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martes 30 de junio de 2009

La historia secreta de la declaración Nostra Aetate II

para leer Nostra Aetate click en la imagen




Si la Iglesia ya no es el verdadero Israel, ¿en qué debe transformarse en esta nueva teología de la salvación? En este estudio, de suyo extenso, no podemos agotar todos los aspectos de la religión noáquida. Esta religión introducida en el Vaticano II debe suplantar el catolicismo. Señalemos algunos hitos históricos y destaquemos varios aspectos de este nuevo “catolicismo”.


DEL "MITO DE LA SUSTITUCIÓN" A LA RELIGIÓN NOíQUIDA (1)

Por Michel Laurigan

De la purificación "del espacio cristiano" a la introducción de la religión de Noé

1. "Purificación del espacio cristiano"


Al principio (54) los cristianos dijeron: "Nosotros también somos Israel."
Luego afirmaron: "Nosotros también somos el verdadero Israel."
Un poco más tarde: "Sólo nosotros somos el verdadero Israel."
F. Lovsky


Las discusiones que siguieron a la "toma de conciencia" del ConcilioVaticano II fueron preparando poco a poco al mundo cristiano para asumir una nueva teología de las relaciones de la Iglesia con el judaísmo (55). El objetivo de las directivas del Vaticano (56) y de los episcopados desde hace casi cuarenta años se encaminó a transformar la mentalidad por medio de un “gran esfuerzo de educación” de los pueblos del “espacio cristiano”. Este esfuerzo tiende a:

1. recordar la perpetuidad de la primera Alianza;
2. inculcar el aprecio del pueblo judío (infiel), “pueblo sacerdotal”;
3. renunciar a la conversión de los judíos:
4. familiarizarse constantemente con el diálogo y la cooperación con el judaísmo;
5. preparar los caminos a la religión noáquida.

Altas autoridades vaticanas indujeron a los episcopados a publicar declaraciones cuyo contenido teológico se opone claramente al magisterio de la Iglesia.

a) La nueva "teología de la Alianza" según el episcopado

Podemos ilustrar nuestra observación con dos ejemplos: el texto de la Comisión del Episcopado Francés para las Relaciones con el Judaísmo (Pascua, 1973) y las Reflexiones sobre la Alianza y la Misión del episcopado norteamericano (13 de agosto, 2002). A juicio de los judíos, son dos declaraciones cuyo contenido sobrepasan ampliamente las afirmaciones del Concilio.

Los aspectos heterodoxos no escapan a la consideración de persona alguna.

Los cristianos no deben ver al judaísmo como una realidad solamente social e histórica sino esencialmente religiosa; no como reliquia de un pasado venerable y acabado, sino como una realidad viva a través del tiempo. Las principales señales de esta vitalidad del pueblo judío son: el testimonio de su fidelidad colectiva al único Dios, su fervor en escrutar las Escrituras para descubrir, a la luz de la Revelación, el sentido de la vida humana, la búsqueda de su identidad en medio de los otros hombres, sus constantes esfuerzos por congregarse en una comunidad reunificada. Como cristianos, estos signos nos plantean un interrogante que toca el corazón de nuestra fe: ¿Cuál es la misión propia del pueblo judío en el plan de Dios?

Una elección que perdura: la primera Alianza no ha caducado. Contrariamente a lo que sostuvo una exégesis tan antigua como cuestionable, no se podría deducir del nuevo Testamento que el pueblo judío ha sido privado de su elección. El conjunto de las Escrituras, por el contrario, nos invita reconocer la fidelidad de Dios a su pueblo en la preocupación de fidelidad del pueblo judío a la Ley y a la Alianza. La primera Alianza, en efecto, no queda abrogada por la nueva. El pueblo judío tiene conciencia de haber recibido, a través de su vocación particular, una misión universal frente a las naciones (57).

¿Cuál es esta misión? Lo estudiaremos en un próximo apartado. La segunda declaración, más reciente, es la de los obispos norteamericanos. Es realmente impresionante:

El pensamiento católico romano manifiesta un creciente respeto por la tradición judía que se desarrolla desde el Concilio Vaticano II. La profundización de la valoración católica sobre la alianza eterna entre Dios y el pueblo judío, así como el reconocimiento de la misión que Dios asignó a los judíos de atestiguar el amor fiel de Dios, llevan a concluir que las acciones encaminadas a convertir a los judíos al cristianismo ya no son teológicamente aceptables en la Iglesia Católica (58).

b) "Cambiar la teología" de los teólogos

Los testimonios de teólogos sobre la perpetuidad de la primera Alianza son tan abundantes que podría reproducirse una letanía de citas. He aquí algunas:

Quizá sea necesario ir al fondo del asunto: avizorar, bajo las nuevas perspectivas, la idea de un derrocamiento de la religión-madre por la religión-hija. La noción de una sustitución de la antigua Alianza por la nueva está en el origen mismo de la división judeocristiana y sus consecuencias. En uno de sus grandes estudios teológicos, significativamente titulado “La alianza nunca derogada”, Norbert Lohfink, jesuita, profesor de investigación bíblica en una universidad pontificia de Roma, afirma categóricamente que “la concepción cristiana ordinaria sobre la nueva Alianza favorece el antijudaísmo.” (59)

Creemos que Cristo instauró una nueva Alianza. ¿Caducó con ello la antigua? Lo sostuvimos durante mucho tiempo y probablemente existen cristianos que aún hoy lo piensan (60).

En un coloquio titulado Proceso a Jesús, ¿proceso a los judíos?, Alain Marchandour no duda en afirmar:

Durante mucho tiempo los cristianos percibieron a Israel como una clase de órgano testigo de una realidad absorbida esencialmente por el cristianismo convertido en nuevo Israel. Semejante lenguaje es indefendible: Israel existe con su historia, sus instituciones, sus textos. El judaísmo no se extinguió con la llegada del cristianismo (…) Sigue siendo el pueblo de la Alianza (61).

Charles Perrot, profesor del Instituto Católico de París, manifiesta una idea similar:

Si la Iglesia sustituye a Israel, si lo reemplaza, esto no significa que también lo elimine, por absorción o algo peor aún. Ahora bien, expresarse así es peligroso. ¿Es admisible hoy en día? (62)

c) Hacer que las élites "revisen la historia cristiana"

Al igual que su teología, la Iglesia debe "revisar" su historia. En ese sentido, el Vaticano multiplica las reuniones de expertos. En Roma o en otras ciudades europeas se celebran distintos coloquios que tienen por tema la historia de la Iglesia en relación a su actitud frente al judaísmo. El 30 de noviembre de 1997 tuvo lugar en Roma un encuentro sobre las raíces del antijudaísmo cristiano. Historiadores venidos de todo el mundo escucharon a expertos en relaciones judeocristianas. Claude-Françoise Jullian nos cuenta en Le Nouvelle Observateur cuál fue el objeto del debate:

Todos los expertos reafirmaron los orígenes judíos del cristianismo y calificaron la teología de la sustitución –esto es, la nueva Alianza en Cristo, que rompe con la antigua- como una aberración. Al abrir el simposio, el cardenal Etchegaray (Presidente del Comité de Organización del Jubileo) explicó con voz rocosa, salida de las gargantas pirenaicas: "Se trata de que examinemos las relaciones a menudo alteradas entre judaísmo y cristianismo." El pensamiento fue recogido por el animador del encuentro, el dominico suizo Georges Cottier, teólogo privado del Papa [Juan Pablo II. N. del E.] (y Presidente del Comité histórico-teológico del Jubileo), que recordó: "nuestra reflexión apunta al plan divino de la salvación y al lugar que corresponde al pueblo judío, pueblo de la elección, de la alianza y de las promesas.”

“La aberración de la teología de la sustitución es un punto esencial, admitido desde Vaticano II, pero difícil de hacer aceptar por las bases”-afirma un participante (63).

El periodista de un semanario se preguntaba: “¿Por qué Roma reúne a los expertos de cinco continentes para comprobar una cosa hoy parece ya una verdad de fe?”

Otro coloquio se celebró a la Universidad de Friburgo del 16 al 20 de marzo de 1998 sobre el tema Judaísmo, antijudaísmo y cristianismo. Las actas se publicaron en las ediciones Saint-Augustin del año 2000 y todas las intervenciones revisten el mayor interés.

Más recientemente aún, el Congreso Judío Europeo organizó en París el 28 y 29 de enero de 2002 los Encuentros Europeos entre Judíos y Católicos sobre el tema: Después del Vaticano II y Nostra Aetate: profundización de las relaciones judeocristianas en Europa bajo el pontificado Juan Pablo II. En su transcurso se honraron varias personalidades comprometidas en el diálogo entre judíos y cristianos.

Unas jornadas vespertinas efectuadas en los salones del Hôtel de la Ville de Paris el 28 de enero de 2003 reunió unas 700 personas, tanto judíos como católicos. En la lista de oradores figuraban Maître Henri Hajdenberg, presidente de estos encuentros, el profesor Jean Halpérin, del Comité de Enlace entre judíos y católicos, el cardenal Lustiger, el gran rabino de Moscú, Pinchas Goldschmidt, el gran rabino René Samuel Sirat, el doctor Michel Friedman, vicepresidente del Congreso Judío Europeo y el cardenal Walter Kasper, Presidente de la Pontificia Comisión para las relaciones religiosas con el Judaísmo. En sus discursos todos los oradores destacaron de cuánta importancia habían sido los pasos dados desde Nostra Aetate...

Muchas cosas se dijeron esa tarde sobre las actuales relaciones entre judíos y cristianos. Sopló un nuevo espíritu, que realmente tomó nota de los gestos, de las palabras de los católicos, especialmente de Juan Pablo II. “Una nueva página, una nueva etapa”, ese es el sentimiento que, por otra parte, iba a confirmarse en el transcurso del día siguiente. Después de las exposiciones de los distintos oradores y de la proyección de la película “El Papa Juan Pablo II en Tierra Santa”, se hizo un gran silencio en la extensa sala. Durante el día siguiente, 29 de enero, ante un público más limitado y en presencia de varios cardenales, obispos y personalidades judías, de algunas delegaciones venidas de Alemania, Austria, Bélgica, Italia, Suiza y Polonia, en un mismo clima de positividad y de verdad se abordó el tema: “La evolución de las relaciones judeocatólicas. De la teoría de la sustitución al respeto mutuo. Acerca de la necesaria transmisión de la memoria de la Shoa en el contexto actual.”

Por la tarde, diversos oradores expusieron sobre “Los retos de la asimilación y la secularización, la evolución de las relaciones judeocatólicas con el Estado de Israel y Jerusalén.” Las jornadas concluyeron con una declaración común de judíos y católicos. (64)”.

Podríamos multiplicar los informes sobre distintas reuniones, congresos, coloquios, jornadas, etc., que pululan año a año.

d) Cambiar el contenido de la predicación y del catequesis

Los documentos romanos del 24 de junio de 1985 –Notas para una correcta presentación de los judíos y del judaísmo en la predicación y la catequesis (65)- deben leerse y meditarse a la luz de lo que se ha dicho precedentemente.

e) Cambiar los espíritus por gestos espectaculares

Un ejemplo de esta afirmación es el gesto de Juan Pablo II a la sinagoga de Roma del 13 de abril de 1986. La visita fue todo un símbolo: “La Iglesia de Cristo, por medio de Juan Pablo II, se traslada a la sinagoga y descubre su vínculo con el judaísmo explorando su propio misterio.” Con este motivo, Juan Pablo II dirá:

La religión judía no nos es "extrínseca", sino que en determinado sentido es "intrínseca" a nuestra religión. Tenemos, pues, a su respecto, relaciones que no tenemos con ninguna otra religión. Vosotros sois nuestros hermanos preferidos, y se podría decir en cierto sentido, nuestros hermanos mayores (66).

f) Los cristianos deben respetar el derecho de los judíos a la tierra de Israel, centro físico de la Alianza.

El acontecimiento más importante para los judíos desde el holocausto fue el restablecimiento de un Estado judío en la Tierra prometida. Como miembros de una religión basada en la Biblia, los cristianos deben valorar que la tierra de Israel haya sido prometida y dada a los judíos en calidad de centro físico de su Alianza con Dios (67).

A los cristianos no les queda más alternativa que alegrarse de la presencia de los judíos en Tierra Santa...

Paul Giniewski analiza la enseñanza de los últimos cuarenta últimos en términos del pensamiento judío (68) distinguiendo tres etapas:

• "viduy", es decir, el reconocimiento sincero del incumplimiento y las faltas;
• "teschuva", que supone la conversión a la conducta contraria;
• finalmente, el más importante, "tikkun", es decir, la reparación.

¿Hasta dónde hemos llegado? –se pregunta el escritor judío. Hasta el "teschuva", responde, sin el menor margen de duda. Ésta no terminará “hasta que la enseñanza del aprecio se traduzca en textos didácticos y su propagación haya suscitado numerosas vocaciones de alumnos y profesores de la novedad. El objetivo es ambicioso: hacer oír y aceptar una enseñanza que decía lo contrario de lo que hasta ahora se enseñó (...) De esta forma se descrucificará a los judíos.”

Por último, la Iglesia deberá reparar. Algunos ya han descripto lo que será el “tikkun”...

Los judíos podrán entonces retomar su papel en medio de las naciones, un rol explicado en muchas obras e inteligentemente resumido en un panfleto firmado por Patrick Petit-Ohayon, La Misión de Israel, un pueblo de sacerdotes (69).

2) El pedido de perdón del año 2000 o “viduy”

En San Pedro, Roma, el 12 de marzo del año 2000, Juan Pablo II, en nombre de la Iglesia Católica, hace el “mea culpa” (70) por los pecados cometidos por los cristianos a lo largo de la historia. Este gesto no se comprende si no se coloca en el contexto de la toma de conciencia de una Iglesia que, "por la Inquisición" (71) (sistema de violencia, de apremio), persigue al pueblo de la Alianza, desposeído y oprimido al mismo tiempo. Los cristianos, pues, acaban de hacer su “viduy”.

Y para que todo quede suficientemente claro a cristianos y judíos, el texto de arrepentimiento fue colocado por el propio Juan Pablo II en un intersticio del Muro de los Lamentos (72), vestigio del Templo de la primera Alianza, que sólo aguarda su reconstrucción en la capital religiosa de la Alianza redescubierta: Jerusalén destrona a Roma, la usurpadora (73).

3) Hacia la religión noáquida

Si la Iglesia ya no es el verdadero Israel, ¿en qué debe transformarse en esta nueva teología de la salvación?

En este estudio, de suyo extenso, no podemos agotar todos los aspectos de la religión noáquida. Esta religión introducida en el Vaticano II debe suplantar el catolicismo (74). El tema es tan extenso que podría consagrársele unas jornadas de estudio. Señalemos algunos hitos históricos y destaquemos varios aspectos de este nuevo “catolicismo”.

Después de la Revolución francesa, que emancipó a los judíos y posibilitó su inserción en las sociedades civiles, los rabinos y los pensadores del judaísmo se plantearon el interrogante sobre el problema religioso del mundo por venir. Se acercaba el retorno a la tierra de Israel y se imponía solucionar la cuestión religiosa que no iba a dejar de plantearse. Aquello que estaba en juego en los debates teológicos de los rabinos del siglo XIX puede resumirse de la siguiente manera: ¿"Cuándo reencontraremos nuestro papel de pueblo que lleva la salvación a las naciones? ¿Cómo será la religión de los cristianos que pretendieron ser el nuevo Israel?"

Elías Benamozegh, rabino de Livorno, el Platón del judaísmo italiano, “uno de los maestros del pensamiento judío contemporaneo” (75), propuso una solución que publicó en 1884 en su obra principal Israel y la Humanidad (76). El subtítulo, sugestivo, es: Estudio sobre el problema de la religión universal y su solución. La solución Benamozegh, a la cual van a atenerse poco a poco los seguidores del judaísmo, puede sintetizarse como sigue:

La Iglesia Católica debe reformar tres puntos de su enseñanza:

• cambiar su visión del pueblo judío, que debe rehabilitar como pueblo primogénito, pueblo sacerdotal, que “ha sabido conservar la religión primitiva en su pureza original”. Este pueblo ni es deicida ni ha sido reprobado por Dios. Ninguna maldición pesa sobre él. Al contrario, le cabe predicar la felicidad y la unidad de la humanidad. “Admitir -escribe Gérard Haddad (77), citando a Benamozegh- el rol que San Pablo (78) creyó poder excluir.”

• "Renunciar a la divinidad de Jesucristo, este Hijo del Hombre como Él mismo se llamaba." Simple rabino, Jesús era judío y como tal permaneció. Predicar a Jesucristo, pero un Jesucristo humano, que viene a traer una moral para la felicidad de todos los hombres.

• Aceptar una reinterpretación -no una supresión- del misterio de Trinidad.

Reunidas estas tres condiciones, "la Iglesia Católica es la Iglesia del verdadero catolicismo", verdadero catolicismo que Benamozegh llama noaquismo, una religión destinada a todos los pueblos del "espacio cristiano", como decía Lustiger. La Iglesia tiene la misión de propagar la moral inherente al noaquismo (79). La declaración sobre el judaísmo del episcopado norteamericano del 13 de agosto contiene una referencia explícita al respecto:

El judaísmo considera que todo pueblo está obligado a observar una ley universal. Esta ley, conocida como los Siete Mandamientos de Noé, se aplica a todos los seres humanos. Estas leyes son: (1) el establecimiento de tribunales de justicia, de modo que la ley gobierne la sociedad, y la prohibición (2) de la blasfemia, (3) idolatría, (4) incesto, (5) derramamiento de sangre, (6) hurto y (7) comer la carne de animales vivos.

El nuevo objetivo de la Iglesia consiste en evangelizar los pueblos en este humanitarismo noaquista y propiciar su unificación (80). Se redefinirá la primacía romana para facilitar la unidad de los cristianos. El noaquismo será "la religión de la moral natural". Los no judíos no deben pretender convertirse al judaísmo o mosaísmo talmudista, religión reservada a los elegidos. La solución Benamozegh, silenciada por largo tiempo, ahora es retomada por los dirigentes del mundo judío. El gran rabino René Samuel Sirat, por ejemplo, hizo alusión al status de los no judíos en ocasión del entierro de un joven francés de 24 años, víctima de un atentado cometido a la cafetería de la universidad hebraica de Jerusalén el 31 de julio de 2002:

David, mi querido David, había elegido acercarse espiritual y culturalmente a nuestra comunidad judía y ostentar ante el judaísmo el hermoso título de toshav, extranjero y ciudadano a la vez, que la Biblia valorizó y que el rabino Elías Benamozegh, en el siglo pasado, explicó magníficamente en su libro “Israel y la Humanidad”. Se trata de la libre elección de acercarse a la tradición de Israel, de observar las Siete Leyes –llamadas leyes noáquidas - de la moral natural reveladas antaño a Noé, padre del todos los vivientes (...) Pues, preciso es recordarlo, no es necesario convertirse al judaísmo para tener derecho a la salvación eterna. (81)”

Conclusión

La nueva religión que resulta del Vaticano II debe interpretarse a la luz de esta nueva lucha, siempre antigua y siempre nueva, entre Jesús (Maria) y Satanás, entre la Iglesia y la Sinagoga. En el siglo XX, Satanás parece haber dado con su Caballo de Troya (Vaticano II) y con aqueos resueltos de teología subversiva.

En el centro de este movimiento de conversión, explícitamente enseñado por teólogos cristianos como Bouyer, Congar y de Lubac, se oculta el redescubrimiento de la fe. Este es el trabajo de conversión que la Iglesia Católica y muchos cristianos hoy quieren realizar.

Con estas palabras cierra el cardenal Lustiger su intervención en la sinagoga de Nueva York (82).

No, señor Cardenal. Católicos y romanos, nuestra fe está en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nacido por obra del Espíritu Santo del seno purísimo de la Virgen María; nuestra fe está en Jesucristo, salvador de los hombres, crucificado bajo Poncio Pilatos y resucitado de entre los muertos, venido a cumplir la Ley y los Profetas, fundando la Iglesia católica, apostólica y romana, la nueva y eterna Alianza que no es la que usted predica. Con la ayuda de Dios, con el auxilio del Magisterio de la Iglesia y su bimilenaria Tradición, no vamos a terminar noáquidas.

Tal vez esta fidelidad permitirá a los judíos beneficiarse con las preciosas gracias de la redención, gracias que la Virgen María sabrá distribuir en abundancia, como ya aprovecharon a los Drach, Libermann, Ratisbona, Lemann, Zolli y tanto otros, verdaderos convertidos, verdaderos hijos de la Iglesia romana, verdaderos hijos de Maria.

Dios de bondad, Padre de las misericordias, te suplicamos por el Corazón Inmaculado de María, por la intercesión de los Patriarcas y santos Apóstoles, que dirijas tu mirada de compasión sobre el resto de Israel, para que conozca nuestro único Salvador Jesucristo y participe de las gracias preciosas de la Redención. Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

[Oración indulgenciada por León XIII y San Pío X.]


Notas

(54) F. Lovsky, El reino dividido: judíos y cristianos. Ed. San Pablo, 1987.
(55) Las revistas Istina y Sens reprodujeron ampliamente los debates y los nuevos datos teológicos. Ver, entre otros, Ensayo de programa para una teología después de Auschwitz, de Franz Mussner, Istina, nº 36,.1991, p. 346-351.
(56) Ver "Católicos y judíos: una nueva visión. Notas de la comisión vaticana para las relaciones con el judaísmo", DC 82 (1985), p. 733-738. Ver también: "Discurso de Juan Pablo II a los delegados de las conferencias episcopales para las relaciones con el judaísmo”, CD 1827 (4 de abril, 1982), p. 339-340.
(57) Ver el sitio del Servicio de Informes de Documentación Judía y Cristiana. La portada presenta el sitio así: “¿Qué es el S.I.D.I.C.? Un organismo católico animado por las hermanas de Notre-Dame de Sión. ¿Su objetivo? Trasladar a la vida de los cristianos las directivas del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia y el pueblo judío. ¿A quiénes se dirige? A todo cristiano deseoso de profundizar su fe hasta sus raíces judías, de luchar contra el antisemitismo, de conocer y reconocer a su hermano judío.” ¿Dónde está el espíritu católico de los hermanos Ratisbona, que querían ganar a los judíos para Cristo Redentor?
(58) Reflexiones sobre la Alianza y la Misión, documento publicado por la Comisión del Episcopado Norteamericano para Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos y el Consejo Nacional de Sinagogas, afirmando que la conversión de los judíos constituye un objetivo inaceptable, Washington, 13 de agosto, 2002.
(59) Paul Giniewski, Antijudaísmo Cristiano. Un cambio, París, Salvator, 1993, p. 391. Las citas que siguen se extraen de esta obra.
(60) R. Padre Jean Dujardin, intervención durante un "Encuentro de jóvenes”, marzo, 1998, revista Sens, nº 12, p. 533.
(61) Alain Marchandour, intervención en el coloquio Juicio a Jesús, ¿juicio a los judíos?, noviembre, 1996, Cerf, 1998, p. 11.
(62) Charles Perrot, “La situación religiosa de Israel según Pablo”, en Juicio a Jesús, ¿juicio a los judíos”, ibid., p. 134-136.
(63) Le Nouvel Observateur, 22-28 de febrero, 1998, p. 110.
(64) La relación de estas jornadas se encuentra en el sitio de las Hermanas de Notre-Dame de Sión. Los segundos encuentros europeos entre judíos y católicos tuvieron lugar en París, el 11 y 12 de marzo de 2003.
(65) DC 1985, 733-738.
(66) Discurso de Juan Pablo II a la sinagoga de Roma, en Judíos y Cristianos, París, Cerf, 1986, p. 54-55. Ver DC 1986, 433-439. El grave problema reside en el aprecio manifestado a judíos infieles, que no han reconocido a Jesucristo como Mesías, ni a la Iglesia Católica como única arca de salvación.
(67) Declaración de los Sabios Judíos Norteamericanos, septiembre, 2000. Ver el sitio www.chrétiens-et-juifs.org. André Paul, biblista y teólogo, parece rechazar el "sionismo” del cardenal Lustiger (La Promesa): "Al galope de patéticas exégesis, donde se da rienda suelta a un lenguaje estereotipado a la manera de una gnosis judeocristiana, se suceden invitaciones –¡cuán encomiables!- al “conocimiento recíproco” (p. 189) de judíos y cristianos, pero es para afirmar, sin rodeos esta vez, que el sionismo político establecido en 1948 es algo “necesario” (p. 182), más aún, que es un don de Dios.” L´Express, nº 2683, 5-11 de diciembre, 2002, p. 96. Para los judíos, su presencia en la Tierra Santa reviste obviamente un carácter teológico. Por lo que hace a la reconstrucción del Templo, el proyecto avanza bien.
(68) Paul Giniewski, Antijudaísmo Cristiano. Un cambio, ibid.
(69) París, edit. Biblieurope & F.S.J.U., 2002. Si el pueblo judío es un pueblo de “sacerdotes", ¿qué sucede con el sacerdote católico, alter Christus, en esta nueva teología? ¿No debe desaparecer? ¿Deberá cambiar su naturaleza? Sabemos que Satanás siempre aborreció el Santo Sacrificio de la Misa y que por todos los medios pretende erradicar el sacerdocio y el Sacrificio de la Nueva Alianza. En 1988 sufrió una derrota: Mons. Lefebvre salvó el episcopado y el sacerdocio por la consagración de verdaderos obispos católicos, los únicos que pueden ordenar verdaderos sacerdotes católicos. El sacrificio redentor podrá perpetuarse y seguir salvando las almas.
(70) Ver lo que André Chouraqui pedía ocho años antes (1992) en un capítulo titulado “Por un gran perdón universal”: “Algunos cristianos desearían que la Iglesia Católica organizara una ceremonia solemne de expiación y un pedido de perdón por los crímenes, injurias y daños causados por los cristianos directa o indirectamente a los judíos”, ibid, p. 214. Ver también Frère Johanan, Judíos y Cristianos, de ayer al mañana, Cerf, 1990, p. 56: "Por desgracia, el balance general de la actitud de los cristianos frente a judíos a lo largo de la historia es tremendo. La Iglesia Católica tiene el deber grave y urgente de expresar pública y oficialmente su profundo pesar por todo el mal cuya causa principal radica en la enseñanza cristiana.” Chouraqui revela: “Este pedido de perdón fue sugerido desde 1945 por voces autorizadas, en particular, por Jacques Maritain, Paul Claudel y más recientemente, el cardenal Etchegaray”, ibid p. 214.
(71) Cfr. estudio de Michel Feretti, La Iglesia y la Inquisición, edit. Saint-Rémi, 2001. Los mitos y leyendas negras sobre la Inquisición ya no tienen curso entre los historiadores. De Bennassar a Testas, la universidad ha producido trabajos serios sobre el tema. Pero esta verdad histórica dista mucho de ser conocida o admitida por el mundo mediático (incluidos los manuales escolares). De ahí la utilidad de la obra Michel Feretti, que ofrece una síntesis clara y bien informada. Feretti restablece verdades mal conocidas y rompe con ciertos "mitos" (Yves Chiron, Présent, 29 de diciembre, 2001).
(72) La foto figura en la cubierta de muchas obras, también en las del cardenal Lustiger. Los autores y los editores comprendieron todo el simbolismo de este gesto.
(73) Para los que quieren profundizar, v. Abraham Livni, El regreso de Israel y la Esperanza del Mundo, ed. de la Rocque, colección Hatsour, 1984. Paul Giniewski, Los Cómplices de Dios. Definición y Misión de Israel, Neuchàtel, edit Baconnière, 1963.
(74) “El mundo no funciona bien sino cuando es noáquida”, Gérar Haddad durante una emisión de Judaïca, 21 de septiembre, 1996.
(75) Página cuarta de un estudio publicado en internet titulado: Le Noachisme et les Sectes Ocultes. Estudios biblio-coránicos en www.le-carrefour-de-lislam.com No consta el nombre del autor. Ver también: Actas del Coloquio Internacional celebrado el 10-11 de septiembre, 2000, en Livorno bajo el alto patrocinio del Presidente de la República italiana con motivo del centenario de la muerte de Elías Benamozegh. Coloquio presentado por Alessandro Guetta.
(76) Ver Elías Benamozegh, Israël et l´Humanité, París, Albin Michel, 1961. Lamentablemente, la edición está expurgada. Un sitio creado recientemente sobre Benamozegh y su obra –http://www.benamozegh.info/Benamozegh.html- permite acceder gratuitamente a la obra integral de Israel et l´Humanité, reimpreso en 1914. El prólogo de Hyacinthe Loyson es ilustrativo.
(77) Gérard Haddad, “Aimé Pallière y la verdadera religión" en Histoire, nº 3, noviembre, 1979.
(78) Para muchos autores judíos, San Pablo es un gran traidor porque rechazó los judaizantes para inventar el cristianismo, llamado con desprecio paulinismo. Ver Shmuel Trigano, L´E(xc)lu entre Juifs et Chrétiens, París, Denoël, 2003, c. 4, par. 2: El paulinismo, obstáculo para el diálogo judeocristiano (p. 157).
(79) El noaquismo no parece estar reservado sólo "al espacio cristiano”. Los musulmanes siguen con interés este cambio de la religión católica. Se puede leer el estudio que redactaron titulado El Noaquismo y las Sectas Ocultas, ibid.
(80) “La dirección tomada por el diálogo judeocristiano es irreversible. Se inscribe en el movimiento de una humanidad que se unifica, aunque sea al precio de rupturas.” Lustiger, Nouvelle Revue Thélogique, ibid p. 542.
(81) L´Arche, mensual del judaísmo francés, nº 538, diciembre 2002, p. 107.
(82) Hans Küng podría figurar en la lista. Ver su muy importante libro Judaísmo, París, Seuil, 1995. Otro tando Theilhard de Chardin. Consultar la obra del Padre Julio Meinvielle, De la Cábala al Progresismo (traducción francesa de 1998). (Nota del autor del artículo.)
(83) “B´nai B´rith: asociación fraterna judía fundada en los Estados Unidos en 1843. B´nai B´rith significa en hebreo hijos de la alianza. El objetivo de esta agrupación se orienta a mantener la tradicion y la cultura judías, y luchar contra el antisemitismo (...) Los miembros reciben el apelativo de “hermanos”, reciben una iniciación y se reúnen en logias (...)” (Dictionnaire Universel de la maçonnerie, Evry, Presses Universitaires de France, 1987.)
(84) Bastardilla por Le Sel de la Terre.
(85) Bastardilla por Le Sel de la Terre.
(86) Bastardilla por Le Sel de la Terre.
(87) Este es el único pasaje que Mons. Doré puede citar para intentar colocar en contradicción la enseñanza tradicional de la Iglesia con la Biblia. Se guarda muy bien de suministrar la cita precisa (Romanos 11, 29). ¿Acaso teme que la lectura del contexto permita a los lectores darse cuenta que él la toma en un sentido totalmente contrario? En efecto, tres versículos más arriba San Pablo acaba de decir que “el endurecimiento ha venido sobre una parte de Israel hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado.” La iglesia conciliar es campeona en el arte de trabucar las santas Escrituras (NDLR –Le Sel de la Terre)
(88) La nueva teología no habla jamás de la “antigua Alianza”. Ha sustituido esta expresión tradicional por aquella otra de “primera Alianza.” El cambio no es inocente, pues de trata precisamente de hacer creer que la alianza del Sinaí no ha sido reemplazada por la del Gólgota (NDLR-Le Sel de la Terre.)
(89) Caín, el primogénito, en quien los Padres de la Iglesia siempre vieron una imagen de la sinagoga, se transforma para Mons. Doré en figura del pueblo cristiano que persigue a los judíos. Todo el esfuerzo teológico del arzobispo de Estrasburgo parece apuntar a invertir radicalmente la enseñanza tradicional (NDLR-Le Sel de la Terre.)
(90) Noticia difundida por la agencia Zenit (ZS04011605) en lengua española.
(91) Recuérdese que los VII Mandamientos de Noé (noaquismo) es el mínimo común denominador de las tres religiones monoteístas...
(92) Agencia Zenit (ZS04011604) en lengua española.
(93) Relación de la noticia difundida por la agencia Zenit (ZS04011901) en lengua española, con agregados, en tipografía diferente, de lo que apareció al respecto en lengua francesa (Z 04011603) y omitidos en aquélla.
(94) Zenit ZS04012709.

Fuente: Stat Veritas

Santoral Católico 30 de junio

  • Conmemoración de San Pablo, Apóstol
  • San Felipe Powell, Beato
  • San Marcial de Limoges
  • San Teobaldo oThibaud de Provins
  • Beato Arnulfo de Villers

CONMEMORACIÓN DE SAN PABLO,
Apóstol


He peleado el buen combate, he terminado la carrera,
he guardado la fe. N o me queda sino esperar
la corona de justicia que me está reservada,
y que el Señor, justo Juez, me dará en el gran día,
a mí y a todos los que aman su venida.

(2 Timoteo, 4, 7.8).

¿Quién podría enumerar los trabajos emprendidos por San Pablo, los peligros que ha afrontado, los países que ha recorrido, los pueblos que ha conquistado para la verdad? Nada asusta a su flaqueza: sabe que todo lo puede en Aquél que lo conforta; nada detiene ni cansa a su celo; sabe que tendrá la eternidad para descansar; nada calma la sed que tiene de sufrir: sabe que los sufrimientos de aquí abajo nada son comparados con el peso de eterna gloria que será su recompensa en el cielo.


MEDITACIÓN NUESTRAS BUENAS OBRAS
NOS SIGUEN AL OTRO MUNDO
I. Tener fervor en el servicio de Dios, es hacer todo lo que Dios nos pide con ardor, con prontitud y con alegría. Un hombre fervoroso vuela allí donde le llama el deber. Busca grandes ocasiones de dar a Dios pruebas de su amor; no desprecia las pequeñas; nada le parece difícil, por nada tiene lo que ya ha hecho, arde en deseos de hacer algo más heroico en lo por venir para la gloria de Jesucristo. ¿ Te hallas en estas disposiciones? Estuviste en ellas, ¿por qué no has perseverado? Vuelve lo antes posible a ese primer estado de fervor del que te relajaste.
II. Un hombre fervoroso resiste generosamente a todas las tentaciones; un hombre tibio y flojo sucumbe en ellas. Nada cuesta a un cristiano que está animado de este hermoso fuego: todo incomoda a un cristiano frío, todo le parece difícil e insoportable. El hombre fervoroso está siempre feliz y siempre contento, porque Dios derrama en su alma consolaciones celestiales para recompensarlo por los placeres del mundo que le sacrifica; el cristiano flojo y tibio no goza de los consuelos del Cielo, porque no es lo suficientemente fiel a Dios como para merecerlos.
III. El medio para encender el fervor en tu corazón es, en primer lugar, servir a Dios cada día como si cada día comenzases a servirle; es olvidar el poco bien qué ya hayas hecho, es considerarte como un servidor inútil. Compara lo que has hecho por Dios con lo que Jesucristo ha hecho por ti. En segundo lugar, cada día sirve a Dios como si fuese el último de tu vida. ¿Qué harías ahora si estuvieras seguro de morir mañana?


El fervor
Orad
por los que trabajan
en la salvación de las almas.
ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Señor, que la intercesión del bienaventurado Roberto, abad, nos haga agradables a Vuestra Majestad, a fin de que obtengamos por sus oraciones las gracias que no podemos esperar de nuestros méritos.



lunes 29 de junio de 2009

La Historia Secreta de la declaración Nostra Aetate I

para leer Nostra Aetate

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El 20 de noviembre 1964, en la sesión III, los obispos y cardenales reunidos votaron por gran mayorí­a el esquema provisorio que trata la posición de la Iglesia frente el judaí­smo. Léon de Poncins se apresuró a redactar un opíºsculo titulado el “Problema Judí­o frente el Concilio”. En su introducción, el autor comprueba "de parte de los Padres conciliares una ignorancia profunda de la esencia del judaí­smo".


DEL "MITO DE LA SUSTITUCIÓN" A LA RELIGIÓN NOÀQUIDA (1)

Por Michel Laurigan


La crisis que actualmente sacude la Iglesia de Dios, vista desde los cielos, se inscribe necesariamente en el combate multisecular entre la Iglesia y la Sinagoga de Satanás (Ap 2, 9).


A este respecto, el siglo XIX fue testigo de la elaboración de un nuevo plan de asalto contra la ciudadela católica, estrategia revelada en 1884 por Elí­as Benamozegh.

Este rabino cabalista de Livorno, maestro del pensamiento judí­o contemporáneo, propuso entonces no borrar de la superficie de la tierra el catolicismo sino "transformarlo" según los criterios de la ley noáquida (2).


¿Fue el Vaticano II una intento de aplicar este plan? Esa es la cuestión que Michel Laurigan aborda en el presente artí­culo.


El lector percibirá toda su actualidad consultando en los documentos del presente número de la Sal de la Tierra el mensaje dirigido a la B' nai B' rith por Mons José Doré, arzobispo de Estrasburgo.

Le Sel de la Terre, nº 40. Otoño, 2003

"Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia" (Gn 3, 15).



Con motivo de la entrega del premio Nostra Aetate (3) el 20 de octubre de 1998 en la sinagoga Sutton Place (Nueva York) que conceden conjuntamente Samuel Pisar y el Centro para el Entendimiento entre judí­os y cristianos de la universidad del Sagrado Corazón de Fairfield (EE.UU), el cardenal Jean M. Lustiger, arzobispo de Parí­s, hizo una declaración (4) de tí­tulo prometedor: El mañana de judí­os y cristianos. Esta declaración, cuya importancia a nadie escapó en su momento, aún hoy merece nuestra atención. Frente los adalides mundo judaico, el cardenal presentó un panorama histórico de las relaciones judeocristianas e hizo un profundo análisis de la obra de salvación de la humanidad. Se podí­a esperar que recordase algunos datos de la teologí­a católica sobre la historia de la salvación. Lejos de ello, fue más bien el debut de una nueva teologí­a de la historia. Unas pocas citas del cardenal permitirán entender la gravedad de sus observaciones e introducirán este estudio.

En el momento de entrar en el tercer milenio de la era cristiana, ha comenzado una nueva época en la historia de la humanidad. Se está dando una vuelta de página en la historia de la humanidad. En las relaciones judeocristianas, los cristianos por fin abrieron sus ojos y sus oí­dos al dolor y a la herida de los judí­os. Quieren llevar el peso sin transferirlo a otros y no pretenden aparecer como inocentes (5).

¿Cuál es el pecado en virtud del cual cristianos deben llevar una carga? El cardenal se encarga de responderlo en el capí­tulo titulado "La elección y los celos", que deberí­a citarse por entero al describir tan erradamente la historia de la salvación.

La elección recae sobre el pueblo judí­o infiel; jamás ha sido revocada en razón del "escogimiento del pueblo elegido". Los celos, es cosa de los cristianos:

Los celos frente a Israel son tales, que rápidamente asumió la forma de una reivindicací­on de herencia. ¡Eliminar al prójimo, esto es, a alguien diferente de uno mismo! Los paganos convertidos tuvieron acceso a la Escritura y a las fiestas judí­as. Pero un movimiento de celo humano, muy humano, los condujo a poner al margen, o bien fuera, a los judí­os (es decir, a su judaí­smo (6), sus prácticas, sus ritos, sus creencias).

En efecto, dice el cardenal, "la cantidad y la fuerza de los paganos convertidos vino a trastornar, invertir la economí­a de la salvación." Este movimiento tendió a vaciar la existencia judí­a de su contenido concreto, carnal e histórico, concibiendo la vida de la Iglesia bajo la figura de una realización definitiva de la esperanza y de la vida judaica (7). Así­ se desarrolló la “teorí­a de la sustitución” (8).

El cardenal Lustiger avanza, intentando probar que los cristianos desposeyeron a los judí­os de su papel de pueblo elegido y de pueblo sacerdotal, portador de la salvación a los hombres:

Cuando Constantino garantizó a los cristianos una tolerancia que equivalí­a a un reconocimiento del cristianismo en la vida del Estado y lo estableció como religión del Imperio, los judí­os fueron violentamente marginados. í‰ste era un modo simplista y grosero de rechazar los tiempos de la redención (9) y su trabajo de parto.

El mito (10) de la sustitución del pueblo cristiano por el pueblo judí­o se alimentaba, pues, de un secreto e inconfesable ataque de celos, y legitimaba la apropiación de la herencia de Israel, cuyos ejemplos podrí­an multiplicarse. Para citar sólo uno: la pretensión de los reyes de Francia de ser descendentes de David, que determinó a sus consejeros a hacer celebrar sus consagraciones según el ceremonial de los reyes de Israel, tal como nos lo narra la Bí­blica y se habí­a hecho en Bizancio (11).

Hacia el fin de su panorama histórico y de su singular teologí­a de la historia, el cardenal tranquiliza a los auditores. Las épocas han cambiado: el tiempo del menosprecio se extingue para dar lugar al del aprecio (12). Pronto la herencia será devuelta a su legí­timo propietario, el pueblo judí­o, verdadero Israel, que vuelve a convertirse en pueblo sacerdotal (13), que traerá la auténtica salvación a las naciones, la paz a los gentiles y … aquella unidad de que el mundo tiene necesidad. Su conclusión remata en esta esperanza:

La Iglesia Católica condensó esta toma de conciencia en la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, que desde hace treinta años viene dando lugar a numerosas tomas de posiciones, especialmente bajo el impulso del papa Juan Pablo II. Pero a esta nueva comprensión aún le cabe transformar profundamente los prejuicios e ideas de tantos pueblos pertenecientes al espacio cristiano, cuyo corazón no está todaví­a purificado por el espí­ritu del Mesí­as. La experiencia histórica nos lo muestra: se precisa una larga "paciencia" y un gran esfuerzo de educación "para poseer el alma" (Lc 21, 8). Con todo, el rumbo emprendido es irreversible.

En pocas palabras, se trata de que los cristianos celosos se apropiaron de la herencia de los judí­os, suplantándolos en el papel de pueblo de Dios e instrumento de salvación del mundo; de la admisión y confesión de esta falta en el siglo XX, después de la toma de conciencia que tuvo lugar en el Concilio Vaticano II en cuanto a que esa herencia debe ser devuelta a los judí­os desposeí­dos; y de la necesidad de reparar la falta cometida, dando tiempo al tiempo a fin de cambiar el espí­ritu de los cristianos. El movimiento de la historia es irreversible.

Más recientemente, en el año 2002, el cardenal Lustiger intervino en un congreso judí­o europeo (14), en un congreso judí­o mundial (15) y ante el Comité Judí­o Norteamericano (16) exponiendo una "reflexión sobre la elección y la vocación de Israel y sus relaciones con las naciones".

Su judeocristianismo sincretista (16) parece agradar a las élites del judaí­smo, sin que nadie en el mundo católico se conmueva realmente por la heterodoxia de su pensamiento.

¿Cómo puede ser que un cardenal se permita reescribir la historia de la salvación hacia fines del siglo XX, al punto de negar toda la obra redentora de Jesucristo continuada por su Iglesia? ¿Cómo se operó la subversión espiritual del siglo XX? ¿Fue en el Concilio Vaticano II, como sugiere el cardenal Lustiger? Si la Iglesia ya no es el verdadero Israel, ¿qué ocurre con en esta nueva teologí­a de la historia? Este estudio intenta responde a estas importantes preguntas.

"Redescubrir la herencia": tentativas a lo largo de la historia

Elegido por Dios, en un principio, para la magní­fica misión de traer el Salvador a los hombres, el pueblo judí­o fue la esperanza y el honor del humanidad durante los dos mil años que antecedieron la venida de Jesucristo. Guardaba la herencia de las promesas divinas, daba testimonio del verdadero Dios en medio de la idolatrí­a pagana, conservaba en el mundo la fe, la verdad, el culto puro y sustancial del Padre que está en los cielos y la esperanza del Salvador del mundo. Los judí­os han sido verdaderamente “el pueblo de Dios” hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo; al nacer de la raza de Abraham, Jesucristo la coronó y consagró con su propia santidad.

Pero el Calvario separó en dos al pueblo elegido: por un lado, los discí­pulos, apóstoles y los primeros cristianos, que reconocieron en Jesús crucificado al Mesí­as que vení­a a cumplir la Ley y los Profetas, adhiriendo plenamente a su mensaje, a su espí­ritu y a su cuerpo mí­stico, la Iglesia; por otro, aquellos sobre cuya cabeza ha caí­do, según su deseo, la sangre del Justo (18), lo cual les valió una maldición que durará mientras persista en su rebeldí­a.

Mons. Delassus señala que "el deicidio ha abierto un abismo entre el antiguo tiempo y el nuevo, abismo que la misericordia divina cerrará el dí­a que su justicia haya terminado su obra.”

Hace dos mil años que aquellos que repudiaron la ley de Moises para adherir al Talmud se dedican a obstaculizar la obra redentora. Estuvieron detrás de todas las rebeliones del espí­ritu humano contra Dios, contra su Ungido -al que no quisieron reconocer -, y contra su Iglesia, considerada como "usurpadora."

Protegiéndose de ellos y recordando al mismo tiempo el horror del deicidio, la Iglesia nunca ha cesado de buscarlos por caridad a fin de traerlos al redil, a la fuente de la gracia, al Calvario, donde se derramó la sangre redentora. Esta caridad condujo a que la Iglesia incluso los protegiera, rechazados como fueron tantas veces por los pueblos cristianos. Los verdaderos convertidos (19) han confirmado frecuentemente la caridad de la Iglesia a su respecto.

Con todo, los artí­fices de iniquidad se dejaron tocar poco por esta mansedumbre de los pontí­fices romanos. En cada siglo redoblaron sus asaltos contra la Iglesia y la sociedad católica. Josué Jehouda, autor de El Antisemitismo, Espejo del Mundo (20) escribe a propósito de la era moderna y contemporánea:

El mundo judaico intentó tres veces purificar la conciencia cristiana de las miasmas del odio; se hicieron tres brechas en la vetusta fortaleza del obscurantismo cristiano, se cumplieron tres etapas en la obra de destrucción del catolicismo dogmático.

Tales son: Renacimiento, Reforma y Revolución.

El Renacimiento, la Reforma y la Revolución constituyen tres tentativas de rectificación del pensamiento cristiano, a fin de ponerlo en sintoní­a con el desarrollo progresivo de la razón y de la ciencia (21).

El autor precisa que "a pesar de estas tres tentativas de purificar el antisemitismo del dogma cristiano, la teologí­a católica aún no ha suprimido su menosprecio al respecto." Es por eso que "en el curso del siglo XIX se operaron otras dos tentativas más para sanear la mentalidad del mundo cristiano: una por Marx y otra por Nietzche".

El pensador judí­o deplora el fracaso parcial de estos dos últimos intentos. La fortaleza del catolicismo le permite resistir. Será necesario esperar hasta después de la II Guerra Mundial para lanzar el asalto más sutil y más destructivo contra la Iglesia Católica romana: cambiar la teologí­a católica a través de los mismos hombres de Iglesia. "Una revolución de capa y tiara", iniciada por los Carbonarios del siglo XIX, continuada por los modernistas en el siglo XX y que triunfa en el Concilio Vaticano II.

Vaticano II: la puerta abierta…

A partir de la Segunda Guerra Mundial, las organizaciones judí­as comenzaron a desafiar el mundo cristiano en punto a la necesidad de revisar la enseñanza de la Iglesia sobre el judaí­smo.

En 1946 y bajo auspicios de las organizaciones judí­as norteamericanas y británicas, una conferencia tenida en Oxford reunió a católicos y protestantes para discutir los problemas surgidos después de la guerra: fue una simple toma de contacto.

Una segunda conferencia internacional organizada en Seelisberg (Suiza) trató el problema del antisemitismo en particular. En gran parte, era una reunión de expertos (22). Entre los sesenta participantes estaba el padre Journet (23). Por su parte, Jacques Maritain no pudo participar en la conferencia, pero envió un caluroso mensaje de aliento (24). Pero el personaje “clave” del encuentro fue Jules Isaac. La conferencia concluyó con un documento titulado Los diez puntos de Seeligsberg, de los cuales cabe hacer mención:

Nº 5. Evitar rebajar el judaí­smo bí­blico o post bí­blico con el fin de exaltar el cristianismo.

Nº 6. Evitar usar la palabra "judí­o" en sentido exclusivo de "enemigos de Jesús", o la frase "enemigos de Jesús” para designar todo el pueblo judí­o.

Nº 7. Evitar presentar la pasión de tal manera que cuanto hay de odioso en la condena a muerte de Jesús recaiga sobre todos los judí­os, o solamente sobre los judí­os.

Nº 9. Evitar conceder aval a la impí­a opinión de que el pueblo judí­o es réprobo, maldito, a cual está reservado un destino de sufrimiento.

Los archivos de Jules Isaac (25) dan testimonio de las abundantes actividades de este autor. Así­ lo muestra André Kaspi, que acaba de consagrar una biografí­a a la personalidad de Jules Isaac, confirmando muchos hechos conocidos y revelando otros. Una de las contribuciones más importantes de Jules Isaac fue la redacción del libro Jesús e Israel, pretendiendo probar que el pueblo judí­o no fue ni deicida ni maldito y que el cristianismo es responsable del antisemitismo ambiente por su antijudaí­smo teológico. En la obra expone seguidamente veintiún puntos, verdadera "carta" de una nueva teologí­a de las relaciones judeocristianas.

En 1948, Isaac funda la “Amistad Judeo-Cristiana” cuyo objetivo se indica claramente: "la rectificación de la enseñanza cristiana." Muchos católicos liberales participan en las reuniones bien orquestadas. Kaspi escribe que "los diez puntos de Seelisberg y los veintiún puntos de Jesús e Israel (26) se distribuyen por todas partes.” Por ese tiempo, se convencìa a Isaac de entrevistar al jefe de la Iglesia Católica. Pí­o XII lo recibe brevemente el 16 de octubre de 1949 en Castel Gandolfo. Jules Isaac expone al Soberano Pontí­fice los diez puntos de Seelisberg. El resultado del encuentro es bastante poco satisfactorio para el autor de manuales de historia.

En octubre de 1959, Cletta Mayer y Daniel Mayer - fundadores del Centro para Estudios de Problemas Actuales, estrechamente ligada a la Liga Antififamación (asociación creada en 1913 por la logia masónica B'nai B'rith)- “se entrevistan con Jules Isaac en el hotel Terminus de Parí­s y le hablan de un posible contacto con Juan XXIII. Jules Isaac aprueba. " (27)

Juan XXIII habí­a lanzado la idea de convocar un Concilio algunos meses antes (28). Se puso en marcha una comisión preparatoria, en la cual intervinieron muchos teólogos y hombres eminentes. Pero un contra Concilio se preparaba a sus espaldas y debí­a suplantar al verdadero llegada la hora. Ralph Wiltgen lo prueba abundantemente en El Rin desemboca en el Tiber (29).

A mediados de junio de 1960 y por consejo de Mons. Julien, Isaac se dirigió al cardenal Agustí­n Bea, jesuita alemán. "Encontré en él un fuerte apoyo." Es cierto que las malas lenguas decí­an que el cardenal Bea era “judí­o de corazón. (30)" Isaac obtuvo un apoyo mayor al que podí­a esperar ya que sin muchas dificultades logró una audiencia con Juan XXIII el 13 de junio de 1960. En esta ocasión Isaac entregó al Papa un memorandum titulado: Necesidad de una reforma de la enseñanza cristiana respecto a Israel. “Pregunté si podí­a abrigar alguna esperanza", recuerda Isaac. Juan XXIII respondió que tení­a derecho a tener algo más que esperanza, pero "que no era un monarca absoluto". Tras la partida de Isaac, Juan XXIII se esforzó en hacer comprender claramente a los oficiales de la Curia Vaticana que se esperaba una firme condena del “antisemitismo" católico durante el Concilio que terminaba de convocar. Desde entonces, se sucedieron gran número de intercambios entre las oficinas del Concilio y el Comité Judí­o Norteamericano, la Liga Antidifamatoria y la B'nai B'rith. Estas asociaciones judí­as supieron hacer escuchar fuertemente su voz en Roma (31).

En efecto, si Isaac trabajaba a destajo, no era el único en hacerlo. El rabino Abraham J. Heschel del seminario teológico judí­o de Nueva York, que treinta años antes habí­a oí­do hablar de Bea por primera vez en Berlin (32), trató de encontrar al cardenal en Roma. En esta ocasión, los dos hombres hablaron de dos expedientes preparados por el Comité Judí­o Norteamericano, uno sobre la imagen de los judí­os en la enseñanza católica y otro de veintitrés páginas sobre los elementos antijudí­os en la liturgia católica.

Heschel declaró que esperaba que el Concilio purgara la enseñanza católica de toda sugerencia de que los judí­os eran una raza maldita. De esta suerte, añadió Heschel, el Concilio en modo alguno debe exhortar a los judí­os a convertirse al cristianismo (33).

Al mismo tiempo, el Dr. Goldmann, jefe de la Conferencia Mundial de Organizaciones Judí­as, también comunicó sus aspiraciones a Juan XXIII. Del mismo modo, la B'nai B'rith ejerció presión para que los católicos reformasen su liturgia y suprimiesen en ella toda palabra que pudiera parecer desfavorable a los judí­os o que recuerde el “deicidio.”

Doctas cabezas mitradas, próximas a la Curia, advirtieron que los obispos, en el momento del Concilio, harí­an bien en no “tocar” este tema, aunque fuera con báculos de tres metros de largo. Sólo quedaba consultar a Juan XXIII, que dijo que no debí­an hacerlo (34).

En Roma se trabajó, pues, en la redacción de un texto sobre el judaí­smo, en el cual intervinieron el padre Baum y Mons. John Osterreicher (35), miembros del estado mayor de Bea. La declaración que contení­a una refutación clara de la acusación de deicidio debí­a presentarse en la primera sesión del Concilio que iba a abrirse el 11 octubre de 1962. La redacción plugo al Congreso Judí­o Mundial, que comunicó su satisfacción y decidió enviar al doctor Cain Y. Wardi en calidad de observador oficioso al Concilio.

Inmediatamente llovieron sobre el Vaticano protestas de los paí­ses árabes, indignados por el tratamiento preferencial concedido a los judí­os. En consecuencia, en junio de 1962, la Secretarí­a de Estado, de acuerdo con el cardenal Bea, hizo retirar del orden del dí­a la discusión sobre el proyecto de declaración sobre los judí­os preparado por el Secretariado para la Unidad de los Cristianos (36).

Una agencia tan próxima a la Curia como para tener las direcciones privadas de 2.200 cardenales y obispos que residí­an temporalmente en Roma, envió a cada uno un libro de 900 páginas titulado “Complot contra la Iglesia” firmado bajo el seudónimo de Maurice Pinay. La tesis del libro, refrendada por muchos hechos y citas, consistí­a en que los judí­os siempre pretendieron infiltrar la Iglesia para subvertir su enseñanza, estando ahora a punto de lograr su objetivo. El libro debí­a prevenir a los Padres conciliares acerca de una maniobra subversiva en el seno del Concilio, de suerte que se imponí­a obrar con mucha prudencia.

La exclusión del proyecto de declaración sobre los judí­os en la primera sesión del Concilio fue todo un fracaso para Bea, pero no se dejó abatir. El 31 de marzo de 1963, rodeado del máximo secreto (37), se reunió en el hotel Plana de Nueva York con las autoridades del Comité Judí­o Norteamericano, que presionaron para que los obispos cambiasen la teologí­a de la Iglesia en punto a la historia de la salvación. "Se acusa a los judí­os globalmente –dijo- de ser culpables de deicidio y se supone que sobre ellos pesarí­a una maldición." Refutó estas dos acusaciones y tranquilizó a los rabinos que, presentes en la sala, quisieron saber si la declaración dirí­a explí­citamente que el deicidio, la maldición y el rechazo del pueblo judí­o por Dios no eran sino errores de la doctrina cristiana. ¡Bea respondió de modo evasivo y todos se despidieron brindando con una copita de jerez!

Poco después se estrenó la pelí­cula El Vicario de Rolf Hochhuth, que calumniaba a Pí­o XII por su actitud durante la guerra. El medio de presión era poco elegante, pero podí­a influir la asamblea conciliar.

Durante la segunda sesión del Concilio, en otoño 1963, se entregó a los obispos la declaración sobre los judí­os. Hací­a parte del capí­tulo IV una declaración sobre ecumenismo, lo que aparentemente le permití­a pasar más inadvertida. El Sr. Schuster, director del área europea del Comité Judí­o Norteamericano, juzgó que la distribución del proyecto a los Padres conciliares fue uno "de los momentos más importantes de la historia". El texto fue largamente discutido (38) pero sorpresivamente retirado al final de la sesión. Los representantes de la ortodoxia católica terminaban de distribuir varios ejemplares de Los judí­os a la luz de la Escritura y la Tradición (39), que debí­a alertar a los Padres conciliares acerca de las maniobras del enemigo. Todo parece indicar que, una vez más, las advertencias fueron escuchadas. “Algo sucedió entre bastidores” –comentó la Conferencia Nacional Católica de Ayuda Social.

Sin entrar en el detalle de esta larga historia, digamos que otros dos proyectos serán propuestos y discutidos detenidamente durante las sesiones III y IV. Entre 1964 y 1965 se multiplicarán las intervenciones judí­as ante Pablo VI. Los personajes más influyentes ante el papa fueron Joseph Lichten, de la Liga Antidifamatoria de la B'nai B'rith, Zachariah Schuster y Leonard Sperry del Comité Judí­o Norteamericano, el cardenal estadounidense Spellman, Arthur J. Goldberg, juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos y el rabino Heschel.

Roddy revela que “(antes de la III sesión) seis miembros del Comité Judí­o Norteamericano fueron recibidos en audiencia papal. El Santo Padre manifestó a los visitantes su aprobación a las manifestaciones del cardenal Spellman en el sentido de la no culpabilidad de los judí­os.” Un poco más adelante, subraya que “Heschel se entrevistó con Pablo VI en compañí­a de Schuster, perorando enérgicamente sobre el deicidio (40) y la culpabilidad, y solicitando que el Pontí­fice ejerciera presión a fin de obtener una declaración prohibiendo a los católicos todo proselitismo respecto a los judí­os (41).

El 20 de noviembre 1964, en la sesión III, los obispos y cardenales reunidos votaron por gran mayorí­a el esquema provisorio que trata la posición de la Iglesia frente el judaí­smo (42). Léon de Poncins se apresuró a redactar un opúsculo titulado el Problema Judí­o frente el Concilio, que se distribuyó a todos los Padres antes de la cuarta y última sesión. Era la última advertencia. En su introducción, el autor comprueba "de parte de los Padres conciliares una ignorancia profunda de la esencia del judaí­smo (43)". El folleto produjo efecto, permitiendo a la “coalición por el rechazo (44)” aguzar sus argumentos. Este frente consiguió que se descartasen algunas frases de la primera versión tales como “aún cuando una gran parte del pueblo elegido permanece provisionalmente lejos de Cristo, es injusto llamarlo pueblo maldito o pueblo deicida”, que fue sustituida por aquella que aparece en la versión definitiva de Nostra Aetate, finalmente adoptada en la sesión IV del 28 de octubre de 1965 por 2221 votos contra 88: “Los judí­os no deben ser presentados ni como réprobos ni como malditos por Dios, como si tal se derivara de la Escritura.”

Un texto de compromiso sale a la luz después de años terribles de una guerra doctrinal sin precedentes, de luchas de influencia entre la Curia y entre los Padres conciliares, de difusión de numerosos libelos para defender la teologí­a de la salvación enseñada por la Iglesia durante dos milenios. En general, como esperaban más, los judí­os quedaron decepcionados por el contenido del documento. Pero una puerta terminaba de abrirse y era difí­cil volverla a cerrar. En efecto, con Nostra Aetate los obispos de la Iglesia Católica presentaban por primera vez una imagen positiva y atrevida de los judí­os infieles.

André Chouraqui lo destaca oportunamente: “de repente, la Iglesia, afectada por una amnesia más o menos total a lo largo de dos mil años, se acuerda del ví­nculo espiritual que la une a la descendencia de Abraham – Israel-, reinstalando así­ el privilegio del mayorazgo en el contexto de la familia del pueblo de Dios. Este reconocimiento teológico elemental fue enriquecido con un contenido que los siglos no podrán agotar (…) Se necesitaron veinte siglos para que la Iglesia tomara renovada conciencia de sus raí­ces judaicas. (…) Por añadidura, la Iglesia rechaza categóricamente toda forma de proselitismo a su respecto, proscribiendo lo que antes habí­a admitido.” (45)

Jean Halpérin, miembro de la oficina del Congreso Judí­o Mundial con sede Ginebra, confirma las observaciones de Chouraqui durante un coloquio tenido en Friburgo:



Hay que destacar que la declaración Nostra Aetate de 1965 abrió verdaderamente el camino hacia un diálogo absolutamente nuevo e inauguró una nueva perspectiva (46) de la Iglesia Católica respecto a los judí­os y al judaí­smo, manifestando su disposición a reemplazar la enseñanza del desprecio por la del respeto (47).

Menahem Macina (48) ratifica esta afirmación:

Es necesario no olvidar el inmenso progreso que representa la declaración Nostra Aetate respecto a la situación previa. Una sola observación permitirá apreciar el camino recorrido. Quizás sepan que cuando se promulgan documentos destinados a toda la cristiandad, los papas y los concilios tienen la costumbre de buscar y citar textos de sus antecesores que van en el sentido de lo que se proponen enseñar, con el fin de evidenciar la continuidad de la doctrina y tradición eclesiales. Ahora bien, a diferencia de lo que ocurre con el pasaje que el Concilio dedica a la religión musulmana, en la declaración sobre los judí­os no hay ninguna referencia a precedente alguno positivo, ya sea de Padres, escritores eclesiásticos o papas (49).

Podrí­an citarse muchos testimonios que confirman este análisis, pero concluyamos con el de Paul Giniewski en su importante obra Antijudaí­smo cristiano-El cambio:

El documento sobre los judí­os, que se podí­a considerar como la conquista de un objetivo, resultó, en cambio y muy rápidamente, el principio de una nueva era en la feliz evolución de las relaciones judeocristianas (50).

Se abrió una puerta (51)... Los hombre de Iglesia admití­an que los judí­os ya no eran "un pueblo maldito". Maldito no, ¿pero tampoco réprobo? "De ahora en más –dice incluso Chouraqui- la Iglesia reconoce la permanencia del judaí­smo en los planes de Dios y el carácter irreversible de los principios sentados por Nostra Aetate, que dan de plano con toda restricción y toda ambigüedad en el diálogo con los judí­os.” La semilla habí­a sido plantada, sólo bastaba esperar que creciera...

Por tanto, de allí­ en más habí­a que avanzar en el camino del mutuo reconocimiento de judí­os y cristianos. Era imposible hacer un saldo de beneficios y pérdidas de dos mi años ensangrentados (52).

La purificación del espacio cristiano (53) ya podí­a comenzar…


NOTAS:

(1) Traducimos “noachide” por “noaquida”.

(2) La ley noáquida es aquella que Dios dio a Noé después del Diluvio. El plan en cuestión, revelado por Elí­as Benamozegh en su obra Israel y la humanidad (1884), se expondrá en este artí­culo. Citemos aquí­ tan sólo cuanto Jacob Kaplan, gran rabino de Parí­s, declaraba al respecto en 1966: “Según nuestra doctrina, la religión judí­a no es la única que asegura la salvación. Se pueden salvar quienes no siendo judí­os, creen en un Dios supremo y observan una regla moral, obedeciendo las leyes que el Creador ha prescripto a Noé (...) Por eso los rabinos enseñan que los justos de todas las naciones tienen derecho a la salvación eterna. Al margen de las leyes noáquidas, las reglas de la Torá y la ley de Moisés sólo cuentan para los judí­os, porque tienen su razón de ser en el divino proyecto de formar un pueblo destinado a cumplir una acción religiosa en el mundo. La esperanza de Israel no es, pues, la conversión del género humano al judaí­smo, sino al monoteí­smo. En cuanto a las religiones bí­blicas, según declaran dos de nuestros más grandes teólogos, son confesiones cuyo cometido es preparar junto a Israel la llegada de la era mesiánica anunciada por los profetas. Por eso desemos ardientemente trabajar conjuntamente en la realización de este ideal esencialmente bí­blico (...) De esta suerte, podremos acelerar la era mesiánica, que será la era del amor, la justicia, la paz” (Jacobo Kaplan, Diálogo con el padre Daniélou S.J. el 1 de febrero de 1966 en el teatro de los embajadores en Parí­s, Parí­s, 1966).

(3) Premio que recompensa la personalidad que trabajó más eficazmente durante el año en pro del acercamiento entre cristianos y judí­os.

(4) Ver la declaración í­ntegra en Nouvelle Revue Théologique, t. 120, nº 4, octubre/noviembre de 1998, p. 529-543. El cardenal abre su discurso exlamando: “¡Cuán conmovido estoy al ser recibido en esta célebre y venerable sinagoga de Nueva York, centenaria ya!!!” El cardenal acaba de publicar una sí­ntesis de su pensamiento, especie de judeocristianismo sincretista en una obra titulada La Promesa, edit. Parole & Silence, 2002. Claude Viguée juzga así­ la obra del cardenal: “Jean-Marie Lustiger pone de manifiesto que no se puede - so pena de destruir el núcleo mismo del cristianismo - rechazar la elección de Israel. Esa es la clave de su libro. Para escribir estas lí­neas, desde la situación social y espiritual donde se encuentra, se precisa tener mucho valor. Hay cristianos que no le perdonarán fácilmente haber recordado que sin la elección de Israel no es concebible la elección cristiana (…) Adviértase que si hubiese escrito lo mismo en tiempo de la Inquisición…¡de seguro estarí­a en la hoguera!” France catholique, nº 2857, noviembre de 2002, p. 10.

(5) Ibidem, p. 532.

(6) Esta precisión no aparece en el texto original.

(7) En su último libro, el cardenal Lustiger distingue dos iglesias, la de Jerusalén, “iglesia que es, dentro de la Iglesia Católica, la continuidad de la promesa hecha a Israel (…) y que no ha perdurado, a más tardar, hasta el siglo VI, destruida bajo la presión de Bizancio. Esta es una de las pérdidas más importantes de la conciencia de los cristianos. La memoria de la gracia (de la elección, n.d.t.) que se habí­a concedido fue virtualmente rechazada, no digo por la Iglesia en cuando esposa de Cristo, sino por los cristianos (p. 17)” y por los pagano-cristianos, a contar desde el siglo VI hasta el Vaticano II: "el pecado en que incurrieron los pagano-cristianos, tanto los clérigos como los prí­ncipes o el pueblo, fue apoderarse de Cristo para desfigurarlo, y hacer de esta desfiguración su dios (...) Su ignorancia sobre Israel es prueba de su ignorancia sobre Cristo, a quien dicen servir” (La Promesa, edit. Parole et Silence, 2002, p. 81). ¿Es todaví­a católico el cardenal Lustiger?

(8) Ibidem, p. 535.

(9) Leyendo estas lí­neas, parecerí­a que el cardenal Lustiger condena los beneficios del edicto de Milán del año 313. Más aún, Constantino habrí­a rechazado “los tiempos de la redención” por el apartamiento de los judí­os. ¡Curiosa lectura de la historia de la Iglesia!

(10) Para el cardenal de Parí­s, la sustitución del pueblo de la antigua Alianza por el pueblo cristiano serí­a simplemente ¡un mito...! “En vuestro libro La Promesa rechazáis la teologí­a de la sustitución, lo cual me place ", rabino Josy Eisenberg a J.M. Lustiger, Le Nouvel Observateur, nº 1988, del 12-18 de diciembre, 2002, p. 116.

(11) El cardenal reenví­a a La Franquerie, Ascendances davidiques des Rois de France, Villegenon, 1984.

(12) Lustiger asume aquí­ una expresión cara a Jules Isaac.

(13) Ver Patrick Petit-Ohayon, La Mission d´Israel, un peuple de prêtres, Parí­s, edit. Biblieurope & F. S. J. U., 2002.

(14) Parí­s, 28-29 de enero, 2002. La intervención se titula: "De Jules Isaac a Juan Pablo II: desafí­os para el futuro." Ver el texto en La Promesa, p. 185-188 o en Rencontres européennes entre juifs et catholiques organisée par le Congrès Juif Européen, 28-29 de enero, 2002, edit. Parole et Silence, 2002.

(15) Bruselas, 22-23 de abril, 2002. “Judí­os y cristianos. ¿Qué deben esperar de su encuentro?” Intervención publicada en La Promesa, p. 189-202. Ver el párrafo que sabe a herejí­a intitulado: “La libertad religiosa, clave de la democracia.”

(16) Washington, 8 de mayo, 2002. “¿Qué significa el encuentro de judí­os y cristianos en marco del choque de las culturas?”. Ver La Promesa, p. 203-218.

(17) Lustiger cree en Jesucristo como Mesí­as, pero es un Mesí­as judí­o. Hay que releer la muy oportuna obra Dios, ¿es antisemita? Infiltración judaica en la Iglesia conciliar de Hubert Le Caron, edit. Fideliter, 1987. El autor estudia la "tentativa de judaización de la Iglesia romana” y las puntualizaciones del cardenal hechas a France-Soir, del 3 de febrero, 1981: “Yo soy judí­o. Para mi, las dos religiones son una sola; no traicioné la de mis antepasados” p. 83-115. Sin embargo, no todos los judí­os adhieren a este judeocristianismo. Ver el artí­culo “No, Señor Cardenal” del rabino Josy Eisemberg en Le Nouvel Observateur, nº 1988, p. 116. Los silencios del cardenal sobre la Virgen Marí­a son elocuentes. Los padres Lemann, verdaderamente convertidos, predicaron magní­ficamente a Marí­a Corredentora.

(18) Los judí­os infieles se convirtieron en instrumentos de Satanás en su lucha contra la Iglesia y contra la Madre de Dios. En el Evangelio según San Juan, c. 8 v. 24 y 41-44 se lee que Jesús dijo a los judí­os: "Si no creéis que soy el Mesí­as, moriréis en vuestro pecado (…) Si fueseis hijos de Abraham, harí­ais las obras de Abraham. Pero hacéis las obras de vuestro padre. Los judí­os le dijeron: No somos hijos de fornicación; tenemos un solo Padre, que es Dios. Jesús les dijo: si Dios fuera vuestro Padre, me amarí­ais, ya que he salido de Dios y vengo de í‰l (...) El padre del cual vosotros habéis salido es el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre”.

(19) Ver en particular la pequeña obra de Teodoro Ratisbona, El problema judí­o, Parí­s, edit. Dentu, 1856, 31 p. Disponible en internet en www.gallica.bnf.fr

(20) Josué Jehouda, El Antisemitismo, Espejo del Mundo, prefaciado por Jacques Soustelle, Ginebra, ed. Synthésis, 1958 283 p. Jehouda aspira a ser el continuador de Elí­as Benamozegh, rabino de Livorno. Sus otras obras son de máximo interés: La Tierra Prometida, Parí­s, Rieder, 1925,122 p.; Las Cinco Etapas del Judaí­smo Emancipado, Ginebra, edit.. Synthesis, 1946, 132 p. (Extracto de la revista judí­a de Ginebra, 1936-1937); La Vocación de Israel, Parí­s, Zeluck, 1947, 240 p.; El Monoteí­smo, doctrina de la unidad, Ginebra, edit. Synthesis, 1952, 175 p., Instituto para el estudio del monoteismo. Cahiers (I.E.M.), vol. 1, marzo de 1952; Sionismo y mesianismo, Ginebra, Synthesis 1954, 318 p. Cahiers (I.E.M.) vol. 2, octubre de 1954; Israel y la Cristiandad. La Lección de la Historia, Ginebra, Synthesis, 1956, 263 p.; Israel y el Mundo (sí­ntesis del pensamiento judí­o), Parí­s, edit. cientí­fico, s. d.; El Marxismo frente al Monoteí­smo y al Cristianismo, Ginebra, Synthesis, 1962, 71 p. José Jehouda también prologó la obra de í‰lí­as Benamozegh, Moral Judí­a y Moral Cristiana, edición revisada y corregida, Baconnière, 1946.

(21) Josué Jehouda, El Antisemitismo, Espejo del Mundo, p. 161-162. Citado en el folleto de Léon de Poncins, “El Problema judí­o ante el Concilio", p. 27. Este panfleto se distribuyó a todos los padres conciliares en 1965 antes de la cuarta sesií³n. Ver más adelante las circunstancias históricas de la difusión.

(22) La revista Unidad de los Cristianos, nº 109, publica la fotografí­a de todos los participantes.

(23) Ver Recuerdos de la Conferencia de Seelisberg y del padre Journet por el rabino A. Zafran, y La Carta de Seelisberg y la participación del cardenal Journet por Mons P. Mamie, en el Coloquio de la Universidad de Friburgo, 16-20 de marzo, 1998, sobre el tema: “Judaí­smo, Antijudaí­smo y Cristianismo ", San Mauricio, edit. San Agustí­n, 2000, p. 13-35. El padre Journet fue invitado a la conferencia dada por el R.P. de Menasce O.P., egipcio, judí­o convertido. En cuanto a Jacques Maritain, lo fue por el pastor de Ginebra Pierre Visseur.

(24) El texto í­ntegro fue publicado por la revista Nova y Vetera 1946-1947, p. 312-317. Se titulaba: “Contra el Antisemitismo”. Allí­ se lee: “Los cristianos comprenderán también que necesitan revisar diligentemente y purificar su propia lengua, pues una rutina no siempre inocente, pero en todo caso particularmente despreocupada por el rigor y la exactitud, filtró expresiones absurdas como la de raza deicida, o un modo más bien racista que cristiano de relatar la historia de la Pasión, que invita a los niños cristianos al odio de sus condiscipulos judí­os (…)

(25) André Kaspi, Jules Isaac, historiador, protagonista del acercamiento judeocristiano, Parí­s, Plon, 2002, p. 215.

(26) Ibidem, p. 216.

(27) Ibidem, p. 232.

(28) La famosa inspiración de Juan XXIII en San Pablo Extramuros sigue siendo un enigma. Serí­a interesante saber si Jules Isaac o las organizaciones judí­as desempeñaron algún papel en la decisión que tomó. Se sabe que en 1923 los cardenales desaconsejaron a Pí­o XI una convocatoria semejante. El cardenal Billot habí­a incluso predicho al Sumo Pontí­fice: ¿Acaso no debemos temer que el Concilio sea "maniobrado" por los peores enemigos de la Iglesia, los modernistas, que como los informes muestran con evidencia, se prepararan para aprovecharse de los Estados Generales de la Iglesia (es decir, un Concilio–n.d.t) y hacer una revolución, un nuevo 1789? Citado por Mons Tissier de Mallerais en Marcel Lefebvre, Clovis 2002, p. 289.

(29) Edit. Du Cedre, Parí­s, 1982.

(30) Lo difundí­an los diarios egipcios. Ver la obra de Bea La Iglesia y los Judí­os, Cerf, 1967, y el artí­culo del cardenal J. Willebrands “Contribución del cardenal Bea al movimiento ecuménico, a la libertad religiosa y a la instauración de nuevas relaciones con el pueblo judí­o”, D.C. 79.(1982), p. 199-207.

(31) Ver el artí­culo "Cómo los judí­os cambiaron el pensamiento católico" de Joseph Roddy en la revista Look del 25 de enero, 1966, artí­culo traducido y publicado í­ntegramente en Le Sel de la Terre, nº 34, otoño 2000, p. 196-215. Estas lí­neas remiten a ese artí­culo.

(32) Mucho se podrí­a escribir sobre los años de preparación del Concilio (hombres, relaciones, redes, proyectos, publicaciones, planes, amistades, enemistades…)

(33) Léon de Poncins, El judaí­smo y el Vaticano. Tentativa de Subversión Espiritual, edit. Saint Rémi, 2001, p. 204. El parecido que se encuentra con las reflexiones vertidas en la declaración del episcopado norteamericano sobre los judí­os, del 13 de agosto de 2002, es algo espantoso: "¿Deberí­an los cristianos invitar a los judí­os a bautizarse? Es una cuestión compleja, no sólo en términos de la autodefinición teológica cristiana, sino también en razón de la historia de los bautismos forzados de judí­os por parte de los cristianos. En un estudio notable y siempre vigente presentado en el sexto encuentro del Comité de Enlace Internacional católico-judí­o en Venecia hace veinticinco años, el profesor Tommaso Federici examinaba las implicancias misiológicas de Nostra Ætate sobre bases históricas y teológicas, argumentando que en la Iglesia no deberí­a haber ninguna organización, del tipo que fuese, dedicada a la conversión de los judí­os." Reflexiones sobre la Alianza y la Misión, documento publicado por el Comité del Episcopado Norteamericano para los asuntos ecuménicos e interreligiosos, junto al Consejo Nacional de Sinagogas, donde se afirma que la conversión de los judí­os es un objetivo inaceptable. Washington, 13 de agosto, 2002.

(34) Joseph Roddy, ibidem, p. 201.

(35) Estos dos personajes eran oficialmente conversos del judaí­smo.

(36) Historia del ConcilioVaticano II, obra dirigida por G. Alberigo, Parí­s, Cerf/ Peeters, 1997, t. 1., p. 440-441.

(37) Joseph Roddy escribe: "Bea no querí­a que la Santa Sede o la Liga írabe supieran que se encontraba ahí­ para escuchar las preguntas sobres las cuales los judí­os aguardaban una respuesta ", ibidem. p. 202.

(38) "Los capí­tulos IV y V, concernientes a los judí­os y a la libertad religiosa, provocarán los debates más tempestuosos entre renovadores y tradicionalistas. Lo que está en juego no es ni más ni menos que la renuncia, por parte de la Iglesia, al monopolio de la única verdad." Henri Tincq, L´í‰toile et la Croix. Jean-Paul II-Israël-L´explication, Parí­s, J.C. Lattèse, 1993, p. 30. Los patriarcas orientales defenderán valerosamente la teologí­a de la Iglesia. Entre ellos hay que citar al cardenal Tappouni, patriarca sirio de Antioquí­a, a Maximos IV, patriarca melquita de Damasco, a patriarca copto Esteban I Sidarous y a patriarca latino de Jerusalén.

(39) Y también Los hebreos y el Concilio, obra de un cierto Bernardus. V. René Laurentin, La Iglesia y los Judí­os en el Vaticano II, Casterman, 1967.

(40) El deicidio a la luz del Concilioes todo un tema para estudio. En efecto, se produjeron debates de los más vivos y apasionantes. Por ejemplo, Bea afirma que "si bien es cierto que el Sanedrí­n de Jerusalém representaba al pueblo judí­o, ¿habrá comprendido plenamente la divinidad de Cristo? Si la respuesta es negativa, entonces no hubo deicidio formal". Por su parte, el arzobispo de Palermo, cardenal Ruffini, tomará la palabra para exclamar: "No se puede decir que los judí­os son deicidas por la sencilla razón de que no se puede matar Dios." Ver Henri Tincq, ibid, p. 36 y R. Braun, "¿Es deicida el pueblo judí­o?", artí­culo publicado en la revista Encuentros de Cristianos y Judí­os, nº 10, suplemento, 1975, p. 54 a 71. El tema sigue siendo de extrema actualidad por la polémica levantada alrededor de la pelí­cula de Mel Gibson The Passion, cuya estreno se prevé para Pascua de 2004.

(41) Estos encuentros mantenidos oficialmente en secreto causaban inquietud entre buenos obispos. Roddy revela que "fue esta suerte de reuniones cumbres hechas bajo cuerda,g lo que condujo a los conservadores a afirmar que los judí­os norteamericanos formaban el nuevo poder que actuaba a espaldas la Iglesia", ibid. p. 206.

(42) Sobre el esquema preparatorio, comenta Henri Fesquet: "Noventa y nueve Padres votaron negativamente, mil seiscientos cincuenta por la afirmativa y doscientos cuarenta y dos afirmativo con reservas. Los obispos orientales intervinieron en bloque declarando su oposición de principio a toda declaración sobre los judí­os por parte del Concilio. Con todo, el escrutinio final recién tendrá lugar al fin de la sesión IV en 1965 ", Le Monde, 27 de noviembre, 1964.

(43) Léon de Poncins, El Problema Judí­o frente al Concilio, p. 7.

(44) Mons. Luigi Carli, fiel amigo de Mons. Lefebvre en el Cœtus internationalis Patrum, publicó en su boletí­n diocesano de febrero, 1965, que "los judí­os de la época de Cristo y sus descendientes hasta el dí­a de hoy son colectivamente culpables de la muerte de Cristo."

(45) André Chouraqui, La Reconnaissance. Le Saint-Siège, les juifs et Israël, Parí­s, Robert Laffont, 1992, p. 200.

(46) En cursiva en el texto.

(47) Coloquio de la universidad de Friburgo, 16-20 de marzo, 1998, sobre el tema: Judaí­smo, Antijudaí­smo y Cristianismo, Saint Maurice, edit. S. Agustin, 2000, ibid, p. 129.

(48) Creador del sitio: www.chrétiens-et-juifs.org.

(49) El diálogo con la Iglesia,¿es bueno para los judí­os?, Bruselas, sept., 1997.

(50) Paul Giniewki, Antijudaí­smo cristiano. Un cambio, Parí­s, Salvator, 1993, p. 506. La lectura de esta obra se impone a todo el que quiera comprender los acontecimientos a la luz de la lucha entre la Iglesia y la sinagoga.

(51) En una intervención ante el Congreso Judí­o Europeo celebrado en Parí­s, 2002, el cardenal Lustiger supo resumir admirablemente la historia de las relaciones judeocristianas entre 1945 y 1965: "Los signatarios de Seelisberg se tomaron su tiempo, Jules Isaac golpeó a la puerta y el ConcilioVaticano II la abrió a través de la declaración Nostra Aetate. " Difí­cilmente se podrí­a sintetizar mejor. La Promesa, ibid, p. 187.

(52) Cardenal Lustiger, ibid., p. 187.

(53) La expresión pertenece a Lustiger, en un discurso pronunciado en la sinagoga de Nueva York: "La Iglesia condensó esta toma de conciencia en la declaración Nostra Aetate del ConcilioVaticano II, y desde hace treinta años, dio lugar a numerosas tomas de posición, particularmente bajo impulso del papa Juan Pablo II. Pero esta nueva comprensión aún debe transformar a fondo los prejuicios, las ideas de tantos pueblos pertenecientes al espacio cristiano, cuyo corazón todaví­a no está purificado por el Espí­ritu del Mesí­as”, ibid. ¿Qué es este “Espí­ritu del Mesí­as”?

Fuente: Stat Veritas

Santoral Católico 29 de junio

  • Santos Pedro y Pablo, Apóstoles
  • San Casio de Narni
  • Santa Emma
  • Santa Judith
  • Santa Salomé 
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.



SANTOS PEDRO y PABLO
Apóstoles

1: † crucificado alrededor del año 69 en Roma
2: n. alrededor del año 9 en Tarso de Cilicia;
† decapitado alrededor del año 69 en Roma

1: Patrono del papado y de los Papas; Iglesia Universal; Roma; pescadores; fabricante de redes; constructores de barcos; zapateros; relojeros; constructores de puentes; panaderos; carniceros; cosechadores; cerrajeros; longevidad. Protector contra la histeria; los problemas de los pies; fiebre.
2: Patrono de los escritores y autores; periodistas y personal de editorial de periódicos; Roma; Acción Católica; personal de relaciones públicas; laicos; obispos misioneros; músicos; talabarteros. Protector contra las serpientes y sus mordeduras; granizo.



A ti te daré las llaves del reino de los cielos;
todo lo
que atares sobre la tierra,
será atado también en los cielos.
(Mateo, 16, 19)



San Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, y San Pablo, el Doctor de las gentes, cementaron con su sangre los cimientos de la Iglesia romana. San Pedro murió crucificado. A San Pablo se lo decapitó, el año 69. Los dos tuvieron la dicha de confirmar, con la efusión de su sangre, la doctrina que habían predicado con tanta elocuencia y confirmado con tantos milagros. Nerón, no te imagines haber triunfado: para siempre permanece la gloria del combate a favor de estos ilustres mártires, y muy pronto depondrán a tus sucesores de su trono; los césares abandonarán el Capitolio y cederán su lugar a los sucesores de San Pedro.
MEDITACIÓN SOBRE SAN PEDRO Y SAN PABLO
I. San Pedro había sido testigo ocular de la mayoría de los milagros de Jesucristo, y, con todo, lo negó tres veces en la noche misma de su Pasión. ¡Cuánta es la fragilidad del hombre abandonado a su propia miseria! Humillémonos, trabajemos en nuestra salvación con temor y temblor. Pero no desesperemos: basta una sola mirada de Jesús para sacarnos del pecado. Lloremos, pues, a ejemplo de San Pedro, que derramaba un torrente continuo de lágrimas al solo recuerdo de su perfidia. ¡Que tus lágrimas sean como la sangre que brota de las heridas de tu corazón! (San Agustín).
II. San Pablo, de perseguidor de Jesucristo, llegó a ser el Apóstol de las gentes. ¿Qué somos nosotros? ¿Qué hemos hecho? Si nos hemos convertido como él, mantengámonos firmes en la virtud, y muramos antes que perder la gracia de Dios. Imitemos su paciencia en los sufrimientos, su celo por la salvación de las almas, su humildad, su amor por Jesucristo. Escuchemos lo que él nos dice: Sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo.
III. Considera la honra que al presente reciben en la tierra estos dos Apóstoles. Los reyes, los emperadores y los papas se consideran dichosos de poder prosternarse ante las sagradas cenizas de un pescador y de un artesano, porque la santidad los ha hecho omnipotentes en el cielo. Ambiciosos: ¿qué son los honores del mundo, comparados a éstos? Regocijé monos de que Dios haya honrado tanto a sus servidores. Pero si los santos son así honrados en la tierra, ¿qué honores no recibirán en el cielo? Humillémonos, imitemos sus ejemplos y compartiremos su gloria.

La penitencia
Orad
por el Papa.

ORACIÓN
Oh Dios, que habéis consagrado este día con el martirio de vuestros Apóstoles San Pedro y San Pablo, haced que vuestra Iglesia sea fiel en la observancia de los preceptos de los que han sido los primeros ministros de la santa Religión que ella profesa. Por J. C. N. S. Amén



domingo 28 de junio de 2009

Evangelio del Domingo

Domingo 4.° después de Pentecostés
d.- verde



(La pezca milagrosa Rafael Sanzio, 1515)


+ Continuación del Santo Evangelio Segun San Lucas.(V, 1-11)
En aquel tiempo: Hallándose Jesús junto al lago de Genesaret, se agolpaban las gentes a su arlrededor para oír la Palabra de Dios. Vió dos barcas que estaban a la orilla del lago, y a sus pescadores que habían bajado y estaban lavabando las redes. Subiendo pues a una de ellas, que era de Simón, le rogó que la desviase un poco de tierra; y, sentándose, predicaba desde la barca a las muchedumbres. Luego que acabara de hablar, dijo a Simón: Remad mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondióle Simón: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando sin coger nada; no obstante, fiado en tu palabra, echaré la red. Y, habiéndolo hecho así cogieron tan gran cantidad de peces, que la red se rompía; hicieron señas a los compañeros de la otra barca que viniesen a ayudarles. Vinieron, y llenaron las dos barcas, tanto que casi se hundían. Al ver esto Simón Pedro, echóse a los pies de Jesús, diciendo: ¡ Apártate de mí, Señor, que soy hombre pecador! Y es que el asombro se había apoderado de él y de los demás que con él estaban, a vista de la pezca que acababan de hacer; y lo mismo sucedía a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces dijo Jesús a Simón: No temas, desde hoy serás pescador de hombres. Y habiendo sacado a tierra las barcas, dejando todas las cosas, le siguieron.

Santoral Católico 28 de junio

  • San Ireneo, Obispo y Mártir
  • San Argimiro, Mártir
  • San Basílides, Mártir
  • San Plutarco, Mártir
  • San Sereno, Mártir
  • San Potamiaena, Mártir
  • Santa Marcella, Mártir
  • San Heráclides, Mártir
  • Beato Herón, Mártir
  • San Germano de Valaam, Abad
  • San Sergio, Abad
  • San Pablo I
  • Beato Juan Southworth, Mártir


SAN IRENEO
Obispo y Mártir





Con sumo gusto sacrificaré todo y a mí mismo me
sacrificaré por la salvación de vuestras almas.
(2 Corintios, 12, 15).

San Ireneo es el apóstol de Lyon. Enviado a esta ciudad por San Policarpo, discípulo del Apóstol San Juan, predicó allí el Evangelio, y fue elegido para suceder al obispo San Fotino. Consagró toda su vida a combatir a los herejes. San Agustín y varios otros Padres de la Iglesia hablan con admiración de la santidad de su vida y de la excelencia de su doctrina. Fue martirizado en Lyon con gran parte de los habitantes de esta ciudad, en la persecución de Se vero, hacia el año 203.

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA
DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS
I. Considera lo que han sufrido los primeros héroes del cristianismo, en la ciudad de Lyon principalmente. Se los atormenta, se les confiscan los bienes, se los destierra, se los hace morir, todo sacrifican para conservar la fe. Compara sus sufrimientos con los tuyos. ¿No eres hijo descaecido de padres tan gloriosos? Si el cristiano es cargado de oprobios, se gloría de ellos; si es acusado, no se defiende; interrogado, confiesa la verdad; condenado, da las gracias. (Tertuliano).
II. Tanta era su mutua caridad que ponían sus bienes en común, dividiéndolos por igual entre ricos y pobres. ¿Qué se ha hecho esta caridad, entre los cristianos de nuestros días? La fe con la caridad es la fe del cristiano; la fe sin la caridad es la fe del demonio. (San Agustín).
III. La devoción a la Santa Eucaristía era la fuente de la constancia que mostraban en los tormentos estos ilustres soldados de Jesucristo. El pensamiento de los sufrimientos de Jesucristo sostenía su valor. Nosotros somos los hijos de esos santos, tenemos la misma fe, los mismos sacramentos; tenemos, además, el ejemplo de sus virtudes: nos es fácil imitarlos. ¿De dónde proviene, pues, que sucumbamos tan a menudo? Escuchemos las advertencias que estos gloriosos mártires nos dan desde el cielo. Guardaos, dicen, de perder en el puerto la fe que hemos conservado en medio de las tempestades. (San Euquerio).

La imitación de los primeros cristianos
Orad
por los incrédulos.
ORACIÓN
Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad de vuestro mártir y pontífice, el bienaventurado Ireneo, haced, en nuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, experimentemos aquí abajo los efectos de su protección. Por J. C. N. S.



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