóvenes de Acción Católica y aun mujeres que murieron al grito de “¡Viva Cristo Rey!”

Esta proclamación del poder de Cristo sobre las naciones se hacía contra el llamado liberalismo. El liberalismo es una peligrosa herejía moderna que proclama la libertad y toma su nombre de ella.

La libertad es un gran bien que, como todos los grandes bienes, sólo Dios puede dar; y el liberalismo lo busca fuera de Dios; y de ese modo sólo llega a falsificaciones de la libertad.

Liberales fueron los que en el pasado siglo rompieron con la Iglesia, maltrataron al Papa y quisieron edificar naciones sin contar con Cristo. Son hombres que desconocen la perversidad profunda del corazón humano, la necesidad de una redención, y en el fondo, el dominio universal de Dios sobre todas las cosas, como Principio y como Fin de todas ellas, incluso las sociedades humanas.

Ellos son los que dicen: “Hay que dejar libres a todos”, sin ver que el que deja libre a un malhechor es cómplice del malhechor; “Hay que respetar todas las opiniones”, sin ver que el que respeta las opiniones falsas es un falsario; “La religión es un asunto privado”, sin ver que, siendo el hombre naturalmente social, si la religión no tiene nada que ver con lo social, entonces no sirve para nada, ni siquiera para lo privado.

Contra este pernicioso error, la Iglesia arbola hoy la siguiente verdad de fe: Cristo es Rey, por tres títulos, cada uno de ellos de sobra suficiente para conferirle un verdadero poder sobre los hombres.

Es Rey por título de nacimiento, por ser el Hijo Verdadero de Dios Omnipotente, Creador de todas las cosas; es Rey por titulo de mérito, por ser el Hombre más excelente que ha existido ni existirá, y es Rey por titulo de conquista, por haber salvado con su doctrina y su sangre a la Humanidad de la esclavitud del pecado y del infierno.

Me diréis vosotros: eso está muy bien, pero es un ideal y no una realidad. Eso será en la otra vida o en un tiempo muy remoto de los nuestros; pero hoy día... Los que mandan hoy día no son los mansos, como Cristo, sino los violentos; no son los pobres, sino los que tienen plata; no son los católicos, sino los masones. Nadie hace caso al Papa, ese anciano vestido de blanco que no hace más que mandarse proclamas llenas de sabiduría, pero que nadie obedece. Y el mar de sangre en que se está revolviendo Europa, ¿concuerda acaso con ningún reinado de Cristo?

La respuesta a esta duda está en la respuesta de Cristo a Pilatos, cuando le preguntó dos veces si realmente se tenía por Rey. “Mi Peino no procede de este mundo”. No es como los reinos temporales, que se ganan y sustentan con la mentira y la violencia; y en todo caso, aun cuando sean legítimos y rectos, tienen fines temporales y están mechados y limitados por la inevitable imperfección humana.

Rey de verdad, de paz y de amor, su Reino procedente de la Gracia reina invisiblemente en los corazones, y eso tiene más duración que los imperios. Su Reino no surge de aquí abajo, sino que baja de ahí arriba; pero eso no quiere decir que sea una mera alegoría, o un reino invisible de espíritus.

Dice que no es de aquí, pero no dice que no está aquí. Dice que no es carnal, pero no dice que no es real. Dice que es reino de almas, pero no quiere decir reino de fantasmas, sine reino de hombres. No es indiferente aceptarlo o no, y es supremamente peligroso rebelarse contra El.

Porque Europa se rebeló contra El en estos últimos tiempos, Europa y con ella el mundo todo se halla hoy día en un desorden que parece no tener compostura, y que sin El no tiene compostura…

Mis hermanos: porque Europa rechazó la reyecía de Jesucristo, actualmente no puede parar en ella ni Rey ni Roque. Cuando Napoleón I, que fue uno de los varones —y el más grande de todos— que quisieron arreglar a Europa sin contar con Jesucristo, se ciñó en Milán la corona de hierro de Carlomagno, cuentan que dijo estas palabras: “Dios me la dio, nadie me la quitará”.

Palabras que a nadie se aplican más que a Cristo. La corona de Cristo es más fuerte, es una corona de espinas. La púrpura real de Cristo no se destiñe, está bañada en sangre viva. Y la caña que le pusieron por burla en las manos, se convierte de tiempo en tiempo, cuando el mundo cree que puede volver a burlarse de Cristo, en un barrote de hierro. “Et reges eos in virga férrea” (Los regirá con vara de hierro).

Veamos la demostración de esta verdad de fe, que la Santa Madre Iglesia nos propone a creer y venerar en la fiesta del último domingo del mes de la primavera, llamando en nuestro auxilio a la Sagrada Escritura, a la Teología y a la Filosofía, y ante todo a la Santísima Virgen Nuestra Señora con un avemaría.

Los cuatro Evangelistas ponen la pregunta de Pilatos y la respuesta afirmativa de Cristo:
“— ¿Tú eres el Rey de los judíos?”
“— Yo lo soy”.

¿Qué clase de rey será éste, sin ejércitos, sin palacios, atadas las manos, impotente y humillado?, debe de haber pensado Pilatos.

San Juan, en su capítulo XVIII, pone el diálogo completo con Pilatos, que responde a esta pregunta:

Entró en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo: “¿Tu eres el Rey de los Judíos?”
Respondió Jesús: “¿Eso lo preguntas de por ti mismo, o te lo dijeron otros?”
Respondió Pilatos “¿Acaso yo soy judío? Tu gente y los pontífices te han entregado. ¿Qué has hecho?”.

Respondió Jesús, ya satisfecho acerca del sentido de la pregunta del gobernador romano, al cual maliciosamente los judíos le habían hecho temer que Jesús era uno de tantos intrigantes, ambiciosos de poder político: “Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, Yo tendría ejércitos, mi gente lucharía por Mí para que no cayera en manos de mis enemigos. Pero es que mi Reino no es de aquí”.


Es decir, su Reino tiene su principio en el cielo, es un Reino espiritual que no viene a derrocar al César, como Pilatos teme, ni a pelear por fuerza de armas contra los reinos vecinos, como desean los judíos.

El no dice que este Reino suyo, que han predicho los profetas, no esté en este mundo; no dice que sea un puro reino invisible de espíritus, es un reino de hombres; El dice que no proviene de este mundo, que su principio y su fin está más arriba y más abajo de las cosas inventadas por el hombre.

El profeta Daniel, resumiendo los dichos de toda una serie de profetas, dijo que después de los cuatro grandes reinos que aparecerían en el Mediterráneo, el reino de la Leona, del Oso, del Leopardo y de la Bestia Poderosa, aparecería el Reino de los Santos, que duraría para siempre. Ese es su Reino...

Esa clase de reinos espirituales no los entendía Pilatos, ni le daban cuidado. Sin embargo, preguntó de nuevo, quizá irónicamente: “—Entonces, ¿te afirmas en que eres Rey?”.
Respondió Jesús tranquilamente: “—Sí, lo soy —y añadió después mirándolo cara a cara—; yo para eso nací y para eso vine al mundo, para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la Verdad oye mi voz”.
Dijo Pilatos: “— ¿Qué es la Verdad?”
Y sin esperar respuesta, salió a los judíos y les dijo: “—Yo no le veo culpa”.
Pero ellos gritaron: “—Todo el que se hace Rey, es enemigo del César. Si lo sueltas a éste, vas en contra del César”.

He aquí solemnemente afirmada por Cristo su realeza, al fin de su carrera, delante de un tribunal, a riesgo y costa de su vida; y a esto le llama El dar testimonio de la Verdad, y afirma que su Vida no tiene otro objeto que éste.

Y le costó la vida, salieron con la suya los que dijeron: “No queremos a éste por Rey, no tenemos más Rey que el César”; pero en lo alto de la Cruz donde murió este Rey rechazado, había un letrero en tres lenguas, hebrea, griega y latina, que decía: “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”; y hoy día, en todas las iglesias del mundo y en todas las lenguas conocidas, a 2.000 años de distancia de aquella afirmación formidable: “Yo soy Rey”, miles y miles de seres humanos proclaman junto con nosotros su fe en el Reino de Cristo y la obediencia de sus corazones a su Corazón Divino.

Por encima del clamor de la batalla en que se destrozan los humanos, en medio de la confusión y de las nubes de mentiras y engaños en que vivimos, oprimidos los corazones por las tribulaciones del mundo y las tribulaciones propias, la Iglesia Católica, imperecedero Reino de Cristo, está de pie para dar como su Divino Maestro testimonio de Verdad y para defender esa Verdad por encima de todo.

Por encima del tumulto y de la polvareda, con los ojos fijos en la Cruz, firme en su experiencia de veinte siglos, segura de su porvenir profetizado, lista para soportar la prueba y la lucha en la esperanza cierta del triunfo, la Iglesia, con su sola presencia y con su silencio mismo, está diciendo a todos los Caifás, Herodes y Pilatos del mundo que aquella palabra de su divino Fundador no ha sido vana.

En el primer libro de las Visiones de Daniel, cuenta el profeta que vio cuatro Bestias disformes y misteriosas que, saliendo del mar, se sucedían y destruían una a la otra; y después de eso vio a manera de un Hijo del Hombre que viniendo de sobre las nubes del cielo se llegaba al trono de Dios; y le presentaron a Dios, y Dios le dio el Poderío, el Honor y el Reinado, y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán, y su poder será poder eterno que no se quitará, y su reino no se acabará.

Entonces me llegué lleno de espanto —dice Daniel— a uno de los presentes, y le pregunté la verdad de todo eso. Y me dijo la interpretación de la figura: “Estas cuatro bestias magnas son cuatro Grandes Imperios que se levantarán en la tierra [a saber, Babilonia, Persia, Grecia y Roma, según estiman los intérpretes], y después recibirán el Reino los santos del Dios altísimo y obtendrán el reino por siglos y por siglos de siglos”.

Esta palabra misteriosa, pronunciada 500 años antes de Cristo, no fue olvidada por los judíos. Cuando Juan Bautista empieza a predicar en las riberas del Jordán: “Haced penitencia, que está cerca el Reino de Dios”, todo ese pequeño pueblo comprendido entre el Mediterráneo, el Líbano, el Tiberíades y el Sinaí resonaba con las palabras de Gran Rey, Hijo de David, Reino de Dios. Las setenta semanas de años que Daniel había predicho entre el cautiverio de Babilonia y la llegada del Salvador del Mundo, se estaban acabando; y los profetas habían precisado de antemano, en una serie de recitados enigmáticos, una gran cantidad de rasgos de su vida y su persona, desde su nacimiento en Belén hasta su ignominiosa muerte en Jerusalén.

Entonces aparece en medio de ellos ese joven doctor impetuoso, que cura enfermos y resucita muertos, a quien el Bautista reconoce y los fariseos desconocen, el cual se pone a explicar metódicamente en qué consiste el Reino de Dios, a desengañar ilusos, a reprender poderosos, a juntar discípulos, a instituir entre ellos una autoridad, a formar una pequeña e insignificante sociedad, más pequeña que un grano de mostaza, y a prometer a esa Sociedad, por medio de hermosísimas parábolas y de profecías deslumbradoras, los más inesperados privilegios: durará por todos los siglos — se difundirá par todas las naciones — abarcará todas las razas — el que entre en ella, estará salvado — el que la rechace, estará perdido — el que la combata, se estrellará contra ella — lo que ella ate en la tierra será atado en el cielo, y lo que ella desate en la tierra será desatado en el cielo.

Y un día, en las puertas de Cafarnaúm, aquel Varón extraordinario, el más modesto y el más pretencioso de cuantos han vivido en este mundo, después de obtener de sus rudos discípulos el reconocimiento de que él era el “Ungido”, el “Rey”, y más aún, el mismo “Hijo Verdadero de Dios vivo”, se dirigió al discípulo que había hablado en nombre de todos y solemnemente le dijo: “Y Yo a ti te digo que tú eres Kefá, que significa piedra, y sobre esta piedra Yo levantaré mi Iglesia, y los poderes infernales no prevalecerán contra ella y te daré las llaves del Reino de los Cielos. Y Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”.

Y desde entonces, viose algo único en el mundo: esa pequeña Sociedad fue creciendo y durando, y nada ha podido vencerla, nada ha podido hundirla, nadie ha podido matarla. Mataron a su Fundador, mataron a todos sus primeros jefes, mataron a miles de sus miembros durante las diez grandes persecuciones que la esperaban al salir mismo de su cuna; y muchísimas veces dijeron que la habían matado a ella, cantaron victoria sus enemigos, las fuerzas del mal, las Puertas del Infierno, la debilidad, la pasión, la malicia humana, los poderes tiránicos, las plebes idiotizadas y tumultuantes, los entendimientos corrompidos, todo lo que en el mundo tira hacia abajo, se arrastra y se revuelca (la corrupción de la carne y la soberbia del espíritu aguijoneados por los invisibles espíritus de las tinieblas); todo ese peso de la mortalidad y la corrupción humana que obedece al Angel Caído, cantó victoria muchas veces y dijo: “Se acabó la Iglesia”.

El siglo pasado, no más, los hombres de Europa más brillantes, cuyos nombres andaban en boca de todos, decían: “Se acabó la Iglesia, murió el Catolicismo”. ¿Dónde están ellos ahora?

Y la Iglesia, durante veinte siglos, con grandes altibajos y sacudones, por cierto, como la barquilla del Pescador Pedro, pero infalible irrefragablemente, ha ido creciendo en número y extendiéndose en el mundo; y todo cuanto hay de hermoso y de grande en el mundo actual se le debe a ella; y todas las personas más decentes, útiles y preclaras que ha conocido la tierra han sido sus hijos; y cuando perdía un pueblo, conquistaba una Nación; y cuando perdía una Nación, Dios le daba un Imperio; y cuando se desgajaba de ella media Europa, Dios descubría para ella un Mundo Nuevo; y cuando sus hijos ingratos, creyéndose ricos y seguros, la repudiaban y abandonaban y la hacían llorar en su soledad y clamar inútilmente en su paciencia...; cuando decían: “Ya somos ricos y poderosos y sanos y fuertes y adultos, y no necesitamos nodriza”, entonces se oía en los aires la voz de una trompeta, y tres jinetes siniestros se abatían sobre la tierra: uno en un caballo rojo, cuyo nombre es La Guerra; otro en un caballo negro, cuyo nombre es El Hambre; otro en un caballo bayo, cuyo nombre es La Persecución Final; y los tres no pueden ser vencidos sino por Aquel que va sobre el caballo blanco, al cual le ha sido dada la espada para que venza, y que tiene escrito en el pecho y en la orla de su vestido: “Rey de Reyes y Senor de Dominantes”.

El Mundo Moderno, que renegó la reyecía de su Rey Eterno y Señor Universal, como consecuencia directa y demostrable de ello se ve ahora empantanado en un atolladero y castigado por los tres últimos caballos del Apocalipsis; y entonces le echa la culpa a Cristo.

Acabo de oír por Radio Excelsior una poesía de un tal Alejandro Flores, aunque mediocre, bastante vistosa, llamada Oración de este Siglo a Cristo, en que expresa justamente esto: se queja de la guerra, se espanta de la crisis (racionamiento de nafta), dice que Cristo es impotente, que su “sueño de paz y de amor” ha fracasado, y le pide que vuelva de nuevo al mundo, pero no a ser crucificado.
El pobre miope no ve que Cristo está volviendo en estos momentos al mundo, pero está volviendo como Rey — ¿o qué se ha pensado él que es un Rey?—; está volviendo de Ezrah, donde pisó el lagar El solo con los vestidos salpicados de rojo, como lo pintaron los profetas, y tiene en la mano el bieldo y la segur para limpiar su heredad y para podar su viña. ¿O se ha pensado él que Jesucristo es una reina de juegos florales?

Y ésta es la respuesta a los que hoy día se escandalizan de la impotencia del Cristianismo y de la gran desolación espiritual y material que reina en la tierra. Creen que la guerra actual es una gran desobediencia a Cristo, y en consecuencia dudan de que Cristo sea realmente Rey, como dudó Pilatos, viéndole atado e impotente. Pero la guerra actual no es una gran desobediencia a Cristo: es la consecuencia de una gran desobediencia, es el castigo de una gran desobediencia y — consolémonos— es la preparación de una gran obediencia y de una gran restauración del Reino de Cristo. “Porque se me subleven una parte de mis súbditos, Yo no dejo de ser Rey mientras conserve el poder de castigarlos”, dice Cristo.

En la última parábola que San Lucas cuenta, antes de la Pasión, está prenunciado eso: “Semejante es el Reino de los cielos a un Rey que fue a hacerse cargo de un Reino que le tocaba por herencia. Y algunos de sus vasallos le mandaron embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros. Y cuando se hizo cargo del Reino, mandó que le trajeran aquellos sublevados y les dieran muerte en su presencia”.

Eso contó Nuestro Señor Jesucristo hablando de si mismo; y cuando lo contó, no se parecía mucho a esos cristos melosos, de melena rubia, de sonrisita triste y de ojos acaramelados que algunos pintan. Es un Rey de paz, es un Rey de amor, de verdad, de mansedumbre, de dulzura para los que le quieren; pero es Rey verdadero para todos, aunque no le quieran, ¡y tanto peor para el que no le quiera!

Los hombres y los pueblos podrán rechazar la llamada amorosa del Corazón de Cristo y escupir contra el cielo; pero no pueden cambiar la naturaleza de las cosas. El hombre es un ser dependiente, y si no depende de quien debe, dependerá de quien no debe; si no quiere por dueño a Cristo, tendrá el demonio por dueño. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”, dijo Cristo, y el mundo moderno es el ejemplo lamentable: no quiso reconocer a Dios como dueño, y cayó bajo el dominio de Plutón, el demonio de las riquezas.

En su encíclica Quadragesimo Anno, el Papa Pío XI describe de este modo la condición del mundo de hoy, desde que el Protestantismo y el Liberalismo lo alejaron del regazo materno de la Iglesia, y decidme vosotros si el retrato es exagerado: “La libre concurrencia se destruyó a sí misma; al libre cambio ha sucedido una dictadura económica. El hambre y sed de lucro ha suscitado una desenfrenada ambición de dominar. Toda la vida económica se ha vuelto horriblemente dura, implacable, cruel. Injusticia y miseria. De una parte, una inmensa cantidad de proletarios; de otra, un pequeño número de ricos provistos de inmensos recursos, lo cual prueba con evidencia que las riquezas creadas en tanta copia por el industrialismo moderno no se hallan bien repartidas”.

El mismo Carlos Marx, patriarca del socialismo moderno, pone el principio del moderno capitalismo en el Renacimiento, es decir, cuando comienza el gran movimiento de desobediencia a la Iglesia; y añora el judío ateo los tiempos de la Edad Media, en que el artesano era dueño de sus medios de producción, en que los gremios amparaban al obrero, en que el comercio tenía por objeto el cambio y la distribución de los productos y no el lucro y el dividendo, y en que no estaba aún esclavizado al dinero para darle una fecundidad monstruosa. Añora aquel tiempo, que si no fue un Paraíso Terrenal, por lo menos no fue una Babel como ahora, porque los hombres no habían recusado la Reyecía de Jesucristo.

Los males que hoy sufrimos, tienen, pues, raíz vieja; pero consolémonos, porque ya está cerca el jardinero con el hacha. Estamos al fin de un proceso morboso que ha durado cuatro siglos.

Vosotros sabéis que en el llamado Renacimiento había un veneno de paganismo, sensualismo y descreimiento que se desparramó por toda Europa, próspera entonces y cargada de bienestar como un cuerpo pletórico. Ese veneno fue el fermento del Protestantismo; “rebelión de los ricos contra los pobres”, como lo llamó Belloc, que rompió la unidad de la Iglesia, negó el Reino Visible de Cristo, dijo que Cristo fue un predicador y un moralista, y no un Rey; sometió la religión a los poderes civiles y arrebató a la obediencia del Sumo Pontífice casi la mitad de Europa. Las naciones católicas se replegaron sobre sí mismas en el movimiento que se llamó Contrarreforma, y se ocuparon en evangelizar el Nuevo Mundo, mientras los poderes protestantes inventaban el Puritanismo, el Capitalismo y el Imperialismo.

Entonces empezó a invadir las naciones católicas una a modo de niebla ponzoñosa proveniente de los protestantes, que al fin cuajó en lo que llamamos Liberalismo, el cual a su vez engendró por un lado el Modernismo y por otro el Comunismo.

Entonces fue cuando sonó en el cielo la trompeta de la cólera divina, que nadie dejó de oír; y el Hombre Moderno, que había caído en cinco idolatrías y cinco desobediencias, está siendo probado y purificado ahora por Cinco castigos y cinco penitencias:

Idolatría de la Ciencia, con la cual quiso hacer otra torre de Babel que llegase hasta el cielo; y la ciencia está en estos momentos toda ocupada en construir aviones, bombas y cañones para voltear casas y ciudades y fábricas;

Idolatría de la Libertad, con la cual quiso hacer de cada hombre un pequeño y caprichoso caudillejo; y éste es el momento en que el mundo está lleno de despotismo y los pueblos mismos piden puños fuertes para salir de la confusión que creó esa libertad demente;

Idolatría del Progreso, con el cual creyeron que harían en poco tiempo otro Paraíso Terrenal; y he aquí que el Progreso es el Becerro de Oro que sume a los hombres en la miseria, en la esclavitud, en el odio, en la mentira, en la muerte;

Idolatría de la Carne, a la cual se le pidió el cielo y las delicias del Edén; y la carne del hombre desvestida, exhibida, mimada y adorada, está siendo destrozada, desgarrada y amontonada como estiércol en los campos de batalla;

Idolatría del Placer, con el cual se quiere hacer del mundo un perpetuo Carnaval y convertir a los hombres en chiquilines agitados e irresponsables; y el placer ha creado un mundo de enfermedades, dolencias y torturas que hacen desesperar a todas las facultadas de medicina.

Esto decía no hace mucho tiempo un gran obispo de Italia, el arzobispo de Cremona, a sus fieles.

¿Y nuestro país? ¿Está libre de contagio? ¿Está puro de mancha? ¿Está limpio de pecado? Hay muchos que parecen creerlo así, y viven de una manera enteramente inconsciente, pagana, incristiana, multiplicando los errores, los escándalos, las iniquidades, las injusticias. Es un país tan ancho, tan rico, tan generoso, que aquí no puede pasar nada; queremos estar en paz con todos, vender nuestras cosechas y ganar plata; tenemos gobernantes tan sabios, tan rectos y tan responsables; somos tan democráticos, subimos al gobierno solamente a aquel que lo merece; tenemos escuelas tan lindas; tenemos leyes tan liberales; hay libertad para todo; no hay pena de muerte; si un hombre agarra una criaturita en la calle, la viola, la mata y después la quema, ¡qué se va a hacer, paciencia!; tenemos la prensa más grande del mundo: por diez centavos nos dan doce sábanas de papel llenas de informaciones y de noticias; tenemos la educación artística del pueblo hecha por medio del cine y de la radiotelefonía; ¡qué pueblo más bien educado va a ir saliendo, un pueblo artístico! ¡Qué país, mi amigo, qué país más macanudo!

— ¿Y reina Cristo en este país? — ¿Y cómo no va a reinar? Somos buenos todos. Y si no reina, ¿qué quiere que le hagamos?

Tengo miedo de los grandes castigos colectivos que amenazan nuestros crímenes colectivos. Este país está dormido, y no veo quién lo despierte. Este país está engañado, y no veo quién lo desengañe. Este país está postrado, y no se ve quién va a levantarlo.

Pero este país todavía no ha renegado de Cristo; y sabemos por tanto que hay alguien capaz de levantarlo.

Preparémonos a su Venida y apresuremos su Venida. Podemos ser soldados de un gran Rey; nuestras pobres efímeras vidas pueden unirse a algo grande, algo triunfal, algo absoluto.

Arranquemos de ellas el egoísmo, la molicie, la mezquindad de nuestros pequeños caprichos, ambiciones y fines particulares.

El que pueda hacer caridad, que se sacrifique por su prójimo, o solo, o en su parroquia, o en las Sociedades Vicentinas...

El que pueda hacer apostolado, que ayude a Nuestro Cristo Rey en la Acción Católica o en las Congregaciones…

El que pueda enseñar, que enseñe…

Y el que pueda quebrantar la iniquidad, que la golpee y que la persiga, aunque sea con riesgo de la vida.

Y para eso, purifiquemos cada uno de faltas y de errores nuestra vida. Acudamos a la Inmaculada Madre de Dios, Reina de los Ángeles y de los hombres, para que se digne elegirnos para militar con Cristo, no solamente ofreciendo todas nuestras personas al trabajo, como decía el capitán Ignacio de Loyola, sino también para distinguirnos y señalarnos en esa misma campaña del Reino de Dios contra las fuerzas del Mal, campaña que es el eje de la historia del mundo, sabiendo que nuestro Rey es invencible, que su Reino no tendrá fin, que su triunfo y Venida no está lejos y que su recompensa supera todas las vanidades de este mundo, y más todavía, todo cuanto el ojo vio, el oído oyó y la mente humana pudo soñar de hermoso y de glorioso.

Leonardo Castellani
“Cristo, ¿vuelve o no vuelve?”

Fuente: Stat veritas

Evangelio del domingo

Ultimo domingo de octubre
d.- blanco

FIESTA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY



+ Continuación del Santo Evangelio según San Juan (XVIII, 33-37)
En aquél tiempo: Entró Pilato de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jesús, le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Por tu cuenta dices eso o te lo han dicho otros de mí? Pilato contestó: ¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí, ¿qué has hecho? Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí." Le dijo entonces Pilato: ¿Luego tú eres rey? Respondió Jesús: Tú dices que soy rey. Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz."

Credo

Santoral Católico 25 de octubre

  • Fiesta de Cristo Rey
  • San Crisanto y Santa Daría, Mártires
  • Santos Crispín y Crispiniano, Mártires
  • San Frutos, Eremita
  • Santos Engracia y Valentín, Mártires
  • Santos Frontón y Jorge, Obispos
  • San Gaudencio, Obispo de Brescia
  • San Minato, Mártir
  • Beato Cristóbal de Romagnola, Fraile
  • Beato Baltasar Chiavari, Fraile
  • Beato Tadeo, Obispo de Cork y Cloyne
  • Beato Ricardo Gwyn, Mártir
  • Beato Pedro Geremia, Sacerdote


FIESTA DE CRISTO REY

En su manto y sobre su muslo
tiene escrito este nombre:
Rey de reyes y Señor de señores.
(Apocalipsis, 19, 16)


Esta gran festividad fue instituida en 1925 por Pío XI, para honrar al Rey de reyes y Señor de los que dominan.

Hoy es el día de proclamar su realeza, y de decir: ¡Venga a nos el tu reino!, de decir al Padre: "¡Padre, glorifica a tu Hijo!"

"La revolución ha comenzado por proclamar los derechos del hombre, y no terminará sino al proclamar los derechos de Dios". Así decía en el siglo XIX el conde de Maistre.

"Jesucristo no es Rey por gracia nuestra, ni por voluntad nuestra, sino por derecho de nacimiento, por derecho de filiación divino, por derecho también de conquista y de rescate".

"Así que Cristo es Rey universal de este mundo por su propia esencia y naturaleza" (S. Cirilo de Alejandría), en virtud de aquella admirable unión que llaman hipostática, la cual le da pleno dominio no sólo sobre los hombres, sino hasta sobre los Ángeles y aun sobre todas las criaturas. (Pío XI)

Y ¿qué de extraño tiene que sea Rey de los hombres el que fue Rey de los siglos? Pero Jesucristo no es Rey para exigir tributos o para armar un ejército con hierro y pelear visiblemente contra sus enemigos. Es Rey para gobernar los espíritus, para proveer eternamente al mundo, para llevar al reino de los cielos a los que creen, esperan y aman. El Hijo de dios, igual al Padre, el Verbo por el cual todas las cosas fueron hechas, si quiso ser Rey de Israel, fue pura dignación y no una promoción; fue una señal de misericordia, no un aumento de poder. (S. Agustín)

Nadie tema vaya a perder algo porque se someta al "suavísimo imperio" de Cristo (Col.). No teman las sociedades, porque Él es quien las funda y las sustenta. No teman los poderosos, porque "no quita los reinos mortales quien da los celestiales". No teman tampoco los individuos, porque servir a Cristo es reinar. Es un Amo tal que no esclaviza ni esquilma a sus servidores; un Pastor y un Señor que no engorda con la carne del rebaño, ni se viste con sus lanas, ni se regala con su leche, antes se desvive por los suyos y se les entrega con todos sus haberes ya desde la tierra, hasta que sean capaces de poseerle y de gozarle más cumplidamente allá en el cielo. Tiene derecho a todo mando y a todo honor, pero exige poco y hasta llega a decir que: "su reino no es de este mundo" (Ev.). Por eso, nada hay de más irracional y más incomprensible que el grito rabioso de esa chusma que todavía vocifera: "¡No queremos que Cristo reine sobre nosotros!". Piensan los insensatos que les va a privar de la libertad, cuando se la va a acrecentar y perfeccionar, proscribiendo tan sólo el libertinaje, tan fatal para las almas como para los cuerpos, para las naciones como para los individuos, ya que "lo que hace míseros a los pueblos es el pecado".

Conviene, pues, que Él reine, oportet Illum regnare, porque su reinado "es eterno y universal, es un reinado de verdad y de vida de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz" (Pref.). Quiere ante todo reinar en las inteligencias, en las voluntades y en los corazones de los hombres. Es un reinado antes que todo espiritual: el aparato exterior lo tiene en poco huye ahora del fausto externo, como huyó cuando los hombres quisieron tributarle los honores de rey, y por eso sigue humilde y "escondido en nuestros altares bajo las figuras de pan y de vino" (Himno de Vísperas).

Esta fiesta viene hacia el final del año litúrgico. Es la coronación de toda la obra redentora de Cristo, corona de todos los santos en la patria celestial. Jesucristo es Rey y lo es ante todo en el altar. En el sacramento de la Eucaristía opera su obra de santificación en las almas, forma de continuo en la Iglesia su "Cuerpo Místico" que un día trasladará al Reino del Padre, para tomar parte en el magno concierto de alabanzas que sin cesar se tributan a la Trinidad Beatísima en el Cielo.

sábado 24 de octubre de 2009

Santoral Católico 24 de octubre

  • San Rafael Arcángel
  • San Maglorio, Obispo y Confesor
  • San Proclo, Patriarca de Constantinopla
  • San Félix, Obispo y Mártir
  • San Aretas y Compañeros, Mártires
  • San Martín o Marcos, Ermitaño
  • San Martín de Vertou, Abad
  • San Evergisto, Obispo y Mártir
  • Beato Juan Ángel Porro, Confesor
  • Santos Félix, Audacto, Jenaro, Fortunato y Séptimo, Mártires
  • Juan Elesban


SAN RAFAEL ARCÁNGEL

Que el Arcángel Rafael,
médico de nuestra salvación,
nos asista desde el cielo,
a fin de que sane nuestras dolencias,
y guíe nuestros pasos vacilantes
a la verdadera vida.
(Himno)


San Rafael es uno de los siete espíritus que están siempre delante de Dios, y le ofrecen el incienso de su oración y de la de los hombres. Cuando tú orabas, dijo S. Rafael a Toblas, con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a media comida, y escondías de día los muertos en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba tu oración al Señor. Y por lo mismo que eras acepto a Dios, fué preciso que la tentación te probase.

Tobías quedóse ciego; pero "la pérdida de la vista -dice San Agustín- fue ocasión de que el venerable anciano recibiese la visita de un médico clestial". San Rafael, cuyo nombre significa Medicina de Dios, fue enviado por Dios, como el ángel agitador del agua de la piscina probática, para curar a Tobías. Indicó al joven Tobías el remedio a propósito para devolver la vista a su padre, le bucó una esposa y ahuyentó al demonio.


ORACIÓN


Alabemos con muestras de veneración a todos los príncipes de la corte celestial, y en especial al Arcángel Rafael, médico y compañero fiel, vencedor de demonio. ¡Oh Cristo, Rey bondadosísimo! Haz que con tal guarda, el enemigo no nos cause daño alguno.

viernes 23 de octubre de 2009

Hora Santa




R.P. Mateo Crawley-Boevey SS.CC.






Fiesta de la Realeza de Cristo





¡Qué reparación providencial, sublime, es la nueva fiesta de la Realeza divina de Jesús!

Hace veinte siglos que un gobernante cobarde, con miedo en el alma, con la burla en el gesto y con la ironía en los labios, dice “Ecce Rex vester!”, presentando a la befa y a la cólera del pueblo a Cristo-Rey.

Veinte siglos más tarde, el Supremo Pontífice del Nuevo Israel, hablando al mundo católico, repetirá con entonación de victoria, de adoración y de amor: “¡He aquí a vuestro Rey!”.

“Y nosotros, Jesús, tus vasallos y tus hijos, sobrecogidos de emoción y de dicha, unidos a doscientos millones y más de creyentes, respondemos con un grito del alma:

¡Salve, Tú eres el Rey de la gloria!, ¡oh Cristo-Jesús!



(Dos veces todos, en voz alta)



¡Salve, Tú eres nuestro único libertador!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, Tú eres el ungido del Padre!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, Tú recibiste en herencia la tierra!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, tu trono son los cielos!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, tu corona son las almas!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, tu cetro es la misericordia!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, tu púrpura es tu sangre!, ¡oh Cristo-Jesús!

¡Salve, Tú reinarás por siglos infinitos!, ¡oh Cristo-Rey!

¡Sí, por Ti, oh Cristo-Rey, reinan los reyes y los gobernantes administran justicia!

¡Por Ti, oh Cristo Rey, la autoridad legítima tiene fuerza de mando y dicta las leyes!

¡Por Ti, oh Cristo-Rey, y sólo por Ti es noble y es santo el obedecer en obsequio a Ti, Rey de amor!

Te aclamamos con el Pontífice de Roma, ¡oh Rey de Reyes!, te bendecimos, te adoramos, te amamos, rogándote, Jesús, que desde esta nueva Festividad nos hagas sentir en las almas, en las familias, en la Sociedad y en nuestra Patria que Tú eres el Monarca absoluto, que Tú eres el Señor “ante quien doblan la rodilla los cielos, la tierra y los infiernos...”.



(Todos en voz alta, cinco veces)



¡Cristo venza, Cristo reine, Cristo impere por su amor!



Esta fiesta es indispensable, así como son oportunísimas y hermosas nuestras aclamaciones, porque la sociedad actual con encarnizamiento, y con habilidad diplomática y legal, digna de mejor causa, se esforzaba como nunca en destronar a Cristo-Rey... Por un lado las huestes compactas de conjurados, aquellos enemigos que darían gustosos la vida por arrebatarle el cetro y la corona si pudieran, y por otro la turbamulta de católicos tímidos, de los amigos en los que predomina la prudencia humana, las consideraciones de etiqueta social, la transigencia imposible sobre los derechos de un Dios, amenazaban seriamente agraviar el cataclismo social que nos azota en castigo del pecado moderno de lesa Majestad divina...

El fenómeno físico, pavoroso, ocurrido el Viernes Santo al morir el Señor, parece, en efecto, renovarse en el sentido moral en muchas de las grandes naciones que, para civilizarse y engrandecerse laicamente y a lo pagano, decretaron destronar y desterrar a este Rey Divino... Ved el nublado de densísimas tinieblas, esto es, de errores y mentiras fatídicas que las envuelve ya como con un sudario... Ved cómo tiembla la tierra, digo, cómo se estremecen los pueblos soliviantados y las multitudes desenfrenadas, roto el yugo suave del Amo Divino... Ved las catástrofes sociales, las iras y los odios en actividad como un volcán... Ved el sol de sus ideales terrenos, el sol de sus ambiciones mezquinas, el sol de sus dichas sensibles, de su paz falsificada y mentirosa; ved el sol de sus grandezas materiales cubrirse con un velo de sangre fratricida, primer fruto de la apostasía nacional... “Toda paz verdadera, toda dicha pura, toda grandeza real se ha eclipsado, Señor, ahí donde te coronaron de espinas a Ti, Rey de justicia, Rey de paz y Rey de amor... Con razón, pues, tu Vicario de Roma, al decretar la celebración de esta fiesta, ha querido, dice él mismo, asentar un golpe mortal a la herejía tan corriente de los que, por malicia o culpable debilidad, querían relegarte, Señor Jesús, a los dominios privadísimos de la conciencia, o a lo sumo a la cámara privada de tus audiencias secretas, la iglesia y la sacristía, desligando así de tus derechos de Realeza la vida familiar y social y cercenando y eliminando en absoluto de tu ingerencia divina las cuestiones nacionales y políticas”.

Anatema, pues, a quien crea que se puede tener autoridad y paz en una familia, autoridad, paz y moralidad en una sociedad o nación que elimina sistemáticamente la Soberanía, el Código y el Evangelio de Aquél a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra... “¡Ese Rey, por derecho propio, no es otro sino Tú, Jesús!”.

Por esto, con la Iglesia santa, y en espíritu amoroso y solemne desagravio social, te decimos:



(Todos)



Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



Muchos, Jesús, son los príncipes, reyes y presidentes que se han coaligado, Rey Divino, en contra tuya; muchos los gobernantes que han desechado y removido del edificio nacional, la piedra angular, que eres Tú... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia... y por los amigos de tu Corazón, por los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia y véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡Vence, reina, impera, Cristo-Rey!





Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!

Qué triste historia, Señor, la de los pueblos que redimiste con tu sangre...; sus representantes legales, sus Parlamentos han hecho ¡ay! tantas veces tabla rasa de tu Código y burla de tu Evangelio, que es la Carta Magna del mundo cristiano... En cuántos Parlamentos y Congresos se te ha blasfemado, se te ha desconocido, se te ha suprimido con sacrílega legalidad... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia... y por los amigos de tu Corazón y los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia y véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡Vence, reina, impera, Cristo-Rey!





Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



El único Legislador eres Tú, Jesús..., pero aquel poder que delegaste a los hombres de comentar tu Ley con leyes justas, santas, cristianas, ese poder lo han convertido tantos legisladores sin conciencia en arma contra Ti y han legislado, Jesús, declarando oficialmente que tu Iglesia es una irritante tiranía, que tu Evangelio es un absurdo, que tu Vicario, tu Sacerdocio y tu espíritu están en oposición con libertades y progresos... Y por esto, en nombre del bien nacional, ¡oh mentira blasfema!, te han proscrito... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia... y por los amigos de tu Corazón y por los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia, véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡vence, reina, impera, Cristo-Rey!



Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



Aquella casta de orgullosos que te condenó, Jesús, desde tu primera aparición en la tierra, andando los siglos se ha parapetado tras el nombre de filosofía, de derecho y ciencia, y con altivez de soberbia, te desecha en nombre de la razón libre y te condena al destierro en nombre de la ciencia emancipada de tu Ley sacrosanta... Esa casta de soberbios pervierte con saña a la juventud y la organiza y lanza intelectualmente en contra tuya y de tu Evangelio... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia, y por los amigos de tu Corazón y los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia y véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡Vence, reina, impera, Cristo-Rey!





Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



La sociedad moderna, Jesús, sobre todo aquella que por el dinero y la situación ejerce una influencia e imprime rumbos, se ha apartado mucho de Ti en su fiebre de goces y de frivolidades, en sus locos devaneos de espectáculos y modas, en sus rebeldías de licencias culpables, con frecuencia escandalosas... Quiere gozar pecando y querría que Tú callases, que Tú toleraras mil y mil flaquezas sociales, funestísimas en la vida de familia, porque contrarían, Señor, a tus derechos soberanos. Es ¡ay! toda una apostasía social en el orden moral, aun entre los mismos que se dicen buenos... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia... y por los amigos de tu Corazón y por los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia y véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡Vence, reina, impera, Cristo-Rey!





Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



El Sanedrín que te condenó con odio mortal, Jesús, no ha desaparecido, por desgracia...; existe hoy, y sigue complotando en aquellos antros de masonería y revolución anticristiana, que preparan leyes inicuas, decretos infames, movimientos de opinión mediante una propaganda envenenada de prensa sectaria, y todo en odio a tu corona y a tu Persona divina... ¡Ay, y no les falta aquí y allá apoyo oficial, dinero y traidores pagados para herirte, Señor, para insultarte, para crucificarte en la realización criminal de sus planes deicidas... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia... y por los amigos de tu Corazón y los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia y véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡Vence, reina, impera, Cristo-Rey!





Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



Y esas muchedumbres de gente sencilla y en el fondo buena, esas multitudes que te rodearon en el Sermón de la Montaña y para las cuales multiplicaste los panes; ese ejército de humildes y trabajadores que Tú tanto y tanto amaste, casi todo él se ha levantado en armas para destronarte... Y pervertido por infelices desalmados, ese pueblo se dice desengañado de tus promesas, y con cólera en el alma, te arroja de sus casitas, de la educación de sus pequeñuelos, y con piedras en la mano y con la blasfemia en los labios, vocifera como un mar embravecido en contra tuya, pide tu sangre y grita que no quiere que Tú reines sobre él... Rey adorable, detén tu mano, retarda el fallo de tu justicia, y por los amigos de tu Corazón y los Apóstoles de tu Realeza, haz misericordia y véngate, extendiendo sobre todos ellos los beneficios de tu Reinado: ¡Vence, reina, impera, Cristo-Rey!





Es urgente, queremos que Tú reines, ¡oh Jesús!



(Breve pausa; pedid por los perseguidores y los perseguidos).



Si la tierra ingrata, del uno al otro polo, pudiera oírnos y quisiera hacer el eco ferviente, clamorosa a estas aclamaciones nuestras... Mas, no..., nos basta que las escuchen complacidos, el Padre que nos envía a este Rey-Divino, y el Espíritu Santo que lo ungió desde todos los siglos..., nos basta que Cristo-Rey acepte el Hosanna de estos los muy suyos, los que forman la escolta de amigos y apóstoles, de los que gustosos darían la vida por añadir al esplendor de su diadema el florón de una sola alma, conquistada para sus dominios eternos... Pero Él que nos ha oído y que nos ha bendecido, quiere hablarnos un instante; escuchémoslo de rodillas: que hable el Rey a su guardia de honor...



Voz de Jesús. Bien sabéis, hijitos míos, que Yo soy Rey, para esto nací y vine al mundo..., para dar testimonio de esta verdad, hoy en día tan oscurecida porque tan combatida por la rabia de los malos, por el silencio de los tímidos... Sin vuestras aclamaciones soy y quedaría Rey, porque soy vuestro Dios y Señor, pero el clamor de vuestras almas en consonancia de amor con la de mi Vicario en Roma, es para mí un consuelo grande y una gloria inmensa...

¡Heme aquí, pues, reconocido en mis derechos absolutos de Soberano divino, os bendigo!... Pero, decidme: después de esta gran fiesta y después de este bellísimo homenaje, ¿seré más Rey que antes, y vosotros seréis también mucho más los vasallos fieles y los hijos sumisos? ¡Respondedme!

¿Reconoceréis mi Realeza divina cuando la conciencia y la Iglesia os prohíban en mi nombre los espectáculos escabrosos y profanos, los teatros y las escenas paganizantes?



(Todos)



Renunciamos al mundo y a sus vanidades, Tú reinarás, ¡oh Cristo-Rey!



¿Reconoceréis mi Realeza divina cuando la conciencia y la Iglesia en mi nombre condenen modas sin pudor, inmodestas, y os someteréis, despreciando el parecer del mundo mundano, porque el único Juez soy Yo?



Renunciamos al mundo y a sus vanidades, Tú reinarás, ¡oh Cristo-Rey!



¿Reconoceréis mi Realeza divina cuando la conciencia y la Iglesia en mi nombre condenen ciertas diversiones sociales, en boga tal vez, pero contrarias a la ley de pureza, ley gravísima que he establecido Yo, en resguardo de la dignidad cristiana?





Renunciamos al mundo y a sus vanidades, Tú reinarás, ¡oh Cristo-Rey!



¿Reconoceréis mi Realeza divina cuando la conciencia y la Iglesia en mi nombre condenen boatos y lujos de soberbia social, con los cuales se fomenta la sensualidad y se provocan las iras populares?...





Renunciamos al mundo y a sus vanidades, Tú reinarás, ¡oh Cristo-Rey!



Sí, Jesús adorable, poniendo nuestra mano sobre el ara de tu altar, hacemos la promesa solemne de observar tus leyes... No querríamos hoy aclamar tu Realeza y burlarnos de ella mañana con el escándalo en nuestra conducta social..., no querríamos llamarte, a voces en la Iglesia nuestro Rey y después vestir en la calle y gozar en el salón y razonar en nuestro hogar como gente traidora a tus preceptos, y peor, como aquéllos que tejieron para tu cabeza divina una diadema de espinas...

(Haced íntima y sinceramente una promesa: ni lecturas... ni teatros... ni modas que ofendan a este Rey de santidad, el único Rey, como aquí en la Iglesia, así en la calle y en la vida social...).

Los cielos se unen a la tierra en todas nuestras hermosísimas festividades. Como en pocas, en esta de la Realeza, los habitantes de la Jerusalén celestial deben formar con nosotros un solo coro de alabanzas. Que se rasguen, pues, las nubes, que den paso a los nueve coros angélicos, que bajen y se postren ante el Rey Sacramentado las legiones de Santos, de Mártires, de Confesores y de Vírgenes..., que venga, que se acerque a este trono eucarístico la Reina del Amor Hermoso, María, que fue el primer Sagrario y el primer trono de Cristo-Rey.

¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Ángeles del Paraíso, cantad su Realeza!



(Todos)



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Arcángeles del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Principados del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Virtudes del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Potestades del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Dominaciones del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Tronos del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Querubines del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Serafines del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Apóstoles y Evangelistas del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Confesores, Vírgenes y Mártires del Paraíso, cantad su Realeza!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!

¡Cielos, inclinaos en homenaje de adoración a Cristo-Rey; Virgen Inmaculada, María Madre del Amor Hermoso y Reina del empíreo... José, el padre adoptivo y Juan Bautista el Precursor, cantad a Cristo-Rey!



¡Cantad a vuestro Dios y nuestro Dios, cantad a Cristo-Rey!



Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir virtud y dominación y sabiduría y fortaleza y honor. ¡A Él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos!



¡Amen! ¡Hosanna! ¡Adveniat!



¡A Él, sólo a Él, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos!



¡Amen! ¡Hosanna! ¡Adveniat!



¡A Él, sólo a Él, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos!



¡Amen! ¡Hosanna! ¡Adveniat!



(Pedidle en un breve momento de silencio la gracia del desprendimiento total de la tierra, de sus vanidades, de sus afectos caducos, para merecer renovar en el Paraíso estas alabanzas y aclamaciones al Rey de la Gloria).



(Breve pausa)



Sin que lo pudiéramos merecer, y más aún, después del desmerecimiento y rebeldía del pecado, abrióse el cielo hace veinte siglos y dio paso al Rey de la Gloria, al Verbo, que venía a tomar posesión de la tierra, a establecer en ella su trono, a publicar, desde el Calvario, el bando de su divina Realeza, pero Realeza de misericordia.



Voz de las almas. Rey de amor, Jesús Crucificado, venimos a tus pies, trayéndote en nuestro beso de amor el tributo de adoración rendida y el vasallaje que te ofrecen los cielos y la Iglesia en este día hermoso. Mejor que los espíritus angélicos, debiéramos alabarte y cantarte nosotros, los rescatados al precio de tu sangre, los que hiciste libres e inmortales desde el trono de dolores y agonías del Calvario sacrosanto... ¡Ah!, te llamamos Rey de amor porque venciste por tu Corazón..., por tu amor, por tu amor, por tu misericordia, pero hasta la fecha no has sido todavía en nuestra vida el Rey de amor que hubieras debido y que hubieras querido ser, porque no has sido amado en la medida en que Tú lo esperabas... ¡Perdona, Rey de amor, ¡oh, perdona!, tanto, tanto desamor contigo!

¡Perdona, Rey de amor, ¡oh, perdona!, tanto derroche de amor con las creaturas!

¡Olvida, Rey Crucificado, nuestros innumerables olvidos!

Y olvida, Rey Crucificado, nuestros apegos a las criaturas.

¡Ay..., tan medidos, tanto contigo, Rey Divino... y tan exuberantes, tan generosos y fieles en demasía con las creaturas!

Como lo pide tu Vicario, el Papa, sé Rey, Jesús Crucificado, no sólo de los fieles que jamás se separaron de Ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron... Pon los ojos, nublados por tu sangre, en aquellos pródigos que nos son particularmente amados..., seres del hogar querido, fibras de nuestro corazón, pero que, siendo buenos con nosotros, desconocen tu cetro, rechazan la práctica positiva de la ley divina, dicen que no eres Tú quien manda cuando la Iglesia legisla, y se hallan así, Jesús amado, bordeando un precipicio eterno...; haz que vuelvan pronto a la casa paterna para que no perezcan de miseria y de hambre. ¡Prueba que eres Rey de amor, véncelos con el cetro de tu gran misericordia!



(Por ellos tres veces en voz alta)



¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!



Sé Rey de aquéllos, Jesús, a quienes engañaron opiniones erróneas y desunió la discordia ... Pobrecitos, son ahora ovejas sin pastor, son navecillas sin brújula ni estrella, ten de ellos piedad... Tantos de esos espíritus son tal vez honrados en el fondo, pero bogan desde hace tiempo al garete, a merced de mil vientos de doctrinas deletéreas... Tráelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que luego no quede ya más que un solo rebaño y un solo pastor. ¡Prueba que eres Rey de amor, véncelos con el cetro de tu gran misericordia!



(Todos)



¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!



Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría y del islamismo... Son estos desdichados tan numerosos como las arenas del desierto ¡ay! y son hijos y son súbditos tuyos. A todos, pues, dígnate atraerlos a la luz de tu Reino... ¡Prueba que eres Rey de amor, véncelos con el cetro de tu gran misericordia!





¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!



Sé Rey, Jesús Nazareno, sé Rey de aquel pueblo que, en otro tiempo, fue tu predilecto, haz que descienda sobre ellos como bautismo de redención y vida la sangre que reclamó un día contra sí... ¡Ah!, pero junto con ellos que Tú perdonaste en el Gólgota, diciendo a tu Padre que no sabían lo que hacían, atrae, convierte y luego perdona también a tantos otros verdugos de tu Corazón y de tu Iglesia, mucho más culpables, que saben de memoria el Catecismo, recibieron ejemplo y educación cristiana, hicieron su primera Comunión. Tú los colmaste de gracias en su infancia y juventud y después, Señor, te traicionaron por interés, por una creatura, por una situación... Mira, ¡oh Jesús!, a esos infelices renegados con la mirada penetrante de ternura con que miraste a Pedro... ¡Prueba que eres Rey de amor, véncelos con el cetro de tu gran misericordia!





¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!



Desde el trono de tu cruz repite, Rey Crucificado, en favor de todas estas diversas categorías de culpables y de tantos otros, repite: ¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!





“¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!”



Salve, Rey Crucificado por amor; besamos el trono de tu Cruz, desde donde estás atrayéndolo todo a tu Corazón. ¡Salve, Rey de amor!

Salve, Rey Crucificado por amor; besamos con emoción y lágrimas tu diadema sangrienta y crudelísima, quisiéramos con todo celo colocar en cada espina como joyas que atestigüen tu victoria y tu reinado, millares de almas convertidas por tu Corazón. ¡Salve, Rey de amor!

Salve, Rey Crucificado por amor; besamos de rodillas la púrpura de tu realeza, tu sangre, ese manto escarlata que envuelve tus espaldas destrozadas y tu cuerpo todo hecho una llaga viva para curar la lepra de nuestros pecados, para borrarlos en la piscina de tu Corazón. ¡Salve, Rey de amor!

Ni los ángeles vestidos de luz de gloria ni Salomón en toda su majestad terrena, fueron, ¡oh jamás!, tan hermosos, tan grandes, tan conquistadores en gracia y en belleza soberanas como Tú, Rey Crucificado, como Tú, Jesús, Dominador de las naciones con el resplandor suavísimo de tus cinco llagas, que más que soles son y quedarán cinco cielos en que nos embriagaremos tus súbditos, tus hijos y tus apóstoles en aquel reinado que no tendrá fin. ¡Salve, Rey de amor!



(Encomendad en un momento de plegaria silenciosa a este Rey Crucificado la conversión de aquellos seres muy amados y que están en peligro de perderse).



(Todos)



Jesús se proclamó Rey de las almas, y tomando posesión de la tierra con tu sangre, la declaró peana de su trono el Viernes Santo... Pero su Resurrección y después su Ascensión a los cielos no nos arrebató a este Rey Divino... Antes de morir había edificado ya su Palacio de Gobierno y éste es indestructible... ¡el Sagrario! Desde él dirige y gobierna el mundo de las almas y de la Iglesia, nuestro Rey Sacramentado... Más amor, más amor, más amor, pide Él en su silencio sacramental; y la Iglesia, sobre todo desde Pío X, pide más Eucaristía en el comulgatorio... más Eucaristía en la predicación y en la escuela... más Eucaristía en la familia... y en la vida... La audiencia diaria está concedida... el Palacio del Sagrario abierto de par en par y el Rey en su trono aguarda con anhelos divinos a los numerosísimos invitados al banquete... ¡Pero, ay, muchos son los llamados y pocos los hambrientos de Jesús-Eucaristía!



Voz de Jesús. “Mi diadema real y mi gloria sois vosotros, ‘filioli’, hijitos míos; más que los soles y las estrellas... mi trono amadísimo sois vosotros, amigos queridos; más que las alas de los ángeles... mi palacio no es tanto la inmensidad de los espacios, cuanto vuestro pecho cuando me brindáis ardiente, sencillo, apasionado el corazón ante el altar...

¡Y no venís!... Si supierais cómo me duele el alma contar los amigos fieles tan escasos en el comulgatorio, y tornar luego los ojos tristes y encontrar la inmensa mayoría de los hijos en la preocupación legítima o pecaminosa de tantas cosas, de tantas personas, que no son ni mi Persona Divina, ni mi gloria... Tanto afán y tanto tiempo para todo y para todos, menos para Mí, el Rey solitario por excelencia... ¡Os llamo, os ruego, os suplico y más os conjuro por vuestro bien eterno que comáis, que devoréis mi Corazón, que bebáis de mi cáliz y no venís!... ¡Os prometo paz y fortaleza y luz y torrentes de gracias y de consuelos y, además, por añadidura, un cielo seguro si sois los comensales asiduos de mi Mesa eucarística... y ni así venís!... Decid, ¿qué más podría hacer, de qué ardides y promesas, de qué halagos valerme para conseguir que seáis más, mucho más míos en el Sacramento de mi amor?

Yo he agotado mis recursos, para conquistaros, he agotado mis lágrimas y mis ternuras, he agotado mis tesoros y mis promesas para atraerlos y debo confesar que mi locura de amor no ha prendido sino en muy pocas almas... ¡Cuántos cuerdos en mi servicio ¡ay! y cuántos locos de desvarío mundano, de amor terreno en el servicio de las creaturas!... ¡Después de esta festividad, habiéndome aclamado tan solemnemente como Rey, probadme en el comulgatorio que en realidad lo soy para vosotros y Rey Sacramentado, esto es, Rey de amor!... Habéis invitado a los ángeles para ayudaros a celebrar y ensalzar mi divina Realeza, bien está... pero creedme, una sola Comunión más, hecha con fervor, me glorificaría mejor... Venid, tengo hambre que me devoréis, ¡oh, venid, y dejadme reinar, devorándoos Yo en el comulgatorio!

Si no ha de aumentar el fervor eucarístico, la festividad de la Realeza no será sino un Hosanna, muy hermoso, una ovación conmovedora, pero sin fruto de vida cristiana o, si queréis mejor, dicha fiesta sería como el aclamar a un Rey, para despojarlo al día siguiente de sus atributos reales: corona, cetro y púrpura... No será así con Cristo-Rey, ¡oh, no!... Digámoselo con un lenguaje tan sentido como sincero.



Voz de las almas. Te llaman corrientemente, Jesús, ¡qué tristeza! Rey solitario, Rey desconocido y abandonado en el Sagrario, pero desde esta fecha ya no será así... Rey de amor porque muy amante, serás también Rey de amor porque muy amado. ¡Óyenos benigno!

Rey solitario de grandes y bellísimas iglesias, artísticas, con qué tristeza ves desfilar tantas veces los curiosos que entran para admirar los mármoles, las esculturas de tus templos, maravillas de arte y de historia... y Tú quedas relegado a tu Sagrario y de Ti no se acuerdan y esa gente pasa y no te saluda, o apenas...

¡Ay!, qué solo estás, Jesús, qué frío hace en aquellos monumentos de arte... Te aclamamos, Rey de amor, en ellos, te adoramos, te amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono...



(Todos)



¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!



Rey solitario en tantas iglesias de grandes ciudades, donde hierve una multitud en las calles y en las tiendas de lujo y en los centros de placer... Iglesias de grandes capitales, donde la vida es vértigo de negocios por la mañana y de placer por la noche... ¡Ay!, qué solo estás, Jesús, qué frío hace en tantas de aquellas iglesias, casi vacías durante la semana... ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas te adoramos, te amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono!...





¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!



Rey solitario en tantas iglesias de ciudades materializadas, tomadas por asalto por la fiebre del lucro, embriagadas con el éxito creciente de nuevos negocios... Iglesia de grandes centros industriales, donde es una ínfima minoría la que acude a rendirte vasallaje de fe y adoración... ¡Ay!, qué solo estás, Jesús, qué frío hace en tales iglesias..., donde no hacen falta ni un gran Sagrario, ni un gran copón, porque son contados los que comulgan... ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas, te adoramos, te amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono!...





¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!



Rey solitario en tantas iglesias de pueblos apartados, de poblaciones reducidas y sumidas en gran ignorancia religiosa...; poblaciones que vegetan en la vida puramente material, alrededor de una iglesia que no les dice nada, iglesia sobrado grande aun en días festivos... ¡Ay!, qué solo estás, Jesús, qué frío hace en tales iglesias, donde la lámpara, en su luz mortecina, parece el triste símbolo de una fe que se va y de un amor que se ha ido... ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas, te adoramos, te amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono!...





¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!



Rey solitario en tantas iglesias de poblaciones desmoralizadas, pervertidas, donde es moda el burlarse de lo sagrado, donde sería ignominioso para un hombre el decir de él que ha puesto los pies, Señor, en tu casa..., donde hace tiempo no se conoce la piedad, donde se vive lejos de la Iglesia y se muere tranquilo sin sacerdote ni sacramentos... ¡Ay! qué solo estás, Jesús, qué frío hace en tales iglesias, pero no te vayas en tu gran misericordia... ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas, te adoramos, te amamos, en desagravio por ese abandono!...





¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!



Y para resarcirte, Señor Jesús, por esas soledades, que nos acusan de un desamor tan cruel; para reparar más cumplidamente ese pecado de los vasallos que, llamándote su Rey con los labios, te desconocen y ofenden con las obras y el corazón, queremos decirte, interpretando la voluntad del Pontífice: ¡Rey Divino, aclamado en los solemnes Congresos Eucarísticos, llevado en triunfo bajo arcos de victoria y paseado entre vítores de millares y millares de tus hijos enardecidos en su fe con esas espléndidas manifestaciones de tu Soberanía social, alienta, Jesús, la llama de dichos Congresos y, al clausurarlos, recorre las avenidas y las plazas de las grandes capitales conquistando, bendiciendo y repitiendo que ¡Tú eres Rey, que lo eres desde esa Hostia!



¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!



Rey Divino, muchas son ya, gracias a tu largueza, las Obras Eucarísticas que en variadas formas y por diversos modos trabajan en darte a conocer y en hacerte amar en el don de tu Sagrario... Multiplica todavía más dichas empresas redentoras... y, sobre todo, Jesús, dales luz de fe muy viva y una llama de caridad ardiente, para que realicen, a pesar de dificultades, sus ideales de victoria; en dichas obras, como en otros tantos carros de fuego, recorre como Conquistador de la tierra, repitiendo que ¡Tú eres Rey, que lo eres desde esa Hostia!



¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!



Rey Divino, de un siglo a esta parte incontables son las Congregaciones e Institutos religiosos fundados para reparar ante el Tabernáculo, para adorarte, para servirte y hacerte amar sobre todo en el Sacramento de tu amor. Gracias te damos, Jesús, por ese inmenso beneficio, pues esa legión de Comunidades Eucarísticas son la roca fiel en que se apoya acá abajo tu trono, Rey de amor... Ahora te pedimos que esas Congregaciones sean por su fervor cada vez más dignas de tu predilección, y también más fecundas, más fuertes en la misión sublime de adorarte y hacerte amar en tu sacrosanta Eucaristía. Por su influencia, sus trabajos apostólicos y su vida de santidad, recorre victorioso esta tierra ingrata, repitiendo que ¡Tú eres Rey y que lo eres desde esa Hostia!



¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!



Rey Divino, es preciso que tu amor llegue a ser una sangre nueva, un alma divina de la Sociedad que queremos formar y refundir en la fragua de tu Corazón... Para conseguirlo es indispensable, Jesús, que las familias cristianas sean familias profundamente eucarísticas... Querríamos, pues, compenetrarlas de este amor de amores, querríamos que las almas de los niños de esos hogares Betanias estuviesen amasadas con tu Carne y con tu Sangre, a fin de que Tú llegares a ser una vida y una tradición en la familia... Éste sería el secreto infalible de tu Reinado Social... Existen ya esos hogares dichosos; recorre, pues, la tierra multiplicándolos, Jesús, y por ellos repite de un polo a otro que ¡Tú eres Rey y que lo eres desde esa Hostia!



(Todos, tres veces)



¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!



(Prometed no perder jamás por culpa vuestra, ni una sola Comunión... y también el hacer esta campaña Eucarística, sobre todo en las familias del Corazón de Jesús).



Lo acabamos de decir; la familia amante, generosa, eucarística, debe ser el baluarte y la ciudadela inexpugnable de Cristo-Rey... El plebiscito de las familias en estos últimos doce años ha preparado el mundo a esta Fiesta de la Realeza, pues millares y millones aún de hogares, entronizándolo, es decir, colocando en trono de gloria y honor al Señor Jesús, lo habían ya aclamado su Rey... Después de la familia, la Sociedad y la Patria, conjunto ordenado de hogares cristianos... Antes de terminar, pues, la Hora Santa, pidamos con clamor de inmensa fe que los hogares-Betania sigan siendo los tronos vivos del Rey Divino...



Voz de las almas. Rey Creador, Rey Salvador en Nazaret, Rey Amigo, en Betania, es preciso, es urgentísimo para que Tú reines, para que la Sociedad cristiana se afirme y se refine en su fe, que la familia sea realmente el Tabernáculo vivo y la Tienda sacrosanta en que Tú seas glorificado... Bien sabes el empeño con que tus pobrecitos apóstoles hemos trabajado para entronizarte triunfante de veras, esto es, conocido y muy amado en hogares que blasonan de Betanias de tu Corazón Divino.

Por las lágrimas de María, por las mortales angustias de esa Madre Dolorosa, reina, Jesús, amor de nuestros amores, en aquellos hogares mundanos, tan llenos de frivolidad y de mentira como de amargura mortal, secreta... Cuántas familias, Señor, que de cristianas no tienen sino el bautismo y un poco más, una fórmula de etiqueta, hogares donde el dinero, los placeres y las vanidades ocupan ¡ay! el puesto que estaba destinado a Ti, Monarca adorable... ¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



(Todos)



¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



Por las lágrimas de María, por las mortales angustias de esa Madre Dolorosa, reina, Jesús, amor de nuestros amores, en aquellos hogares buenos, sí, pero tan poco amantes, donde Tú eres un Señor exigente a quien se sirve servilmente por temor y sin grande amor... Hogares en que se observa en general tu ley, pero con cierta amargura; donde se arrastra tu yugo, y, sobre todo, donde la piedad, la vida eucarística, la amistad contigo se consideran exageraciones indebidas... Ahí no se goza en tu servicio, ahí no calienta el sol de tu amor... ¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!





¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



Por las lágrimas de María, por las mortales angustias de esa Madre Dolorosa, reina, Jesús, amor de nuestros amores, en aquellos hogares donde hay un pecador obstinado, un alma de grandes cualidades naturales, pero cadáver en el orden sobrenatural; un Lázaro, pero que no quiere resucitar, tiene miedo, Jesús, que Tú lo saques de su tumba... Dice que está tranquilo, dice que en el más allá se entenderá contigo, sin necesidad de haberse confesado acá abajo con tus Ministros... Dice que basta el ser honrado, pero desecha tu Iglesia, tu Cruz, tu Sangre y tus Sacramentos... ¡Oh!, se necesita, Rey de Betania, un gran milagro, pero Tú lo harás porque eres Jesús... ¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



Por las lágrimas de María, por las mortales angustias de esa Madre Dolorosa, reina, Jesús, amor de nuestros amores, en aquellos hogares tan probados por la cruz de pesares morales... de duelos dolorosísimos, de torturas de familia que no se nombran, pero que Tú conoces... de penas ciertamente más amargas que la muerte... ¡Ah!; y esa cruz suele agravarla a veces la enfermedad y la situación material muy penosa de una familia buena y numerosa... Endulza, fortifica, consuela, alienta, como sólo Tú puedes hacerlo, derrocha como Rey de amor tu Corazón en esa casa atribulada... ¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!





¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



Por las lágrimas de María, por las mortales angustias de esa Madre Dolorosa, reina, Jesús, amor de nuestros amores, en aquellos hogares del todo tuyos, donde si no faltan dolores y cruces, éstas son recibidas como un don de tu misericordia, porque Tú eres ahí el Rey y el Amigo íntimo, porque tu Corazón es en esa Betania el centro y el todo de esos hogares dichosos... Cada uno de ellos es un oasis en el desierto, ahí descansas entre amigos del alma, ahí los padres y los hijos son tu diadema, ahí mandas con imperio absoluto, ahí no hay más que una ley: la de amarte, la de hacer tu voluntad, la de darte inmensa gloria. Bendice y colma esas familias, multiplícalas en esta hora solemne, Rey de amor... ¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



¡Por María Inmaculada, sálvanos en tu adorable Corazón!



Y puesto que nuestras familias al entronizarte votaron solemnemente, Rey de reyes, en favor de esta fiesta de tu divina Realeza, déjanos sin más transición, Jesús, aclamarte en nombre de nuestra Patria con entonación de patriotismo cristiano... Pon atento el oído, Cristo-Rey, te hablamos en nombre de nuestros hogares y de la nación de tu Corazón. En presencia, ¡oh Jesús!, de la Reina Inmaculada y de los ángeles que te adoran en esta Hostia Sacrosanta, a la faz del cielo, y también de la tierra rebelde y mal agradecida, te reconocemos, Señor, como el único Soberano y Maestro, y como la fuente única de toda Autoridad, de toda Belleza, de toda Virtud y de toda Verdad...

Por esto, de rodillas y en espíritu de reparación social, te decimos: No reconocemos un orden social sin Dios: ¡La base de todo orden social es tu Evangelio, Jesús!





¡La base de todo orden social es tu Evangelio, Jesús!



No reconocemos ninguna ley de verdadero progreso sin Dios: ¡La ley de todo progreso es la tuya, Jesús!



¡La ley de todo progreso es la tuya, Jesús!



No reconocemos las utopías de una civilización sin Dios: ¡El principio de toda civilización es tu espíritu, Jesús!



¡El principio de toda civilización es tu espíritu, Jesús!



No reconocemos una justicia sin Dios: ¡La justicia integral eres Tú mismo, Jesús!



¡La justicia integral eres Tú mismo, Jesús!



No reconocemos la noción de Derecho sin Dios: ¡La fuente del Derecho es tu Código inmutable, Jesús!



¡La fuente del Derecho es tu Código inmutable, Jesús!



No reconocemos una libertad sin Dios: ¡El único Libertador eres Tú mismo, Jesús!



¡El único Libertador eres Tú mismo, Jesús!



No reconocemos una fraternidad sin Dios: ¡La única fraternidad es la tuya, Jesús!



¡La única fraternidad es la tuya, Jesús!



No reconocemos ninguna verdad sin Dios: ¡La Verdad substancial eres Tú mismo, Jesús!



¡La verdad substancial eres Tú mismo, Jesús!



No reconocemos un amor verdadero sin Dios: ¡El Amor Increado eres Tú mismo, Jesús!



¡El Amor Increado eres Tú mismo, Jesús!



Reinado del Corazón de Jesús, reinado no sólo íntimo, sino Social y Nacional, tal es la gran afirmación doctrinal de la nueva fiesta de la Realeza... ¡Oh!, qué urgente y oportuno es poner muy de relieve este principio católico para combatir y reparar el horrendo delito de lesa Majestad Divina cometido por tantos pueblos y Gobiernos laicos y apóstatas del Evangelio... Pero desahoguemos mejor el corazón en una plegaria.



Voz de las almas. Señor Jesús, al terminar esta Hora Santa queremos evocar en torno de este trono eucarístico, aquellos soles de santidad, aquellos Reyes santos, cuyo heroísmo de amor en plena corte y sobre el trono preparó ciertamente, Rey Divino, la apoteosis de esta gran festividad en tributo de vasallaje a tu sacrosanta Realeza...

Bajad, pues, del Paraíso, Reyes santos, acudid prestos con vuestros loores, adoraciones y cantares.



¡San Eduardo, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Casimiro, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Canuto, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Enrique, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Esteban, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Wenceslao, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Luis, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Hermenegildo, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡San Fernando, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡Santa Isabel, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡Santa Margarita, Cristo, Rey de Reyes, salvad a nuestra Patria!



¡María Inmaculada, Emperatriz del Cielo, reina muy amada de la tierra, Virgen Madre, precursora de luz y de esperanza del Rey de amor, preparadle el trono en nuestra Patria, que Jesús reine en nuestro pueblo, que inspire Él, Sol de justicia y de verdad, nuestras instituciones y leyes, que nuestra nación sea, oh María, la peana del trono de Cristo-Rey!

Y ahora, acércate, Monarca adorable ya aquí en medio de los tuyos, estrechándote tus hijos recibe de su mano la diadema que quisieron arrebatarte los que, siendo polvo de la tierra, se llaman poderosos, porque en tu humildad, creen injuriarte de más alto...

Adelántate triunfante en esta ferviente congregación de hermanos... No borres las heridas de tus pies ni de tus manos... No abrillantes, no hermosees, deja ensangrentada tu cabeza... ¡Ah!, y no cierres, sobre todo; deja abierta la profunda y celestial herida de tu pecho... Así, Rey de sangre así..., cubierto con esa púrpura de amor y con la túnica de todos los oprobios..., sin transfigurarte..., Jesús, el mismo de la noche espantosa del Jueves Santo, preséntate, desciende y recoge el hosanna de esta guardia de honor que vela por la gloria del Corazón de Cristo Jesús, su Rey!







(Todos, en voz alta)



¡Viva tu Sagrado Corazón!



Los Reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu Ley; pero, al caer del sitial de mando en la tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!



Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina y que es deber eliminarlo en beneficio del progreso...; ¡pero, al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!



Los ricos, los altivos, los mundanos, encontrarán que tu moral es de otro tiempo, que tus intransigencias matan la libertad de la conciencia...; pero, al confundirse con las sombras de la tumba del olvido, tus hijos seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!



Los interesados en ganar alturas y dinero vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones..., chocarán con la piedra del Calvario y de la Iglesia..., y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus apóstoles seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!

Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio..., morirán un día envenenados por sus maléficas doctrinas, y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!



Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada, de tu Iglesia..., y al perderse, derrotados, en la tumba de un eterno olvido... tus redimidos seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!



¡Oh, sí, que viva! Y al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, Luzbel, el ángel de las tinieblas, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando:



¡Viva tu Sagrado Corazón!



Y al despedirnos, Rey de gloria, en esta tarde más hermosa que alborada, recibe con nuestros vítores las ovaciones de nuestras almas:



¡Salve, Corona de espinas de mi Rey y mi Dios!









(Todos)



¡Cristo venza, Cristo reine, Cristo impere: viva su Sagrado Corazón!



¡Salve, cetro de caña de mi Rey y mi Dios!



¡Cristo venza, Cristo reine, Cristo impere: viva su Sagrado Corazón!



¡Salve, manto de escarlata, púrpura real de mi Rey y mi Dios!



¡Cristo venza, Cristo reine, Cristo impere: viva su Sagrado Corazón!



¡Salve, Cruz bendita, trono de mi Rey y mi Dios!



¡Cristo venza, Cristo reine, Cristo impere: viva su Sagrado Corazón!



¡Oh!, repite ahora, Rey de amor, murmura al corazón de cada uno de tus hijos, lo que prometiste a tu sierva Margarita María: “Reino por mi Divino Corazón”.





Acto de consagración del género

humano al Sagrado Corazón de Jesús



Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser: y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh, Jesús benignísimo! Compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, porque no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey de aquellos que por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del Islamismo: dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino. Mirad, finalmente, con ojos de misericordia, a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos, como bautismo de redención y de vida, la Sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded, oh, Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud; a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Así sea.



Cinco veces en honor de las Cinco Llagas, por la Patria:



Corazón divino de Jesús: ¡Venga a nos tu reino en nuestra Patria!


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